La Duma en desacuerdo con el gobierno. Expresó su desconfianza al ministerio y exigió su dimisión. El ministerio hizo oídos sordos a la declaración de la Duma y se puso a burlarse de ella aún más abiertamente, proponiéndole que se ocupara del problema de una lavandería para los porteros de oficina en la ciudad de Yúriev.

¿Cuál es la esencia de este desacuerdo, de este choque de la Duma con el gobierno? La amplia masa del campesinado, el público hombre de la calle en general, y, por último, una serie de políticos burgueses (kadetes) se imaginan o tratan de convencerse a sí mismos y a los demás de que el choque se debe a que el gobierno no comprende sus tareas ni su situación. Cuando se aclare la incomprensión, cuando la gente se acostumbre a la novedad, es decir, a los procedimientos constitucionales, a la necesidad de resolver las cuestiones de Estado mediante el voto de los ciudadanos y no por orden del viejo poder, entonces todo entrará en cauce. Según este punto de vista, nos hallamos ante un “conflicto constitucional”, es decir, un choque entre diferentes instituciones de un Estado constitucional que, de hecho, reconoce, junto al viejo poder, el poder de los representantes del pueblo. “Si lo soportas, lo amarás”, así piensa el hombre de la calle y así razona el político burgués. El hombre de la calle piensa así por simpleza y por su inexperiencia política. El político burgués piensa así porque estos pensamientos responden a los intereses de su clase.

Por ejemplo, el periódico “Rech”, órgano principal de los kadetes, dice: “Nuestros ministros tienen aún menos experiencia en la teoría y práctica del constitucionalismo que la mayoría de nuestros diputados”. La cuestión, como veis, reside en la inexperiencia de los ministros, que no han estudiado la ciencia del Estado con los profesores Kovalevski y Miliukov. Ahí está toda la esencia. Bueno, no han estudiado por los libros, aprenderán de los discursos en la Duma. Si lo soportas, lo amarás. Y el “Rech” kadete se remite a la burguesía alemana. Esta burguesía también estuvo —digámoslo suavemente— en desacuerdo con el gobierno en 1848. También ella aspiraba o quería aspirar al pleno poder para el pueblo y a la plena libertad para el pueblo. Tras la represión de la lucha popular por el gobierno alemán, a la burguesía se le permitió tener a sus representantes en el parlamento. Los representantes hablaban, y el viejo poder hacía hechos. Los representantes hablaban y explicaban a los ministros su “incomprensión”, les enseñaban “constitucionalismo”, les enseñaron durante cosa de quince años, desde fines de los años 40 hasta comienzos de los 60. En los años 60, Bismarck riñó abiertamente con los “representantes del pueblo” de la burguesía, pero aquel fue el último estallido de una querella familiar. La burguesía se entusiasmó con las victorias del ejército alemán y se reconcilió por completo sobre la base del sufragio universal, conservándose plenamente el poder del gobierno burocrático-aristocrático.

Este ejemplo de la última querella seria de Bismarck con los representantes “populares” es el que más le gusta precisamente al “Rech” kadete. La burguesía alemana (quince años después de la represión definitiva de la revolución) cedió ante Bismarck. En cambio aquí, la burguesía rusa logrará de inmediato la concesión de Goremykin. Y los kadetes se regocijan de antemano: aquí habrá que ceder más a Goremykin de lo que en su día cedió Bismarck.

De buen grado convendremos en que Goremykin dista mucho de ser Bismarck. Pero pensamos que para la clase obrera es especialmente importante comprender ahora la esencia misma de los tratos entre la burguesía y los Bismarck de todo tipo, mientras que la cuestión de la medida de las futuras concesiones es cosa del futuro. Los Bismarck se reconciliaban con la burguesía únicamente cuando la revolución era definitivamente aplastada, cuando la “libertad popular” era definitivamente engañada por la burguesía, cuando ésta, sin hacerse de rogar, en buena armonía, convivía con el viejo poder burocrático-aristocrático, el cual defendía al terrateniente contra el campesino y, sobre todo, al capitalista contra el obrero.

He aquí la base real y verdadera de la reconciliación de Bismarck con los kadetes alemanes, o sea, con los progresistas prusianos. He aquí el trasfondo vital de aquel “constitucionalismo” que, durante 15 años después de la represión de la revolución, enseñaron a los Bismarck los Kovalevski y Miliukov alemanes. Nuestros profesores, tal vez, ni siquiera lo sepan: los profesores conocen los libritos, pero no la vida; mas los obreros deben saberlo.

Aquí en Rusia, la lucha seria que se libra ahora no es, en absoluto, por las concesiones en que podrían coincidir los Goremykin y la burguesía liberal. La lucha se libra entre la masa popular, que no puede vivir bajo los viejos órdenes, y el viejo poder burocrático-feudal, que no puede vivir bajo órdenes verdaderamente constitucionales. La lucha no se libra por cómo hay que aplicar correctamente las lecciones del constitucionalismo, sino por si el constitucionalismo es posible en general.

Esto no es un conflicto parlamentario, y la propia Duma no es todavía, en absoluto, un parlamento, no es un órgano del “orden” burgués bajo una constitución establecida. Es sólo un indicador, y muy débil, del movimiento popular que crece fuera de ella o al margen de ella.

Su choque con el gobierno sólo indica indirectamente el choque de todas las aspiraciones fundamentales y maduras de la masa campesina y de la clase obrera con la plenitud e inviolabilidad del viejo poder. Estas aspiraciones maduras se expresan a menudo con dos palabras breves: pan y libertad. Estas aspiraciones no están satisfechas. Las fuerzas que respaldan estas reivindicaciones están todavía lejos, muy lejos de haberse desarrollado plenamente. Las condiciones para la plena manifestación de estas fuerzas no hacen sino madurar.

No debemos ahora dirigir la atención del pueblo hacia las lecciones de constitucionalismo que imparten los Kovalevski a los Goremykin. No tenemos que recordar ahora con demasiada frecuencia las pequeñas querellas de los Bismarck con las cúpulas burguesas. La clase obrera y el campesinado no permitirán que los kadetes conviertan la Duma en un órgano de tales querellas y tales acuerdos. Hay que desenmascarar cada paso de los kadetes que exprese sus vacilaciones en este sentido. Que sepan el Grupo Laborista y el grupo obrero en la Duma que sólo separándose de los kadetes, sólo elevándose por encima de las lecciones escolares de constitucionalismo, sólo proclamando a plena voz todas las reivindicaciones del pueblo, todas sus necesidades, sólo diciendo toda la amarga verdad, podrán aportar la ayuda que esté a su alcance a la lucha por la verdadera libertad.

Escrito el 17 (30) de mayo de 1906.

Publicado el 18 de mayo de 1906 en el periódico “Volna” núm. 20

Se publica según el texto del periódico.