En el núm. 12 de *Proletari*, aparecido el 3 (16) de agosto, hablábamos de la posibilidad de una próxima convocatoria de la Duma de Bulyguin y analizábamos la táctica de la socialdemocracia respecto a ella[63]. Ahora, el proyecto de Bulyguin se ha convertido en ley, y el manifiesto del 6 (19) de agosto ha anunciado la convocatoria de la "Duma de Estado" "a más tardar en la segunda mitad de enero de 1906".

Justo cuando se cumple el aniversario del 9 de enero, día en que los obreros de Petersburgo sellaron con su sangre el comienzo de la revolución en Rusia y su decisión de batirse desesperadamente por su victoria, justo en el aniversario de este gran día, el zar se dispone a convocar una asamblea de terratenientes, capitalistas y un número insignificante de campesinos ricos y serviles ante las autoridades, falsificada del modo más burdo y tamizada a través de los cedazos policíacos. Con esta asamblea, el zar se propone deliberar como si fuera una asamblea de representantes del "pueblo". En tanto que toda la clase obrera, todos los millones de trabajadores y desposeídos que carecen de hacienda propia, son excluidos de toda participación en las elecciones de los "representantes del pueblo". El tiempo dirá si se confirma este cálculo del zar sobre la impotencia de la clase obrera…

Mientras el proletariado revolucionario no se arme y derrote al gobierno autocrático, no se podía esperar otra cosa que esta limosna, que nada le cuesta al zar y a nada le obliga, otorgada a la gran burguesía. Y probablemente, esta limosna ni siquiera habría sido concedida en el momento actual si no se cerniera amenazante la cuestión de la guerra o la paz. Sin consultar con los terratenientes y capitalistas, el gobierno autocrático no se decide ni a cargar sobre el pueblo el peso de la insensata continuación de la guerra, ni a elaborar medidas para echar de los hombros de los ricachones y echar enteramente sobre los hombros de los obreros y campesinos toda la carga del pago por la guerra.

En cuanto al contenido mismo de la ley sobre la Duma de Estado, ha confirmado plenamente las peores expectativas. No se sabe si esta Duma llegará a ser convocada de hecho – limosnas semejantes no es difícil retirarlas, y promesas como ésta han sido hechas y violadas por decenas por los monarcas autocráticos de todos los países – ; no se sabe aún en qué medida esta futura Duma, si llega a reunirse y no es disuelta, sabrá convertirse en centro de una agitación política verdaderamente amplia entre las masas del pueblo contra la autocracia. Pero que el contenido mismo de la nueva ley sobre la Duma de Estado brinda un riquísimo material para nuestra agitación, para explicar la esencia de la autocracia, para desenmascarar su base de clase, para poner al desnudo toda la irreconciliabilidad de sus intereses con los intereses del pueblo, para difundir y popularizar nuestras reivindicaciones democrático-revolucionarias, es algo que no admite la menor duda. Se puede decir sin exagerar que el manifiesto y la ley del 6 (19) de agosto deben convertirse ahora en libro de cabecera de todo agitador político, de todo obrero consciente, pues son en verdad el "espejo" de todas las abominaciones, vilezas, barbarie asiática, violencia y explotación que impregnan todo el régimen social y político de Rusia. Casi cada frase de este manifiesto y de esta ley es un cañamazo listo para los más ricos y sustanciosos comentarios políticos, que despiertan el pensamiento democrático y la autoconciencia revolucionaria.

Hay un refrán: si no lo tocas, no apesta. Cuando uno lee el manifiesto y la ley sobre la Duma de Estado, se siente como si le estuvieran desenvolviendo delante de sus narices un cúmulo de inmundicias acumuladas desde tiempos inmemoriales.

