LA VICTORIA DE LOS DEMÓCRATAS CONSTITUCIONALISTAS Y LAS

TAREAS DEL PARTIDO OBRERO

Escrito del 24 al 28 de marzo (6 al 10 de abril) de 1906 Publicado en abril de 1906 como folleto por la editorial "Nasha Misl" Se publica según el texto del folleto

I. ¿QUE IMPORTANCIA OBJETIVA TENIA NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LAS

ELECCIONES A LA DUMA?

Las victorias de los demócratas constitucionalistas han hecho perder la cabeza a nuestra prensa liberal. Durante la campaña electoral, los demócratas constitucionalistas agruparon a su alrededor a todos o a casi todos los liberales. Periódicos que hasta entonces no pertenecían al Partido Demócrata Constitucionalista se transformaron de hecho en órganos suyos. La prensa liberal exulta. De todos lados parten voces triunfales y amenazas al Gobierno. En estas voces —detalle en alto grado significativo— se entreveran continuamente impertinencias, ya malévolas, ya condescendientes, que toman por blanco a los socialdemócratas.

— ¡Fíjense qué error cometieron al negarse a participar en las elecciones! ¿Se percatan ahora? ¿Lo reconocen? ¿Se dan cuenta ahora de lo que valían los consejos del sabio y clarividente Plejánov?—Estas y otras palabras del mismo estilo fluyen entre los borbotones de júbilo de la prensa liberal. De Plejánov ha dicho con notable acierto el camarada Stepánov (Recopilación El momento actual, artículo Desde lejos) que le ha sucedido algo semejante a lo ocurrido con Bernstein. Como a éste, en su tiempo, lo llevaban en palmas los liberales alemanes y lo encumbraban hasta los cielos todos los periódicos burgueses "progresistas", así no hay ahora en Rusia periódico liberal,, ni siquiera artículo periodístico liberal (hasta Slovo, ¡sí, sí, hasta el octubrista Slovo!), que no abrace, bese y mime al sabio y clarividente, al reflexivo y juicioso Plejánov, quien tuvo la valentía de alzarse contra el boicot.

Veamos, pues, qué han demostrado las victorias de los demócratas constitucionalistas. ¿De quién es el error que han puesto al descubierto, qué táctica la que han desvelado como infructuosa?

Plejánov, Struve y Cía. nos repiten que el boicot ha sido un error. La razón por la cual los demócratas constitucionalistas piensan así, está muy clara. Su propuesta de llevar a la Duma a un obrero por Moscú (véase Nasha Zhizn del 23 de marzo) quiere mostrar que los demócratas constitucionalistas saben valorar la ayuda de los

obreros, que ellos buscan un acuerdo con los socialdemócratas para dar cima y fortalecer su victoria y que conciertan este acuerdo con los obreros sin partido como lo hubieran concertado con el Partido Socialdemócrata. Que los demócratas constitucionalistas odien el boicot como negativa a apoyarles a ellos, a los kadetes, como negativa de la "izquierda" a llegar a un acuerdo con ellos, con los kadetes, es cosa completamente natural.

Pero ¿qué quiere Plejánov, qué quieren los mencheviques o nuestros socialdemócratas rusos antiboicotistas que hacia él propenden (en parte consciente, en parte inconscientemente)? ¡Ay de nosotros! Plejánov, que entre todos ellos es el que con más resolución, más consecuencia, más soltura y más claridad expone sus concepciones, nos vuelve a mostrar en su quinto Dnevnik* que ni él mismo sabe lo que quiere. Hay que participar en las elecciones, clama. ¿Para qué? ¿Para instaurar el autogobierno revplucionario que preconizan los mencheviques o para ir a la Duma? * Dnevnik Sotsial-Demokrala, núm. 5

Plejánov da vueltas, maniobra, se escurre y elude con sofismas estos simples, directos y claros interrogantes. Silencioso meses y meses, cuando los mencheviques, todavía desde las páginas de Iskra, predicaban el autogobierno revolucionario (y cuando él, sin titubeos, declaraba su solidaridad con la táctica menchevique), ahora, de repente, dispara la frase más despectiva posible contra ese "famoso autogobierno revolucionario" de los mencheviques. ¿Famoso por qué, camarada Plejánov? ¿No contribuyeron a darle esa "fama" los mismos bolcheviques contra quienes Plejánov quiere ahora guerrear y quienes desde hace mucho vienen mostrando la insuficiencia, la imprecisión y la ambigüedad de esa consigna?

No se oye la respuesta. Plejánov no aclara nada. Se limita a proferir una sentencia de oráculo y a pasar de largo. La diferencia entre el oráculo y Plejánov consiste en que el oráculo vaticina los sucesos, mientras Plejánov emite sus veredictos una vez acaecidos, ofrece la mostaza después de la cena. Cuando los mencheviques, antes de la revolución de octubre, antes de la insurrección de diciembre, hablaban del "autogobierno revolucionario", hablaban antes de iniciarse la ascensión revolucionaria, Plejánov callaba, aunque aprobaba la táctica menchevique en general, callaba como si esperase algo, como perplejo, sin decidirse a formarse una opinión medianamente definida. Cuando decayó la ola revolucionaria, cuando pasaron los "días de libertad" y los días de la insurrección, cuando desaparecieron de la escena los diversos Soviets de diputados obreros, soldados, ferroviarios, etc. (Soviets que parecieron a los mencheviques órganos de autogobierno revolucionario y que los bolcheviques consideraron órganos de poder revolucionario embrionarios, inconexos, espontáneos y, en consecuencia, impotentes), en una palabra, cuando el problema ha perdido agudeza, cuando la cena ya ha terminado, viene Plejánov con la mostaza, da muestras de esa sabiduría y esa clarividencia... a propósito del día de ayer, tan gratas a los señores Struve y Cía.

Queda en el mundo de lo ignoto por qué al camarada Plejánov descontenta el autogobierno revolucionario. Ahora Plejánov coincide con los bolcheviques en que el autogobierno revolucionario "desorienta" a muchos (Dnevnik, núm. 5), pero todo hace ver que esa consigna le parece a Plejánov demasiado grande, mientras parece a los bolcheviques demasiado pequeña. Cree Plejánov que esa consigna va

demasiado lejos, en tanto que nosotros creemos que no va lo suficientemente lejos. Plejánov propende a llamar a los mencheviques hacia atrás, a hacerles retroceder del "autogobierno revolucionario" a una labor sensata y práctica en la Duma.

Nosotros propendemos —y no sólo propendemos, sino que llamamos consciente y claramente— a dar un paso adelante del autogobierno revolucionario hacia el reconocimiento de la necesidad de instituir órganos de la insurrección, órganos de poder revolucionario íntegros, metódicos, capaces de una acción ofensiva. Plejánov descarta virtualmente la consigna de la insurrección (aunque no se atreve a decirlo de modo franco. y definido); es completamente natural que rechace también la consigna del autogobierno revolucionario, el cual sería, sin insurrección y fuera de un ambiente insurreccional, un juego ridículo y pernicioso. Plejánov es, un poco más consecuente que sus compañeros de ideas, los mencheviques.

Así pues, camarada Plejánov, ¿para qué participar en las elecciones y cómo participar en las elecciones? No en beneficio del autogobierno revolucionario que sólo sirve para "desorientar". Por lo tanto, ¿será para participar en la Duma? Llegado aquí, una invencible timidez se adueña de Plejánov. No desea responder, pero como n + 1 camaradas de Rusia no sólo desean "leer de cuando en cuando" el diario del escritor que "escribe de cuando en cuando", sino también actuar de un modo definido entre las masas obreras, como esos n + 1 insistentes corresponsales exigen de él una respuesta precisa, Plejánov comienza a enojarse. Es difícil imaginar algo más desvalido y curioso que su enojada declaración de que sería pedantismo, esquematismo, etc. exigir de los votantes que sepan para dónde y para qué eligen. ¡Vamos, camarada Plejánov! Que se van a reír de usted sus propios amigos, los demócratas constitucionalistas, y nuestros obreros si se pone en serio a defender entre las masas ese soberbio programa: participen en las elecciones, elijan, pero no pregunten a dónde eligen ni para qué eligen. Elijan en consonancia con la ley de sería pedantismo y esquematismo) que eligen ustedes a la Duma.

¿Por qué razón se ha embrollado de modo tan patente el camarada Plejánov, que en otros tiempos sabía escribir con claridad y dar respuestas precisas? Porque, tras enjuiciar erróneamente la insurrección de diciembre, se ha formado una idea radicalmente equivocada sobre el momento político que vivimos. Se halla en una situación que le fuerza a temer pensar hasta el fin lo que está pensando, a temer mirar cara a cara la realidad.

Ahora, la realidad sin adornos de la "campaña de la Duma" se ha perfilado ya con absoluta claridad. Ahora, los hechos han respondido ya al interrogante de cuál es el significado objetivo de las elecciones y de la participación en ellas, al margen de la voluntad, la conciencia, los discursos y las promesas de los propios participantes. El cama— rada Plejánov, el más resuelto de los mencheviques, teme pronunciarse francamente en favor de la participación en la Duma, precisamente porque esa participación ha definido ya su carácter. Participar en las elecciones significa o bien apoyar a los demócratas constitucionalistas y entrar en componendas con ellos, o bien jugar a las elecciones. La propia vida ha demostrado que esta tesis es correcta. Plejánov se ha visto obligado a reconocer en el número 5 de Dnevnik que la segunda alternativa formulada en este razonamiento es correcta, que la consigna del "autogobierno revolucionario" es un disparate. En el número 6 de Dnevnik se verá

obligado a admitir también la primera alternativa, si no rehuye un estudio a fondo del problema.

La realidad política ha desbaratado definitivamente la táctica de los mencheviques, esa táctica que defendieron en su "plataforma" (hoja hectografiada donde se mencionan los nombres de Mártov y Dan, publicada en San Petersburgo a finales de 1905 o comienzos de 1906) y en sus declaraciones impresas (hoja del CCU, con la exposición de ambas tácticas, artículo de Dan en el conocido folleto). Era la táctica de participar en las elecciones no para las elecciones a la Duma. De participar en la Duma, repetimos, ni un solo menchevique más o menos destacado se atrevió a decir palabra en la prensa. Y he aquf'que esa "pura" táctica menchevique ha sido definitivamente desbaratada por la vida. A duras penas se puede ahora hablar en serio de participar en las elecciones para el "autogobierno revolucionario", para abandonar las asambleas electorales provinciales, etc. Los acontecimientos han demostrado del modo más patente que ese juego a las elecciones, ese juego al parlamentarismo, nada puede dar a la socialdemocracia salvo comprometimiento, oprobio y escándalo.

Si hicieran falta aún confirmaciones de lo dicho, una de I las más rotundas la ha dado el Comité Comarcal de Moscú de nuestro Partido. Es esta una organización fusionada, que agrupa a los sectores de la mayoría y de la minoría. La táctica adoptada también fue "fusionada", es decir, por lo menos, menchevique a medias: participar en las elecciones de delegados para fortalecer la influencia de la socialdemocracia en la curia obrera y luego frustrar las elecciones mediante la abstención en las elecciones de los compromisarios. Era una repetición de la táctica adoptada frente a la Comisión Shidlovski142. Era un "primer paso" en la línea de las medidas que recomienda el camarada Plejánov: vamos a participar y ya veremos más adelante los pormenores del asunto.

Como era de esperar, la táctica menchevique-plejanovista del Comité Comarcal de Moscú fracasó estrepitosamente. Los delegados fueron elegidos, entre ellos los socialdemócratas y hasta algunos miembros de la organización. En ese momento apareció la ley contra el boicot143. Los delegados se encontraron entre la espada y la pared: o iban a la cárcel por agitación en favor del boicot o elegían a los compromisarios. La agitación desplegada por el Comité Comarcal —clandestina,

142 Comisión Shidlovski: comisión gubernamental especial, instituida por decreto del zar del 29 de enero (11 de febrero) de 1905, "para esclarecer sin demora las causas del descontento de los obreros en la ciudad de San Petersburgo y sus suburbios", con motivo del movimiento huelguístico que estalló después del "domingo sangriento", el 9 de enero. Al frente de la Comisión fue colocado N. V. Shidlovski, senador y miembro del Consejo de Estado, y la integraban funcionarios, directores de fábricas del Estado y fabricantes. Además, debían formar parte de la Comisión representantes de los obreros, elegidos indirectamente. Los bolcheviques desplegaron una gran labor de esclarecimiento con motivo de las elecciones a la Comisión, denunciando los verdaderos propósitos del zarismo que pretendía, organizando esta Comisión, desviar a los obreros de la lucha revolucionaria. Cuando los compromisarios presentaron al Gobierno las reivindicaciones —libertad de palabra, de prensa y de reunión, inviolabilidad personal, etc.—, Shidlovski declaró, el 18 de febrero (3 de marzo) de 1905, que no podían ser satisfechas. Entonces, la mayoría de los compromisarios se negaron a elegir diputados y dirigieron un llamamiento a los obreros de Petersburgo, que los apoyaron con una huelga. El 20 de febrero (5 de marzo) de 1905, la Comisión fue disuelta sin haber iniciado su labor.- 280.

143 Se refiere al decreto del zar del 8 (21) de marzo de 1906, publicado el 11 (24) de marzo, en el período de las elecciones a la I Duma de Estado. La ley, dirigida contra la táctica de boicot a la Duma, establecía la pena de 4 a 8 meses de cárcel para los culpables "de incitar la oposición a las elecciones al Consejo de Estado o a la Duma de Estado, o a la abstención en masa en dichas elecciones".-280.

como la de todas las organizaciones de nuestro Partido— resultó impotente para dominar las fuerzas que ella misma había desatado. Los delegados incumplieron la promesa dada, rompieron sus mandatos imperativos y... eligieron a los compromisarios. Entre los compromisarios figuraban también parte de los socialdemócratas y hasta miembros de la organización.

Quien escribe estas líneas tuvo ocasión de presenciar en la reunión del Comité Comarcal de Moscú una escena sumamente penosa cuando esta organización socialdemócrata dirigente debatió la cuestión de qué hacer y cómo proceder con aquella táctica (plejanovista) fracasada. Fracaso tan evidente que no hubo un solo menchevique del comité que se pronunciara por la participación de los compromisarios en la asamblea electoral provincial, ni por el autogobierno revolucionario ni por nada semejante. Por otra parte era difícil tomar medidas disciplinarias contra los delegados obreros que habían incumplido sus mandatos imperativos. El comité tuvo que desentenderse y reconocer tácitamente su error.

Tal fue el resultado de la táctica plejanovista de votar sin pensar bien (incluso sin querer pensar bien, sin querer pensar en absoluto; véase el núm. 5 de Dnevnik) por qué se debía elegir y para qué. La "táctica" menchevique se hizo trizas totalmente al primer contacto con la realidad, cosa que no puede sorprender೦ pues consistía esa "táctica" (participar en las elecciones no para las elecciones) sólo de bellas palabras y buenas intenciones. Las intenciones quedaron en intenciones, las palabras en palabras, y en los hechos resultó lo que con lógica inexorable Ja situación política dictaba: o elegir para apoyar a los demócratas constitucionalistas o jugar a las elecciones. Por consiguiente, los acontecimientos confirmaron textualmente lo que había escrito en el artículo titulado La Duma de Estado y la táctica socialdemócrata: "Podemos declarar que nuestros candidatos socialdemócratas son en todo y de todo independientes, que nuestra participación es rigurosamente de partido, pero la situación política es más fuerte que todas las declaraciones. Las cosas no saldrán, no pueden salir, acordes con esas declaraciones. Si participamos» ahora en Ja Duma de ahora, las cosas saldrán no conforme a la política socialdemócrata ni a la política de un partido obrero" (pág. 5) *. * Véase el presente volumen, pág. 172.-Ed.

Que los mencheviques o plejanovistas traten de refutar esta conclusión, pero no con palabras, sino con obras, con hechos. Ahora, en el Partido, cada organización local es autónoma en su táctica. ¿Por qué, pues, no se ha logrado en ninguna parte de Rusia nada provechoso y válido con la táctica menchevique? ¿Por qué el grupo de Moscú del POSDR, menchevique y no fusionado con el comité bolchevique, no ha preparado una campaña electoral "plejanovista" o suya propia con vistas a las elecciones que se efectuarán en Moscú pasado mañana, domingo 26 de marzo?.

No es por falta de ganas, desde luego. Seguro estoy que tampoco por incapacidad. Es porque la situación política objetiva prescribía o bien el boicot, o bien el apoyo a los demócratas constitucionalistas. Entre los compromisarios de la provincia de Moscú hay ahora socialdemócratas. Las elecciones están completamente definidas. La asamblea electoral provincial no está a la vista. ¡Hay tiempo, camarada Plejánov! ¡Hay tiempo, camaradas mencheviques! Aconsejen a esos compromisarios qué deben hacer*.

* Estaban ya escritas estas líneas cuando leo en el núm. 30 de Rech 144, del 24 de marzo, una correspondencia de Moscú, que dice: "Las probabilidades de los demócratas constitucionalistas y de los partidos de derecha en la próxima contienda electoral de la provincia son, hasta donde es posible preverlo, casi iguales: lo mismo que los octubristas (11), junto con el Partido Comercial e Industrial (26) y los representantes de los partidos de extrema derecha (13), suman en total 50 votos bien definidos; también los demócratas constitucionalistas (22), si les sumamos los progresistas sin partido145 (11) y los obreros (17), tendrán 50 votos. De esta suerte, el éxito dependerá de a qué partido se adhieran los 9 compromisarios cuya orientación es todavía desconocida". Supongamos que esos 9 sean liberales, y los 17 obreros, delegados del Partido Socialdemócrata (como deseaban ver Plejánov y los mencheviques). El balance sería: demócratas constitucionalistas 42; derechas, 50; socialdemócratas, 17. ¿Qué les quedaría por hacer a los socialdemócratas sino pactar con los demócratas constitucionalistas el reparto de escaños en la Duma? Muéstrenles, y aunque sea una vez no a postfecha, que están ustedes en posesión de una táctica. ¿Deben esos compromisarios simplemente abandonar la asamblea electoral provincial o irse y formar el autogobierno revolucionario? ¿Deben votar en blanco o, en fin, votar por candidatos a la Duma? Y en este caso, ¿a quién? ¿A su candidato socialdemócrata, para un alarde vano y descabellado, entre bastidores? Por último, la principal cuestión a la que deben responder ustedes, camaradas mencheviques y camarada Plejánov: ¿qué deben hacer los compromisarios en el caso de que sus votos decidieran la elección de demócratas  constitucionalistas o de octubristas? ¿Si, por ejemplo, los demócratas constitucionalistas son A-1, los octubristas A, y los compromisarios socialdemócratas 2? ¡Abstenerse* sería ayudar a los octubristas a vencer a los demócratas constitucionalistas! ¿Queda entonces votar en favor de los últimos y pedirles a cambio del servicio un escaño en la Duma? * Huelga añadir que, al votar por su candidato socialdemócrata, estos dos compromisarios socialdemócratas en realidad habrían ayudado a las centurias negras. El voto socialdemócrata equivaldría a la abstención, es decir, a una pasiva retirada' de la batalla, en la que las centurias negras vencerían a los demócratas constitucionalistas. P.S. En el texto digo erróneamente que la asamblea electoral provincial no está a la vista. Ahora ya se ha celebrado. Han ganado las centurias negras, pues le:; campesinos no han podido concertarse con los demócratas constitucionalistas. A propósito, en ese mismo número de Nasha Zhizn de donde hemos extraído esta noticia (núm. 405, del 28 de marzo) se informa: "El periódico Pul comunica de fuente fidedigna que muchos socialdemócratas mencheviques participaron ayer (en Moscú) en las elecciones, emitiendo su voto en favor de las listas de la 'libertad del pueblo'". ¿Será verdad?

No es esa, en modo alguno, una conclusión inventada por nosotros. No es, en modo alguno, una destemplanza polémica contra los mencheviques. Tal conclusión es la realidad misma. La participación de los obreros en las elecciones, la participación de los socialdemócratas en las elecciones conduce en los hechos a esto y sólo a esto. Los demócratas constitucionalistas han tenido en cuenta acertadamente la experiencia de Petersburgo, donde los inquilinos obreros sin partido votaron por ellos para impedir el triunfo de los octubristas. Habida cuenta de esa experiencia, los demócratas constitucionalistas hicieron una propuesta directa a los obreros de Moscú: vosotros apoyadnos y nosotros nos encargamos de que uno de vuestros candidatos llegue a la Duma. Los demócratas constitucionalistas interpretaron mejor que el propio Plejánov el verdadero significado de la táctica plejanovista. Con su propuesta se adelantaron al inexorable resultado político de las elecciones. Puestos en el lugar de los compromisarios obreros sin partido, los obreros socialdemócratas miembros del Partido se hubieran visto ante el mismo dilema: o retirarse, con lo que

144 Rech (La Palabra): diario, órgano central del Partido Demócrata Constitucionalista; apareció en Petersburgo desde el 23 de febrero (8 de marzo) de 1906. Dejó de publicarse el 22 de julio (4 de agosto) de ese año, para reaparecer el 9 (22) de agosto. El Comité Militar Revolucionario anejo al Soviet de Pctrogrado clausuró Rech el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917.-282.

145 Progresistas sin partido: grupo político de la burguesía monárquica liberal de Rusia que, en las elecciones a las Dumas de Estado y en las propias Dumas, intentó unir bajo la consigna del "apartidismo" a elementos de los diversos partidos y grupos de la burguesía y los terratenientes. En noviembre de 1912, los progresistas se constituyeron en grupo político independiente con el programa siguiente: Constitución moderada de estrecho espíritu censatario, pequeñas reformas, gabinete responsable, es decir, Gobierno responsable ante la Duma, y represión del movimiento revolucionario. — 282.

ayudaban a las centurias negras, o concertar un pacto, un acuerdo directo o indirecto, tácito o formal con los demócratas constitucionalistas.

¡Sí, sí, por algo, realmente por algo prodigan los demócratas constitucionalistas sus ósculos a Plejánov ahora! El precio de esos ósculos está a la vista. Do ut des, como dice el proverbio latino: te doy para que me des. Te ofrezco los ósculos para que a cambio de ellos me proporciones, merced a tus consejos, votos de más. Cierto, quizá no los deseabas; hasta te avergonzaba reconocer públicamente que recibías nuestros ósculos. Tratabas de eludir por fas o por nefas (sobre todo por nefas) la respuesta a los interrogantes que con demasiado descaro, con intromisión excesiva rozaban la esencia de nuestro pacto amoroso. Pero es que no se trata, en lo más mínimo, de tus deseos, ni de tus propósitos, ni de tus buenas intenciones (buenas desde el punto de vista socialdemócrata). Se trata de los resultados, y los resultados ños favorecen.

La interpretación demócrata constitucionalista de la táctica plejanovista traduce la realidad. Por eso ellos logran el resultado deseado: obtener los votos obreros, concertar un acuerdo con los obreros, implicar a los obreros en la responsabilidad conjunta (conjunta con los demócratas constitucionalistas) por la Duma demócrata constitucionalista, por la política demócrata constitucionalista.

La interpretación por Plejánov de la táctica que él ofrece no traduce la realidad. Por eso, las buenas intenciones de Plejánov sólo sirven para empedrar el camino del infierno. La propaganda socialdemócrata entre las masas con motivo de las elecciones, la organización de las masas, la movilización de las masas en torno a la socialdemocracia, etc. etc. (véase las declamaciones del plejanovista Dan, en su folleto), todo eso queda en el papel. Por más que algunos de nosotros lo deseemos, las condiciones objetivas impiden la realización de esos deseos. No se logra desplegar la bandera socialdemócrata ante las masas (recuérdese el ejemplo del Comité Comarcal de Moscú), la organización clandestina no tiene posibilidad de convertirse en legal, la vela escapa del desvalido navegante, que se ha lanzado a la corriente cuasi parlamentaria sin el aparejo adecuado. En la práctica, la resultante no es ni la política socialdemócrata ni la política de un partido obrero, sino la política obrera demócrata constitucionalista.

