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1595

La cuestión de la relación de la socialdemocracia o democracia obrera con la democracia burguesa es una cuestión vieja y al mismo tiempo eternamente nueva. Es vieja, porque ha sido planteada desde que surgió la socialdemocracia. Sus fundamentos teóricos fueron esclarecidos ya en las primeras obras de la literatura marxista, en el Manifiesto Comunista [ante todo] y en El Capital. Es eternamente nueva, porque cada paso en el desarrollo de cada país capitalista ofrece una combinación particular, original, de los diversos matices de la democracia burguesa y de las diferentes corrientes en el movimiento socialista. [Los viejos principios se esclarecen y desarrollan, aplicándose a combinaciones políticas eternamente nuevas. Las cuestiones teóricas generales son sustituidas por cuestiones sobre la correcta aplicación de las tesis establecidas por el socialismo científico a la realidad.]
También en Rusia esta vieja cuestión se ha vuelto especialmente nueva en la actualidad. Para esclarecernos más claramente su planteamiento actual, comenzaremos con un pequeño dato histórico. El viejo populismo revolucionario ruso se situaba en un punto de vista utópico, semi-anarquista. Consideraban al campesino comunero como un socialista ya preparado. Tras el liberalismo de la sociedad culta rusa veían claramente las apetencias de la burguesía rusa. La lucha por la libertad política [absolutamente] era negada [por tanto,] como lucha por instituciones ventajosas para la burguesía. Los narodovoltsy dieron un paso adelante, [en la práctica,] al pasar a la lucha política, pero no lograron vincularla con el socialismo. El planteamiento netamente socialista de la cuestión quedó incluso oscurecido cuando la fe declinante en el carácter socialista de nuestra comuna empezó a remozarse con teorías en el espíritu del señor V. V. sobre el carácter no clasista, no burgués de la intelectualidad democrática rusa. Con esto se puso el comienzo a que el populismo, que antes negaba absolutamente el liberalismo burgués, empezara a fusionarse gradualmente con este último, en una sola corriente liberal-populista.* La esencia burgués-democrática del movimiento intelectual ruso, desde el más moderado, culturalista, hasta el más extremo, revolucionario-terrorista, empezó a esclarecerse cada vez más, simultáneamente con la aparición y desarrollo de la ideología proletaria (socialdemocracia) y del movimiento obrero de masas. Pero el crecimiento de este último fue acompañado [como es sabido,] por una escisión entre los escritores marxistas y] entre los [prácticos] socialdemócratas. Se manifestó claramente un ala revolucionaria y un ala oportunista de la socialdemocracia, que expresaban la primera las tendencias proletarias, la segunda las tendencias intelectuales de nuestro movimiento. El marxismo legal pronto resultó en la práctica ser un «reflejo del marxismo en la literatura burguesa» [como llamó Tulín ya en 1894 a las Notas Críticas de Struve)] y a través del oportunismo bernsteiniano llegó directamente al liberalismo. Los economistas en la socialdemocracia, por un lado, se dejaban llevar por una concepción semi-anarquista del movimiento puramente obrero, consideraban la ayuda de los socialistas a la oposición burguesa como una traición al punto de vista de clase, declaraban que la democracia burguesa en Rusia es un fantasma.** Por otro lado, los economistas de otro matiz, dejándose llevar por el mismo movimiento puramente obrero, reprochaban a los socialdemócratas revolucionarios el ignorar aquella lucha social contra el absolutismo que llevan a cabo nuestros liberales, zemstvos, culturalistas. *