La autocracia se ha mantenido gracias a la opresión secular del pueblo trabajador, a su ignorancia, a su embrutecimiento, al estancamiento de la cultura económica y de toda otra cultura. Sobre este terreno crecía sin trabas y se difundía hipócritamente la doctrina de la "unión indisoluble del zar con el pueblo y del pueblo con el zar", la doctrina de que el poder autocrático del zar está por encima de todos los estamentos y clases del pueblo, por encima de la división entre pobres y ricos, y de que expresa los intereses universales de todo el pueblo. He aquí ahora un intento de manifestar en los hechos esta "unión" en su forma más tímida y embrionaria, como simple consulta con "personas electas de toda la tierra rusa". ¿Y qué resulta? Resulta de inmediato que la "unión del zar con el pueblo" es posible sólo por mediación de un ejército de funcionarios y policías que custodian la solidez de la mordaza puesta al pueblo. Para la "unión" es preciso que el pueblo no se atreva a abrir la boca. Por "pueblo" se considera sólo a los terratenientes y capitalistas, admitidos a elecciones de dos grados (primero eligen, por distritos o circunscripciones urbanas, compromisarios, y los compromisarios eligen ya a los miembros de la Duma de Estado). Los campesinos-hacendados se consideran pueblo sólo después de ser tamizados por elecciones de cuatro grados, bajo la vigilancia, con la colaboración y la tutoría de los mariscales de la nobleza, los jefes de zemstvo y los agentes de policía. Primero, los hacendados eligen a los miembros de las asambleas de *vólost*. Luego, las asambleas de *vólost* eligen a los delegados de los *vólost*, dos por asamblea. Después, estos delegados de los *vólost* eligen a los compromisarios de la gubernia. ¡Finalmente, estos compromisarios campesinos de la gubernia, junto con los compromisarios de terratenientes y capitalistas (habitantes de las ciudades) de la gubernia, eligen a los miembros de la Duma de Estado! En el número total de compromisarios de la gubernia, los campesinos constituyen en casi todas partes una minoría. Sólo tienen asegurada la elección de un miembro de la Duma de Estado por cada gubernia, obligatoriamente del seno de los campesinos, es decir, 51 puestos de 412 (en las 51 gubernias de la Rusia europea).

Toda la clase obrera urbana, todos los pobres del campo, los braceros, los campesinos sin hogar, no participan en absoluto en ninguna elección.

La unión del zar con el pueblo es la unión del zar con los terratenientes y capitalistas, con la adición de un puñado de campesinos ricos y con la supeditación de todas las elecciones a la más rigurosa vigilancia de la policía. Ni palabra de la libertad de palabra, de imprenta, de reunión, de asociación, sin la cual las elecciones son una pura comedia.

La Duma de Estado no tiene absolutamente ningún derecho, pues todas sus decisiones no tienen carácter obligatorio, sino meramente consultivo. Todas sus decisiones van al Consejo de Estado, es decir, a la revisión y aprobación de los mismos funcionarios. Es sólo un pequeño añadido de juguete al edificio funcionarial y policial. El público no es admitido a las sesiones de la Duma de Estado. Sólo se permite la publicación en la prensa de los informes sobre las sesiones de la Duma de Estado cuando las sesiones no han sido declaradas secretas, y para declararlas secretas basta una disposición funcionarial, es decir, que el ministro considere la cuestión examinada como secreto de Estado.

La nueva Duma de Estado es la misma comisaría de policía rusa de siempre, pero en forma ampliada. El rico terrateniente y el fabricante capitalista (raras veces el campesino rico) son admitidos para "consulta" en las sesiones "abiertas" de la comisaría de policía (o del jefe de zemstvo, o del inspector de fábrica, etc.); siempre tienen derecho a someter sus opiniones a la "benevolente consideración" del soberano emperador… es decir, del comisario de policía del barrio. Y la "plebe", los obreros urbanos y los desharrapados del campo, por supuesto, jamás son admitidos a "consulta" alguna.

La única diferencia es que las comisarías de policía son muchas y todo en ellas se hace en secreto y bajo cuerda. En tanto que la Duma de Estado es una sola, y ahora ha sido necesario publicar el procedimiento para sus elecciones y los límites de sus derechos. Esta publicación, repetimos, es ya de por sí un excelente desenmascaramiento de toda la abyección de la autocracia zarista.