¡Pero es que el boicot de ustedes ha resultado ser cosa completamente inútil e ineficaz!, nos gritan de extremo a extremo los demócratas constitucionalistas. Los obreros que con su simulacro de boicot quisieron afrentar a la Duma y a nosotros, los demócratas constitucionalistas; los obreros que eligieron a un muñeco como diputado a la Duma, ¡se equivocaron del modo más evidente! ¡La Duma no será un muñeco, será una Duma demócrata constitucionalista!

¡Basta, señores! O son ustedes unos ingenuos o fingen serlo. Si la Duma fuera una Duma demócrata constitucionalista, la situación sería distinta; pero es que la Duma será un muñeco. Un instinto de clase admirablemente sagaz guió a los obreros cuando, eligiendo en esa incomparable demostración a un muñeco, simbolizaron a la futura Duma, alertaron al pueblo confiado y se desligaron de la responsabilidad de jugar a los muñecos.

¿Que no lo comprenden? Se lo explicaremos, con su permiso.

II. EL SIGNIFICADO SOCIAL Y POLÍTICO DE LAS PRIMERAS ELECCIONES

Las primeras elecciones políticas en Rusia encierran un significado político y social muy importante. Pero los demócratas constitucionalistas, embriagados por su victoria y enfangados totalmente en las ilusiones constitucionalistas, son incapaces eruabsoluto de comprender el verdadero alcance de las mismas.

Ante todo, veamos cuáles son los elementos de clase que se agrupan alrededor de los demócratas constitucionalistas. Las elecciones ofrecen al respecto un material extraordinariamente aleccionador y valioso, aunque esté muy lejos de ser completo. Sin embargo, algo se está perfilando ya y merece la mayor atención. Ha aquí el resumen de los datos  86  V. I. LENIN  referentes a los compromisarios hasta el 18 de marzo (es decir, hasta las elecciones de Petersburgo), extraídos de Russkie Védomosti:

N ú m e r o  d e  c o m p r o m i s a r i o s

e l e g i d o s  p o r  l o s  c o n g r e s o s Corriente política* Electores

Terratenientes Total

urbanos

Izquierda Derecha Sin partido Total * En la izquierda situamos: socialdemócratas (2), demócratas constitucionalistas (304), Partido de Reformas Democráticas (4), corriente progresista (59), liberales moderados (17), Unión por la Igualdad de Derechos de los Judíos (3) y nacionalistas polacos (7). En la derecha: octubristas (124), Partido Comercial e Industrial (51), monárquicos constitucionalistas (7), Partido del Orden Legal (5), derechistas (49) y monárquicos (54).

Por insuficientes que aún sean, estos datos muestran sin embargo (y las elecciones de Petersburgo no hacen más que corroborar esta conclusión) que en el movimiento emancipador ruso en general, y en el Partido Demócrata Constitucionalista en particular, se opera cierto cambio social. El centro de gravedad de este movimiento se desplaza más a las ciudades. El movimiento se democratiza. El habitante de la ciudad emerge de entre la "masa innominada".

Entre los terratenientes predominan los de derecha (si admitimos que los apartidistas se dividen por igual entre la izquierda y la derecha, hipótesis ésta que peca más bien de pesimista que de optimista, probablemente). Entre los electores urbanos es incomparablemente más fuerte el predominio de la izquierda.

Los terratenientes han abandonado a los demócratas constitucionalistas para afiliarse a la Unión del 17 de Octubre y otros partidos similares. En contra, la pequeña burguesía, al menos la urbana (acerca de la rural aún no hay datos y será difícil tenerlos antes de constituirse la Duma), se presenta claramente en la lid política y con la misma claridad se endereza hacia el democratismo.

Si en el movimiento emancipador burgués (y en el de Osvobozhdenie) de los congresos de los zemstvos predominaban los terratenientes, hoy las insurrecciones campesinas y la revolución de octubre han volcado decididamente a la mayor parte de ellos hacia la contrarrevolución. El Partido Demócrata Constitucionalista continúa manteniendo su dualidad: podemos ver en él a la pequeña burguesía urbana y a los

terratenientes liberales, pero éstos ya constituyen, al parecer, la minoría en él. Predomina la democracia pequeñoburguesa.

Con gran verosimilitud, casi con certeza, podemos en consecuencia sentar las dos conclusiones siguientes: en primer lugar, la pequeña burguesía se va formando políticamente y procede de manera definida contra el Gobierno; en segundo lugar, el Partido Demócrata Constitucionalista se convierte en el partido "parlamentario" de la democracia pequeñoburguesa.

Estas dos conclusiones no son coincidentes, como podría parecer a primera vista. La segunda es mucho más restringida que la primera, pues los demócratas constitucionalistas no abarcan a todos los elementos democráticos pequeñoburgueses y es, por otra parte, sólo un partido "parlamentario" (es decir, cuasiparlamentario, parlamentario de juguete, por supuesto). En cuanto a los resultados, por ejemplo, de las elecciones en Petersburgo, todos los testimonios — comenzando por el despabilado y radicalizante Rus, pasando por el señor Nabókov, miembro del CC del Partido Demócrata Constitucionalista y candidato a la Duma, y terminando por Nóvoe Vremia— coinciden de manera asombrosa en que se ha tratado en propiedad no tanto de una votación en favor de los demócratas constitucionalistas, cuanto de una votación en contra del Gobierno. En gran medida, el triunfo ha favorecido a los kadetes sólo porque han resultado ser (gracias a Durnovó y Cía.) el partido más a la izquierda. Los partidos auténticamente de izquierda han sido eliminados por la violencia, las detenciones, las matanzas, la ley electoral, etc. Todos los elementos indefinidamente revolucionarios, descontentos, irritados y exasperados se han visto obligados por la fuerza de las cosas, por la lógica de la lucha electoral a agruparse en torno de los kadetes *. * Molvá, 22 de marzo: "Para nadie es un secreto que de esta Duma no se espera una labor creadora, y los demócratas constitucionalistas son enviados a ella mayormente por personas en desacuerdo con su programa, pero que les ha votado para imponerles la sagrada misión y la ímproba tarea de limpiar la suciedad acumulada durante años en nuestros establos de Augías146, o sea, en el Gobierno". La unión de los compromisarios progresistas con los kadetes que arriba tabulamos es un hecho efectivo. Contendían en rigor dos grandes fuerzas: una por el Gobierno (el terrateniente contrarrevolucionario, el capitalista y el funcionario enfurecido); otra, contra el Gobierno (el terrateniente liberal, la pequeña burguesía y los elementos indefinidos de la democracia revolucionaria). Que los elementos situados más a la izquierda de los kadetes entregaron sus votos a éstos, se desprende sin lugar a dudas del cuadro general de las elecciones de Petersburgo**, lo confirman las declaraciones directas de numerosos testigos (el voto del "pueblo llano" por la "libertad", etc., etc.) y lo evidencia de manera indirecta el hecho de que la prensa democrática, un poco más a la izquierda que la kadete, se haya pasado globalmente al campo de los kadetes. ** Las elecciones de Petersburgo, que han dado los 160 escaños a los con particular claridad, lo que se ha perfilado y perfila en las elecciones de muchas otras localidades. En ello reside todo el alcance de las elecciones de Petersburgo. En consecuencia, si el núcleo del actual Partido Demócrata Constitucionalista lo constituyen, sin disputa, hombres de los que seguramente no se puede sacar ningún provecho, a no ser retórica en un parlamento de juguete, no cabe en modo alguno

146 Establos de Augías: según la mitología griega, enormes establos del rey Augías, que durante muchos años estuvieron sin limpiar y fueron limpiados por el héroe Hércules en un solo día.

La expresión establos de Augías es sinónimo de acumulación de toda inmundicia o suciedad o de extremo abandono y desorden.-288.

decir lo mismo de toda la masa de electores pequeñoburgueses, que ha dado su voto a los kadetes. "En el fondo, nos ha sucedido lo mismo que les sucede en las elecciones a los socialdemócratas de Alemania —ha dicho un kadete al reportero del diario kadete (o semikadete) Nasha Zhizn (núm. 401, del 23 de marzo)—: muchos les votan porque son el partido de oposición más acentuada frente al Gobierno".

Muy exacto. Le falta sólo una pequeña, una pequeñísima adición: los socialdemócratas alemanes, como partido socialista combativo y de vanguardia, en el pleno sentido de la palabra, agrupan a su alrededor a muchos elementos relativamente atrasados. Los demócratas constitucionalistas rusos, como partido democrático no combativo y atrasado en el pleno sentido de la palabra, han captado a muchos elementos democráticos avanzados y capaces de combatir, gracias a que los partidos verdaderamente democráticos han sido excluidos por la fuerza del campo de batalla. En otras palabras: los socialdemócratas alemanes atraen a quienes van detrás de ellos; los demócratas constitucionalistas rusos van detrás de la revolución democrática y atraen a muchos elementos avanzados, sólo cuando los que van delante de los demócratas constitucionalistas cubren preferentemente las plazas de reclusión carcelaria o de reposo eterno...* Lo decimos de paso, para que nuestros demócratas constitucionalistas no se envanezcan demasiado por que se les compare con los socialdemócratas alemanes. * Es interesante destacar que Rus confiesa que una de las causas del triunfo de los demócratas constitucionalistas consiste en haber admitido en sus reuniones a la "izquierda". El señor S. A-ch escribe en el número 18 de Molvá (22 de marzo): "Este partido (kadete) salió ganando bastante en la opinión de los electores por haber permitido' participar en sus mítines a representantes de los partidos de extrema izquierda, venciéndoles en las controversias". Anotemos en la cuenta del señor Ach la victoria de los demócratas constitucionalistas en las controversias con nosotros. Nosotros estamos plenamente satisfechos de los resultados de la competición de los socialdemócratas con los demócratas constitucionalistas en las asambleas de marzo de 1906 en Petersburgo. Llegará el momento en que los partícipes imparciales de aquellas asambleas relaten a quién correspondió la victoria.

Alejados los elementos democráticos avanzados de la batalla por el parlamento de juguete, y mientras dura ese alejamiento, es natural que los demócratas constitucionalistas tengan probabilidades de dominar ese parlamento de juguete que se llama Duma de Estado de Rusia. Si consideramos las cifras arriba expuestas, si tenemos en cuenta la victoria de los demócratas constitucionalistas en Petersburgo y otras posteriores, si calculamos aproximadamente la enorme preponderancia de los compromisarios rurales sobre los urbanos y si agregamos a los delegados de los terratenientes los delegados de los campesinos, habrá que reconocer en suma que es muy posible y hasta probable que la Duma sea una Duma demócrata constitucionalista.

III. ¿QUE ES EL PARTIDO DE LA LIBERTAD DEL PUEBLO?

¿Qué papel, pues, puede y debe cumplir la Duma demócrata constitucionalista? Para responder a esta pregunta es necesario que empecemos por caracterizar en forma más detallada al propio Partido Demócrata Constitucionalista.

Ya hemos señalado el rasgo fundamental de su estructura de clase. Sin estar vinculado a una clase determinada de la sociedad burguesa, pero enteramente burgués por su composición, por su carácter y por sus ideales, este partido oscila entre la pequeña burguesía democrática y los elementos contrarrevolucionarios de

la gran burguesía. Su base social es, por una parte, el habitante urbano común —ese mismo habitante urbano que con tanto fervor levantaba barricadas en las calles de Moscú durante las célebres jornadas de diciembre— y, por otra, el terrateniente liberal que propende, con la mediación del funcionario que se las da de liberal, a la componenda con la autocracia, a un reparto "inofensivo" del poder entre el pueblo y los que oprimen al pueblo por la gracia de Dios. Esta amplísima, indefinida e interiormente contradictoria apoyadura clasista del partido (que se deja ver con claridad, tal como señalamos más arriba, en la estadística de los compromisarios kadetes) se expresa con particular relieve en su programa y su táctica. Su programa es íntegramente burgués; los kadetes no pueden siquiera imaginar otro régimen social que no sea el capitalista, cuyos límites son respetados por las más audaces de sus aspiraciones. En el aspecto político, su programa une en un mismo haz la democracia, la "libertad del pueblo" y la contrarrevolución, la libertad de la autocracia para oprimir al pueblo; y lo hace con escrupulosidad netamente pequeño burguesa y pedantesca profesoral.

En el Estado, el poder se divide en tres partes aproximadamente, según el ideal kadete. Una parte es para la autocracia. La monarquía queda en pie. El monarca tiene iguales derechos que el órgano representativo del pueblo, el cual "se pone de acuerdo" con él a propósito de las leyes a promulgar y le somete a ratificación sus proyectos de ley. Otra parte del poder corresponde al terrateniente y al gran capitalista. Para ellos es la cámara alta, preservada del "pueblo llano" por elecciones indirectas y censo domiciliario. Por último, la tercera parte del poder es para el pueblo, al que se le reserva la cámara baja, emanada del sufragio universal, igual, directo y secreto. ¿Para qué la lucha, para qué las discordias intestinas?, dice el Judasito147 kadete, con el ánimo puesto en el cielo y lanzando miradas de reproche tan pronto al pueblo revolucionario como al Gobierno contrarrevolucionario. ¡Hermanos! ¡Amémonos los unos a los otros! Queden satisfechas todas las apetencias, queden intactas la monarquía y la cámara alta, quede asegurada la "libertad del pueblo".

La hipocresía de estos principios de los kadetes salta a la vista, es asombrosa la falsedad de los argumentos "científicos" (profesoralmente científicos) con que se los defiende. Pero, claro está, sería craso error explicar esa hipocresía y esa falsedad por las cualidades personales de los dirigentes kadetes o de tales o cuales kadetes. Al marxismo le es completamente ajena esa explicación vulgar que suelen adjudicarnos nuestros adversarios. No; entre los kadetes hay sin duda hombres muy sinceros que creen que su partido es el partido de la "libertad del pueblo". Pero el dual y oscilante fundamento clasista de su partido genera inevitablemente su doblez en la política, su falsedad y su hipocresía.

Quizá más claramente aún que en él programa demócrata constitucionalista, estos enternecedores rasgos se reflejan en la táctica demócrata constitucionalista. Poliárnaya Zvezdá148, en cuyas páginas el señor Struve ha tratado con tanto afán y

147 Judasito Golovliov: terrateniente feudal, personaje de la novela del escritor satírico ruso M. Saltikov-Schedrín Los señores Golovliov, apodado Judasito por su santurronería e hipocresía. El nombre de Judasito se hizo genérico.-

148 Poliárnaya Zvedá (La Estrella Polar): semanario político y filosófico, órgano del ala derecha del Partido Demócrata Constitucionalista; se publicó en Petersburgo desde el 15 (28) de diciembre de 1905 hasta el 19 de marzo (1 de abril) de 1906. Expresaba francamente su odio a la revolución y luchaba contra la intelectualidad democrática revolucionaria.

buen éxito de aproximar a los kadetes a la línea de Nóvoe Vremia, ofreció un cuadro excelente, magnífico, insuperable de la táctica demócrata constitucionalista. En el preciso momento en que cesaban los disparos en Moscú, en que la dictadura castrense-policíaca celebraba sus salvajes orgías, en que las penas corporales y las torturas en masa se aplicaban en toda Rusia, desde Poliárnaya Zvezdá surgían voces contra la violencia de la izquierda, contra los comités de huelga de los partidos revolucionarios.

Los profesores demócratas constitucionalistas que comercian con la ciencia a cargo de los Dubásov (el señor Kizevétter, miembro del CC de los kadetes y candidato a la Duma) llegaron al extremo de traducir la palabra dictadura por ¡vigilancia reforzada! Los "hombres de ciencia" llegaron incluso a tergiversar el latín aprendido en el liceo con tal — de descalificar la lucha revolucionaria. nirtadura significa —tomen nota de ello de una vez para siempre, señores Kizevétter, Struve, Izgóev y Cía.— poder ilimitado que no se apoya" en la ley, sino en la fuerza. En tiempos de guerra civil, el poder triunfante sólo puede ser una dictadura. Ahora bien, todo consiste en que puede haber una dictadura de la minoría sobre la mayoría, la de un puñado de policías sobre el pueblo, y puede haber una dictadura de la abrumadora mayoría del pueblo sobre un puñado de opresores, de expoliadores y de usurpadores del poder del pueblo. Con su deformación vulgar del concepto científico de dictadura, con sus gritos contra la violencia de la izquierda en un momento de desenfreno de la más ilegal y más vil violencia de la derecha, los señores kadetes han puesto al descubierto cuál es la posición de los "conciliadores" en una enconada lucha revolucionaria'. Cuando la lucha se encona, el "conciliador" se oculta acobardado. Cuando ha triunfado el pueblo revolucionario (17 de octubre), el "conciliador" sale de su escondrijo, se emperifolla jactancioso, suelta la tarabilla y grita con frenesí: ¡ha sido una "gloriosa" huelga política! Cuando triunfa la contrarrevolución, el conciliador se pone a verter sobre los vencidos un torrente de hipócritas recomendaciones y sermones. La huelga triunfante era "gloriosa". Las huelgas vencidas han sido huelgas criminales, salvajes, irracionales y anárquicas. La insurrección vencida ha sido una locura, un desbordamiento de la espontaneidad, la barbarie y la estupidez. En una palabra, la conciencia política y la mente política del "conciliador" consisten en arrastrarse ante quien es más fuerte en un momento dado, enredarse entre los pies de los contendientes, estorbar a uno u otro bando, debilitar la lucha y embotar la conciencia revolucionaria del pueblo que combate encarnizadamente por la libertad.

Los campesinos luchan contra la propiedad terrateniente. La batalla se acerca ahora a su punto culminante. Tan agudizada está que el procedimiento requerido por los terratenientes es expeditivo: quieren ametralladoras para responder al menor intento de los campesinos de ocupar las tierras que los nobles arrebataron durante siglos de rapiña. Los campesinos quieren todas las tierras. Entonces, Poliárnaya Zvezdá, con agridulce excusa, lanzará al combate a los señores Kaufman, quienes se pondrán a demostrar que los latifundistas tienen poca tierra, que en realidad no se trata de la tierra y rque todo puede arreglarse amistosamente.

Entre abril y mayo de 1906, en lugar de Poliárnaya Zvezdá apareció la revista Svoboda y Kullura (Libertad y Cultura).- 291.

La resolución táctica del último congreso demócrata constitucionalista149 es un buen resumen de la politiquería de este partido. Después de la insurrección de diciembre, cuando la huelga pacífica habíase consumido del modo más evidente para todos, había agotado todas sus fuerzas y era ya inservible como medio autónomo de lucha, emergió la resolución del congreso demócrata constitucionalista (propuesta, al parecer, por el señor Vinaver) ¡que admite como medio de lucha la huelga política pacífica!

¡Estupendo, incomparable, señores kadetes! Ustedes han asimilado con inimitable habilidad el espíritu y el sentido de la politiquería burguesa. Hay que tratar de apoyarse en el pueblo. Sin esto, la burguesía no llegará al poder, como jamás llegó en el pasado. Pero al propio tiempo es necesario contener el empuje revolucionario del pueblo para evitar que los obreros y los campesinos conquisten —¡Dios nos libre!— una democracia completa y resuelta, una libertad popular auténtica, y no de cariz monárquico, "bicameral". Para ello hay que poner obstáculos a la revolución cada vez que ésta logre una victoria, y hay que hacerlo por todos los medios posibles, adoptando todas las medidas, desde la deformación "científica" del latín por los "profesores" para denigrar, la idea misma de un triunfo resuelto del pueblo, hasta la admisión, digamos, de los medios de lucha revolucionaria que ya carecen de validez en el momento en que se les admite.

Esto es inofensivo y conveniente. Inofensivo, porque un arma mellada seguro que no dará la victoria al pueblo, no pondrá en el poder a los proletarios y los campesinos y, en el mejor de los casos, resquebrajará un poco la autocracia y ayudará a los kadetes en su trapicheo a obtener adicionalmente un trocito de "derechos" para la burguesía. Conveniente, porque confiere una apariencia de "revolucionarismo", una apariencia de solidaridad con la lucha del pueblo, gana para los kadetes las simpatías de un conjunto de elementos que desean sincera y profundamente la victoria de la revolución.

La naturaleza misma de la situación económica de la pequeña burguesía, pendulante entre el capital y el trabajo, genera inevitablemente la precariedad política y la dualidad del Partido Demócrata Constitucionalista, lo lleva a su cacareada teoría de la conciliación ("el pueblo tiene derechos, pero es derecho del monarca confirmar esos derechos"), hace de su partido el partido de las ilusiones constitucionalistas. El ideólogo de la pequeña burguesía no puede comprender la "esencia de la Constitución". El pequeño burgués siempre tiende a ver en un papelucho cualquiera la esencia del problema. Es poco capaz para una organización independiente, desvinculada de la clase combativa, con vistas a la lucha directamente revolucionaria. Como el elemento más relegado de la lucha económica más áspera de nuestra época, prefiere también en política ceder el primer puesto a otras clases cuando se trata de conquistar de veras una Constitución, de asegurar en los hechos una verdadera Constitución. Que el proletariado combata por el terreno constitucional; en ese terreno constitucional, en tanto se sostiene aunque sea sobre

149 El II Congreso del Partido Demócrata Constitucionalista tuvo lugar e Petersburgo del 5 al 11 (18 al 24) de enero de 1906. En cuanto a la táctica del partido, el Congreso dispuso aprobar "como declaración del partido" el informe que M. M. Vinaver presentó en la sesión del 11 (24) de enero. La tesis fundamental de la declaración se reducía a reconocer la huelga política como medio —de lucha pacifica contra el Gobierno. Señalaba que el partido consideraba como principal esfera de su actividad "la asamblea representativa organizada", es decir, la Duma de Estado. En esencia, el Congreso adoptó posiciones de componendas con el Gobierno. — 293.

los cadáveres de los obreros caídos en la insurrección, que juegue al parlamentarismo la gente menuda del mundo del juguete. Tal es la tendencia inmanente de la burguesía, y el Partido Demócrata Constitucionalista, personificación depurada, dignificada, sublimada, perfumada, idealizada y endulzada de las tendencias comunes a la burguesía, actúa en esa dirección con notable firmeza.

¿Se denominan ustedes partido-de la libertad del pueblo? ¡Pruébenlo! Ustedes constituyen el partido del fraude pequeñoburgués de la libertad del pueblo, el partido de las ilusiones pequeñoburguesas acerca de la libertad del pueblo. Son el partido de la libertad porque quieren someter la libertad al monarca y a la cámara alta de los terratenientes. El partido del pueblo porque temen la victoria del pueblo, o sea, el triunfo total de la insurrección campesina, la libertad plena para la lucha obrera por la causa obrera. El partido de la lucha porque se escudan tras excusas agridulces de profesores cada vez que se enciende la lucha revolucionaria verdadera, directa, inmediata contra la autocracia. Ustedes son el partido de las palabras y no de los hechos, de las promesas y no de su cumplimiento, de las ilusiones constitucionalistas y no de la lucha seria por una Constitución auténtica (y no sólo de papel).

