Ayer examinamos la actitud de la socialdemocracia hacia el grupo obrero en la Duma[24]. Examinemos ahora la cuestión del Grupo del Trabajo.

Bajo este nombre se conoce a los diputados campesinos en la Duma, en número de hasta 130-140, que comenzaron a separarse de los cadetes y a agruparse en un partido independiente. Esta separación está lejos aún de haber concluido, pero ya se ha perfilado plenamente. Goremykin lo expresó de manera magnífica con su frase alada: un tercio de los miembros de la Duma (es decir, precisamente el Grupo del Trabajo y el grupo obrero, sumados aproximadamente) se están buscando la horca{54}.

Esta frase alada definió con claridad la diferencia entre la democracia burguesa revolucionaria y la no revolucionaria (los cadetes). ¿En qué consiste el carácter revolucionario del grupo campesino? No tanto en sus reivindicaciones políticas, que están lejos aún de haber sido formuladas hasta el fin, sino en sus reivindicaciones sobre la tierra. Los campesinos exigen tierra, y además toda la tierra. Los campesinos exigen la tierra en condiciones que mejoren realmente su situación, es decir, sin ningún pago de rescate o por un rescate sumamente módico. En otras palabras: los campesinos exigen, en el fondo, no una reforma agraria, sino una revolución agraria. Exigen una transformación tal que no afectará en nada al poder del dinero, no afectará a las bases de la sociedad burguesa, pero minará de la manera más decidida las bases económicas del viejo orden feudal, de toda la Rusia feudal –tanto terrateniente como burocrática–. He aquí por qué el proletariado socialista ayudará a los campesinos con toda su alma, con toda su energía, a realizar sus reivindicaciones en toda su plenitud. Sin la victoria completa del campesinado sobre todos sus opresores, heredados del viejo orden, es imposible la victoria completa de la revolución democrático-burguesa. Y tal victoria la necesita todo el pueblo, y la necesita el proletariado en interés de su gran lucha por el socialismo.

Pero, al apoyar al campesinado revolucionario, el proletariado no debe olvidar ni por un minuto su independencia de clase, sus tareas clasistas particulares. El movimiento del campesinado es el movimiento de otra clase; es una lucha no proletaria, sino una lucha de pequeños propietarios; es una lucha no contra las bases del capitalismo, sino por la limpieza de éstas de todos los residuos del feudalismo. Las masas campesinas están arrastradas por su gran lucha: a ellas les parece inevitablemente que tomar toda la tierra significa resolver la cuestión agraria. Sueñan con la distribución igualitaria de la tierra, con su entrega a todos los trabajadores, olvidando el poder del capital, la fuerza del dinero, la producción mercantil, que bajo el más «justo» reparto creará de nuevo inevitablemente la desigualdad y la explotación. Arrastradas por la lucha contra el feudalismo, no ven la lucha ulterior, aún más grande y difícil, contra toda la sociedad capitalista por la realización plena del socialismo. La clase obrera llevará siempre adelante esta lucha y se organizará para ello en un partido político independiente. Y las crueles lecciones del capitalismo ilustrarán inevitablemente cada vez con mayor rapidez a los pequeños propietarios, haciéndoles convencerse de la justeza de las concepciones de la socialdemocracia y sumarse al partido proletario socialdemócrata.

Con frecuencia el proletariado oye ahora de la burguesía: hay que marchar junto con la democracia burguesa. Sin ella, el proletariado no tiene fuerzas para hacer la revolución. Esto es cierto. Pero la cuestión es: ¿con qué democracia puede y debe el proletariado marchar ahora junto: con la cadete o con la campesina, con la democracia revolucionaria? La respuesta sólo puede ser una: no con la cadete, sino con la democracia revolucionaria; no con los liberales, sino con la masa campesina.

Recordando esta respuesta, no debemos perder de vista que, cuanto más rápidamente se ilustran los campesinos, cuanto más abiertamente actúan en política, tanto más se observa la tendencia de todos los elementos revolucionarios de la democracia burguesa hacia el campesinado y, por supuesto, a la vez hacia la pequeña burguesía urbana. Las pequeñas diferencias pierden importancia. Se destaca en primer plano la cuestión fundamental: si van o no hasta el fin con el campesinado revolucionario tales o cuales partidos, grupos, organizaciones. Se perfila cada vez más claramente la fusión política de los eseritas (socialistas revolucionarios), de algunos socialistas independientes, de los radicales de extrema izquierda y de una serie de organizaciones campesinas en una sola democracia revolucionaria.

Por eso cometieron un profundo error los socialdemócratas del ala derecha en el congreso, cuando exclamaban (Martínov y Plejánov): «los cadetes son más importantes como partido que los eseritas». Los eseritas por sí mismos no son nada. Pero los eseritas, como expresores de las aspiraciones espontáneas del campesinado, son una parte precisamente de esa amplia, poderosa democracia revolucionaria sin la cual el proletariado no puede ni pensar en la victoria completa de nuestra revolución. El acercamiento del grupo campesino o «Grupo del Trabajo» en la Duma a los eseritas no es casual. Es comprensible que una parte de los campesinos sabrá comprender el punto de vista consecuente del proletariado socialdemócrata, pero otra parte verá sin duda en el usufructo «igualitario» de la tierra la solución de la cuestión agraria.

El Grupo del Trabajo desempeñará seguramente un gran papel, tanto en la Duma como –lo que es aún más importante– fuera de la Duma. Los obreros conscientes deben esforzarse con todas sus fuerzas por intensificar la agitación entre los campesinos, por separar al Grupo del Trabajo de los cadetes, por que este grupo plantee reivindicaciones políticas completas y acabadas. Que el Grupo del Trabajo se organice de manera más compacta e independiente, que amplíe sus vínculos fuera de la Duma, que recuerde que la gran cuestión de la tierra no se resolverá en la Duma. Esta cuestión la resolverá la lucha popular contra el viejo poder, y no las votaciones en la Duma.

No hay hoy tarea más importante para el éxito de la revolución que esta cohesión, ilustración y preparación política de la democracia burguesa revolucionaria. El proletariado socialista, desenmascarando sin piedad las vacilaciones de los cadetes, apoyará de todas las maneras esta gran causa. No caerá con ello en ninguna ilusión pequeñoburguesa. Permanecerá en el terreno de la lucha estrictamente clasista y proletaria por el socialismo.

¡Viva la victoria completa de los campesinos sobre todos sus opresores! –dirá el proletariado. En esta victoria está la más segura garantía de los éxitos de nuestra lucha proletaria por el socialismo.

Escrito el 10 (23) de mayo de 1906.

Publicado el 11 de mayo de 1906 en el periódico «Volná» núm. 14.

Se imprime según el texto del periódico.