Desde el punto de vista de los intereses del pueblo, la Duma de Estado es la más cínica mofa de la "representación popular". Y como adrede, para subrayar aún más esta mofa, surgen hechos como el discurso del Sr. Durnovó, la detención del Sr. Miliukov y Cía., la salida de tono del Sr. Sharápov. El nuevo gobernador general de Moscú, Durnovó, saludado con entusiasmo por la prensa reaccionaria, ha soltado en su discurso los verdaderos planes del gobierno, que junto con el manifiesto y la ley sobre la Duma de Estado del 6 de agosto, promulgó ese mismo 6 de agosto un ukaz derogando el "ukaz al Senado" del 18 de febrero de 1905. El ukaz del 18 de febrero permitía a los particulares elaborar consideraciones y propuestas sobre cuestiones de mejora del Estado. Apoyándose en este ukaz, los miembros de los zemstvos y los representantes de la intelectualidad organizaban asambleas, consultas y congresos tolerados por la policía. Ahora, este ukaz ha sido derogado. ¡Ahora, todas las "consideraciones y propuestas sobre cuestiones de mejora del Estado" deben "llegar" al gobierno autocrático "por el procedimiento establecido en la institución de la Duma de Estado"! Esto significa el fin de la agitación, el fin de las asambleas y congresos. Existe la Duma de Estado, y ya no hay nada más de qué hablar. Así lo dijo precisamente el Sr. Durnovó, quien declaró que no tolerarán más congresos de los zemstvos.

Los liberales de nuestro partido "constitucional-democrático" (léase: monárquico) resultan una vez más burlados. ¡Esperaban una constitución, y ahora se les ha prohibido toda agitación constitucional a propósito de la "concesión" de una institución que es una mofa de la constitución!

Y el Sr. Sharápov se va de la lengua todavía más. En su periódico subvencionado por el gobierno (*Rússkoe Delo*{80}), aconseja directamente que se aposten cosacos en el palacio donde sesionará la Duma… por si acaso esa Duma tiene salidas de tono "inadecuadas". Para la unión del zar con el pueblo, los representantes del pueblo deben hablar y actuar como quiere el zar. De lo contrario, los cosacos disolverán la Duma. De lo contrario, se puede detener a los miembros de la Duma, incluso sin cosacos, y antes aún de que hayan entrado en la Duma. El sábado 6 de agosto apareció el manifiesto sobre la unión del zar con el pueblo. El domingo 7 de agosto, uno de los jefes del ala moderada de los oswobozhdentsy o del partido "constitucional-democrático" (léase: monárquico), el Sr. Miliukov, fue detenido cerca de San Petersburgo junto con una decena de sus colegas políticos. Quieren procesarlos por haber participado en la "Unión de Uniones". Probablemente los pondrán pronto en libertad, pero cerrarles las puertas de la Duma será fácil: ¡basta con declararlos "sometidos a instrucción sumarial o judicial"!…

El pueblo ruso recibe las primeras pequeñas lecciones de constitucionalismo. Cualquier ley sobre elecciones de representantes del pueblo no vale un comino mientras no haya una autocracia del pueblo conquistada de hecho, una plena libertad de palabra, de imprenta, de reunión, de asociación, mientras no exista el armamento de los ciudadanos capaz de garantizar la inviolabilidad de la persona. Hemos dicho más arriba que la Duma de Estado es una mofa de la representación popular. Esto es indudablemente así, desde el punto de vista de la teoría de la soberanía del pueblo. Pero esta teoría no la reconocen ni el gobierno autocrático ni la burguesía liberal monárquica (los oswobozhdentsy o el partido constitucional-monárquico). Tenemos ante nosotros en la Rusia contemporánea tres teorías políticas, sobre cuyo significado habremos de hablar más de una vez. 1) La teoría de la consulta del zar con el pueblo (o de la "unión del zar con el pueblo y del pueblo con el zar", como dice el manifiesto del 6 de agosto). 2) La teoría del acuerdo del zar con el pueblo (programa de los oswobozhdentsy y de los congresos de los zemstvos). 3) La teoría de la soberanía del pueblo (programa de la socialdemocracia, así como de la democracia revolucionaria en general).