Cuando después de una lucha a la desesperada sobreviene la calma, cuando arriba la fiera saciada "descansa fatigada de la victoria"*, mientras abajo "afilan los sables", reuniendo nuevas fuerzas; cuando en la profundidad del pueblo reaparecen poco a poco la efervescencia y la ebullición; cuando aún están en fase preparatoria una nueva crisis política y una nueva gran batalla, el partido de las ilusiones pequeñoburguesas acerca de la libertad del pueblo vive el punto culminante de su desarrollo, se embriaga con sus victorias. La fiera saciada tiene pereza de erguirse de nuevo  para caer de lleno sobre los charlatanes liberales (¡ya habrá tiempo, no corre prisa!). Mientras tanto, para los luchadores de la clase obrera y del campesinado no ha llegado todavía la hora de la nueva ascensión. Es este, pues, el momento propicio para cosechar los votos de todos los descontentos (¿y quién no lo está hoy?), es la ocasión para que nuestros kadetes trinen como ruiseñores. * Skitalets. Reina el silencio: "¡Saltan rotas las cuerdas! ¡Guarda silencio ahora, canción! Todo ha sido dicho antes del combate. Se reanima el dragón, fiera agonizante, y los sables suenan en vez de las cuerdas... Reina el silencio; en esta noche siniestra, ni un sonido de la vida de otrora se oye. Allá abajo, los vencidos afilan sus sables; arriba, el vencedor descansa. Rendida y exánime está la fiera saciada. Allá abajo, de nuevo algo vislumbra, allá cruje y se tambalea la vieja puerta; el titán rompe las cadenas"150

Los kadetes son los gusanos en la sepultura de la revolución. La revolución ha sido enterrada. La devoran los gusanos. Pero la revolución tiene la facultad de resucitar con presteza y crecer frondosa en un terreno bien preparado. El terreno ha sido preparado de manera excelente, soberbia, por los días de la libertad de octubre y por la insurrección de diciembre. Y nosotros estamos lejos de la idea de negar la utilidad del trabajo de los gusanos cuando la revolución está enterrada. Abonan tan bien la tierra esos gordos gusanos...

¡En la Duma el campesino será demócrata constitucionalista!, exclamó una vez en Poliárnaya Zvezdá el señor Struve. Es muy verosímil. En su mayoría, el campesino es partidario de la libertad del pueblo, por supuesto. Escuchará estas hermosas, estas elocuentes palabras, verá ante sí al suboficial de cosacos, al rompehuesos jefe del

puesto de la gendarmería y a los terratenientes feudales disfrazados con variado ropaje "octubrista". Se pondrá seguramente al lado de la libertad del pueblo, marchará tras el bello rótulo, no descubrirá en seguida el fraude pequeñoburgués, se tornará demócrata constitucionalista... y lo será hasta el momento en que el curso de los acontecimientos le señale que la libertad para el pueblo hay que conquistarla todavía, que la verdadera lucha por la libertad para el pueblo se desarrollará fuera de la Duma. Y entonces... entonces tanto los campesinos como la pequeña burguesía urbana se dividirán: una minoría de campesinos ricos, pequeña pero económicamente fuerte (kulaks)151, puede ser que se ponga ya resueltamente al lado de la contrarrevolución; un sector se manifestará en favor del "acuerdo", de la "reconciliación", de la transacción amistosa con la monarquía y los terratenientes; otro sector se pondrá al lado de la revolución.

El habitante común de la ciudad levantó barricadas en diciembre, durante la gran lucha. Protestó contra el Gobierno, en marzo, cuando votó por los kadetes, después del aplastamiento de la insurrección. Y todavía le veremos apartarse de los kadetes y pasarse a la revolución cuando fracasen las actuales ilusiones constitucionalistas. Qué parte de los habitantes comunes de la ciudad huirá de la charlatanería kadete para unirse a la revolución, qué parte de los campesinos se sumarán a ellos, con cuánta energía, organización y éxito actuará el proletariado en su nueva ofensiva, son factores que decidirán el desenlace de la revolución.

El Partido Demócrata Constitucionalista es efímero, inerte. Esta afirmación puede parecer paradójica en estos momentos en que los kadetes obtienen brillantes victorias en las elecciones, en que probablemente les esperen victorias "parlamentarias" más brillantes aún en la Duma. Pero el" marxismo nos enseña aexaminar cada fenómeno;en su desarrollo y no conformarnos sólo con un bosquejo superficial, a no creer en los bellos rótulos, a investigar las bases económicas, clasistas, de los partidos, a estudiar la situación política objetiva que predecida la significación y el resultado de su actividad política. Si se aplica este método de análisis a los kadetes, se eomprobará que nuestra afirmación es acertada. Los kadetes no son un partido, sino un síntoma. No son una fuerza política, sino la espuma que produce el choque de dos fuerzas contendientes más o menos equilibradas. Son, ciertamente, una combinación del cisne, el cangrejo y el lucio: la locuaz, jactanciosa, vanidosa, mediocre y pusilánime intelectualidad burguesa; el terrateniente contrarrevolucionario, que desea, por un precio módico, liberarse de la revolución; y, en fin, el pequeñoburgués duro, hacendoso, ahorrativo y mezquino. Este partido no quiere ni puede ejercer un gobierno medianamente firme en la sociedad burguesa en general, no quiere ni puede conducir por un camino definido la revolución democrática burguesa. Los kadetes no quieren ejercer el poder, prefieren "estar" en la monarquía y en la cámara alta. No pueden gobernar, porque los verdaderos amos de la sociedad burguesa, los Shípov y los Guchkov, representantes del gran capital y de la gran propiedad, se mantienen al margen de ese partido. Los kadetes son el partido de los sueños en una sociedad burguesa "ideal", blanca, limpia, ordenada.

151 Kulaks: "campesinos ricos que explotan trabajo ajeno, bien contratando brazos bien prestando dinero con usura, y por otros procedimientos semejantes" (Lenin). — 296.

Los Guchkov y los Shípov son el partido del capital negro, verdadero, efectivo— de la sociedad burguesa de hoy. Los kadetes no pueden impulsar la revolución, porque no tienen detrás una clase cohesionada y verdaderamente revolucionaria. Los kadetes temen la revolución, agrupan a su alrededor a todos, a todo el "pueblo", sólo sobre la base de las ilusiones constitucionalistas, agrupan sólo con un lazo negativo: el odio a la fiera saciada, al Gobierno autocrático contra el cual, en la situación "legal" existente, los kadetes ocupan hoy la posición más a la izquierda.

El papel histórico de los kadetes es transitorio, momentáneo. Caerán junto con la inevitable y rápida caída de las ilusiones constitucionalistas, como cayeron los socialdemócratas franceses de fines de la década del 40, muy parecidos a nuestros kadetes y tan pequeñoburgueses como ellos. Los kadetes caerán abonando el terreno... ya sea para un triunfo duradero de los Shípov y los Guchkov, para un entierro prolongado de la revolución, para un constitucionalismo burgués "serio"; ya para la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado.

IV.  PAPEL Y SIGNIFICADO DE LA DUMA DEMÓCRATA CONSTITUCIONALISTA

Así pues, como nos dicen los periódicos liberales, la Duma de Estado será demócrata constitucionalista. Ya hemos comentado que esa hipótesis es muy probable. Sólo añadiremos que si, pese a sus actuales victorias, los kadetes quedan en minoría en la Duma, esta circunstancia difícilmente podrá modificar de forma sustancial el curso de la crisis política que de nuevo madura en Rusia. Los elementos de esta crisis revolucionaria penen raíces demasiado profundas como para que una u otra composición de la Duma pueda ejercer una influencia apreciable. La actitud de las amplias masas de la población hacia el Gobierno es muy clara.

La actitud del Gobierno hacia las necesidades imperativas de todo el desarrollo social es más que clara. En estas circunstancias, la revolución irá avanzando, naturalmente. Cabe un solo probable atenuamiento de la marcha en ciertos aspectos del desarrollo político de Rusia y se deberá a un predominio de las centurias negras en la primera Duma, a saber: será más lento el naufragio del Partido Demócrata Constitucionalista y del atractivo demócrata constitucionalista entre el pueblo, en el supuesto de que los kadetes queden en minoría ahora. Estar en minoría, quedar en la oposición es hoy muy conveniente para ellos. El predominio de las centurias negras se achacaría, ante la mirada del público, a las represiones del Gobierno durante las elecciones. En la oposición, los discursos de los kadetes, conscientes de que es "inocua" tal oposición, serían particularmente fogosos. Ante las grandes masas de la población con escaso desarrollo político, el prestigio de los kadetes podría aumentar en unas condiciones en que sus "palabras" crecieran en sonoridad y sus "obras" quedaran en oscuridad, como consecuencia de una mayorización de los octubristas sobre los demócratas constitucionalistas. El incremento del descontento contra el Gobierno y la preparación de una nueva ascensión revolucionaria continuarían su curso, pero la denuncia de la vacuidad de los kadetes podría retardarse por algún tiempo.

Analicemos ahora otra hipótesis, más probable si creemos las actuales afirmaciones de los periódicos demócratas constitucionalistas. Supongamos que los kadetes tengan mayoría en la Duma, que consistiría, claro está, en esa misma combinación

de kadetes con liberales apartidistas, "minipartidistas", etc. que se observa ahora en las elecciones. ¿Cuáles serían la significación y el papel de la Duma demócrata constitucionalista?

Los propios kadetes dan una respuesta muy definida a este interrogante. Sus declaraciones, sus promesas y sus frases altisonantes respiran firmeza y decisión. Y para nosotros, militantes de un partido obrero, es de suma importancia reunir minuciosamente todas estas declaraciones, fijarlas bien en la memoria, difundirlas lo más ampliamente posible entre el pueblo y lograr sin falta que las lecciones de educación política (que los kadetes imparten al pueblo) no se pierdan sin provecho, que los obreros y los campesinos sepan con certeza qué prometen los kadetes y cómo cumplen sus promesas.

En este folleto —que no contiene otra cosa que rápidas anotaciones de un publicista socialdemócrata errante que, por voluntad de Durnovó y Cía., ha tenido que dejar la labor en la prensa—, en este folleto no podemos ni intentar reunir todas o, al menos, las más esenciales declaraciones y promesas de los kadetes que van a la Duma. Sólo podemos traer a colación algunas de ellas, tomadas de las publicaciones que ocasionalmente tenemos a mano.

Veamos el periódico Naródnaya Svoboda, que apareció en diciembre y fue suspendido rápidamente por el Gobierno. Era un exponente directo, oficial del Partido Demócrata Constitucionalista: Pilares de este partido como los señores Miliukov y Guessen figuraban en su Redacción, y no puede haber duda alguna de que el Partido Demócrata Constitucionalista en pleno responde de su contenido.

En su número del 20 de diciembre, Naródnaya Svoboda se dedica a convencer al lector de la necesidad de ir a la Duma. ¿Qué argumenta en favor de ello el órgano de los kadetes? Naródnaya Svoboda ni siquiera intenta discutir que el objetivo político inmediato para Rusia es la convocatoria de una asamblea constituyente. El órgano de los kadetes da por demostrada esta proposición. El problema único consiste en quién ha de convocar esa asamblea constituyente. Puede haber tres respuestas: 1) el Gobierno actual, es decir, el Gobierno autocrático realmente; 2) un gobierno revolucionario provisional, y 3) la Duma de Estado, como "poder que compite con el poder". Los kadetes rechazan las dos primeras salidas: no confian en el Gobierno autocrático y no creen en el éxito de una insurrección. En contra, aceptan la tercera salida. Precisamente llaman a ir a la Duma porque es el procedimiento mejor, más seguro, etc., etc. de convocar una asamblea constituyente de todo el pueblo.

¡Recuerden bien esta conclusión, señores! El Partido Demócrata Constitucionalista, el partido de la "libertad del pueblo", ha prometido al pueblo utilizar "el poder que compite con el poder", utilizar su predominio en la Duma de Estado (si el pueblo le ayuda a conseguir ese predominio) para convocar una asamblea constituyente de todo el pueblo.

Es un hecho histórico. Es una gran promesa. Es la primera verificación de cómo servirá a la libertad del pueblo sin comillas el partido de la "libertad del pueblo" entre comillas. En los periódicos actuales del Partido Demócrata Constitucionalista (y a este partido, repetimos, se han adherido de hecho casi todos los órganos liberales, incluso Rus, Naska Zhizn y otros) ya no aparecen tales promesas. Se habla, en todo caso, de las "funciones constituyentes" de la Duma, pero no de que la Duma

convoque una asamblea constituyente de todo el pueblo. A medida que se acerca la hora en que las promesas deben ser refrendadas por su cumplimiento, se da ya un paso atrás, se prepara ya la escapatoria.

¿O quizá todo consiste en que las atroces leyes impiden ahora hablar francamente de una asamblea constituyente? ¿Es así, señores? ¿Verdad que en la Duma, donde sus diputados podrán gozar, de acuerdo con la ley, de libertad de palabra, hablarán ustedes de nuevo a plena voz y exigirán la convocatoria de una asamblea constituyente de todo el pueblo? ¡Qué digo!... !La convocarán!.

Ya veremos con el tiempo. Y no olvidaremos la promesa kadete de convocar por medio de la Duma una asamblea constituyente de todo el pueblo. Abundan ahora en los periódicos demócratas constitucionalistas las manifestaciones acerca de que ellos, los kadetes, serán "gobierno", que tendrán el "poder", etc., etc. ¡En buena hora, señores! Cuanto antes tengan la mayoría en la Duma, más pronto llegará el momento en que les presenten al cobro los pagarés firmados por ustedes. Veamos el periódico demócrata constitucionalista Rus, que en un fogoso artículo aparecido el 22 de marzo y titulado ¿Con el pueblo o contra él? saluda el triunfo del partido de la "libertad del pueblo" en Petersburgo. En él no se menciona de modo directo la convocatoria por la Duma de una asamblea constituyente de todo el pueblo; es un paso atrás respecto a las promesas empeñadas por los kadetes, pero con todo y con eso subsisten no pocas de sus buenas perspectivas:

"La misión principal de la Duma en vías de formación y del partido de la libertad del pueblo en ella es ser el azote de la ira popular.

"Tras expulsar y entregar a la justicia a los criminales miembros del Gobierno, le quedará sólo tomar medidas urgentes y convocar luego sobre bases más amplias una verdadera Duma representativa de todo el pueblo" (es decir, ¿convocar una asamblea constituyente?).

"Esta es la misión indiscutible de la Duma, o sea, la misión que en estos momentos le impone el pueblo".

Bien, bien. Expulsar al Gobierno. Entregarlo a la justicia. Convocar una verdadera Duma. Escribe muy bien el periódico Rus. Hablan muy bien los kadetes. Con pasmosa belleza hablan los kadetes. Lo único malo es que por esas hermosas palabras sus periódicos son clausurados...

Recordemos, señores, esta nueva promesa dada al día siguiente de las elecciones de Petersburgo, recordémosla bien. Los kadetes van a la Duma para expulsar al Gobierno, para entregarlo a la justicia, para convocar una verdadera Duma.

De las promesas kadetes. acerca de la Duma pasemos ahora a las "miras" del Gobierno acerca de la Duma demócrata constitucionalista. Por supuesto, nadie puede conocer con exactitud esas "miras", pero incluso esos mismos periódicos kadetes optimistas tienen ciertos elementos de juicio. Por ejemplo, en cuanto al empréstito de Francia152, las noticias que se reciben son cada vez más seguras acerca de que el asunto está resuelto y que será concedido antes de la constitución de la Duma. El Gobierno dependerá todavía menos de la Duma, naturalmente.

152 En abril de 1906 el Gobierno zarista concertó con Francia un empréstito de 843 millones de rublos, destinados a aplastar la revolución en Rusia.-302

Referente a las perspectivas del ministerio Witte—Durnovó, el mismo periódico Rus (o Molvá) en el artículo ya citado propone al Gobierno "marchar junto con el pueblo, es decir, con la Duma". Como ven, la "expulsión de los criminales miembros del Gobierno" se entiende, propiamente dicho, sólo como cierto cambio de personas. De qué cambio se trata puede verse en el siguiente párrafo del periódico:

"Incluso para la propia reacción, el ministerio ahora más conveniente sería el de una personalidad como D. N. Shípov. Sólo un ministerio de esa índole podría prevenir una colisión final entre el Gobierno y la sociedad en la Duma". Pero vamos con la "probabilidad peor", observa el periódico, esperando la formación de un ministerio netamente burocrático. "Aquí no hay nada que demostrar —dice Molvá—, está claro hasta la saciedad para todos que, si el Gobierno no se propone privar de significación a la Duma, debe —está obligado a ello— destituir en el acto a Durnovó, Witte y Akímov. Y resulta igualmente claro que si no lo hace, que si tal cosa no se lleva a cabo, eso significará que la política policíaca de 'freno y represión' será aplicada tanto a los representantes del pueblo como contra la Duma de Estado. Y, como es natural, para esos fines serán más convenientes unas manos que de todos modos ya están manchadas hasta el codo con la sangre del pueblo. Absolutamente claro: si el señor Durnovó permanece en su puesto con una Duma en la oposición no puede ser sino para disolverla. Su permanencia no tiene ni puede tener otro sentido. Esto lo comprenden todos. Lo comprende la bolsa y se comprende en el extranjero." "Oponerse" a la Duma es "lanzar la nave del Estado a un mar borrascoso", etc., etc.

Por último, para completar el cuadro, citamos el siguiente comentario del periódico demócrata constitucionalista Nasha Zhizn, del 21 de marzo, a propósito de las "esferas burocráticas", acercá"de las cuales esta publicación procura tener al lector especialmente bien informado:

"El creciente éxito del Partido Demócrata Constitucionalista ha llamado la atención de las altas esferas. Al comienzo, este éxito produjo cierta confusión, pero en la actualidad se toma con toda tranquilidad. El domingo tuvo efecto sobre este tema una conferencia privada de altos representantes del Gobierno, en la que se explicó esta toma de posición y, además, se pergeñó, por decirlo así, la táctica a seguir. De paso se formularon algunas consideraciones sumamente características. A juicio de algunos de los conferenciantes, el éxito de los demócratas constitucionalistas es una yentaja directa para el Gobierno, pues un predominio de los elementos de derecha en la Duma contribuiría a favorecer a los grupos extremistas que, de tal suerte, tendrían la posibilidad, alegando la composición de la Duma, de hacer propaganda contra ella y señalar que había sido artificialmente seleccionada dándole una composición reaccionaria; la sociedad en su conjunto mirará con tanto mayor respeto a la Duma cuanto mayor sea en ella el número de representantes del Partido Demócrata Constitucionalista. Por lo que hace a la táctica, la mayoría coincide en que no hay razones para temer 'sorpresas' 'dentro de los marcos en que ha sido colocada la Duma', según comentó con franqueza uno de los presentes. Así las cosas, la mayoría entiende que no se debe poner obstáculos a los futuros miembros de la Duma 'aun en el caso de que se dedicaran a criticar a tales o cuales exponentes del Gobierno'. Muchos lo esperan, y la opinión general de los burócratas al respecto se resume en lo siguiente: 'dejémosles hablar', 'exigirán la comparecencia ante los tribunales, tal vez den curso al procesamiento, etc., y luego ellos mismos se hartarán; ya veremos lo que resulta de todo esto, mientras tanto los diputados tendrán que ocuparse en las cuestiones del país y todo retornará a su curso normal. Si a los diputados se les ocurre expresar desconfianza al Gobierno, tampoco eso tiene importancia; después de

todo, los ministros no son designados por la Duma'. Estos argumentos, se dice, tranquilizaron incluso a Durnovó y Witte, quienes al principio estaban inquietos por los éxitos del Partido Demócrata Constitucionalista."

Ahí tienen ustedes las opiniones, los puntos de vista y los propósitos de las personas directamente interesadas y partícipes en el "asunto". De un lado, perspectivas de lucha. Los kadetes prometen expulsar al Gobierno y convocar una nueva Duma. El Gobierno se dispone a disolver la Duma, y, entonces, sobrevendrá el "mar borrascoso". La cosa reside en ver quién expulsará a quién o quién disolverá a quién. De otro lado, perspectivas de transacción. Los kadetes entienden que un ministerio Shípov podría prevenir la colisión entre el Gobierno y la sociedad. El Gobierno piensa: dejémosles que hablen, incluso se podría entregar a la justicia a alguien, en todo caso los ministros no los nombra la Duma. Hemos citado ex profeso opiniones exclusivamente de protagonistas de la operación y exclusivamente en sus propias expresiones. No hemos añadido nada. Añadir hubiera significado debilitar la impresión que producen las declaraciones de los testigos. Declaraciones que perfilan con singular relieve la naturaleza de la Duma demócrata constitucionalista.

O la lucha, y entonces no será la Duma quien luche, sino el pueblo revolucionario. La Duma confia en cosechar los frutos de la victoria. O la transacción, y entonces el engañado será, en todo caso, el pueblo, o sea, el proletariado y el campesinado. De las condiciones de una transacción no hablan antes de lo debido los hombres auténticamente de negocios, y sólo los fogosos "radicales" suelen irse de la lengua: si se lograra, por ejemplo, sustituir el ministerio burocrático por un ministerio del "honrado burgués" Shípov, podría llegarse a un arreglo inofensivo para ambas partes... Se estaría entonces muy cerca del ideal demócrata constitucionalista: el primer lugar para la monarquía; el segundo para la alta cámara de los terratenientes y los fabricantes, con un ministerio Shípov a tenor de ella; el tercer lugar para la Duma del "pueblo".

Se sobreentiende que esta alternativa, como toda hipótesis concerniente al futuro social y político, no traza más que las líneas maestras del desarrollo. En la vida real suelen darse soluciones mixtas, las líneas se entrecruzan: la lucha se entrevera de transacción, la transacción se complementa con la lucha. Cabalmente así razona el señor Miliukov en Rech (del viernes, 24 de marzo) a propósito de las perspectivas de la victoria, ya definida, de los kadetes: en vano nos consideran y declaran revolucionarios, dice. Todo depende de las circunstancias, señores —alecciona a los poderosos nuestro "encantador dialéctico"—, ahí está Shípov, que fue "revolucionario" hasta el 17 de octubre. Si quieren negociar con nosotros de buen grado, como Diosrnanda, nos .encontraremos con la reforma, no con la revolución. Y sí fio quieren probablemente habrá que ejercer sobre ustedes alguna presión desde abajo, dar suelta un poco a la revolución, atemorizarles, debilitarles con algún golpe del pueblo revolucionario; entonces se tornarán ustedes más tratables, pero en tal caso la transacción será más favorable para nosotros.

En consecuencia, los elementos del problema son los siguientes. Ejerce el poder un Gobierno en el que a todas luces no confía una gran masa de la burguesía y al que odian los obreros y los campesinos conscientes. El Gobierno dispone de enormes instrumentos de fuerza.

Su punto débil único es el dinero. Y aun eso habrá que verlo: quizá logre aún obtener un empréstito antes de que se reúna la Duma. Frente al Gobierno está, según nuestra suposición, la Duma demócrata constitucionalista. ¿Qué quiere la Duma? Su precio "a la alza" es conocido: programa demócrata constitucionalista, monarquía y cámara alta con una cámara baja democrática. ¿Y su precio de ajuste? Se ignora. Bueno, tal vez sea algo así como un ministerio Shípov, digamos... Cierto, éste se opone al sufragio directo, pero de cualquier modo es un hombre honrado... haríamos buenas migas, probablemente. Sus medios de lucha: negarse a dar dinero. Un medio nada seguro, porque, en primer lugar, el dinero se conseguirá quizá sin la Duma y, en segundo lugar, la ley concede a la Duma derechos escasísimos en materia de control financiero. Otro medio: "que ellos disparen"; recuérdese cómo describía Katkov la actitud de los liberales hacia el Gobierno: retrocede, si no "ellos" dispararán153. Ahora bien, en tiempos de Katkov "ellos" eran un puñado de héroes que no podían hacer más que ajusticiar a unos u otros individuos. Ahora "ellos" son toda la masa del proletariado que en octubre ha mostrado su capacidad para una acción asombrosamente unánime a nivel de toda Rusia, que en diciembre ha mostrado su capacidad para una tenaz lucha armada. Ahora "ellos" son ya la masa campesina que ha mostrado su capacidad para la lucha revolucionaria en forma dispersa, sin clara conciencia ni unanimidad, pero masa en la que crece el número de hombres conscientes, que en circunstancias propicias, al menor soplo de un vientecillo de libertad (¡y hoy es tan difícil cuidarse de las corrientes de aire!), son capaces de conducir tras sí a millones. "Ellos" pueden ahora algo más que ajusticiar ministros. "Ellos" pueden barrer, sin dejar rastro, la monarquía, toda alusión a la cámara alta, toda propiedad latifundista y hasta al ejército permanente. "Ellos" no es que puedan hacer todo eso, es que lo harán indefectiblemente si afloja el yugo de la dictadura militar, último refugio del antiguo régimen, último no por cálculo teórico, sino por experiencia práctica ya adquirida.

