El primer acto de los kadetes en la Duma fue la redacción de un discurso en respuesta al discurso del trono. Redactaron una tímida súplica, no una exigencia. El segundo «acto»: pasaron en silencio a los asuntos corrientes cuando se les negó recibir el discurso de la diputación. Se comportaron aún más tímidamente. Ahora el tercer acto: el examen de la cuestión de la tierra, puesta a la orden del día en la Duma.

Todos los obreros deben seguir este asunto con especial atención. La cuestión de la tierra es la que más agita a la masa campesina. Y los campesinos se han convertido ahora en los principales y casi únicos aliados de los obreros en la revolución. En la cuestión de la tierra se verá especialmente si el partido kadete, que se autodenomina partido de la libertad popular, sirve realmente a la libertad popular.

¿Qué quiere el pueblo, es decir, ante todo el campesinado? El campesinado quiere tierra. Todo el mundo lo sabe. Los campesinos exigen que toda la tierra del Estado pertenezca a los campesinos. Los campesinos quieren sacudirse el yugo de los terratenientes y de los funcionarios. Quitarles las tierras a los terratenientes para que no obliguen al muzhik a ir a trabajar a cambio de renta, es decir, en el fondo, a la antigua prestación personal; quitarles el poder a los funcionarios para que no atropellen al pueblo llano: eso es lo que quieren los campesinos. Y los obreros deben ayudar a los campesinos tanto en la lucha por la tierra como en el planteamiento directo, claro y perfectamente definido de la cuestión de la tierra.

La cuestión de la tierra es especialmente fácil de embrollar y oscurecer. Es fácil presentar el asunto de tal modo que los campesinos, por supuesto, deben recibir tierra en adjudicación, pero rodear la propia adjudicación de condiciones que anulen toda utilidad de esa adjudicación para los campesinos. Si vuelven a ser los funcionarios quienes adjudiquen la tierra, si resultan ser de nuevo los terratenientes liberales toda clase de «mediadores», si la «modesta cuantía» del rescate la determina el viejo poder autocrático, entonces, en lugar de beneficio para los campesinos, volverá a producirse un engaño a los campesinos, como en 1861, se les echará un nuevo lazo al cuello. Por eso los obreros conscientes deben explicar a los campesinos con extraordinaria energía que, en la cuestión de la tierra, deben ser especialmente cautelosos y desconfiados. La cuestión del rescate por la tierra y la cuestión del poder que llevará a cabo la «adjudicación» de la tierra adquieren una importancia inmensa en la situación actual. En la cuestión del rescate se puede determinar de inmediato y sin error quién está a favor de los campesinos y quién a favor de los terratenientes, así como quién intenta pasar de un lado a otro. El campesino ruso sabe –¡ay, cómo sabe!– qué cosa es el rescate. Los intereses de los campesinos y los intereses de los terratenientes se delimitan magníficamente en esta cuestión. Y por eso obró muy correctamente el Congreso de Unificación del POSDR al sustituir la palabra «expropiación» en el proyecto inicial del programa agrario por la palabra: «confiscación» (es decir, expropiación sin rescate).

En la cuestión del poder que realiza la adjudicación, los intereses de los campesinos y de los funcionarios divergen tan tajantemente como en la cuestión del rescate divergen los intereses de los campesinos y de los terratenientes. Por eso los obreros socialistas deben explicar a los campesinos con particular insistencia la importancia de que no sea el viejo poder el que aborde la cuestión agraria. Sepan los campesinos que ninguna reforma agraria puede reportar beneficio si el asunto está en manos del viejo poder. Y en esta cuestión, afortunadamente, se ha alcanzado en lo esencial la unanimidad en el Congreso de Unificación del POSDR, pues la resolución del congreso reconoció incondicionalmente el apoyo a las acciones revolucionarias del campesinado. Cierto, el congreso cometió, en nuestra opinión, un error al no señalar directamente que la reforma agraria solo se puede encomendar a un poder estatal plenamente democrático, solo a funcionarios elegidos por el pueblo, responsables ante él y revocables por él. Pero tenemos la intención de pronunciarnos sobre esto con más detalle en otra ocasión.

En la Duma se presentarán dos programas agrarios fundamentales. Los kadetes, que dominan en la Duma, quieren que los terratenientes estén saciados y los campesinos intactos. Aceptan la expropiación forzosa de la mayor parte de la tierra de los terratenientes, pero, en primer lugar, suponen un rescate y, en segundo lugar, defienden una solución liberal-burocrática, y no revolucionario-campesina, a la cuestión de los medios y las vías para llevar a cabo la reforma agraria. En su programa agrario los kadetes, como siempre, se retuercen como culebras entre los terratenientes y los campesinos, entre el viejo poder y la libertad popular.

El Grupo Laborista o campesino aún no ha establecido de manera completamente definida su programa agrario. Toda la tierra debe pertenecer al pueblo trabajador: la cuestión del rescate se pasa por alto por ahora en silencio, así como la cuestión del viejo poder. Sobre este programa, cuando se aclare, hablaremos aún más de una vez.

El gobierno burocrático, por supuesto, no quiere oír hablar ni siquiera de la reforma agraria kadete. El gobierno burocrático, a cuya cabeza se encuentran los terratenientes-funcionarios más ricos, que poseen a menudo decenas de miles de desiatinas de tierra cada uno, «antes abrazará la fe mahometana» (como dijo un escritor ocurrente) que admitir la expropiación forzosa de las tierras de los terratenientes. Por consiguiente, la «solución» de la cuestión agraria por la Duma no será una solución de hecho, sino solo una proclamación, solo una declaración de exigencias. De nuevo los kadetes presentarán tímidas súplicas en lugar de las orgullosas y audaces, honestas y abiertas exigencias de los representantes populares. Deseemos que el Grupo Laborista actúe al menos esta vez de manera completamente independiente y autónoma respecto a los kadetes.

Y sobre los obreros socialistas recae ahora una tarea especialmente grande. Hay que ampliar por todos los medios y con todas las fuerzas la organización en general y los vínculos con el campesinado en particular. Hay que explicar a los campesinos lo más ampliamente posible, lo más clara, detallada y minuciosamente posible, todo el significado de la cuestión del rescate y de la cuestión de si se puede tolerar que la transformación agraria quede en manos del viejo poder. Hay que concentrar todos los esfuerzos para que la alianza del proletariado socialista y el campesinado revolucionario se fortalezca y crezca para el momento del inevitable desenlace venidero de la actual crisis política. En esta alianza, y solo en ella, reside la garantía de una solución exitosa de la cuestión de «toda la tierra» para los campesinos, de la plena libertad y del pleno poder para el pueblo.

«Volna» n.º 15, 12 de mayo de 1906

Se publica según el texto del periódico «Volna».