Desde el punto de vista de la teoría de la consulta, es completamente natural que el zar organice la consulta sólo con quienes él quiere, y sólo del modo que él quiere. Y con quién y cómo quiere el zar consultarse, la Duma de Estado lo muestra con magnífica claridad. Desde el punto de vista de la teoría del acuerdo, el zar no está subordinado a la voluntad del pueblo, sino que sólo debe tenerla en cuenta. Pero cómo precisamente tenerla en cuenta, en qué límites, eso no puede deducirse de la teoría "oswobozhdénskaya" del "acuerdo", y mientras el poder real esté en manos del zar, la burguesía "oswobozhdénskaya" está inevitablemente condenada a la lamentable posición de pedigüeño o de intermediario que desea aprovechar las victorias del pueblo contra el pueblo. Desde el punto de vista de la soberanía del pueblo, es necesario primero asegurar de hecho la plena libertad de agitación y de elecciones, y luego convocar una Asamblea Constituyente verdaderamente nacional, es decir, una asamblea que sea elegida por sufragio universal, directo, igual y secreto, y que tenga en sus manos todo el poder, el poder pleno, único e indivisible, que exprese de hecho la soberanía del pueblo.

Hemos llegado así a nuestra consigna (la consigna del POSDR) de agitación con motivo de la Duma de Estado. ¿Quién puede asegurar de hecho la libertad de las elecciones y la plenitud de poder de la Asamblea Constituyente? Sólo el pueblo armado, organizado en un ejército revolucionario, que haya atraído a su lado todo lo vivo y honesto del ejército del zar, que haya vencido a las fuerzas zaristas y sustituido el gobierno autocrático zarista por un gobierno revolucionario provisional. La institución de la Duma de Estado, que por un lado "engolosina" al pueblo con la idea de una forma representativa de gobierno, y por otro lado es la más burda falsificación de la representación popular, brinda una fuente inagotable para la más amplia agitación revolucionaria entre las masas, sirve de excelente pretexto para organizar reuniones, manifestaciones, huelgas políticas, etc. La consigna de toda esta agitación: insurrección armada, formación inmediata de druzhinas y destacamentos del ejército revolucionario, derrocamiento del poder zarista e instauración de un gobierno revolucionario provisional para convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. La determinación del momento de la insurrección depende, por supuesto, de las condiciones locales. Sólo podemos decir que, en general, al proletariado revolucionario le conviene ahora postergar un tanto el momento de la insurrección: el armamento de los obreros avanza progresivamente, el estado de ánimo de la tropa se vuelve cada vez menos firme, la crisis de la guerra está en vísperas de resolverse (guerra o paz gravosa), intentos prematuros de insurrección podrían causar un enorme daño en tal estado de cosas.

Para concluir, nos queda comparar brevemente la consigna táctica que hemos esbozado con otras consignas. Como ya hemos señalado en el núm. 12 de *Proletari*, nuestra consigna coincide con lo que la mayoría de los camaradas que trabajan en Rusia entienden por "boicot activo". La táctica de *Iskra*, que en su núm. 106 recomendaba la organización inmediata del autogobierno revolucionario y la elección por el pueblo de sus delegados, como posible prólogo de la insurrección, es completamente errónea. Mientras no haya fuerzas para la insurrección armada y para su victoria, resulta ridículo hablar del autogobierno revolucionario del pueblo. Eso no es un prólogo, sino un epílogo de la insurrección. Una táctica tan errónea sólo haría el juego a la burguesía "oswobozhdénskaya"[64], en primer lugar, porque eclipsa o posterga la consigna de la insurrección con la consigna de la organización del autogobierno revolucionario; en segundo lugar, porque facilitaría a los burgueses liberales hacer pasar sus elecciones (de los zemstvos y municipales) por elecciones populares, ya que elecciones populares, mientras el poder se conserve en manos del zar, no puede haberlas, y en cambio las elecciones de zemstvos y municipales pueden aún resultarles bien a los liberales, a pesar de las amenazas de los Sres. Durnovó.