Tales son los elementos del problema. Imposible predecir con absoluta exactitud cómo será resuelto. Cómo queremos resolverlo nosotros, los socialdemócratas, cómo lo resolverán los obreros conscientes y los campesinos conscientes, es cosa que no ofrece dudas: tender al triunfo total de la insurrección campesina y a la conquista de una república auténticamente democrática. ¿Cuál será la táctica de los kadetes en ése encuadramiento del problema, cuál deberá ser esa táctica, independientemente de la voluntad y la conciencia de tales o cuales individuos, en virtud de las condiciones objetivas de existencia de la pequeña burguesía en una sociedad capitalista que pugna por su liberación?

De modo indefectible e inevitable, la táctica de los kadetes consistirá en barloventear entre la autocracia y el triunfo del pueblo revolucionario, con ánimo de impedir que uno de los adversarios aplaste resuelta y definitivamente al otro. Si la autocracia llega a aplastar resuelta y definitivamente a la revolución, los kadetes se verán reducidos a la impotencia, pues su fuerza es fuerza derivada de la revolución. Si el pueblo revolucionario, esto es, el proletariado y el campesinado insurreccionado contra la propiedad latifundista, aplasta resuelta y definitivamente a la autocracia, y, en

153 Se trata del artículo Revelación de las circunstancias que rodearon los acontecimientos del 1 de marzo, del publicista reaccionario M. N. Kat— kov, publicado en el núm. 65 de Moskovskie Védomosli, del 6 (18) de marzo de 1881.- 306.

consecuencia, barre la monarquía y todas sus añadiduras, los kadetes también se verán reducidos a la impotencia, pues todo lo dotado de vida les abandonará para irse con la revolución o la contrarrevolución, y en ese partido quedará un par de Kizevétter, que suspiran por una ೦dictadura" y buscan en los diccionarios el significado de las palabras latinas adecuadas. En suma, la táctica de los kadetes puede ser expresada en esta fórmula: asegurar el apoyo del pueblo revolucionario al Partido Demócrata Constitucionalista. La palabra "apoyo" debe expresar justamente aquellas acciones del pueblo revolucionario que, en primer lugar, se subordinen por entero a los intereses del Partido Demócrata Constitucionalista, a sus indicaciones, etc., y que, en segundo lugar, no sean demasiado resueltas, ofensivas ni, esto es lo principal, demasiado enérgicas. Primero:, el pueblo revolucionario no debe proceder de modo independiente; segundo: no debe lograr un triunfo definitivo, no debe aplastar a su enemigo. Inevitablemente, esta táctica será aplicada, en conjunto, por todo el Partido Demócrata Constitucionalista y por cualquier Duma demócrata constitucionalista y, por supuesto, será fundamentada, defendida y justificada con todo el profuso bagaje ideológico que aportan las investigaciones "científicas" *, las nebulosidades "filosóficas", las trivialidades políticas (o politiqueras), los alaridos "crítico-literarios"(à la Berdiáev), etc., etc. * Como las investigaciones del señor Kizevétter, quien ha descubierto que dictadura significa en latín vigilancia reforzada.

Por el contrario, la socialdemocracia revolucionaria no puede hoy definir su táctica con esta proposición: apoyo al Partido Demócrata Constitucionalista y a la Duma demócrata constitucionalista. Esa táctica sería errónea y no serviría para nada.

Nos objetarán, por supuesto: ¿cómo, niegan ustedes lo que reconoce su programa y toda la socialdemocracia internacional? ¿El apoyo del proletariado socialdemócrata a la democracia burguesa revolucionaria y oposicionista? Pero si eso es anarquismo, utopismo, sedición y revolucionarismo insensato.

Un momento, señores. Ante todo permítannos recordarles que no encaramos el problema general, abstracto, del apoyo a la democracia burguesa en general, sino el problema concreto del apoyo precisamente al Partido Demócrata Constitucionalista y precisamente a la Duma demócrata constitucionalista. No negamos la tesis general, sino que exigimos un análisis particular de las condiciones que envuelven la aplicación concreta de estos principios generales. La verdad abstracta no existe, la verdad es siempre concreta. Eso lo olvida, por 'ejemplo, Plejánov cuándo —y no por primera vez— propone y subraya particularmente esta táctica: "La reacción trata de aislarnos. Nosotros debemos tratar de aislar a la reacción". Es esta una tesis cierta, pero general hasta lo risible: lo mismo puede referirse a la Rusia de 1870, a la Rusia de 1906 o a Rusia en general, como a África, a América, a China o a la India. Nada dice y nada aporta, porque el problema consiste en definir la reacción y con quién precisamente y cómo precisamente hay que unirse (o, si no unirse, al menos coordinar nuestra acción) para aislar a la reacción. Plejánov teme dar una indicación concreta, y en los hechos, en la práctica, su táctica consiste, como ya lo comentamos, en un cártel electoral entre socialdemócratas y kadetes, en el apoyo de los kadetes por la socialdemocracia.

¿Están los kadetes contra la reacción? Tomo el ya citado núm. 18 de Molvá del 22 de marzo. Los kadetes quieren expulsar al Gobierno. Excelente, eso es estar contra la

reacción. Los kadetes quieren reconciliarse con el Gobierno autocrático mediante un ministerio Shípov*. Pésimo. Es una de las peores especies de la reacción. Ya lo ven señores: con tesis abstractas y frases hueras sobre la reacción, no dan un solo paso adelante. * Me dirán, posiblemente, que eso es falso, un disparate que se le fue de la lengua a la lenguaraz Molvá. Ustedes perdonen, pero creo que eso es verdad. A la lenguaraz Molvá se le fue de la lengua la verdad. Por supuesto, una verdad aproximada, no exacta al pie de la letra. ¿Quién arbitrará nuestra disputa? ¿Se invocará las declaraciones de los kadetes? En política, para mí no basta con empeñar la palabra. ¿Los hechos de los kadetes? Sí, en ese criterio sí confío. Y el que analice la conducta política toda de los kadetes tendrá que admitir que lo dicho por Molvá es, en su esencia, cierto

¿Que los kadetes son la democracia burguesa? Justo. Pero la masa campesina que lucha por la confiscación de todas las tierras de los latifundistas, es decir, por algo que los kadetes no quieren, también es democracia burguesa. Tanto la forma como el contenido de la actividad política de una y otra parte de la democracia burguesa son diferentes. ¿A cuál de ellas es para nosotros más importante apoyar hoy? ¿Podemos, hablando en general, en una época de revolución democrática, apoyar a la primera? ¿No significa eso traicionar a la segunda? ¿O es que, tal vez, traten ustedes de negar que los kadetes, dispuestos en política a reconciliarse a base de Shípov, son capaces en la cuestión agraria de reconciliarse a base de Kaufman? Ya lo ven señores: con tesis abstractas y frases hueras sobre la democracia burguesa, no dan un solo paso adelante.

— ¡Pero los kadetes son un partido parlamentario homogéneo, fuerte, lleno de vitalidad!

No es cierto. El Partido Demócrata Constitucionalista no es homogéneo, ni fuerte, ni lleno de vitalidad ni parlamentario. No constituyen un partido homogéneo porque han votado por ellos muchos que son capaces de combatir hasta el final y no sólo de conformarse con una transacción. No constituyen un partido homogéneo, pues su apoyatura social es internamente contradictoria: va desde la pequeña burguesía democrática hasta el terrateniente contrarrevolucionario. No son fuertes, pues en tanto que partido no quieren y no pueden participar en la agravada y franca guerra civil que se inició a fines de 1905 en Rusia y que .tiene todas las probabilidades de estallar con nueva energía en un futuro no lejano. No rebosan vitalidad, pues aun en el caso de realizarse su ideal, la fuerza predominante en la sociedad creada a tono con ese ideal no serán ellos, sino los Shípov y los Guchkov, burgueses "en serio". Y no son un partido parlamentario, porque en este país no hay parlamento. No tenemos Constitución, sino una autocracia constitucional, tenemos sólo ilusiones constitucionalistas, particularmente nocivas en un período de enconada guerra civil y que los kadetes se empeñan en difundir con particular celo.

Y aquí llegamos al punto central del problema. Las peculiaridades del momento actual de la revolución rusa consisten precisamente en que las condiciones objetivas promueven a primer plano una lucha resuelta extraparlamentaria, por el parlamentarismo, razón por la cual no hay nada tan nocivo y peligroso en tal momento como las ilusiones constitucionalistas y el juego al parlamentarismo. En momento así, los partidos de la oposición "parlamentaria" pueden ser más nocivos y peligrosos que los partidos franca y totalmente reaccionarios;  esta tesis puede resultar paradójica sólo para quien sea absolutamente incapaz de razonar en forma dialéctica.

En efecto: si en las más amplias masas del pueblo ya está madura la exigencia del parlamentarismo, si esta demanda se apoya también en la secular evolución social y económica del país, si el desarrollo político ha llegado al umbral de la realización de esta demanda, ¿puede haber algo más nocivo y peligroso que una aplicación ficticia de la misma? El antiparlamentarismo franco es inofensivo. Está condenado a morir. Ha muerto. Las tentativas de resucitarlo no hacen sino ejercer la mejor de las influencias, en el sentido de que revolucionan a los sectores, más atrasados de la población. El único medio capaz de mantener ahora la autocracia es la "autocracia, constitucional", la creación y propagación de ilusiones constitucionalistas. Para la autocracia es la única política acertada, la única política razonable.

Y yo afirmo que en estos momentos los kadetes contribuyen a-esa política razonable de la autocracia más que Moskovskie Védomosti. Véase, por ejemplo, la polémica entre este último y la prensa liberal a propósito de si funciona en Rusia una monarquía constitucional. No, dice Moskovskie Védomosti. Sí, dicen a coro los periódicos demócratas constitucionalistas. En esta discusión, Moskovskie Védomosti es progresista y los periódicos demócratas constitucionalistas, reaccionarios, pues Moskovskie Védomosti dice la verdad, disipa ilusiones, aussprechen was ist*, y los kadetes dicen supercherías: supercherías bienintencionadas, benevolentes, sinceramente honestas, bonitas, armoniosas, científicamente atusadas, adornadas a lo Kizevétter, mundanalmente decorosas, pero que no por eso dejan de ser supercherías. Y nada hay más peligroso y más nocivo en el momento actual de la lucha —por las razones objetivas de ese momento— que tales patrañas. * Expresa lo que es.-Ed.

Una breve digresión. No hace mucho hube de pronunciar una conferencia política en el domicilio de un muy ilustrado y excepcionalmente amable kadete. Discutimos. Imagínese, decía el dueño de la casa, que nos hallamos ante una fiera, un león, y que los dos somos esclavos arrojados al despedazamiento. ¿Será oportuno que nos pongamos a discutir? ¿No estamos obligados a unirnos para luchar contra ese enemigo común, para "aislar a la reacción", como dice con expresión feliz G. V. Plejánov, el más sabio y clarividente de los socialdemócratas? El ejemplo es bueno y lo acepto, respondí. Pero ¿y si uno de los esclavos aconseja tomar un arma y atacar al león, mientras el otro, en el preciso momento de la lucha, ve que el león lleva colgado un babero que dice "Constitución", y exclama: "Estoy contra la violencia, tanto de derecha como de izquierda"; "soy miembro de un partido parlamentario, me mantengo en el terreno constitucional" ? ¿Ño puede ocurrir que un cachorrillo, poniendo al descubierto los verdaderos fines del león, resultara en esas circunstancias más eficaz aleccionador de las masas y fomentador de la conciencia política y clasista que el esclavo que, mientras el león lo despedaza, predica la fe en un simple babero?

El quid está en que, entre los razonamientos en boga sobre el apoyo de la socialdemocracia a la democracia burguesa, las tesis generales, abstractas, hacen olvidar con excesiva frecuencia las particularidades de este momento concreto en que madura una lucha resuelta por el parlamentarismo y en que uno de los instrumentos de lucha contra el parlamentarismo es, por parte del Gobierno autocrático, el juego al parlamentarismo. Así las cosas, cuando aún hay que librar la batalla extraparlamentaria definitiva, plantear como tarea del partido obrero el

apoyo al partido de los conciliadores parlamentarios, al partido de las ilusiones constitucionalistas, sería un error fatal, cuando no un crimen, ante el proletariado.

Supongamos que en Rusia se hubiera instituido un régimen parlamentario. Eso significaría que el parlamento se habría tornado ya la forma principal de dominio de las clases y fuerzas gobernantes, el principal campo de batalla de los intereses sociales y políticos. No habría movimiento revolucionario, en el significado directo de la palabra, las condiciones económicas y otras en el momento dado, es decir, supuesto por nosotros, no generarían estallidos revolucionarios. En tales condiciones, desde luego, ningún tipo de declamaciones revolucionarias sería capaz de "provocar" la revolución. Renunciar a la lucha parlamentaria sería entonces una actitud totalmente inadmisible para la socialdemocracia. El partido obrero tendría que dedicarse con la mayor seriedad al parlamentarismo, participar en las elecciones a la "Duma" y en la propia "Duma", supeditar toda su táctica a la formación y al eficaz funcionamiento de un partido socialdemócrata parlamentario. Entonces, el apoyar al Partido Demócrata Constitucionalista en el parlamento contra todos los partidos que estuvieran a su derecha sería obligación incuestionable nuestra. No se podría hacer en absoluto objeciones a acuerdos electorales con ese partido en elecciones conjuntas, por ejemplo, en las asambleas electorales provinciales (con elecciones indirectas). Es más, incluso sería obligación nuestra apoyar en el parlamento a los partidarios de Shípov contra los reaccionarios genuinos e inverecundos: la reacción trata de aislarnos —diríamos—, debemos tratar de aislar a la reacción.

Pero ahora ni se puede hablar de que exista en Rusia un régimen parlamentario asentado, por todos reconocido y efectivo. Ahora, en Rusia, como es público y notorio, la forma principal de la dominación de las clases y fuerzas sociales gobernantes es la forma no parlamentaria; y, como es público y notorio, el principal campo de batalla de los intereses sociales y políticos no es el parlamento. En estas circunstancias, el apoyo al partido de los conciliadores parlamentarios sería el suicidio del partido obrero y, por el contrario, el apoyo a la democracia burguesa que actúa no parlamentariamente, aunque lo haga de modo espontáneo, disperso, inconsciente (como son los estallidos campesinos), emerge a primer plano, se convierte en un asunto verdaderamente serio al cual debe subordinarse todo lo demás... En tales condiciones sociales y políticas, la insurrección es una realidad; el parlamentarismo, un juguete, un terreno contencioso fútil, un cebo bastante más que una verdadera concesión. O sea, que no se trata en absoluto de que neguemos o subvaloremos el parlamentarismo, y las frases generales sobre el parlamentarismo no afectan en lo más mínimo nuestra posición. De lo que se trata es de la situación concreta precisamente de éste momento de la revolución democrática, cuando los conciliadores de la burguesía, cuando los monárquicos liberales, sin negar ellos mismos la posibilidad de que Durnovó proceda simplemente a disolver la Duma o de que la ley la anule definitivamente, declaran, no obstante, que el parlamentarismo es una cosa seria, mientras la insurrección no es más que utopía, anarquismo, rebelión, revolucionarismo impotente, como dicen todos esos Kizevétter, Miliukov, Struve, Izgóev y demás personajes del filisteísmo.

Imaginemos que el Partido Socialdemócrata participa en unas elecciones a la Duma; se logra un número determinado de compromisarios socialdemócratas; para impedir el triunfo de las centurias negras no queda otro camino (metidos ya en esa absurda

farsa electoral) que apoyar a los kadetes. El Partido Socialdemócrata concierta un acuerdo electoral con los kadetes. Con ayuda de éstos, llega a la Duma cierto número de socialdemócratas. Cabe preguntarse: ¿habría valido la pena?, ¿habríamos ganado o perdido? En primer lugar, no podríamos informar ampliamente a las masas sobre las condiciones y el carácter de nuestros acuerdos electorales con los kadetes, desde el punto de vista socialdemócrata. Los periódicos demócratas constitucionalistas difundirían, en centenares de miles y millones de ejemplares, la patraña burguesa y la tergiversación burguesa de los objetivos de clase del proletariado. Nuestros boletines, nuestras excusas en tales o cuales declaraciones, serían una gota de agua en el mar. De hecho estaríamos en la situación de mudo apéndice de los kadetes. En segundo lugar, si concertáramos un acuerdo, indudablemente asumiríamos ante el proletariado de modo tácito o expreso y formal —lo mismo da— cierta responsabilidad por los kadetes, avalaríamos que son mejores que todos los demás, que la Duma kadete ayudará al pueblo, saldríamos fiadores de toda la política demócrata constitucionalista. Habría que ver si con declaraciones" posteriores podríamos eximirnos de responsabilidad por tales o cuales pasos de los kadetes; pero es que, además, esas declaraciones sólo serían declaraciones, mientras que el hecho del acuerdo electoral estaría ya consumado. ¿Y acaso tenemos el menor fundamento para salir aunque sea indirectamente fiadores de los kadetes ante el proletariado y ante la masa campesina? ¿Acaso no nos han dado los kadetes miles de pruebas de su semejanza con aquellos profesores kadetes alemanes, con los "vanílocuos de Francfort"154, que supieron transformar no ya una Duma, sino toda una Asamblea Constituyente Nacional de instrumento de desarrollo de la revolución en instrumento que embotó la revolución, en instrumento que asfixió (moralmente) a la revolución? El apoyo al Partido Demócrata Constitucionalista hubiera sido un error por parte de la socialdemocracia, y nuestro Partido ha hecho bien en boicotear las elecciones a la Duma.

El apoyo al Partido Demócrata Constitucionalista tampoco debe ser ahora tarea de la socialdemocracia. No podemos apoyar la Duma demócrata constitucionalista. En tiempos de guerra, los conciliadores y los tránsfugas pueden ser más peligrosos todavía que el enemigo. Shípov al menos no se concede el título de "demócrata", y el "mujik" que desea la "libertad del pueblo" no le seguirá. Y si el partido de la "libertad del pueblo", después de haberse concertado uno u otro acuerdo de apoyo recíproco entre kadetes y socialdemócratas, pactase una transacción con la autocracia para sustituir la asamblea constituyente por un ministerio de ese mismo Shípov, o bien limitase su "actividad" a pronunciar discursos altisonantes y a adoptar resoluciones grandilocuentes, nos hallaríamos en la más falsa de las situaciones.

Plantear en este momento el apoyo a los kadetes como tarea del partido obrero sería exactamente lo mismo que declarar que la función del vapor no es poner en movimiento las máquinas del barco, sino hacer posible el funcionamiento de las sirenas. Si hay vapor en las calderas funcionarán también las sirenas. Si la revolución dispone de fuerzas también pitarán los kadetes. Las sirenas pueden ser falsificadas, y en la historia de las luchas por el parlamentarismo muchas veces los burgueses que

154 Véase la nota 78.

traicionaron la libertad del pueblo falsificaron las sirenas y engatusaron a los ingenuos que confiaron en el señuelo de la "primera asamblea representativa".

Nuestra misión no consiste en apoyar a la Duma demócrata constitucionalista, sino en utilizar los conflictos en el seno de esa Duma y relacionados con esa Duma, a fin de elegir el momento más propicio para atacar al-enemigo, para la insurrección contra la autocracia. Debemos obrar de acuerdo con el crecimiento de la crisis política en la Duma y en torno de la Duma. Para auscultar el estado de la opinión pública y determinar con mayor exactitud y precisión el "punto de ebullición", toda esta campaña de la Duma debe tener una enorme significación para nosotros; pero la significación del síntoma, no del verdadero campo de batalla.

No es a la Duma demócrata constitucionalista a la que debemos apoyar ni es el Partido Demócrata Constitucionalista al que debemos tener en cuenta, sino a los elementos de la pequeña burguesía urbana y en particular del campesinado que votarán a los kadetes para luego, inevitablemente, desengañarse de ellos, y cobrar ánimos combativos, cosa que sucederá con tanta mayor rapidez cuanto más decisiva sea la victoria de los kadetes en la Duma. Nuestra tarea consiste en aprovechar, en bien de la organización de los obreros en bien de la denuncia de las ilusiones constitucionalistas, en bien de la preparación de la ofensiva militar, el respiro que nos proporciona la Duma oposicionista (respiro que es muy ventajoso para nosotros, en vista de que el proletariado debe reponerse bien). Nuestra tarea consiste en estar en nuestro puesto cuando la comedia de la Duma desemboque en una nueva y grave crisis política, y entonces plantearnos como objetivo no el apoyo a los kadetes (que en el mejor de los casos no serán más que un débil portavoz del pueblo revolucionario), sino el derrocamiento del Gobierno autocrático y el paso del poder a manos del pueblo revolucionario. Si la insurrección del proletariado y el campesinado vence, la Duma demócrata constitucionalista suscribirá al instante una proclama de adhesión al manifiesto del gobierno revolucionario, por el que éste convoque una asamblea constituyente de todo el pueblo. Si la insurrección es aplastada, quizá el vencedor, extenuado por la lucha, se vea obligado a compartir una buena mitad del poder con la Duma demócrata constitucionalista, que se sentará a la mesa del festín y aprobará una resolución para deplorar el acto de "locura" que fue la insurrección armada en momentos en que era tan posible, estaba tan próxima una auténtica estructuración constitucional... En habiendo cadáveres, no faltarán los gusanos.

V. UN MODELO DE LA FATUIDAD KADETE

Para valuar las victorias de los kadetes y las tareas del partido obrero en el momento actual reviste inmensa importancia el análisis del período precedente de la revolución rusa en su relación con el período actual. Los proyectos de resoluciones tácticas hechos públicos por la mayoría y la minoría definen dos líneas, dos corrientes de pensamiento ligadas a diferentes métodos de esa valuación. Remitimos al lector a dichas resoluciones; nosotros nos proponemos detenernos aquí en un artículo del periódico demócrata constitucionalista Nasha Zhizn— Este artículo, escrito con motivo de la primera resolución menchevique, ofrece abundantes elementos de juicio para comprobar, completar y explicar lo que anteriormente hemos dicho sobre

la Duma demócrata constitucionalista. Por ello lo reproducimos íntegramente (R. Blank. La actualidad de la socialdemocracia rusa, Nasha ghizn, 1906, núm. 401, del 23 de marzo):

"La resolución del sector 'menchevique' del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sobre la táctica del Partido, hecha pública hace unos días, es un documento de excepcional valor. Acredita que las duras lecciones del primer período de la revolución rusa no han sido vanas para el sector de la socialdemocracia rusa más sensible a las demandas de la realidad y más compenetrado con los principios del socialismo científico. La nueva táctica formulada en esta resolución tiende a enderezar el movimiento socialdemócrata ruso hacia el cauce por el que discurre toda la socialdemocracia internacional, encabezada por el gran Partido Socialdemócrata de Alemania. Digo 'nueva táctica'; no es esto del todo exacto, porque en muchos aspectos constituye un retorno a los viejos principios asentados en los cimientos de la socialdemocracia rusa por sus fundadores, desarrollados luego muchas veces por sus teóricos y publicistas, y reconocidos por casi todos los socialdemócratas rusos hasta el comienzo mismo de la revolución rusa. Pero esos principios fueron olvidados. El torbellino revolucionario levantó como una pluma a toda nuestra socialdemocracia y se la llevó con una celeridad vertiginosa; instantáneamente desaparecieron todos los principios e ideas socialdemócratas y marxistas, elaborados con tanto empeño y lealtad en el transcurso de un cuarto de siglo, como si no fuera más que ligero polvo que cubriera la superficie con una fina capa; los pilares mismos de la concepción socialdemócrata del mundo se estremecieron en sus cimientos y hasta diríase que hubiesen sido arrancados de cuajo.

