El periódico que sirve al gobierno, el cual sigue siendo de hecho autocrático, ha lanzado una serie de graves acusaciones contra nuestro periódico{40}, advirtiendo a los kadetes del peligro que para la burguesía entraña la lucha de clases del proletariado. Entre las habituales denuncias ante las autoridades, en los razonamientos de «Nóvoe Vremia» hay puntos que presentan el más vivo y general interés para todo el pueblo.

«¿Cómo no se avergüenzan los kadetes —dice «Nóvoe Vremia»— de presentar a los socialrevolucionarios (se refería a «Volná») como los “paladines de la libertad política”? Nada de eso. No luchan por la libertad, sino por el poder, y en lugar de la vieja autocracia erigen su propia autocracia: la del proletariado».

«Nóvoe Vremia» sirve fiel y lealmente al gobierno autocrático. El servidor se afana, en interés de su amo, por asustar a la burguesía con el fantasma de la revolución socialista. Esta es la primera tarea. La segunda es presentar la revolución en curso como socialista, confundiendo la «autocracia del pueblo» con la «autocracia del proletariado».

Las artimañas y falsificaciones de los servidores de la autocracia, que se afanan por cumplir las dos tareas señaladas, no son casuales. Siempre y en todas partes los lacayos del viejo poder autocrático han tendido y tienden a semejante «falsificación», y no solo en artículos de periódico, sino en toda su política.

Por eso el análisis del engaño de Nóvoe Vremia adquiere una importancia muy seria. Detengámonos ante todo en este «terrible» descubrimiento: «ellos» no luchan por la libertad, sino por el poder. Veamos qué significa esto. La libertad del pueblo solo está asegurada cuando este, sin trabas de ninguna clase, constituye realmente asociaciones y reuniones, edita periódicos, dicta por sí mismo las leyes, elige y sustituye por sí mismo a todos los funcionarios del Estado a quienes se encomienda la ejecución de las leyes y la administración sobre la base de las mismas. Por consiguiente, la libertad del pueblo está asegurada de manera plena y real únicamente cuando todo el poder en el Estado pertenece plena y realmente al pueblo. Esto es del todo evidente, y solo un deseo deliberado de sembrar la confusión en la conciencia del pueblo guía a servidores del gobierno como «Nóvoe Vremia». Esta verdad evidente es la que establece el programa del partido obrero. En dicho programa, a la cabeza de las reivindicaciones políticas realizables sobre la base de la sociedad burguesa, es decir, manteniendo la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado, figura la autocracia del pueblo. Quien lucha por la libertad del pueblo sin luchar por la plenitud del poder popular en el Estado, es inconsecuente o insincero.

Esto en cuanto a la lucha por la libertad y la lucha por el poder, ateniéndonos únicamente a la lógica de nuestros razonamientos. En la historia de la lucha por la libertad, el proceso es siempre el siguiente: el pueblo, al aspirar a conquistar la libertad, obtiene —al comienzo de su lucha— promesas del viejo poder de garantizar la libertad. El viejo poder estatal, que no depende del pueblo y está por encima de este, promete al pueblo, bajo la influencia del miedo a la revolución, asegurar la libertad. Las promesas quedan incumplidas; son irrealizables en toda su integridad mientras subsiste un poder que el pueblo no puede sustituir. En la historia de todas las revoluciones llegaba, por ello, en una determinada fase de su desarrollo, un momento en que la lógica evidente del razonamiento arriba expuesto penetraba en la conciencia de las amplias masas populares, bajo la influencia de las lecciones de la vida.

Ese momento está llegando también en Rusia. La lucha de octubre de 1905 fue, por su significado histórico, una lucha por la promesa del viejo poder de garantizar la libertad. Aparte de las promesas, el pueblo no ha logrado hasta ahora nada más. Pero las numerosas tentativas fracasadas de luchar por algo más no han sido en vano. Han preparado al pueblo para una lucha más seria. La contradicción entre la promesa de la libertad y la falta de libertad, entre la omnipotencia del viejo poder, que «todo lo decide», y la impotencia de los «representantes del pueblo» en la Duma, que se limitan a hablar, esta contradicción va penetrando en las masas populares con creciente fuerza, profundidad y agudeza precisamente ahora, precisamente a través de la experiencia de la Duma. La lucha por la plenitud del poder popular para asegurar de hecho la plena libertad del pueblo avanza con asombrosa rapidez, no en virtud de la lógica subjetiva de nuestros razonamientos, sino en virtud de la lógica objetiva de los acontecimientos políticos. He ahí por qué bastaron unos cuantos días de sesiones de la Duma para que se percibiera un soplo de aire fresco. La Duma es un arma magnífica de desenmascaramiento, y desenmascara particularmente bien las ideas ilusorias acerca de la fuerza de una tal Duma, del valor de las promesas, de la utilidad de las constituciones otorgadas o de los pactos entre el viejo poder y la nueva libertad. Y he ahí por qué empiezan a manifestarse tan pronto los indicios de un nuevo y real paso adelante que está dando el movimiento liberador. Los triunfos kadetes en las elecciones habían hecho girar la cabeza a todo el mundo. La conducta kadete en la Duma ya está empañando la aureola de los kadetes. Los conciliadores entre el viejo poder y la nueva libertad pierden, e inevitablemente seguirán perdiendo, su brillo a los ojos del pueblo a medida que avanza la lucha por la plena soberanía popular para el aseguramiento de la libertad real del pueblo.

Escrito el 4 (17) de mayo de 1906.

Publicado el 5 de mayo de 1906 en el periódico «Volná» núm. 9 Firmado: N. L—n

Se reproduce según el texto del periódico.