La vieja Iskra [a la que por primera vez le correspondió aplicar los principios de la socialdemocracia revolucionaria a la valoración constante de las tareas políticas corrientes en la época del movimiento obrero de masas, se alzó contra todos los matices y direcciones del oportunismo. Ella] mostraba los elementos de la democracia burguesa en Rusia ya entonces, cuando muchos no los veían [debido a la ausencia de Osvobozhdenie y a la falta de claridad de la posición de los socialistas-revolucionarios]. Exigía el apoyo de esta democracia por el proletariado (véase el nº 2 de Iskra sobre el apoyo al movimiento estudiantil, el nº 8 sobre el congreso ilegal de los zemstvos, el nº 16 sobre los liberales mariscales de la nobleza, y el nº 18 sobre la agitación en los zemstvos ** y otros). Señalaba [al mismo tiempo con constancia] constantemente el carácter clasista, burgués del movimiento liberal y radical [su carácter incompleto, indeciso, estrecho, aclarando que solo el proletariado puede ser un luchador consecuente y decidido hasta el final por la democracia. La vieja Iskra [reconocía siempre la necesidad] contraponía siempre al demócrata más consecuente al menos consecuente y, reconociendo la necesidad de su apoyo por el proletariado,] y decía dirigiéndose a los vacilantes osvobozhdenistas: «Ya sería hora de comprender esa verdad nada complicada de que la comunidad real (y no verbal) de lucha contra el enemigo común se asegura no por el politicastro, no por lo que el difunto Stepniak llamó una vez automutilación y autoocultación, no por la mentira condicional del reconocimiento mutuo diplomático, sino por la participación real en la lucha, por la unidad real de la lucha. Cuando entre los socialdemócratas alemanes la lucha contra la reacción militar-policial y feudal-clerical se hacía realmente común con la lucha de algún partido real, apoyado en una clase determinada del pueblo (por ejemplo, la burguesía liberal), entonces la acción conjunta se establecía sin fraseología sobre el reconocimiento mutuo» (nº 26).

Este planteamiento de la cuestión por la vieja Iskra nos lleva directamente a [la cuestión] las disputas actuales sobre la relación de los socialdemócratas con los liberales. Como es sabido, estas disputas comenzaron en el segundo congreso, que aprobó dos resoluciones, correspondientes al punto de vista de la mayoría (resolución de Plejánov) y de la minoría (resolución de Starover). La primera resolución señala exactamente el carácter clasista del liberalismo, como movimiento de la burguesía, y destaca en primer plano la tarea de aclarar al proletariado el carácter antirrevolucionario y antiproletario de la principal corriente liberal (osvobozhdenismo). [Señalando claramente] Reconociendo la necesidad del apoyo del proletariado a la democracia burguesa, esta resolución [no persigue el «acuerdo», ni inventa «condiciones» de acuerdo,] no cae en el reconocimiento mutuo politicastro, sino que en el espíritu de la vieja Iskra reduce la cuestión a la comunidad en la lucha: «en la medida en que la burguesía sea revolucionaria o solo opositora en su lucha contra el zarismo», en esa medida los socialdemócratas «deben apoyarla» [independientemente de condiciones inventadas (pues necesitamos el apoyo para asestar un golpe a nuestro enemigo), independientemente de la medida de inconsecuencia e insuficiencia del democratismo burgués (pues este es siempre inconsecuente, pero lo apoyamos solo en la medida en que lucha contra nuestro enemigo)].

Por el contrario, la resolución de Starover no da un análisis clasista del liberalismo y el democratismo. Está llena de buenas intenciones, [inventando] inventa condiciones de acuerdo lo más altas y buenas posibles, pero, desgraciadamente, ficticias [y] verbales. [El punto de vista del proletariado destaca en primer plano la comunidad real de lucha. El punto de vista del intelectual (aunque sea adherente a la socialdemocracia) destaca en primer plano las condiciones verbales de los acuerdos: los liberales o demócratas deben declarar tal cosa, no plantear tales exigencias, hacer su consigna tal otra. ¡Como si la historia de la democracia burguesa en todas partes y siempre no advirtiera a los obreros contra la fe en declaraciones, exigencias y consignas! ¡Como si la historia no nos mostrara cientos de ejemplos en que los demócratas burgueses actuaban con consignas no solo de libertad completa, sino también de igualdad, con consignas de socialismo, [no solo] sin dejar por ello de ser demócratas burgueses, [sino al contrario] introduciendo con ello aún más «oscurantismo» en la conciencia del proletariado! El ala intelectual de la socialdemocracia quiere luchar contra este oscurantismo presentando condiciones a los demócratas burgueses sobre el no oscurecimiento. El ala proletaria lucha mediante el análisis del contenido clasista del democratismo. El ala intelectual persigue condiciones verbales de acuerdos. El ala proletaria exige la comunidad real de lucha. El ala intelectual inventa una medida de la burguesía buena, bondadosa y merecedora de acuerdo con ella. El ala proletaria no espera ninguna bondad de la burguesía, sino que apoya a cualquier burguesía, aunque sea la peor, en la medida en que de hecho lucha contra el zarismo. El ala intelectual se desvía hacia el punto de vista del mercadeo: si os ponéis del lado de los socialdemócratas, y no de los socialistas-revolucionarios, entonces aceptamos entrar en acuerdo contra el enemigo común, y si no, pues no. El ala proletaria se sitúa en el punto de vista de la conveniencia [de su, del proletariado, campaña militar contra el zarismo]: os apoyamos [no en dependencia de de qué lado os pongáis, socialdemócratas o socialistas-revolucionarios, sino] exclusivamente en dependencia de si podemos asestar más hábilmente aunque sea [el más mínimo] algún golpe a nuestro enemigo.