"Pero el torbellino giró y amainó en el mismo lugar, y la socialdemocracia volvió a su punto de partida. Cabe juzgar la fuerza del torbellino por el hecho de haber arrastrado consigo incluso a Parvus, como él mismo confiesa; quien conoce a Parvus y sabe lo difícil que es de levantar comprende lo que eso significa... 'El torrente revolucionario nos empujaba inconteniblemente hacia adelante', dice Parvus en su conocido folleto. 'Eramos sólo las cuerdas de un arpa en las que tocaba el huracán de la revolución', comenta en otro lugar del mismo folleto; esto es también muy cierto, y explica por completo por qué la música socialdemócrata de esa época se asemejaba tan poco a las sinfonías de Beethoven, de Bach o de Marx. Todas las teorías y principios y aun el propio pensamiento y la simple razón retroceden a segundo plano, casi desaparecen tras las bambalinas cuando sale a escena la espontaneidad misma con la omnipotencia de las fuerzas elementales.

"Mas ahora llega de nuevo el turno del pensamiento y la razón, y se puede volver a la actividad consciente, metódica, sistemática. El primer paso debe ser, evidentemente, la adopción de medidas preventivas contra la repetición de lo que sucedió en el primer período de la revolución rusa, en su Siurm-und-Drang-Zeit, esto es, contra la acción destructora de los torrentes y huracanes revolucionarios. El único medio eficaz para lograrlo no puede ser sino la ampliación y el fortalecimiento de la organización; por ello es perfectamente natural que el sector de los 'mencheviques' destaque esta tarea a primer plano y la formule con amplitud, incluyendo en su programa también las organizaciones económicas y reconociendo la necesidad de utilizar todas las posibilidades legales. La resolución está desprovista de desdén romántico a la 'legalidad' y de menosprecio aristocrático por la 'economía'.

"Con idéntica sensatez enfoca la resolución el problema de las relaciones entre la democracia obrera y la democracia burguesa, y reconoce plenamente la necesidad de un apoyo recíproco y el peligro que significa la acción aislada del proletariado en una lucha resuelta contra la reacción armada. Merece particular atención la parte de la resolución concerniente a la insurrección armada: admite que es necesario 'evitar acciones de tal

naturaleza que implican al proletariado en enfrentamientos armados con el Gobierno en condiciones que le condenan al aislamiento en esta lucha'.

"Sólo de esta suerte se podrá evitar que se repitan en nuestro país las jornadas de junio de 1848 en París155 y se hará posible una lucha coordinada, si no coligada, de la democracia obrera y la democracia burguesa, sin la cual es imposible el éxito del movimiento. La democracia burguesa que, según testimonio de Carlos Marx, tiene 'la más alta significación en toda revolución avanzada', la tiene, y no menor, en la revolución de Rusia. Si el Partido Socialdemócrata de Rusia no puede o no quiere hacer de ella un aliado notorio, en lodo caso no debe empujarla al campo contrario, al de la reacción, al de la contrarrevolución. La socialdemocracia revolucionaria no debe, no tiene derecho a hacerlo, está obligada a evitarlo por todos los medios, por bien de la emancipación y por bien de la propia socialdemocracia. Y si en este momento la democracia burguesa se opone a la insurrección armada, significa que de ésta no puede ni debe hablarse. Es cosa a tomar forzosamente en cuenta, incluso si en este caso la burguesía se doblega únicamente a la indolencia, la flojedad y la cobardía que le son propias: son hechos éstos que también merecen necesaria consideración; ¿no lo ha dicho el propio jefe de la socialdemocracia revolucionaria alemana?:

'In der Gewalt sind sie uns stets iiber!' ¡En lo que respecta a la fuerza bruta, ellos, es decir, los reaccionarios, siempre nos superan!.

"Quizá la afirmación de 'siempre' no sea exacta, pero en lo que se refiere a 'ahora', se puede en todo caso compartir la opinión de Liebknecht y de la socialdemocracia alemana, en un todo acuerdo con él, sin ser cobarde y ni siquiera 'flojo'... La resolución de los 'mencheviques' se atiene al parecer a este punto de vista o, por lo menos, se acerca a él; también en otros aspectos está impregnada del realismo político que constituye el rasgo distintivo de la socialdemocracia alemana y al que ésta debe sus imparangonables éxitos.

"¿Se unirá todo el Partido Socialdemócrata de Rusia a la resolución de los 'mencheviques'? De ello es mucho lo que depende en nuestro movimiento revolucionario y aún más en nuestro movimiento socialdemócrata; quizá el destino de ese movimiento por muchos años. En Rusia, igual que en otros países, la socialdemocracia sólo podrá arraigar y consolidar cuando penetre en la profundidad de las masas democráticas. Si se limita a cultivar la capa superior de la democracia, aunque ésta sea la más fértil, un nuevo huracán podrá arrancarla fácilmente de raíz del suelo ruso, tal como sucedió con la socialdemocracia francesa en 1848 o con el movimiento socialdemócrata inglés de la década del 40 conocido con el nombre de 'movimiento cartista'"156.

Tal es el artículo del señor Blank. Los razonamientos muy típicos de un "kadete", conocidos en sus puntos de arranque para todo el que leyera atentamente el

155 Se refiere a la insurrección del proletariado parisiense, que tuvo lugar del 23 al 26 de junio de 1848. Participaron entre 40.000 y 45.000 personas. La consigna más difundida entre los insurrectos era la de "¡Viva la república democrática y social!". El levantamiento fue reprimido brutalmente. La insurrección de junio constituyó el apogeo del desarrollo de la revolución de 1848-1849 en Europa. Lenin lo denominó primera gran guerra civil entre el proletariado y la burguesía. — 318.

156 Cartismo: primer movimiento revolucionario masivo de los obreros ingleses conocido en la historia; se produjo en los años 30 y 40 del siglo XIX. Los participantes del movimiento publicaron la Carta del Pueblo (de ahí la denominación de carlistas) y lucharon en defensa de las reivindicaciones que contenía: sufragio universal, abolición de la obligatoriedad de poseer tierra para ser diputado al Parlamento, etc. Durante varios años se celebraron en todo el país mítines y manifestaciones en los que participaron millones de obreros y artesanos.

El parlamento inglés se negó a ratificar la Carta del Pueblo y rechazó todas las peticiones de los cañistas. El Gobierno desencadenó contra ellos crueles represiones y detuvo a sus líderes. El movimiento fue aplastado, pero el cartismo ejerció enorme influencia en el sucesivo desarrollo del movimiento obrero internacional.-319.

Osvobozhdenie del señor Struve y la posterior prensa demócrata constitucionalista legal, están combinados aquí de modo tal que la apreciación de la táctica política actual se basa en la apreciación del período de la revolución rusa ya vivido. Comenzaremos por detenernos en esta apreciación del pasado, en indagar si es o no correcta.

El señor Blank compara dos períodos de la revolución rusa: el primero abarca, aproximadamente, octubre y diciembre de 1905. Es el período del torbellino revolucionario. El segundo es el período actual, que, naturalmente, podemos llamar período de las victorias demócratas constitucionalistas en las elecciones a la Duma o, quizá, si corremos el riesgo de adelantarnos, período de la Duma demócrata constitucionalista.

De este período dice el señor Blank que ha llegado de nuevo el turno del pensamiento y la razón, y que se puede volver a la actividad consciente, metódica y sistemática. Por el contrario, el señor Blank caracteriza el primer período como período de divergencia entre la teoría y la práctica. Habrían desaparecido todos los principios e ideas socialdemócratas; la táctica que siempre predicaron los fundadores de la social democracia rusa habría sido olvidada; hasta habrían sido arrancados de cuajo los pilares mismos de la concepción socialdemócrata del mundo.

Este aserto básico del señor Blank concierne estrictamente a los hechos. Toda la teoría del marxismo estuvo en desacuerdo con la 'práctica" del periodo del torbellinxur evolucionario.

¿Es así? ¿Cuál es el primero y principal "pilar" de la teoría marxista? Es aquel que establece que, en la sociedad moderna, la única clase revolucionaria hasta el fin y, en consecuencia, la clase de vanguardia en toda revolución, es el proletariado. Cabe preguntar: ¿ha logrado arrancar de cuajo el torbellino revolucionario este "pilar" de la concepción socialdemócrata del mundo? Todo al contrario, el torbellino lo ha confirmado del modo más brillante. Precisamente el proletariado fue el principal combatiente de este período, casi el único al principio. Quizá por primera vez en la historia mundial, una revolución burguesa se ha caracterizado por la aplicación vastísima, que no se dio ni siquiera en los países capitalistas más desarrollados, de un arma de lucha netamente proletaria: la huelga política de masas. El proletariado se lanzó a la lucha, una lucha directamente revolucionaria, en un momento en que los señores Struve y los señores Blank llamaban a ir a la Duma de Buliguin y en que los profesores demócratas constitucionalistas llamaban a los estudiantes a estudiar. El proletariado, con su arma proletaria de lucha, conquistó para Rusia toda esa "Constitución", con perdón sea dicho, que desde entonces no se ha hecho más que deteriorar, cercenar y vaciar. El proletariado aplicó en octubre de 1905 el método táctico de lucha, acerca del cual hablara medio año antes la resolución del III Congreso bolchevique del POSDR, que requirió redoblada atención a la importancia de combinar la huelga política de masas con la insurrección; es precisamente esa combinación la que caracteriza todo el período del "torbellino revolucionario", todo el último trimestre de 1905. De esta suerte, nuestro ideólogo de la pequeña burguesía deforma del modo más descarado, más clamoroso la

realidad. No menciona un solo hecho que demuestre la divergencia entre la teoría marxista y la experiencia práctica del "torbellino revolucionario"; intenta velar el rasgo fundamental de ese torbellino, que confirma brillantemente "todos los principios e ideas socialdemócratas", "todos los pilares de la concepción socialdemócrata del mundo".

DIGRESIÓN COLOQUIO PUBLICO CON PUBLICISTAS Y DOCTOS PROFESORES KADETES

¿Cuál es, empero, la razón verdadera que impulsó al señor Blank a formarse la opinión monstruosamente falsa de que en el período del "torbellino" desaparecieron todos los principios e ideas marxistas? El examen de esta circunstancia es muy interesante: nos revela una y otra vez la verdadera naturaleza del filisteísmo en política.

¿En qué consiste la diferencia principal entre el período del "torbellino revolucionario" y el período actual, el "kadete", desde el punto de vista de los distintos procedimientos de la actividad política, desde el punto de vista de los diversos métodos con que el pueblo hace la historia? Ante todo y sobre todo, en que durante el período del "torbellino" se aplicaron algunos métodos especiales de hacer la historia, que no se dan en otros períodos de la vida política. He aquí los más importantes de ellos: 1) el pueblo se "apropia" de la libertad política: la aplicación de ésta sin ninguna clase de derechos y leyes y sin restricción alguna (libertad de reunión, al menos en las universidades, libertad de prensa, de asociación, de congresos, etc.); 2) creación de nuevos órganos de poder revolucionario: los Soviets de diputados obreros, soldados, ferroviarios, campesinos, las nuevas autoridades urbanas y rurales, etc., etc. Estos órganos fueron creados exclusivamente por los sectores revolucionarios de la población, al margen de toda clase de leyes y normas, por vía enteramente revolucionaria, como producto de la creatividad genuina del pueblo, como expresión de la iniciativa del pueblo, que se ha liberado o está en camino de liberarse de las viejas trabas policíacas. Fueron, en fin,, precisamente órganos de poder, pese a su carácter embrionario, espontáneo, indeterminado, pese a lo impreciso de su composición y funcionamiento.

Y actuaron como poder, por ejemplo, cuando se incautaron de las imprentas (Petersburgo), detuvieron a funcionarios de la policía que pretendían impedir que el pueblo revolucionario ejerciera sus derechos (se dieron casos también en Petersburgo, donde el órgano correspondiente del nuevo poder era el más débil y el viejo poder, el más fuerte). Actuaron como poder cuando exhortaron a todo el pueblo a no entregar dinero al antiguo Gobierno. Confiscaron el dinero, del antiguo Gobierno (los comités de huelga ferroviarios en el Sur) y lo invirtieron en cubrir las necesidades, del nuevo Gobierno, del Gobierno popular. Sí, fueron sin duda embriones de un Gobierno nuevo, popular o, si se quiere, de un Gobierno revolucionario. Por su carácter político y social fue, en germen, una dictadura de elementos revolucionarios del pueblo, ¿Se sorprenden ustedes, señores "Blank y Kizevétter? ¿No ven aquí la "vigilancia reforzada", equivalente para el burgués a dictadura? Ya les hemos dicho que no tienen ni idea del concepto científico de

dictadura. Se lo vamos a explicar ahora, pero antes señalaremos el tercer "método" de acción en una época de "torbellino revolucionario": la aplicación de la violencia por el pueblo contra los que ejercen la violencia sobre el pueblo.

Los órganos de poder que acabamos de mencionar fueron, en embrión, una dictadura, pues este poder no reconocía ningún otro poder y ninguna ley, ninguna norma, viniera de quien viniera. Un poder ilimitado, extralegal, asentado en la fuerza, en la acepción más directa de esta palabra, es precisamente una dictadura. Ahora bien, la fuerza en que se apoyaba y tendía a apoyarse este nuevo poder no era la de las bayonetas, en manos de un puñado de militares, no era la fuerza de la "comisaría", ni la fuerza del dinero, ni la fuerza de ninguna institución anterior, ya establecida. Nada de eso. Los nuevos órganos del nuevo poder no tenían armas, ni dinero, ni antiguas instituciones. Su fuerza —¿pueden concebirlo, señores Blank y Kizevétter?— nada tenía de común con los antiguos instrumentos de fuerza, nada tenía de común con la "vigilancia reforzada", como no sea la custodia reforzada del pueblo frente a su opresión por los órganos policíacos y otros instrumentos del viejo poder.

¿En qué se apoyaba esta fuerza? Se apoyaba en las masas populares. Esa es la diferencia fundamental entre el nuevo poder y todos los órganos anteriores del viejo poder. Estos eran órganos de poder de una minoría sobre el pueblo, sobre la masa de obreros y campesinos. Aquel era un órgano de poder del pueblo, de los obreros y campesinos, sobre la minoría, sobre un puñado de policías energúmenos, sobre un grupúsculo de nobles y funcionarios privilegiados. Tal es la diferencia entre la dictadura sobre el pueblo y la dictadura del pueblo revolucionario, ¡métanselo en la cabeza, señores Blank y Kizevétter! El viejo poder, como dictadura de la minoría, sólo podía sostenerse mediante artimañas policíacas y manteniendo a las masas populares alejadas, marginadas de la participación en el poder, de la vigilancia sobre el poder. El viejo poder desconfiaba sistemáticamente de las masas, temía la luz, se mantenía con el engaño. El nuevo poder, como dictadura de la inmensa mayoría, sólo podía sostenerse y se sostuvo gracias a la confianza que depositaron en él las grandes masas, sólo porque atrajo con la mayor libertad, amplitud y energía a todas las masas a la participación en el poder. Nada había en él oculto, nada secreto, ninguna clase de reglamentos ni formalidades. ¿Eres obrero, quieres combatir por liberar a Rusia de un puñado de policías energúmenos? Eres, pues, camarada nuestro. Elige a tu diputado; sin dejarlo para luego, inmediatamente elígelo como te resulte más fácil; nosotros lo recibiremos con agrado y alegría como miembro igual de nuestro Soviet de diputados obreros, del comité campesino, del Soviet de diputados soldados, etc., etc. Es este un poder abierto a todos, que actúa a la vista de las masas, accesible a las masas, emanado directamente de las masas, órgano directo e inmediato de las masas populares y ejecutor de su voluntad. Tal fue el nuevo poder o, más exactamente, su germen, pues la victoria del viejo poder aplastó muy pronto los retoños de la nueva planta.

Quizá pregunten ustedes, señor Blank o señor Kizevétter, qué tienen que ver aquí la "dictadura", la "violencia". ¿Necesitan las amplias masas la violencia para proceder contra un puñado de hombres, pueden decenas y centenares de millones de personas ser dictadores de un millar o una decena de millares?

Suelen hacer esta pregunta quienes ven por primera vez aplicar el término de dictadura en un sentido nuevo para ellos. La gente está acostumbrada a ver únicamente el poder policíaco y la dictadura policíaca. Les extraña que pueda haber un poder sin policía, que pueda haber una dictadura no policíaca. ¿Que millones de personas no necesitan emplear la violencia contra unos millares, dicen ustedes? Pues se equivocan, y se equivocan porque no consideran el fenómeno en su desarrollo. Se olvidan ustedes de que el nuevo poder no cae del cielo, sino que surge y crece al lado del antiguo poder, en oposición a él, en lucha contra él. Sin emplear la violencia contra quienes la ejercen y detentan los instrumentos y órganos de poder, no es posible liberar al pueblo de sus opresores.

He aquí un ejemplo muy simple, señor Blank y señor Kizevétter, para que puedan asimilar esta sapiencia, inaccesible para la razón kadete, "enajenante" para el pensamiento kadete. Imaginen que Avrámov lesiona y atormenta a Spiridónova. Supongamos que de parte de Spiridónova se hallan decenas y centenares de personas inermes. Del lado de Avrámov, un puñado de cosacos. ¿Qué hubiese hecho el pueblo si Spiridónova hubiese sido maltratada fuera del calabozo? Emplear la violencia contra Avrámov y sus secuaces. Habría sacrificado, quizá, algunos combatientes, abatidos por las balas de Avrámov; pero con el empleo de la fuerza habría desarmado a Avrámov y a los cosacos, y, muy probablemente, suprimido allí mismo a algunos de esos individuos, con perdón sea dicho, y arrojado a los demás a alguna cárcel para impedir que siguieran cometiendo tropelías y para entregarlos luego al juicio del pueblo.

Pues bien, señor Blank y señor Kizevétter: cuando Avrámov y los cosacos torturan a Spriridónova, eso es la dictadura castrense-policíaca ejercida contra el pueblo. Cuando el pueblo revolucionario (no el pueblo pequeñoburgués y limitado, sino revolucionario, capaz de luchar contra los energúmenos, y no sólo de dar consejos y sermonear, de quejarse y condenar, de gimotear y lloriquear) emplea la violencia contra Avrámov y contra todos los Avrámov, eso es la dictadura del pueblo revolucionario.

Es dictadura porque es el poder del pueblo sobre los Avrámov, un poder no restringido por ley alguna (un pequeño burgués se opondría quizá a que se arrancara a Spiridónova de manos de Avrámov: ¿no va contra la "ley" eso?, ¿tenemos una "ley" que nos autorice a matar a Avrámov?, diría. ¿No han creado ciertos ideólogos de la pequeña burguesía la teoría de la no resistencia al mal mediante la violencia*?). * Señor Berdiáev, señores redactores de Poliárnaya Zvezdá o Svoboda y Kultura157: he ahí un tema para prolongados alaridos, perdón, para largos artículos contra el "gamberrismo" de los revolucionarios, i ¡Llamar pequeñoburgués a Tolstóü! "Quel orrer", como decía una dama agradable en todos los sentidos158. El concepto científico de dictadura no significa otra cosa que poder ilimitado, no restringido por ley alguna ni absolutamente por norma alguna y directamente apoyado en la violencia. No significa otra cosa el concepto de "dictadura", métanselo en la cabeza, señores kadetes. Continuemos: en nuestro ejemplo vemos una dictadura precisamente del pueblo, pues el pueblo, la masa de la población,

157 Poliárnaya Zvezdá: véase la nota 150. Svoboda y Kultura (Libertad y Cultura): revista semanal, órgano del ala derecha del Partido Demócrata Constitucionalista. Se publicó en Petersburgo, en sustitución de Poliárnaya Zvezdá, del 1 (14) de abril al 31 de mayo (13 de junio) de 1906. Dejó de editarse debido al brusco descenso de la tirada.—325.

158 Una dama agradable en todos los sentidos: personaje de la novela Las almas muertas, del escritor ruso N. V. Gógol.-325.

indeterminada, reunida "casualmente" en ese lugar, actúa por iniciativa propia y en forma directa, por sí sola juzga y castiga, aplica el poder, crea un nuevo derecho revolucionario. En fin, esto es una dictadura precisamente del pueblo revolucionario. ¿Por qué sólo del pueblo revolucionario y no de todo el pueblo? Porque dentro del pueblo, que padece permanentemente y del, modo más cruel las hazañas de los Avrámov, hay seres atemorizados físicamente, acobardados, encogidos moralmente, digamos, por la teoría de la no resistencia al mal mediante la violencia o, simplemente, no por una teoría, sino por los prejuicios, las costumbres, la rutina, seres indiferentes, lo que se 'llama quídam o filisteo, que prefieren alejarse de la dureza de la lucha, pasar de largo e incluso esconderse.(¡no sea que me propinen algún bastonazo en la refriega!). Ahí tenemos por qué no ejerce la dictadura todo el pueblo, sino únicamente el pueblo revolucionario, que, empero, no teme en absoluto a todo el pueblo, ante el que descubre las razones de su proceder en todos los detalles y que atrae con agrado a todo el pueblo a participar no sólo en la "administración" del Estado, sino en el poder, en la propia estructuración del Estado.

De esta suerte, nuestro sencillo ejemplo contiene todos los elementos del concepto científico de "dictadura del pueblo revolucionario", como también del concepto de "dictadura castrense-policíaca". De este sencillo ejemplo, accesible hasta para un docto profesor kadete, podemos pasar a fenómenos más complejos de la vida social.

Revolución, en la acepción estricta, directa del vocablo, es justamente un período de la vida del pueblo en que la cólera provocada por las brutalidades de los Avrámov y acumulada durante siglos se exterioriza en acciones y no en palabras, en acciones de masas populares multitudinarias y no de individuos aislados. El pueblo se despierta y levanta para liberarse de los Avrámov. El pueblo libera de los Avrámov a las innumerables Sgiridónovas de la vida rusa, ejerce la violencia contra los Avrámov, toma el poder sobre los Avrámov.. Esto, por supuesto, no se produce en forma tan sencilla ni tan "de golpe" como en el ejemplo que hemos simplificado para el señor profesor Kizevétter; esta lucha del pueblo, lucha en el sentido estricto, directo, contra los Avrámov, para quitar de encima del pueblo a los Avrámov dura meses y años de "torbellino revolucionario". Este acto del pueblo de quitarse de encima a los Avrámov constituye el verdadero contenido de lo que se llama gran revolución de Rusia. Esta exoneración, si la miramos desde el punto de vista de los métodos con que se hace la historia, se produce en las formas que acabamos de describir al hablar del torbellino revolucionario, a saber: el pueblo se apropia de la libertad política, es decir, de la libertad cuya realización impedían los Avrámov; el pueblo crea un nuevo poder, el poder revolucionario, un poder sobre los Avrámov, un poder sobre los energúmenos del viejo régimen policial; el pueblo ejerce la violencia contra los Avrámov para eliminar, desarmar y reducir a la impotencia a esos perros salvajes, a todos los Avrámov, Durnovó, Dubásov, Min y semejantes.

¿Está bien que el pueblo emplee métodos de lucha no estipulados por la ley, el ordenamiento", la regla y el sistema, métodos como apropiarse de la-libertad, crear un nuevo poder formalmente no reconocido por nadie, un poder revolucionario, ejercer la violencia sobre los opresores del pueblo? Sí, está muy bien. Es la manifestación superior de la lucha del pueblo por la libertad. Es el gran momento en que los sueños de libertad que movieron a los mejores hombres de Rusia se convierten en obra, obra de las propias masas y ya no de héroes aislados. Es esto tan

plausible como el que, en nuestro ejemplo, la multitud arrancara a Spiridónova de manos de Avrámov, como desarmar por la violencia y reducir a la impotencia a Avrámov.