El proletariado está excluido de las elecciones a la Duma. El proletariado, en rigor, no tiene nada que boicotear en la Duma, pues esta Duma zarista, con su propia institución, boicotea al proletariado. Pero al proletariado le conviene apoyar a aquella parte de la democracia burguesa que se inclina por un modo de acción revolucionario y no por el mercantilismo, por el boicot a la Duma, por una agitación intensificada entre el pueblo para protestar contra esta Duma. El proletariado no debe pasar en silencio ante esta primera traición o inconsecuencia de la democracia burguesa, cuando sus representantes hablan de boicotear la Duma (incluso la mayoría, en la votación inicial, se pronunció por el boicot en el congreso de julio de los zemstvos), pronuncian frases grandilocuentes sobre dirigirse al pueblo y no al zar (el Sr. I. Petrunkévich en ese mismo congreso), pero de hecho están dispuestos a dejar pasar sin una protesta en el verdadero sentido de la palabra, sin una amplia agitación, esta nueva mofa de las reivindicaciones populares, dispuestos a abandonar la idea del boicot e ir a la Duma. El proletariado no puede dejar sin refutar las falaces frases que llenan ahora los artículos de la prensa liberal legal (véase, por ejemplo, *Rus*{81} del 7 de agosto), que se ha lanzado a combatir la idea del boicot. Los señores periodistas liberales corrompen al pueblo con sus afirmaciones de que es posible una vía pacífica, una "lucha pacífica de opiniones" (¿y por qué el Sr. Miliukov no pudo luchar "pacíficamente" con el Sr. Sharápov, señores?). Los señores periodistas liberales engañan al pueblo declarando que los zemstvos "pueden en cierta medida (!) paralizar (!!) la indudablemente inminente influencia sobre los electores campesinos por parte de los jefes de zemstvo y de la administración local en general" (*Rus*, ibídem). Los periodistas liberales tergiversan de raíz el significado de la Duma de Estado en el curso de la revolución rusa, cuando comparan esta Duma con la Cámara prusiana de la época del conflicto presupuestario con Bismarck (1863){82}. En realidad, si es que se ha de comparar, hay que tomar como ejemplo no la época constitucional, sino la época de lucha por la constitución, la época del comienzo de la revolución. Proceder de otro modo significa saltar directamente de la época de la burguesía revolucionaria a la época de la burguesía reconciliada con la reacción. (Compárese el núm. 5 de *Proletari* sobre el paralelo entre nuestros Sres. Petrunkévich y el "ex revolucionario" – y después ministro – Andrássy[65].) La Duma de Estado recuerda el "Landtag Unificado" (*Dieta Unificada*) prusiano, instituido el 3 de febrero de 1847, un año antes de la revolución. Los liberales prusianos también se disponían entonces, aunque no llegaron a hacerlo, a boicotear esta cámara consultiva de terratenientes y preguntaban al pueblo: "¿Annehmen oder ablehnen?" ("¿Aceptar o rechazar?", título del folleto del liberal burgués Heinrich Simon, aparecido en 1847). El Landtag Unificado prusiano se reunió (la primera sesión fue abierta el 11 de abril de 1847, clausurada el 26 de junio de 1847), dio lugar a una serie de conflictos entre los constitucionalistas y el poder autocrático, pero siguió siendo una institución muerta, hasta que el pueblo revolucionario y el proletariado de Berlín a la cabeza derrotaron a las tropas reales en la insurrección del 18 de marzo de 1848. Entonces, la Duma de Estado… es decir, el Landtag Unificado, se fue al diablo. Entonces fue convocada (por desgracia, no por el gobierno revolucionario, sino por el rey, a quien los heroicos obreros de Berlín "no remataron") una asamblea popular de representantes sobre la base del sufragio universal, con una relativa libertad de agitación.

Así pues, que los burgueses traidores a la revolución vayan a esa Duma de Estado nacida muerta. El proletariado ruso emprenderá una agitación intensificada y la preparación de nuestro 18 de marzo ruso de 1848 (o mejor, del 10 de agosto de 1792).

*Proletari* núm. 14, 29 (16) de agosto de 1905.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*, cotejado con el manuscrito.