Todos los defectos [de la resolución de Starover, bienintencionada intelectual y vacía intelectualmente] se pusieron de manifiesto al [primer intento de contacto] primer contacto con la realidad. Tal contacto fue el famoso plan de la redacción de la nueva Iskra, el plan de «movilización de tipo superior», en relación con las consideraciones de principio del nº 77 (editorial: La democracia en la encrucijada) y el nº 78 (folletín de Starover). Del plan ya se habló en el folletín de Lenin, y sobre las consideraciones habrá que detenerse aquí. *

La idea fundamental [o, más exactamente, la falta de idea fundamental] de las mencionadas consideraciones de la nueva Iskra** es la distinción entre los zemstvos y la democracia burguesa. Esta distinción recorre como un hilo rojo ambos artículos, y el lector atento ve que [en lugar del término democracia burguesa y junto a él se usan, como equivalentes, los términos: democracia, intelectualidad radical (¡sic!), democracia naciente, democracia intelectual. Esta distinción [directamente] es elevada por la nueva Iskra, con la modestia que le es propia, a gran descubrimiento, [desconocido para la vieja Iskra,] a concepción original, «que no le fue dado comprender» al pobre Lenin. Esta distinción se vincula directamente con aquel nuevo método de lucha del que tanto hemos oído hablar tanto a Trotski como a la redacción de Iskra directamente [(véase su carta con el plan y el nº 79 sobre las manifestaciones proletarias)], a saber: el liberalismo de los zemstvos, dicen, «sirve a lo sumo para que lo azoten con escorpiones», y la democracia intelectual es apta para acuerdos con nosotros. La democracia debe actuar independientemente como fuerza independiente. «El liberalismo ruso, al que se le ha quitado su parte históricamente necesaria, su nervio motor (¡oigan!, su mitad burgués-democrática, sirve a lo sumo para que lo azoten con escorpiones». En la concepción leninista «del liberalismo ruso no había lugar para aquellos elementos sociales sobre los cuales la socialdemocracia pudiera ejercer alguna vez (!) su influencia como vanguardia de la democracia».

Tal es la nueva teoría. Como todas las nuevas teorías de la actual Iskra, representa una completa confusión. En 1er lugar, es infundada [y ridícula la pretensión de prioridad en el descubrimiento]* de la democracia intelectual. En 2º lugar, es incorrecta la distinción entre el liberalismo de los zemstvos y la democracia burguesa. En 3er lugar, es insostenible la opinión de que la intelectualidad pueda convertirse en una fuerza independiente. En 4º lugar, es injusta la afirmación de que el liberalismo de los zemstvos (sin la mitad «burgués-democrática») sirve solo para el azotamiento [etc. Examinemos todos estos puntos.

[En la «concepción leninista» no hay lugar para nadie excepto los mariscales de la nobleza** y los zemstvos que están por una constitución censitaria. | Lenin supuestamente ignoraba la «consolidación de los círculos liberal-zemstvos y la democracia burguesa»,| el nacimiento de la democracia intelectual y del 3er elemento.

Abramos Zariá nº 2-3. Tomemos esa misma revista interior que se cita en [el mismo] folletín de Starover [y sobre la cual él observa justamente que fue escrita por Lenin. En la pág. 384]. Leemos el título de la tercera sección: «El tercer elemento». Hojemos esta sección y leemos sobre «el aumento del número y la influencia de los médicos, técnicos, etc., empleados en los zemstvos», leemos sobre el «desarrollo económico indómito, que provoca la necesidad de intelectuales, cuyo número crece sin cesar», leemos] sobre la inevitabilidad de los conflictos de estos intelectuales con la burocracia y con los jerarcas de las juntas, sobre el «carácter directamente epidémico de estos conflictos en los últimos tiempos», sobre «la irreconciliabilidad del absolutismo con los intereses de la intelectualidad en general», leemos un llamamiento directo a estos elementos «bajo la bandera» de la socialdemocracia....
¿No es verdad que está bien? La recién descubierta democracia intelectual y la necesidad de su llamamiento bajo la bandera de la socialdemocracia fueron «descubiertas» [por este mismo] pernicioso [Lenin hace tres] años!