Llegamos ahora al punto central de los ocultos pensamientos y temores de los kadetes. El kadete es el ideólogo de la pequeña Burguesía precisamente porque traslada a la política, a la emancipación del pueblo, a la revolución, el punto de vista de ese habitante común que en nuestro ejemplo, mientras Avrámov tortura a Spiridónova, trata de contener a la multitud, aconseja no infringir la ley, no apresurarse a liberar a la víctima de las manos del verdugo, de ese hombre que procede en nombre del poder legal. Es claro que en nuestro ejemplo un individuo así sería un monstruo de retorcida moral; pero si se aplica al conjunto de la vida social, la deformación moral del pequeño burgués no es, repetimos, una cualidad personal, sino social, condicionada quizá por prejuicios fuertemente arraigados de la ciencia jurídica filistea burguesa.

¿Por qué razón el señor Blank juzga incluso innecesario demostrar que en el período del "torbellino" fueron olvidados los principios marxistas? Porque deforma al marxismo transformándolo en brentanismo; porque considera no marxistas los "principios" como la apropiación de la libertad, la creación del poder revolucionario, el empleo de la violencia por el pueblo. Esta opinión discurre por todo el artículo del señor Blank, y no sólo de Blank, sino de todos los kadetes, de todos los escritores del campo liberal y radical, incluidos los bernsteinianos de Bez Zaglavia159, señores Prokopóvich, Kuskova y tutti quanti* que hoy cantan loas a Plejánov por su amor a los kadetes. *Sus semejantes. —Ed.

Examinemos cómo surgió y por qué debía surgir esta opinión.

Surgió directamente de una interpretación bernsteiniana o, dicho de modo más amplio, de una interpretación oportunista de la socialdemocracia de Europa Occidental. Los errores de esta interpretación, que fueron denunciados sistemáticamente y en toda la línea por los "ortodoxos"160 en Occidente, son trasladados ahora a Rusia "furtivamente" ? aderezados con otra salsa y por motivos diferentes. Los bernsteinianos aceptaban y aceptan el marxismo, con exclusión de su aspecto directamente revolucionario. No consideran la actividad parlamentaria como uno de los medios de lucha, útil particularmente en determinados períodos históricos, sino como la principal y casi única forma de lucha, la cual hace innecesarias la "violencia", la "apropiación", la "dictadura". Es esa ramplona deformación pequeñoburguesa del marxismo la que tratan de introducir ahora en Rusia los señores Blank y demás panegiristas liberales de Plejánov. Se han identificado tanto con esta tergiversación que ni siquiera consideran necesario demostrar el olvido de los principios y las ideas marxistas en el período del torbellino revolucionario.

159 Bez Zaglavia (Sin Título): semanario político que se editó en Petersburgo del 24 de enero (6 de febrero) al 14 (27) de mayo de 1906, bajo la dirección de S. N. Prokopóvich y con la participación directa de E. D. Kuskova y otros.

Los "sin título": grupo semimenchevique, semidemócrata constitucionalista, de intelectuales burgueses rusos. Encubiertos con su aparti- dismo formal, fueron los heraldos del liberalismo burgués y el oportunismo, y apoyaron a los revisionistas de la socialdemocracia rusa e internacional.-327.

160 Ortodoxos: socialdemócratas alemanes que combatieron la revisión del marxismo. — 328.

¿Por qué debía surgir esta opinión? Porque se corresponde del modo más profundo con la situación clasista y los intereses de la pequeña burguesía. El ideólogo de la sociedad burguesa "depurada" admite todos los métodos de lucha de la socialdemocracia, menos aquellos que emplea el pueblo revolucionario en las épocas de "torbellino", y que la socialdemocracia revolucionaria aprueba y ayuda a emplear. Los intereses de la burguesía exigen la participación del proletariado en la lucha contra la autocracia, pero sólo una participación que no se transforme en protagonismo del proletariado y el campesinado, sólo una participación que no elimine por completo los viejos órganos de poder autocrático-feudales y policíacos. La burguesía quiere conservar esos órganos, con la diferencia de que los quiere sometidos a su control directo: los necesita para emplearlos contra el proletariado; la destrucción total de esos órganos facilitaría demasiado la lucha del proletariado.

Por esa razón, monarquía y la cámara alta, exigen el veto a la dictadura del pueblo revolucionario. Lucha contra la autocracia, dice la burguesía al proletariado, pero deja en paz los viejos órganos! de poder; los necesito. Lucha a la «manera parlamentaria", es decir, dentro de los límites que te prescribo de acuerdo con la monarquía; lucha por medio de organizaciones, pero no de organizaciones como los comités de huelga general, lo Soviets de diputados obreros, soldados, etc., sino por medio de aquellas que la ley promulgada por  mí de acuerdo con la monarquía reconoce, restringe y hace inofensivas para el capital.

De ahí resulta claro por qué la burguesía se refiere al período del "torbellino" con desdén, con menosprecio, con rabia y con odio*, en tanto que del período del constitucionalismo custodiado por Dubásov habla con arrobamiento, con éxtasis, con infinito amor pequeñoburgués... a la reacción. Es la sempiterna e inalterable cualidad de los kadetes: la tendencia a apoyarse en el pueblo y el temor a su acción revolucionaria independiente. * Compárese, por ejemplo, el comentario de Russkie Védomosti, núm. 1 de 1906, sobre la actividad" de la Unión Campesina: es una denuncia ante Dubásov contra la democracia revolucionaria por sus tendencias tipo Pugachov, por aprobar la ocupación de tierras, la creación del nuevo poder, etc. Hasta los kadetes de izquierda de Bez Zaglavia (núm. 10) recriminaron a Russkie Védomosti, comparándolo con toda razón a causa de este comentario con Moskovskie Védomosti. Lamentablemente, los kadetes de izquierda afrentan a Russkie Védomosti como justificándose a sí mismos. Bez Zaglavia defiende a la Unión Campesina, pero no acusa a la burguesía contrarrevolucionaria. No sé si este procedimiento, no del todo honesto, de polemizar con Russkie Védomosti puede atribuirse al "pavor judío" o al hecho de que en este periódico escribe el señor Blank. Los kadetes de izquierda son, al fin y al cabo, kadetes.

Está claro también por qué la burguesía teme más que al fuego la repetición del torbellino, por qué pasa por alto y oculta los elementos de la (nueva crisis revolucionaria, por qué fomenta y difunde en el pueblo las ilusiones constitucionalistas.

Queda totalmente explicado ahora por qué el señor Blank y otros como él manifiestan que en el período del "torbellino" fueron olvidados los principios y las ideas marxistas. El señor Blank, como todos los pequeñoburgueses, acepta el marxismo con exclusión de su aspecto revolucionario, acepta los métodos socialdemócratas de lucha con exclusión de los más revolucionarios y directamente revolucionarios.

La actitud del señor Blank frente al período del "torbellino" es sumamente característica, porque ejemplifica la incomprensión burguesa de los movimientos proletarios, el temor burgués a la lucha dura y resuelta, el odio burgués a toda manifestación del modo de resolver los problemas histórico-so— ciales por la vía

drástica, desguazadora de las viejas instituciones, revolucionario en el sentido directo de la palabra. El señor Blank se traiciona, revela de golpe toda su mediocridad burguesa. Ha oído y leído que, en el período del "torbellino", los socialdemócratas cometieron "errores", y se apresura a deducir y a declarar con aplomo, inapelable y gratuitamente, que todos los "principios" del marxismo (¡de los cuales no tiene la menor idea!) fueron olvidados. A propósito de esos "errores": ¿hubo algún período en el desarrollo del movimiento obrero, en la trayectoria de la socialdemocracia, en el que no se cometieran unos u otros errores, en el que no se advirtieran unas u otras desviaciones, fueran de derecha o de izquierda? La historia del período parlamentario de la lucha socialdemócrata alemana —ese período que a todos los burgueses mediocres del mundo entero les parece el límite, ¡y nada de pasarlo!— ¿no abunda acaso en tales errores? Si el señor Blank no fuera un supino ignorante en los temas del socialismo, fácilmente se hubiera acordado de Mülberger, de Dühring, del asunto de la Dampfersubvention161, de los "jóvenes"162, del bernsteinianismo y de muchas, muchísimas cosas. Pero al señor Blank no le interesa estudiar el desarrollo real de la socialdemocracia; sólo le interesa minimizar la amplitud proletaria de la lucha para encarecer la inopia burguesa de su partido kadete.

En efecto, si examinamos el asunto desde el punto de vista de las desviaciones de la socialdemocracia de su camino habitual, "normal", veremos que también en este sentido muestra el período del "torbellino revolucionario" no una menor, sino una mayor cohesión e integridad ideológica de la socialdemocracia, en comparación con el período anterior.

La táctica de la época del "torbellino" no alejó, sino que acercó a ambas alas de la socialdemocracia. En lugar de las antiguas divergencias, surgió la unidad de opinión en lo que respecta a la insurrección armada. Socialdemócratas de ambos sectores trabajaban en los Soviets de diputados obreros, estos peculiares órganos del embrionario poder revolucionario; incorporaban a ellos a los soldados y los campesinos; publicaban manifiestos revolucionarios junto con los partidos revolucionarios pequeñoburgueses. Las viejas discusiones de la época

161 Se trata de las discrepancias surgidas en la fracción socialdemócrata del Reichstag alemán con motivo, del subsidio a las compañías navieras (Dampfersubvention). A fines de 1884, Bismarck, canciller de Alemania, exigió del Reichstag, en beneficio de la rapaz política colonialista alemana, que ratificara un subsidio a las compañías navieras para organizar travesías regulares a Asia Oriental, Australia y África. El ala izquierda de la fracción socialdemócrata, dirigida por Bebel y Liebknecht, rechazó el subsidio naviero; el ala derecha, que constituía la mayoría de la fracción, ya antes de los debates oficiales en el Reichstag se manifestó por el otorgamiento de dicha subvención. Durante la discusión del problema en el Reichstag, en marzo de 1885, el ala derecha del grupo socialdemócrata votó por el establecimiento de líneas de navegación a Asia Oriental y Australia; condicionó su apoyo al proyecto de Bismarck a la aceptación de algunas exigencias, en particular, que los barcos se construyeran en astilleros alemanes. Sólo después que el Reichstag rechazó esta demanda, toda la fracción votó contra el proyecto gubernamental. La conducta de la mayoría de la fracción provocó el repudio por parte del periódico Der Sozial-Demokrat y de las organizaciones socialdemócratas. F. Engels criticó duramente la posición oportunista del ala derecha de la fracción socialdemócrata.-330.

162 Los "jóvenes": grupo de oposición pequeñoburgués y semianárquico que surgió en 1890 entre los socialdemócratas alemanes. Su núcleo principal eran jóvenes escritores y estudiantes (lo que explica el nombre del grupo), que pretendían ser los teóricos y dirigentes del partido. Como no comprendían que, al ser derogada la Ley de excepción contra los socialistas, habían cambiado las condiciones en que actuaba el partido, negaban la necesidad de utilizar las formas legales de lucha, Se pronunciaban contra la participación de la socialdemocracia en el Parlamento y acusaban al partido de defender los intereses de la pequeña burguesía y de oportunismo. Engels combatió la oposición de los "jóvenes" y señaló que las concepciones teóricas y la táctica de la oposición eran "un 'marxismo' monstruosamente desfigurado". El Congreso de Erfurt de la socialdemocracia alemana, reunido en octubre de 1891 expulsó del partido a algunos de los dirigentes de la oposición.-330.

prerrevolucionaria cedieron lugar a la solidaridad en las cuestiones prácticas. La ascensión de la ola revolucionaria relegó las divergencias, pues obligó a aceptar la táctica de combate, eliminó el problema de la Duma, puso al orden del día el tema de la insurrección, aproximó en el terreno de la acción directa e inmediata a la socialdemocracia y la democracia burguesa revolucionaria. En Séverni Golos163, mencheviques y bolcheviques, juntos, llamaron a la huelga y la insurrección, llamaron a los obreros a no abandonar la lucha hasta haber conquistado el poder. La propia situación revolucionaria sugería las consignas prácticas. Las disputas sólo se referían a detalles en la apreciación de los acontecimientos: Nackalo164, por ejemplo, consideraba a los Soviets de diputados obreros como órganos de autogobierno revolucionario; Nóvaya Zhizn, como órganos embrionarios de poder revolucionario, que unían al proletariado y la democracia revolucionaria.

Nachalo se inclinaba hacia la dictadura del proletariado. Nóvaya Zhizn mantenía el punto de vista de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado. ¿Pero es que no hallamos estas y otras divergencias en el seno de la socialdemocracia en cualquier período de desarrollo de cualquier partido socialista europeo?

No, la tergiversación del tema por el señor Blank, su clamorosa deformación de la historia del día de ayer obedecen única y exclusivamente al hecho de que nos hallamos ante un ejemplo de presuntuosa ramplonería burguesa, según el cual los períodos de torbellino revolucionario son una locura ("fueron olvidados todos los principios", "el pensamiento mismo y la simple razón casi desaparecen"), mientras los períodos de aplastamiento de la revolución y de "progreso" pequeñoburgués (custodiado por los Dubásov) constituyen una época de actividad ajustada a la razón, consciente y metódica.

Esta valuación comparativa de los dos períodos (el período del "torbellino" y el período kadete) pasa como línea de engarce a través de todo el artículo del señor Blank. Cuando la historia de la humanidad avanza con la velocidad de una locomotora, eso es el "torbellino", el "torrente", la "desaparición" de todos "los principios e ideas". Cuando la historia avanza como una carreta, eso es la razón suprema y el triunfo de la acción metódica. Cuando las masas populares, por sí mismas, con todo su virginal primitivismo, su simple y ruda decisión, comienzan a hacer la historia, a dar vida de modo directo e inmediato a "los principios y las teorías", el burgués se atemoriza y clama que "la razón es relegada a segundo plano" (¿no será a la inversa, oh, héroes del filisteísmo?, ¿no comparece en la historia precisamente en tales momentos la razón de las masas y no la razón de tales o cuales individuos, no se convierte precisamente entonces la razón de las masas en una fuerza eficaz, dotada de vida y no encerrada entre las cuatro paredes de un despacho?). Cuando el movimiento directo de las masas es aplastado por los fusilamientos, las penas corporales, los apaleamientos, el desempleo y el hambre;

163 Séverni Golos (La Voz del Norte): diario legal, órgano unificado del POSDR. Se publicó bajo la dirección unificada de bolcheviques y mencheviques en Petersburgo desde el 6 (19) de diciembre de 1905, después de que el Gobierno clausurara los periódicos Nóvaya Zhizn (Vida Nueva) y Nachalo (El Comienzo). El 8 (21) de diciembre del mismo año, al aparecer el tercer número, el periódico fue suspendido por el Gobierno. Su continuación fue el periódico Nash Golos (Nuestra Voz), que salió una vez, el 18 (31) de diciembre de 1905. El segundo número no llegó a publicarse debido a que la policía allanó la imprenta y destruyó la composición. —331.

164 Nachalo (El Comienzo): diario menchevique legal. Se publicó en Petersburgo desde el 13 (26) de noviembre hasta el 2 (15) de diciembre de 1905.-331

cuando salen de las rendijas las chinches de la ciencia profesoral subvencionada con el dinero de Dubásov y comienzan a manejar los asuntos por el pueblo, en nombre de las masas, mientras venden y traicionan los intereses de éstas en beneficio de un puñado de privilegiados, los paladines del filisteísmo entienden que ha llegado la época de un progreso sosegado y tranquilo, "ha llegado el turno del pensamiento y la razón". El burgués es siempre y en todas partes fiel a sí mismo: tómese Poliárnaya Zvezdá o Nasha Zhizn, léase a Struve o a Blank y en todas partes se encontrará lo mismo, la misma estrecha apreciación, profesoral-pedantesca y oficinesca-inánime de los períodos revolucionarios y los períodos de reformas. Los primeros son los períodos de locura, de tolle Jahre, la desaparición del pensamiento y la razón. Los segundos son los períodos de actividad "consciente, sistemática".

Entiéndaseme bien. No me digan que hablo de la preferencia de los señores Blank por uno u otro período. No se trata en modo alguno de preferencias, pues la sucesión de los períodos históricos no depende de nuestra preferencia subjetiva. Se trata de que, en el análisis de las propiedades de uno u otro período (por completo independiente de nuestra preferencia o de nuestras simpatías), los señores Blank adulteran la verdad con toda impudencia. Se trata de que precisamente los períodos revolucionarios destacan por una mayor amplitud, una mayor variedad, un mayor grado de conciencia, una mayor regularidad,. una mayor sistematicidad, una audacia y una intensidad mayores en la creación de la historia, comparándolos con los períodos de progreso pequeñoburgués, kadete, reformista. ¡Y los señores Blank pintan las cosas al revés! Hacen pasar la parvedad por variedad en la creación de la historia. Para ellos, la inactividad de las masas aplastadas o abatidas es el triunfo de la "sistematicidad" en la función de los burócratas, de los burgueses. Gritan que desaparece el pensamiento y la razón cuando, en lugar del tijereteo de proyectos de ley por parte de toda suerte de chupatintas y penny-a-liners (escribas a tanto por línea) liberales, llega el período de actividad política directa del "pueblo llano", que sin ceremonias, rodeos ni dilaciones derriba los órganos que le oprimían, se apropia del poder, toma lo que se consideraba perteneciente a todo género de expoliadores del pueblo, en suma, cuando precisamente despiertan el pensamiento y la razón de millones de personas atemorizadas, despiertan no con el fin exclusivo de dedicarse a la lectura sino para emprender una viva obra humana, para la creación de la historia.

Véase con qué solemnidad razona este paladín kadete: "El torbellino giró y amainó en el mismo lugar". Si todavía están con vida los pequcñoburgueses liberales, si no se los han tragado los Dubásov, es, precisamente, gracias a este torbellino. ¿"En el mismo lugar", dice usted? ¿La Rusia de la primavera de 1906 en el mismo lugar que en septiembre de 1905?

Durante todo el período "kadete", los Dubásov y los Durnovó vienen arrastrando y arrastrarán a Rusia "consciente, metódica y sistemáticamente" hacia atrás, para reintegrarla a septiembre de 1905, pero no tienen fuerzas suficientes para ello, porque el proletario, el ferroviario, el campesino, el soldado amotinado impulsaron durante el torbellino a toda Rusia hacia adelante con la velocidad de una locomotora.

Si ese insensato torbellino hubiese amainado realmente, la Duma demócrata constitucionalista estaría condenada a ocuparse del estañado de los lavabos.

Pero el señor Blank ni siquiera sospecha que el interrogante de si ha amainado o no el torbellino es un tema independiente y netamente científico, que darle respuesta es por sí mismo resolver toda una serie de cuestiones tácticas y que, por el contrario, no dársela impide analizar con un mínimo de discernimiento las cuestiones de la táctica actual. El señor Blank no se basa en tal o cual análisis de los datos y las consideraciones para concluir que no existen en estos momentos condiciones propicias para un movimiento en forma de torbellino (si esa conclusión fuese fundamentada, tendría realmente una importancia cardinal a la hora de determinar la táctica, pues, lo repetimos, es inadmisible determinarla partiendo de una simple "preferencia" por una vía u otra); no, él lisa y llanamente expresa su profunda convicción (profundamente miope) de que no puede ser de otro modo. En rigor, el señor Blank considera el "torbellino" lo mismo que los señores Witte, Durnovó, Bülow y demás funcionarios alemanes, que hace ya mucho tiempo declararon que 1848 fue un "año demente". Al decir que el torbellino ha amainado, el señor Blank no expresa una convicción científica, sino estolidez filistea, para la cual todo torbellino y el torbellino en general es la "desaparición del pensamiento y la razón".

"La socialdemocracia volvió a su punto de partida", asegura el señor Blank. La nueva táctica de los mencheviques endereza el movimiento socialdemócrata ruso hacia el camino por donde discurre toda la socialdemocracia internacional.

Como puede verse, el señor Blank define la vía parlamentaria, no se sabe por qué, como el "punto de partida" (aunque para Rusia ése no podía ser el punto de partida de la socialdemocracia). Para el señor Blank, la vía parlamentaria es, por así decirlo, la vía normal, principal y hasta la vía completa, única, exclusiva de la socialdemocracia internacional. El señor Blank ni siquiera sospecha que en este extremo repite íntegramente la adulteración burguesa del socialdemocratismo predominante en la prensa liberal alemana y adoptada en un tiempo por los bernsteinianos. Una entre las diversas formas de lucha le parece al burgués liberal la única forma. La interpretación brentaniana del movimiento obrero y de la lucha de clases se manifiesta aquí en toda su plenitud. Que la socialdemocracia europea adoptó y pudo adoptar la vía parlamentaria sólo cuando las condiciones objetivas retiraron del orden del día histórico la realización de la' revolución burguesa hasta sus últimas consecuencias, sólo cuando el sistema parlamentario se tornó efectivamente la forma principal de dominación de la burguesía y principal terreno de la lucha social, son cosas éstas que el señor Blank ni siquiera sospecha. Sin tomarse el trabajo de reflexionar en si existen en Rusia parlamento y sistema parlamentario, falla de manera inapelable: la socialdemocracia ha vuelto a su punto de partida. El entendimiento burgués concibe exclusivamente revoluciones democráticas inconclusas (porque es fundamental para los intereses de la burguesía no llevar la revolución hasta el fin). El entendimiento burgués se guarda de todas las formas de lucha extraparlamentarias, de todas las acciones abiertas de las masas, de toda revolución en el sentido directo de la palabra. Por instinto, el burgués se apresura a declarar, proclamar y aceptar como verdadero cualquier remedo de parlamentarismo, con tal de poner fin al "vertiginoso torbellino" (peligroso no sólo para las cabezas de muchos burgueses aquejados de debilidad mental, sino también para su bolsillo). He ahí por qué los señores kadetes no están en condiciones de comprender un problema científico de verdadera importancia como es si se puede

aceptar que el método parlamentario de lucha tiene o no en Rusia un significado esencial y si el movimiento en forma de "torbellino" ha agotado sus posibilidades. Y el trasfondo material, clasista de esta incomprensión es muy claro: que se apoye a la Duma demócrata constitucionalista con una huelga pacífica o alguna otra acción, pero que ni siquiera se piense en una lucha de verdad, resuelta, exterminadora, en una insurrección contra la autocracia y la monarquía.

"Ahora de nuevo llega el turno del pensamiento y la razón", dice alborozado el señor Blank sobre el período de las victorias de Dubásov. ¿Sabe una cosa, señor Blank? ¡En Rusia jamás hubo una época de la cual pudiera decirse con tanto fundamento "ha llegado el turno del pensamiento y la razón" como de la época de Alejandro III! Puede estar seguro. Fue justamente en esa época cuando el viejo populismo ruso dejó de ser sólo una soñadora visión del futuro y aportó estudios de la realidad económica de Rusia que enriquecieron el pensamiento social ruso. Fue justamente en esa época cuando el pensamiento revolucionario ruso trabajó con más intensidad y creó las bases de la concepción socialdemócrata del mundo. Sí, nosotros, los revolucionarios, estamos lejos de negar el papel revolucionario de los períodos reaccionarios. Sabemos que las formas del movimiento social cambian, que á los períodos de creación política directa de las masas populares suceden en la historia períodos en que reina una calma exterior, en que callan o duermen (duermen aparentemente) las masas intimidadas y aplastadas por un trabajo de forzados y por la miseria, en que se revolucionan de manera particularmente rápida los medios de producción, en que el pensamiento de las figuras cumbre de la razón humana hace el balance del pasado, construye nuevos sistemas y nuevos métodos de investigación. En Europa, recuérdese, el período  que sucedió a la derrota de la revolución de 1848 destacó por un progreso económico sin precedente y por una labor del pensamiento que creó, por ejemplo El Capital de Marx. En suma, "el turno del pensamiento y la razón" llega a veces en períodos históricos de la humanidad exactamente igual que la cárcel da a un dirigente político la oportunidad de dedicarse a trabajos y estudios científicos.

