El Presidente del Consejo de Ministros comunicó a la Duma Estatal una «declaración» en respuesta al mensaje de la Duma.

Esta declaración era esperada por todos con impaciencia. Debía exponer el programa del gobierno.

Y el «programa» del gobierno ha sido, en efecto, el más claro. Reproducimos íntegramente dos puntos esenciales de la declaración:

«En relación con la solución del problema agrario campesino por el procedimiento indicado por la Duma Estatal, consistente en destinar a este fin las tierras de la corona, del gabinete, monásticas y eclesiásticas, y en la expropiación forzosa de las tierras de propiedad privada, entre las que se incluyen también las de aquellos campesinos propietarios que las adquirieron por compra, el Consejo de Ministros considera su deber declarar que la solución de este problema sobre las bases propuestas por la Duma Estatal es absolutamente inadmisible. El poder estatal no puede reconocer el derecho de propiedad sobre la tierra a unos y, al mismo tiempo, arrebatárselo a otros. El poder estatal no puede negar en general el derecho de propiedad privada sobre la tierra, sin negar simultáneamente el derecho de propiedad sobre cualquier otra clase de bienes. El principio de inalienabilidad e inviolabilidad de la propiedad es, en todo el mundo y en todas las etapas del desarrollo de la vida civil, la piedra angular del bienestar del pueblo y del desarrollo social, el cimiento del ser estatal, sin el cual es inimaginable la existencia misma del Estado. La medida propuesta tampoco viene exigida por la esencia del asunto. Dados los vastos y lejos de estar agotados recursos de que dispone el Estado, y mediante una amplia aplicación de todos los medios legales para ello, el problema agrario puede ser sin duda resuelto con éxito sin descomponer los cimientos de nuestra estatalidad y sin socavar las fuerzas vitales de nuestra patria.

Las demás proposiciones de carácter legislativo incluidas en el mensaje de la Duma Estatal se reducen a establecer la responsabilidad ante la representación popular de los ministros que gocen de la confianza de la mayoría de la Duma, a la supresión del Consejo de Estado y a la eliminación de los límites a la actividad legislativa de la Duma Estatal establecidos por disposiciones especiales. El Consejo de Ministros no se considera con derecho a detenerse en estas proposiciones; afectan a un cambio radical de las Leyes Fundamentales del Estado, las cuales, en virtud de su propia fuerza legal, no pueden ser revisadas por iniciativa de la Duma Estatal».

Así pues, en cuanto a la tierra: «absolutamente inadmisible». En cuanto a la libertad, es decir, a los derechos reales de la representación popular: «no puede ser revisado por iniciativa de la Duma».

En cuanto a la tierra, los campesinos deben esperarlo todo exclusivamente de la buena voluntad de los terratenientes, exclusivamente del consentimiento de los terratenientes. La expropiación forzosa es absolutamente inadmisible. Ni la más mínima mejora seria en la vida campesina es absolutamente admisible.

En cuanto a la libertad, el pueblo debe esperarlo todo exclusivamente de los propios funcionarios. Sin su consentimiento, los representantes del pueblo no se atreven a decidir nada. El Consejo de Ministros ni siquiera se considera con derecho a detenerse en los deseos de la Duma respecto a la ampliación de los derechos de la representación popular. Los representantes del pueblo no se atreven ni a pensar en derechos. Su deber es suplicar. Deber de los funcionarios es examinar estas súplicas, tal como han sido examinadas las «súplicas» de la Duma en la declaración que exponemos.

Ni tierra ni libertad.

No podemos detenernos en un análisis más detallado de la declaración en cuanto al fondo.

Veamos si los diputados de la Duma aprenden algo de esta declaración. Los kadetes, seguro que no aprenderán nada. Los grupos laborista y obrero deben mostrar ahora si han sabido ser de algún modo autónomos e independientes de los kadetes, si han comprendido la necesidad de abandonar las súplicas, si saben hablar al pueblo en un lenguaje directo y claro.

Escrito el 13 (26) de mayo de 1906.

Publicado el 14 de mayo de 1906 en el periódico «Volná» núm. 17.

Reproducido según el texto del periódico.