Pero la desgracia de nuestro filisteo burgués consiste en que el no tiene conciencia del carácter carcelario o dubasoviano, por así decirlo, de su propia observación. No repara en la cuestión fundamental: ¿ha sido aplastada la revolución rusa o marcha hacia una nueva ascensión? ¿Ha cambiado la forma del movimiento social, pasando de la revolucionaria a otra adaptable al régimen de Dubásov? ¿Están o no agotadas las fuerzas para el "torbellino"? La razón burguesa no se hace estas preguntas porque para ella en general la revolución es un torbellino irracional, mientras que la reforma es el turno del pensamiento y la razón.

Veamos su aleccionador razonamiento sobre la organización. El "primer paso" del pensamiento y la razón, nos dice, "debe ser la adopción de medidas preventivas contra la repetición de lo que sucedió en el primer período de la revolución rusa, en su Sturm-und-Drang-Zeit*, esto es, contra la acción destructora de los torrentes y huracanes revolucionarios. El único medio eficaz para lograrlo no puede ser sino la ampliación y el fortalecimiento de la organización". * Época de tempestad y empuje. —Ed.

Como puede verse, el kadete imagina las cosas así: el período del huracán destruía las organizaciones y el sentido organizativo (véase Nóvoe Vremia, ¡perdón!,

Poliárnaya Zvezdá, con los artículos de Struve contra la anarquía, la espontaneidad, el vacío de poder en la revolución, etc., etc.), mientras el período del pensamiento y la razón custodiados por los Dubásov es un período de creación de las organizaciones. La revolución es el mal, es destructiva, es el huracán, el torbellino vertiginoso. La reacción es el bien, es creadora, es el viento propicio y la época de la actividad consciente, metódica, sistemática.

De nuevo el filósofo del Partido Demócrata Constitucionalista calumnia a la revolución y revela todo su amor a las formas y condiciones restrictivas burguesas de movimiento. ¡El huracán destruía las organizaciones! ¡Qué clamorosa mentira! Mencione un período de la historia rusa o mundial, indique seis meses o seis años durante los cuales se hiciera tanto en favor de las organizaciones de las masas populares, surgidas libre y autónomamente, como se hizo en las seis semanas del torbellino revolucionario ruso, esas seis semanas durante las cuales fueron olvidados, según los calumniadores de la revolución, todos los principios y todas las ideas y desaparecieron la razón y el pensamiento.

¿Qué fue la huelga general de toda Rusia? ¿No era eso, a su parecer, una organización? Como no estaba inscrita en el registro de la policía, no era una organización permanente y usted no quiere tenerla en cuenta. Tome las organizaciones políticas. ¿Está enterado de que el pueblo trabajador, la masa gris, nunca había acudido tan gustosamente a las organizaciones políticas, nunca había engrosado de manera tan gigantesca las filas de las asociaciones políticas, nunca había creado unas organizaciones semipolíticas peculiares como los Soviets de diputados obreros? Pero a usted le atemorizan un poco las organizaciones políticas del proletariado. Como cumple a un auténtico brentaniano, le parece menos peligrosa para la burguesía (y por ello más consistente, más .seria) la organización sindical. Tomemos las organizaciones sindicales y veremos que, a pesar de todas las calumnias de los filisteos de que en el momento revolucionario no se las tuvo en cuenta, jamás en Rusia se había creado tan crecido número de sindicatos obreros como en aquellos días. Las páginas de los periódicos socialistas, precisamente de los socialistas, de Nóvaya Zhizn y de Nachalo rebosaban de noticias sobre la formación de nuevos sindicatos. Sectores atrasados del proletariado, como el servicio doméstico, que en el período de progreso pequeñoburgués "metódico y sistemático" se necesitaba decenios de trabajo para removerlos un poco, dieron pruebas de excepcional propensión y capacidad organizativa. Fíjese en la Unión Campesina. Hoy abunda el kadete que se refiere a la Unión con soberano desprecio: ¡Pero si se trata de una organización semificticia! ¡Si no ha quedado ni rastro de ella! Sí, señores, quisiera yo ver lo que de sus organizaciones kadetes hubiera quedado su hubiesen tenido que luchar contra las expediciones de castigo, contra los innumerables Luzhenovski, Riman, Filónov, Avrámov y Zhdánov de las aldeas. La Unión Campesina creció con fabulosa rapidez en el período del torbellino revolucionario. Era una organización auténticamente popular y de masas, que compartía, desde luego, una serie de prejuicios campesinos y se mostraba receptiva a las ilusiones pequeñoburguesas del campesino (como lo son también nuestros socialistas revolucionarios), pero indudablemente una organización "terrena", una organización real de las masas, indudablemente revolucionaria en sus cimientos, capaz de aplicar métodos de lucha verdaderamente revolucionarios, que no redujo

sino que amplió las dimensiones de la obra política del campesinado, que destacó como protagonistas a los campesinos, con su odio a los funcionarios y los terratenientes, y no a esos semiintelectuales tan a menudo proclives a confeccionar todo género de proyectos de cambalache entre el campesinado revolucionario y los terratenientes liberales.

No, el desdén ordinario por la Unión Campesina expresa, más que nada, la limitación burguesa filistea del kadete, incrédulo y temeroso, a la vez, en cuanto a la iniciativa revolucionaria del pueblo. En los días de la libertad fue la Unión Campesina una de las realidades más vigorosas, y se puede predecir con seguridad que si los Luzhenovski y los Riman no acaban físicamente aún con algunas decenas de miles de jóvenes campesinos avanzados, si todavía ha de soplar una brisa mínimamente libre, la Unión crecerá a ojos vistas, y será una organización al lado de la cual los actuales comités demócratas constitucionalistas* parecerán una partícula de polvo. * Es claro que la Unión Campesina, en tanto que organización no clasista, encierra también elementos de disgregación. Cuanto más cercano esté y más completo sea el triunfo de la insurrección campesina, tanto más cerca estará la disgregación de la Unión. Pero hasta la victoria de la insurrección campesina y para esa victoria, la Unión Campesina es una organización poderosa y vital. Su papel habrá terminado con el triunfo total de la revolución democrática burguesa, mientras que el papel de las organizaciones proletarias será precisamente entonces particularmente importante y vital en la lucha por el socialismo, en tanto que el papel de las organizaciones demócratas constitucionalistas consiste en frenar el triunfo completo de la revolución burguesa, en brillar durante los períodos preparatorios de esta revolución, los periodos de depresión, estancamiento y dominación de los Dubásov. En otras palabras: los campesinos vencerán en la revolución democrática burguesa, con lo que su revolucionarismo, como campesinos, se agotará definitivamente. El proletariado vencerá en la revolución democrática burguesa, y sólo desde ese momento desplegará con toda amplitud su revolucionarismo genuino, socialista. A su vez, lapequeña burguesía demócrata constitucionalista agotará su oposicionismo al tiempo que se agotarán mañana mismo las ilusiones constitucionalistas.

Resumimos: la obra del pueblo, en particular del proletariado, y luego del campesinado, en materia de organización, se manifiesta en los períodos de torbellinos revolucionarios millones de veces más robusta, variada y fecunda que en los períodos del llamado progreso histórico tranquilo (a ritmo de carreta). La opinión inversa de los señores Blank es una deformación burocrática burguesa de la historia. Al buen burgués y al probo funcionario sólo les parecen "auténticas" las organizaciones debidamente inscritas en los registros de la policía y escrupulosamente acordes con toda clase de "reglamentos provisionales". Sin esos reglamentos provisionales son incapaces de concebir el trabajo metódico y sistemático. Por ello no debemos engañarnos respecto a la significación real de las ampulosas palabras del kadete cuando habla del menosprecio romántico a la legalidad y el desdén aristocrático por la economía. El verdadero sentido de esas palabras es uno solo: el miedo oportunista burgués a la iniciativa revolucionaria del pueblo.

Para terminar examinemos el último punto de la "teoría" demócrata constitucionalista del señor Blank: la relación entre la democracia obrera y la democracia burguesa. Sus razonamientos sobre este tema merecen la mayor atención de la socialdemocracia, pues constituyen un ejemplo de cómo se tergiversa a Marx con citas de Marx. Exactamente como Brentano, Sombart, Bernstein y Cía. sustituían el marxismo por el brentanismo, valiéndose de la terminología de Marx, remitiéndose a tales o cuales asertos de Marx e imitando el marxismo, así también nuestros kadetes se dedican a la "esmerada labor" de falsificar a Marx en el tema de la relación entre la democracia obrera y la democracia burguesa.

Sin coordinar las acciones de la democracia obrera y la democracia burguesa es imposible el éxito de la revolución democrática burguesa. Sacrosanta verdad.

Incuestionable verdad. ¿Les parece, señores Blank, Izgóev y Cía., que los socialdemócratas revolucionarios la echaron en olvido particularmente los días del "torbellino"? Se equivocan o suplantan deliberadamente el concepto de democracia burguesa revolucionaria por el de democracia burguesa en general, que incluye a la liberal monárquica y a la oportunista, pero principalmente a la liberal monárquica.

Repasen Nóvaya Zhizn y verán que casi todos los números hablan de la acción conjunta, del acuerdo de lucha entre la democracia obrera y la democracia burguesa revolucionaria. En ellos se habla en los términos más expresivos de la significación de la Unión Campesina y del movimiento campesino. A despecho de las patrañas de los kadetes sobre la intolerancia y el estrecho doctrinarismo de los marxistas, en ellos se reconoce plenamente la significación de las asociaciones y organizaciones apartidistas*, ahora bien, sólo de las organizaciones apartidistas revolucionarias. * Véase mi artículo en Nóvaya Zhizn: El partido socialista y el revolucionarismo sin partido. (Véase el presente volumen, págs. 135-143. —Ed.) Ese es el quid de la cuestión, que nuestros brentanianos en política disimulan con arte: cuáles son precisamente los elementos de la democracia burguesa capaces de llevar la revolución democrática burguesa hasta el fin, cuando esa revolución se encuentra, por así decirlo, a mitad de camino. ¿Los elementos que aceptan el programa liberal-monárquico, hundidos hasta las cejas en el lodazal de las ilusiones constitucionalistas y que vierten sobre los períodos revolucionarios, los métodos revolucionarios de hacer la historia, los salivazos de su indignación, su condena y su pesadumbre filisteas? ¿O los que aceptan el programa del triunfo total de la insurrección campesina (en lugar de la componenda entre los campesinos y los terratenientes), de la victoria total de la democracia (en lugar de la componenda entre la cámara baja democrática y la cámara alta y la monarquía)? ¿Han pensado alguna vez en este problema, señores Blank e Izgóev? En el momento actual, ¿debemos "golpear junto" con los conciliadores democrático-burgueses o con los revolucionarios democrático-burgueses?

¿Es que no saben, honorables aficionados a citar y tergiversar a Marx, que éste fustigó despiadadamente a los conciliadores democrático-burgueses en la Alemania de 1848?165 Y conste que esos conciliadores no eran diputados a una mísera Duma de Estado, sino a la Asamblea Nacional; y demócratas , mucho más "resueltos" (de palabra) que nuestros kadetes.

Y unos quince años más tarde, en la época del "conflicto constitucional" prusiano, ese mismo Marx y ese mismo Engels aconsejaban al partido obrero que apoyara a los demócratas progresistas burgueses, que no eran mejores, en lo más mínimo, que los demócratas de Francfort166. ¿Creen ustedes que eso es una contradicción y una inconsecuencia de Marxy Engels? ¿Creen que es una prueba de que también en ellos, durante el período del "torbellino revolucionario", habían desaparecido casi "el

165 Véase F. Engels. Marx y la "Neue Rheinische Zeitung" (1848-1849) (La Nueva Gaceta del Rin); F. Engels. Revolución y contrarrevolución en Alemania. VII. La Asamblea Nacional de Francfort; C. Marx y F. Engels. Artículos de Neue Rheinische Zeitung del 1 de junio al 7 de noviembre de 1848 (C. Marx y F. Engels. Obras, 2ª edición en ruso, t. 8, págs. 46-50; t. 5, págs. 9-494).-341.

166 Véase F. Engels. El problema militar en Prusia y el partido obrero alemán; C. Marx y F. Engels. Declaración a la Redacción del periódico "Der Sozial-Demokrat"; F. Engels. Nota sobre el folleto "El problema militar en Prusia y el partido obrero alemán"; C. Marx. Recensión del folleto de F. Engels "El problema militar en Prusia y el partido obrero alemán"; C. Marx. Declaración sobre los motivos de la renuncia a colaborar en el periódico "Der Sozial-Demokrat" {Obras, 2ª edición en ruso, t. 16, págs. 35-78, 79, 80, 84-85, 86-89).-342.

pensamiento y la razón" (como opinan, en su mayoría, los bernsteinianos y los kadetes)? En realidad, no hay en ello contradicción alguna: en el período de lucha revolucionaria, Marx descargó los golpes más duros contra las ilusiones constitucionalistas y los conciliadores constitucionalistas. Cuando se consumieron todas las fuerzas del "torbellino" revolucionario, cuando ya no quedaba la menor duda de que los kadetes alemanes habían traicionado definitivamente la revolución, cuando las insurrecciones estaban absoluta y resueltamente aplastadas y la prosperidad económica había acabado con toda esperanza de que se repitieran, entonces y sólo entonces (Marx y Engels no se caracterizaban por apocamiento y pérdida de fe en la insurrección ante la primera derrota), sólo entonces admitieron como forma principal de lucha la revolucionaria. En el parlamento, una vez que se ha entrado en él, no sólo se puede sino que se debe, en determinadas condiciones, apoyar al tránsfuga de Izgóev contra Shípov, a Shípov contra Durnovó. En la lucha por un parlamentarismo verdadero a veces no hay nada más peligroso que los "conciliadores" kadetes.

Si quieren remitirse a Marx, señores, intenten demostrar que nuestra Duma es ya un órgano de dominación de la burguesía en una Rusia libre, y no una hoja de parra de la autocracia. Dirán que lo segundo puede transformarse en lo primero por una serie de pequeños cambios y que las elecciones demócratas constitucionalistas constituyen precisamente esa transformación, incluso no una pequeña, sino una gran transformación".

Muy bien. Pero de ese modo no hacen ustedes más que posponer el problema, sin darle solución. Ahora bien, en este momento, la Duma actual, ¿ha rebasado ya a tal punto su marco que puede ser órgano de poder? Los que así piensan entre ustedes y tratan de obligar al pueblo a pensar así, difunden las más nocivas, ilusiones constitucionalistas y son manifiestamente contrarrevolucionarios. Quienes admiten la probabilidad de que "Durnovó se queda para disolver la Duma"* o los que comprenden que sin una presión extra-"parlamentaria", revolucionaria, nada está todavía garantizado** ponen al descubierto de esta suerte la endeblez de su posición. * Rus y Molvá ** P. Miliukov. Los elementos de un conflicto, en Rich, núm. 30 (24 de marzo): interesantísimo "credo" de un conciliador

Con sus admisiones muestran claramente que la política de los kadetes es una política del momento y no una política de seria defensa de los interese sfirmes y básicos de la revolución. Estas admisiones muestran que, cuando estalle la nueva crisis revolucionaria hoy en vías de maduración, se desgajará de los kadetes  toda una masa de elementos democrático-burgueses revolucionarios, a quienes el escarnio que los señores Durnovó hacen de la Duma empujará hacia las barricadas. Lo que significa que la única diferencia reside en que ustedes quieren restringir este nuevo e inevitable combate, trabarlo, circunscribirlo a la tarea de apoyar la Duma demócrata constitucionalista, mientras nosotros queremos enderezar todos nuestros propósitos, todos nuestros esfuerzos, toda nuestra labor de agitación, propaganda y organización de modo que podamos ampliar la dimensión de este combate para que deje atrás los límites de los programas de los kadetes, ampliarlo hasta lograr el total derrocamiento de la autocracia, la victoria total de la insurrección campesina, la convocatoria, por vía revolucionaria, de una asamblea constituyente de todo el pueblo.

A ustedes les parece que en Rusia no existe ninguna democracia burguesa revolucionaria, que los kadetes son la única o, cuando menos, la principal fuerza de la democracia burguesa en Rusia. Pero eso les parece porque son ustedes miopes, porque se conforman con una observación superficial de los fenómenos políticos, porque no ven y no comprenden la "esencia de la Constitución". Políticos del día de hoy, son ustedes oportunistas típicos, pues tras los intereses momentáneos de la democracia no ven sus intereses más profundos y radicales, tras las tareas del momento no perciben las del mañana, que son más importantes, tras el rótulo no ven el contenido.

En Rusia existe la democracia burguesa revolucionaria, y no puede ser de otro modo mientras exista el campesinado revolucionario, ligado por infinidad de lazos a los sectores pobres de la ciudad. Esta democracia se ha encubierto exclusivamente gracias al trabajo de los Riman y los Luzhenovski. Y las ilusiones de los kadetes serán desenmascaradas indefectiblemente el día de mañana. O bien el régimen de represión seguirá en pie, los Riman y los Luzhenovski asumirán el "trabajo" en él y la Duma demócrata constitucionalista charlará, y entonces la insignificancia de esta Duma y la insignificancia del partido que predomina en ella aparecerán de golpe con toda claridad ante la enorme masa de la población, y se producirá un áspero estallido, en el cual, por supuesto, no participarán los kadetes como partido, sino precisamente los elementos de la población que constituyen la democracia revolucionaria. O bien el régimen de represión se atenuará, el Gobierno hará algunas concesiones, la Duma demócrata constitucionalista, se sobreentiende, comenzará a ablandarse con las primeras de ellas y a hacer las "paces sobre la base no ya de un Shípov, sino quizá de alguien peor; la naturaleza contrarrevolucionaria de los kadetes (que en los días del "torbellino" se manifestó con particular relieve y se manifiesta de modo constante en sus publicaciones) se revelará en toda su magnitud. Ahora' bien, el primer soplo de la brisa de libertad, el primer debilitamiento de la represión, darán nueva vida, indefectiblemente, a centenares y millares de organizaciones, uniones, grupos, círculos y asociaciones de carácter democrático revolucionario. Y con la misma indefectibilidad, este fenómeno conducirá de nuevo al "torbellino", a la repetición de la lucha de octubre a diciembre, ahora en escala inconmensurablemente ampliada. Los kadetes, que hoy brillan, de nuevo se apagarán entonces. ¿Por qué? Porque los gusanos se crían cerca de los cadáveres y no de quienes respiran a pleno pulmón.

En otras palabras: los kadetes pueden, como diría Durnovó, "engolosinar" verdaderamente al pueblo con eso de la "libertad del pueblo", pero de ningún modo pueden sostener una auténtica lucha por una auténtica libertad del pueblo, libertad sin comillas, libertad sin conciliación con la autocracia. Esta lucha indefectiblemente ha de ser llevada a cabo, pero por otros partidos, otros elementos sociales, y no por los kadetes. Se comprende por ello que la socialdemocracia revolucionaria no envidie en lo más mínimo los éxitos de los kadetes y continúe enderezando toda su atención hacia la lucha que hemos de encarar, una lucha verdadera y no de cartón piedra.

El señor Blank cita las palabras de Marx sobre la alta significación de la democracia burguesa. Para expresar la verdadera opinión de Marx habría que añadir: significación altamente desleal. Marx habló miles de veces de esto en diversos

lugares de sus obras. El camarada Plejánov, que propende al brentanismo en la política actual, ha olvidado esas indicaciones de Marx. El camarada Plejánov ni siquiera sospecha qué puede traicionar la democracia liberal. La respuesta es muy sencilla, camarada Plejánov: el partido de la "libertad del pueblo" ha traicionado y traicionará la libertad del pueblo.

El señor Blank procura aleccionarnos y nos dice que no se debe empujar a la democracia burguesa al campo "de la reacción, de la contrarrevolución". Preguntamos a este docto kadete: ¿quiere usted que tomemos el mundo de las ideas, de las teorías, de los programas, de las líneas tácticas, o el mundo de los intereses materiales de clase? Veamos ambas cosas. ¿Quién empujó hacia la contrarrevolución a su amigo, el señor Struve, y cuándo? El señor Struve era contrarrevolucionario en 1894, cuando en sus Notas críticas hizo reservas brentanianas al marxismo. Y, pese a los esfuerzos que hicimos algunos de nosotros para "empujarlo" del brentanismo hacia el marxismo, el señor Struve se volcó definitivamente hacia el brentanismo. Y de las páginas de Osvobozkdenie, del "Osvobozhdenie" ilegal, jamás han desaparecido los sones contrarrevolucionarios. ¿Es eso casual? ¿Es casual que justamente el período del "torbellino", de la iniciativa revolucionaria del pueblo, impulsara al señor Struve a fundar un periódico modelo del refunfuño contrarrevolucionario, Poliárnaya Zvezdá?

Por lo demás, ¿quién empuja al pequeño productor en la economía mercantil hacia, la reacción y la contrarrevolución? Su situación intermedia entre la burguesía y el proletariado en la sociedad capitalista. El pequeño burgués, indefectible e inevitablemente, en todos los países y en cualquier, combinación política, oscila entre la revolución y la contrarrevolución. Quiere liberarse del yugo del» capital y consolidar, su situación como pequeño propietario. Ese problema es en realidad insoluble, y las oscilaciones del pequeño burgués, por la naturaleza— de la propia estructura de la sociedad moderna, no se pueden evitar ni eliminar: Por ello, solomos ideólogos de la pequeña burguesía pueden suponer que son concebibles manifestaciones de la iniciativa revolucionaria de los obreros o de los campesinos sublevados contra la propiedad latifundista que no empujen a cierta parte de la democracia burguesa hacia la reacción. Sólo los paladines del filisteísmo pueden lamentarlo.

¿Es que los señores Blank y los señores Izgóev (o el camarada Plejánov) imaginan, por ejemplo, que es posible la victoria completa de la insurrección campesina, una total "extracción de la tierra" (consigna de Plejánov) de los latifundistas sin indemnización que no empujen hacia la contrarrevolución a las tres quintas partes de la "democracia burguesa" kadete? ¿Es que por eso hemos de ponernos a chalanear con los kadetes en torno a un programa campesino "razonable"? ¿Qué le parece, camarada Plejánov? ¿Qué opinan, señores Blank e Izgóev?

Y ahora, el remate de los razonamientos políticos de nuestro kadete: si en este momento la democracia burguesa se opone a la insurrección armada, significa que de ésta no puede ni debe hablarse.

Estas palabras expresan toda la esencia y todo el sentido de la política demócrata constitucionalista: subordinar el proletariado a los kadetes, llevarlo a remolque en el problema fundamental de su conducta política y de su lucha política. Cosa ésta ante

la que no cabe cerrar los ojos. El señor Blank desvía la atención con bastante fiabilidad: no habla de los kadetes, sino de la democracia burguesa en general. Habla de "este momento", no de la insurrección en general.

Pero sólo un niño podría confundirse y no ver que eso es precisamente desviar la atención y que el sentido verdadero de la conclusión de Blank es justamente el que hemos señalado: hemos mostrado ya con varios ejemplos que el señor Blank (como todos los kadetes) desdeña sistemáticamente una democracia burguesa más a la izquierda de los. kadetes, que a tono con toda su posición de defensor de las ilusiones constitucionalistas identifica a los kadetes con la democracia burguesa' y menosprecia a la democracia burguesa revolucionaria. Nos queda sólo .mostrar, qué los kadetes están contra, la insurrección armada en general y no sólo contra una desafortunada: elección del "momento" (una y otra cosa son confundidas con sorprendente frecuencia, y esto es muy conveniente para los kadetes: encubren su rechazo a la insurrección con disquisiciones acerca del momento de la misma). Nada más fácil que, mostrarlo: basta que nos remitamos al "Osvobozhdenie" ilegal, desde cuyas páginas el señor Struve, en la primavera y el verano de 1905, después del 9 dé enero y hasta el 9 de octubre, arremetía contra la insurrección armada, trataba de demostrar que la prédica de la misma era "insensata y criminal". Los acontecimientos refutaron sobrad amenté a este contrarrevolucionario. Los acontecimientos mostraron que sólo la combinación deja huelga general con la insurrección armada೦ que los marxistas previeron y expusieron como consigna, conquistó para Rusia el reconocimiento de la libertad y los gérmenes del constitucionalismo. Sólo socialdemócratas completamente aislados, que carecen de partidarios en Rusia (como Plejánov), dijeron con apocamiento de la insurrección de diciembre: "no se debía haber tomado las armas". Contrariamente, la inmensa mayoría de los socialdemócratas coinciden en que la insurrección fue necesaria para oponer resistencia al expolio de las libertades, en que la insurrección elevó todo el movimiento a un nivel superior y mostró que es posible combatir contra las tropas regulares. Esta última circunstancia ha sido reconocida hasta por un testigo tan imparcial, impasible y cauteloso como Kautsky.

Obsérvese ahora a qué se reduce él mandamiento de los señores Blank: el proletariado no debe pensar en la insurrección si el Partido Demócrata Constitucionalista (que jamás ha sido revolucionario) no se solidariza con ella (aunque en este momento y en todos los momentos está contra la insurrección).

¡No, señor Blank! El proletariado, necesariamente, tendrá en cuenta a la democracia burguesa, tanto en lo que se refiere a la insurrección en general como al momento de la insurrección en particular; ahora bien, justamente no a la democracia burguesa kadete, sino a la democracia burguesa revolucionaria, no a las corrientes y partidos monárquicos liberales, sino a los republicanos revolucionarios, no a los charlatanes que se conforman con un parlamento de juguete, sino a la masa campesina (que también es democracia burguesa), la cual define su actitud ante la insurrección de distinta manera que los kadetes.

"Los kadetes están contra la insurrección". Jamás han estado ni pueden estar en favor. Le tienen miedo. Suponen ingenuamente que de sus deseos —de los elementos intermedios, situados al margen de la lucha más dura y directa— depende la solución del problema de la insurrección. ¡Qué error! La autocracia se prepara para

la guerra civil y la prepara ahora en forma particularmente sistemática. En relación con la Duma está madurando una nueva crisis política mucho más amplia y profunda. Tanto la masa campesina como el proletariado guardan todavía en su seno abundante reserva de elementos combativos, que exigen irrevocablemente la libertad para el pueblo y no transacciones que la cercenen. En tales circunstancias, ¿depende acaso de la voluntad de uno u otro partido el que haya o no insurrección?

Como el pequeño hurgue de Europa Occidental, que en vísperas de la revolución socialista sueña con el debilitamiento de las contradicciones de clase entre la burguesía y el proletariado, exhorta a éste a no empujar a los representantes de aquella hacia la reacción, se pronuncia por la paz social y rechaza, con un sentimiento de profunda indignación moral, la idea acientífica, estrecha, conspirativa, anárquica, etc., de la catástrofe, así el pequeño burgués ruso, cuando nuestra revolución democrática burguesa está a mitad de camino, sueña con el debilitamiento de las contradicciones entre la autocracia y la libertad del pueblo, exhorta a los revolucionarios, es decir, a todos los partidarios decididos y consecuentes de esta última, a no empujar a la burguesía liberal hacia la reacción, se pronuncia por la vía constitucional y rechaza, con auténtica indignación, reforzada con idealismo filosófico, la idea acientífica, estrecha, conspirativa, anárquica, etc., de la insurrección.

Al pequeño burgués de Europa Occidental, el obrero consciente le dice: la catástrofe no dependerá de los elementos intermedios, sino de la agudización de los extremos. Al pequeño burgués ruso (y el kadete es en política un pequeño burgués ideal), el obrero consciente le dice: la insurrección no depende de la voluntad de los liberales, sino de los actos de la autocracia y del crecimiento de la conciencia y la indignación en el campesinado revolucionario y el proletariado. Los pequeños burgueses de Europa Occidental dicen al proletariado: no apartes . de tu lado al pequeño campesino ni, por lo demás, a la pequeña burguesía culta, social-liberal, reformadora; no te aísles, sólo la reacción quiere aislarte. El proletario responde: en beneficio de toda la humanidad trabajadora debo aislarme de quienes buscan la conciliación entre la burguesía y el proletariado, porque esos conciliadores me aconsejan que deje las armas, porque con su prédica de la conciliación, del debilitamiento, etc., ejercen la más nociva influencia —inmediata y prácticamente nociva— sobre la conciencia de la clase oprimida. Ahora bien, no me aíslo de toda esa inmensa masa de pequeños burgueses, de la masa trabajadora, capaz de adoptar el punto de vista del proletariado, de no soñar con la conciliación, de no entregarse al fortalecimiento de la pequeña economía en la sociedad capitalista, de no renunciar a la lucha contra el propio régimen capitalista.

Igual sucede en Rusia, si bien en condiciones distintas y en otro período histórico, en la víspera (e incluso no en la víspera, sino a mitad) de la revolución democrática burguesa, no de la revolución socialista. El pequeño burgués dice al proletario: la reacción quiere aislarte, tú debes aislar a la reacción; no apartes de tu lado al kadete, ese kadete culto, políticamente liberal, partidario de reformas. El proletario responde: en beneficio dé la verdadera lucha por la verdadera libertad debo aislarme de quienes quieren la conciliación entre la autocracia y la representación popular, porque esos conciliadores nos aconsejan dejar las armas, enturbian la conciencia

ciudadana del pueblo con su prédica de la "paz política" y de las ilusiones constitucionalistas.

Pero esos conciliadores, todos esos kadetes, están lejos de ser el pueblo, la masa, la fuerza, como les parece a quienes se entregan al estado de ánimo del momento y a las impresiones del momento, a quienes hoy gritan que el proletariado corre el riesgo de verse aislado. La auténtica masa la constituyen el campesinado revolucionario, los sectores verdaderamente humildes de la población urbana. Y yo no me aíslo de esa masa; la llamo a abandonar las ilusiones constitucionalistas, la llamo a pelear de verdad, la llamo a la insurrección. Para determinar el momento de la insurrección tendré en cuenta del modo más serio el estado de ánimo y el desarrollo de la conciencia de esta masa (en modo alguno de los conciliadores kadetes) ; ahora bien, por el éxito efímero, por el relumbrón del parlamentarismo kadete (tal vez sea más exacto decir el parlamentarismo dubasoviano) no olvidaré un instante la lucha revolucionaria contra la autocracia, que está madurando con mucha rapidez y que estallará en un futuro no lejano.

En un pasado reciente hubo un tiempo en el que el social-liberal, el pequeño burgués conciliador brillaba en Europa, alborotaba, trataba de imponer sus alianzas y acuerdos al proletariado. El ala intelectual de los partidos socialdemócratas tragó el anzuelo, se dejó seducir por la política del momento, creó la famosa bernsteiniada, etc. Pasaron uno o dos años y la niebla de la "paz social" se disipó totalmente; el acierto de la posición del ala revolucionaria de la socialdemocracia, que se mantuvo consecuente en el punto de vista proletario, apareció con toda claridad.

En este momento, en Rusia, las victorias de los kadetes y la futura Duma demócrata constitucionalista marean a todos. Existe el peligro de que el ala intelectual de nuestro Partido se deje fascinar por ese brillo, por los bloques electorales con los kadetes, por la idea de apoyar a éstos, por la política de "tratar con tacto" a los kadetes, el peligro de que no quiera determinar con claridad y precisión desde el punto de vista proletario la naturaleza clasista pequeñoburguesa de ese partido, el daño que causan sus ilusiones constitucionalistas, el riesgo actual de su táctica "conciliadora". Pasarán quizá no años sino meses, y la niebla se disipará, la realidad confirmará la visión de la socialdemocracia revolucionaria, los periódicos y las revistas de los kadetes suspenderán sus profusos elogios a ciertos socialdemócratas, elogios ofensivos para el proletariado y que testimonian que la socialdemocracia adolece de algo.

VI. CONCLUSIÓN

Al hablar de las opiniones del señor Blank, el portavoz más típico de la política demócrata constitucionalista, casi no nos hemos referido a las opiniones de los camaradas mencheviques. Pero las deducciones acerca de su postura se desprenden por sí solas de lo dicho. Las alabanzas que tan generosamente les prodigan los kadetes ya hacen presumir que algún error han cometido. La prensa demócrata constitucionalista representa hoy casi las nueve décimas partes de la prensa política de Rusia, y si toda esta prensa burguesa comienza a elogiar sistemática y

permanentemente hoy a Plejánov, mañana a Potrésov (Nasha Zn೦zn) y pasado mañana la resolución aprobada por todos los mencheviques, eso es ya un indicio seguro, aunque por supuesto indirecto, de que los camaradas mencheviques están cometiendo o van a cometer cierto error. No puede ocurrir que la opinión de toda la prensa burguesa esté en abrupta divergencia con el instinto de clase de la burguesía, dotada de una fina sensibilidad para determinar de qué lado sopla el viento.

No obstante, repetimos, es sólo un indicio indirecto. Lo expuesto hasta ahora nos lleva también a la formulación directa de los errores que se perfilan en los proyectos de resoluciones mencheviques. No es este el lugar para analizar en detalle esas resoluciones; sólo podemos comentar brevemente lo principal en relación con el tema de las "victorias, de los kadetes y las tareas del partido obrero".

El error de los mencheviques consiste en que no formulan y hasta parece olvidan una tarea política del proletariado socialdemócrata consciente tan esencial en estos momentos como es la lucha contra las ilusiones constitucionalistas. El proletariado socialista, que observa rigurosamente el punto de vista de clase, que aplica de modo inalterable la interpretación materialista de la historia a la apreciación de la etapa actual, que es hostil a todo género de sofismas y engaños pequeñoburgueses, no puede desdeñar esta tarea en momentos como los que atraviesa Rusia en el presente. Si la desdeñara dejaría de protagonizar la lucha por el conjunto de la libertad del pueblo, de ser un combatiente situado por encima de la limitación democrático-burguesa. Si la desdeñara, se arrastraría lastimosamente a la zaga de los acontecimientos, que hoy hacen precisamente de esas ilusiones constitucionalistas el instrumento de la burguesía para corromper al proletariado, como la teoría de la "paz social" fue recientemente en Europa el instrumento principal de la burguesía para apartar a los obreros del socialismo.

Las ilusiones constitucionalistas integran todo un período de la revolución rusa, un período que se abre de forma natural tras el aplastamiento de la primera insurrección armada (a la que sucederá aún la segunda) y tras las victorias electorales de los kadetes. Las ilusiones constitucionalistas son un veneno político oportunista y burgués que los millones de ejemplares de la prensa demócrata constitucionalista inyecta ahora en el cerebro del pueblo, aprovechando el silencio fogoso de la prensa socialista. Tenemos ante nosotros el periódico Továrisch167, órgano de los kadetes que van hacia el "pueblo" y, en especial, hacia la clase obrera. El primer número entona ditirambos a los kadetes: "En su programa (el Partido Demócrata Constitucionalista) promete (i...hum, hum, pro-me-te!)... defender los intereses de los campesinos (¿a lo Kaufman?) y de los obreros (¡por supuesto!), y los derechos políticos de todos los ciudadanos rusos sin distinción alguna. Si obtiene la mayoría en la Duma de Estado, el Gobierno actual, que tanto daño ha causado al pueblo, deberá marcharse y el Estado será administrado por hombres nuevos (¿los Muraviov en lugar de los Witte?), que obedecerán la voz del pueblo". Sí, sí... ¡obedecer la voz del pueblo!... ¡Qué bellezas dicen los kadetes!

167 Továrisch (El Camarada): diario burgués que se publicó en Petersburgo del 15 (28) de marzo de 1906 al 30 de diciembre de 1907 (12 de enero de 1908).

Formalmente no pertenecía a ningún partido; pero, en la práctica, era el portavoz de los demócratas constitucionalistas de izquierda. En el periódico colaboraron también los mencheviques.-352

Convencidos estamos de que no habrá un solo socialista que no se indigne ante ese desvergonzado embuste burgués, que no reconozca plena e incondicionalmente la necesidad de combatir del modo más enérgico esa corrupción burguesa de la clase obrera, corrupción tanto más peligrosa por cuanto los kadetes tienen infinidad de periódicos, mientras que nosotros, pese a las innumerables tentativas de sacar a luz el más moderado, el más sobrio y el más modesto periódico socialista, no tenemos ninguno.

Prosigamos. No se puede por menos de convenir en que estos embustes burgueses, estas tentativas de enturbiar la conciencia revolucionaria del pueblo no son, ni de lejos, salidas de tono casuales, sino que constituyen toda una campaña. Es más .una Duma demócrata constitucionalista (si la Duma llega a serlo) será por decirlo así la viva encarnación de las ilusiones constitucionalistas, su foco, el punto de convergencia de todos los aspectos de la vida política que más saltan a la vista (y que aparecen a la mirada superficial e idealista del pequeño burgués como lo esencial o, cuando menos, el fenómeno principal de la vida política actual). Estamos no sólo ante una campaña sistemática de toda la prensa burguesa, de todos los ideólogos burgueses que pretenden llevar a remolque al proletariado— estamos ante una institución representativa de toda Rusia, con la aureola de primer, con perdón sea dicho, "parlamento" y que debe consolidar esa transformación de la clase obrera en apéndice del Partido Demócrata Constitucionalista. Recuérdese la antes citada opinión de las "altas esferas": estaría bien que los kadetes de la Duma despertaran la confianza de la sociedad en la Duma y concentraran las esperanzas de la sociedad en la Duma. La Duma debe ser el emplasto disolutivo de la revolución: en eso, en esencia, coinciden nuestros kadetes con los Durnovó y los Dubásov. Eso es un hecho. Poliárnaya Zvezdá lo ha mostrado con particular relieve. Más valen las reformas metódicas y sistemáticas que el torbellino revolucionario, en el cual desaparecen el pensamiento y la razón, dicen los Blank. Más vale negociar en la Duma con los kadetes que pelear con un ejército inseguro contra los obreros y los campesinos, dicen los Durnovó y los Dubásov. Les beaux esprits se rencontrent. Dios los cría y ellos se juntan.

De nosotros todos dicen que difamamos a los liberales. Nos llamaban calumniadores cuando ya en Zariá y en la vieja Iskra recibimos los primeros números de Osvobozhdenie "con las uñas afiladas"168. Las calumnias resultaron ser un análisis marxista de la ideología burguesa, íntegramente confirmado por la realidad. Por eso no nos sorprenderá ni nos afligirá que ahora nos acusen de calumniar al partido de la "libertad del pueblo".

Cada época política promueve ante la socialdemocracia, como representante de la única clase revolucionaria hasta el in, una tarea específica, singular, que se sitúa en el orden del lía y que los sectores oportunistas de la democracia burguesa procuran siempre, de un modo u otro, enturbiar o postergar. Esa tarea política específica del momento, que sólo puede ser cumplida por la socialdemocracia revolucionaria y que

168 En el artículo Los perseguidores de los zemstvos y los Aníbales del liberalismo, Lenin criticó el liberalismo burgués, que más tarde se núcleo políticamente en torno a la revista Osvobozhdenie, y a P. B. Struve, su representante más destacado. Este artículo se publicó en los números 2 y 3 de Zariá (véase O.C, t. 5, págs. 23t76). Lenin criticó también los primeros números de Osvobozhdenie en los siguientes artículos, publicados en Iskra: Proyecto de nueva ley sobre las huelgas, Lucha política y politiquería y El señor Struve, desenmascarado por su colaborador (véase O.C, t. 6, págs. 417- 426; t. 7, págs. 35-44, 217-224).-354.

está obligada a cumplir si no quiere traicionar los intereses permanentes, cardinales, esenciales del proletariado, esa tarea es hoy la de combatir las ilusiones constitucionalistas. Los oportunistas pequeñoburgueses siempre se conforman con lo fugaz, con el brillo de la última novedad, con el "progreso" efímero; nosotros debemos mirar más lejos y con más profundidad, mostrar ahora mismo, inmediatamente, en ese progreso aquellos aspectos que son la apoyatura y la garantía del regreso, que ponen de manifiesto la unilateralidad, la limitación y la precariedad de lo alcanzado y suscitan la necesidad de proseguir la lucha bajo otras formas y en otras condiciones.

Cuanto más decisiva es la victoria electoral de los kadetes y de la oposición en general, cuanto más probable y próxima es una Duma demócrata constitucionalista, tanto más peligrosas se tornan las ilusiones constitucionalistas, con tanta mayor dureza se nota la contradicción entre el mantenimiento total e incluso el fortalecimiento de la política reaccionaria de la autocracia, que sigue reteniendo todo el poder, y la representación "popular". Esta contradicción va creando con enorme celeridad  una  nueva crisis revolucionaria, mucho más amplia y profunda, sentida de mudo más consciente y agudo que las anteriores.

En 1906 estamos viviendo realmente una copia de la revolución, según feliz expresión de un socialdemócrata. Es como si se' repitiera la historia de 1905, comenzando otra vez desde el principio, primero la autocracia omnipotente, después la efervescencia social y un movimiento de oposición de fuerza insólita, que abarca a todo el país, para terminar... ¿quién sabe cómo?... quizá en una "copia" de la diputación liberal que visitó al zar el verano de 1905, esta vez en forma de mensaje o resolución de la Duma demócrata constitucionalista; quizá en una "copia" del auge de otoño de 1905. Sería ridículo tratar de predecir las formas y fechas exactas de los futuros pasos de la revolución. Lo importante es tener en cuenta la dimensión incomparablemente mayor del movimiento, la mayor experiencia política de todo el pueblo. Lo importante es no olvidar que la crisis que se avecina no es en modo alguno parlamentaria, sino revolucionaria. La lucha "parlamentaria" en la Duma es una corta etapa, es en efecto una pequeña estación ferroviaria: "apeadero kadete" en el camino que va de la Constitución a la revolución. La lucha en la Duma no puede decidir los destinos de la libertad del pueblo en virtud de particularidades fundamentales del momento social y político actual, no puede ser la principal forma de lucha, pues es notorio que ninguna de las dos partes contendientes, ni los Durnovó, los Dubásov y Cía, ni el proletariado y el campesinado, aceptan ese "parlamento".

Por ello la socialdemocracia debe tener en cuenta todas las peculiaridades concretas del momento histórico actual y reconocer sin titubeos y fijar sistemáticamente en la mente de los obreros y campesinos conscientes que la forma principal del movimiento social en la Rusia de hoy sigue siendo el movimiento directamente revolucionario de las amplias masas populares que quiebran las viejas leyes, destruyen los órganos de opresión del pueblo, conquistan el poder político y crean un nuevo derecho. La Duma convocada por los Dubásov y los Durnovó, y amparada por estos honorables caballeros, desempeñará un gran papel en el movimiento, pero nunca modificará la forma principal del mismo. La opinión contraria, ahora ya ex puesta y difundida por los kadetes, es un una utopía filistea pequeñoburguesa.

Y en relación con lo engaño al pueblo, antedicho aparece el problema de la democracia burguesa y de su apoyo por el proletariado. También en este aspecto las resoluciones mencheviques son en parte insuficientes y en parte erróneas. Los kadetes se desviven por identificar a su partido con la democracia burguesa en general, por acreditar a su partido como el representante principal de la democracia burguesa. Lo cual es una inmensa patraña. Y toda vaguedad en la definición del concepto de "democracia burguesa" por parte de los socialdemócratas nutre esa patraña. La tarea política concreta del apoyo a la democracia burguesa debemos resolverla sobre la base de una toma en consideración plenamente definida de las corrientes, tendencias y partidos concretos que operan en el seno de la democracia burguesa. Y, en este orden de cosas, la tarea fundamental del momento reside precisamente en separar a la democracia burguesa revolucionaria, es decir, a la que aun no siendo políticamente consciente con toda plenitud, a la que estando todavía inmersa en una serie de prejuicios, etc., es capaz de sostener una lucha resuelta e irreversible contra todos los vestigios de la Rusia de la servidumbre, separar a esa democracia burguesa de la democracia burguesa liberal-monárquica y oportunista, capaz de toda clase de componendas con la reacción y que en cada momento crítico saca a relucir sus aspiraciones contrarrevolucionarias. Es indudable que existen en Rusia sectores extraordinariamente amplios de la democracia revolucionaria: su falta de organización, su apartidismo, su abatimiento a causa de las represiones actuales, sólo pueden confundir a los observadores más desatentos e irreflexivos. Con esta y sólo con esta democracia debemos "marchar por separado, pero golpear juntos" para llevar hasta su fin a la revolución democrática y denunciar del modo más implacable la falta de seguridad que ofrece el Partido Demócrata Constitucionalista, hoy "protagonista".

Al plantearse el objetivo de llevar hasta el fin la revolución democrática, el partido del proletariado socialista no sólo debe saber denunciar siempre las ilusiones constitucionalistas, no sólo separar del conjunto de la democracia burguesa los elementos capaces de combatir, sino también definir con exactitud y claridad las condiciones necesarias para la victoria decisiva de la revolución, exponerlas diáfanamente a las masas, mostrar a éstas y hacer ver en toda nuestra propaganda y agitación en qué debe consistir precisamente esa victoria decisiva de la revolución. Si no lo hacemos (y los camaradas mencheviques no lo han hecho en sus resoluciones), nuestras palabras acerca de "llevar la revolución hasta el fin" no serán más que palabras hueras y gratuitas.

El señor Blank menciona en su artículo a la "socialdemocracia" francesa de 1848- 1849. El honorabilísimo kadete no comprende que está dibujando su propia caricatura. Son justamente los kadetes los que repiten ahora los errores de los "socialdemócratas" franceses, quienes en realidad no eran socialdemócratas, es decir, marxistas. No constituían un partido obrero de clase, sino un verdadero partido pequeñoburgués; estaban saturados hasta la médula de ilusiones constitucionalistas y de fe en los métodos "parlamentarios" de lucha en todas las situaciones, incluso en situaciones revolucionarias.

Justamente por eso, pese a una serie de pasmosos éxitos parlamentarios, muy de tipo "kadete", sufrieron el oprobioso fracaso del que tanto se mofó Marx169.

También nuestro Partido, si aceptara imprudentemente cualquier bloque electoral; si aceptara acuerdos y componendas con los kadetes; si perdiera de vista la tarea de combatir las ilusiones constitucionalistas; si,-buscando un acercamiento con la democracia burguesa, llegara a identificarla con su ala oportunista, es decir, los kadetes; si echara en olvido la necesidad de prepararse a fondo para los medios extraparlamentarios de lucha en una época como ésta que vivimos, también nuestro Partido se vería" amenazado por el gravé peligro de correr la triste suerte que corrió la cuasisocialdemocracia pequeñoburguesa francesa de 1848-1849.

No tenemos razones para envidiar los éxitos de los kadetes. Las ilusiones pequeñoburguesas y la fe en la Duma son aún muy fuertes en el pueblo. Deben ser desarraigadas. Lo serán tanto antes cuanto mas completo sea el triunfo de los kadetes en la Duma. ¡Saludamos los éxitos de los girondinos170 de la gran revolución de Rusia! Tras ellos se alzará una masa popular más amplia, se destacarán sectores más enérgicos y revolucionarios que se cohesionarán en torno del proletariado, llevarán hasta la victoria total a nuestra gran revolución burguesa e inaugurarán la época de la revolución socialista en Occidente.

28 de marzo, de 1906

169 Véase C. Marx. Las luchas de clases en Francia de ¡848 a 1850 (C. Marx y F. Engels. Obras, 2ª edición en ruso, t. 7, págs. 5-110).-357.

170 Girondinos: grupo político de la burguesía durante la revolución burguesa de fines del siglo XVIII en Francia. Los girondinos representaban los intereses de la burguesía moderada, vacilaban entre la revolución y la contrarrevolución y seguían el camino de las componendas con la monarquía.-358.