[¡Es verdad!] Claro, entonces aún no se había descubierto la distinción] contraposición de los zemstvos y la democracia burguesa. [Y está bien que no se descubriera, pues es un absurdo. Ya sea que toméis las bases clasistas de la democracia burguesa rusa, ya sea que toméis las corrientes ideológicas del pensamiento democrático ruso, veréis igualmente lo absurdo de esta distinción. Los zemstvos y los mariscales de la nobleza son una de las partes de nuestra democracia burguesa, y] Pero esta contraposición [de la nueva Iskra] es tan inteligente como si dijéramos: [la isla de Kiushu] la provincia de Moscú y el territorio del Imperio [Japonés] Ruso. Los zemstvos censitarios y los mariscales de la nobleza son demócratas en la medida en que [se sublevan] actúan contra el absolutismo y el régimen feudal [y sin duda se sublevan contra él]. Su democratismo es limitado, estrecho e inconsecuente, como es limitado, estrecho e inconsecuente en diferentes grados todo y cualquier democratismo burgués. La editorial del nº 77 de Iskra analiza nuestro liberalismo, dividiéndolo en grupos: 1) terratenientes feudales, 2) liberales terratenientes, 3) intelectualidad liberal que está por una constitución censitaria y 4) la extrema izquierda: la intelectualidad democrática. Este análisis es incompleto y confuso, pues las divisiones intelectuales se mezclan con la división de diferentes clases y grupos, cuyos intereses expresa la intelectualidad. Además de los intereses de una amplia capa de terratenientes, el democratismo burgués ruso refleja [ahora] los intereses de la masa de comerciantes e industriales, [especialmente] preferentemente medios y pequeños, así como (lo que es especialmente importante) de la masa de propietarios y pequeños propietarios entre el campesinado. La ignorancia de esta [especialmente] más amplia capa de la democracia burguesa rusa [es una omisión especialmente imperdonable]¹ es el primer vacío en el análisis de Iskra. [Esta capa expresa hoy sus aspiraciones las más de las veces no directamente, sino a través de la intelectualidad democrática (y esto ocurre por razones perfectamente comprensibles), pero cuanto más aguda sea la crisis política rusa, más cercano será el momento en que esta capa hable directamente por sí misma. Veremos entonces en la práctica su división en democracia revolucionaria y democracia reaccionaria, división que podemos predecir ahora sin error sobre la base del análisis científico de sus intereses y de su ideología populista. En todo caso, también a esta extrema izquierda de nuestra democracia burguesa la socialdemocracia solo puede prometerle un apoyo condicional, solo en la medida en que esta democracia luche de hecho contra el absolutismo. La democracia burguesa en Rusia, como en todas partes, se divide en una masa de capas, grupos, clases. Todos estos grupos están unidos por el hecho de que se sitúan en el terreno de la sociedad burguesa, son principalmente propietarios y pequeños propietarios. Todos ellos, en su amplia masa, con excepciones aisladas, son hostiles al absolutismo y a los restos del feudalismo, aunque el grado de esta hostilidad está lejos de ser igual [en dependencia de las diferencias de su posición clasista permanente y de la coyuntura política temporal. Todas estas capas de la democracia burguesa, desde los más moderados liberales de los zemstvos hasta la democracia pequeñoburguesa marcadamente revolucionaria, deben ser apoyadas por el proletariado, pero no incondicionalmente, sino solo en la medida de su oposicionismo y revolucionarismo no de palabra, sino de hecho.

Tomad ahora la intelectualidad democrática rusa. Esta es una capa especialmente móvil y especialmente apta para la expresión generalizada e idealizada de los intereses de la democracia burguesa. El error más grande del análisis de Iskra es la ignorancia de que esta] El segundo vacío es el olvido de que la intelectualidad democrática rusa no casualmente, sino necesariamente se divide, por su posición política, en tres cauces: el osvobozhdenista, el socialista-revolucionario y el socialdemócrata. Todas estas direcciones tienen tras de sí una larga historia y cada una expresa (con la precisión posible en un estado absolutista) [el principio] el punto de vista de los ideólogos moderados y revolucionarios de la democracia burguesa y el punto de vista del proletariado. No hay nada más curioso que [este] el inocente deseo de la nueva Iskra: «la democracia debe actuar como fuerza independiente», ¡y acto seguido la democracia se identifica con la intelectualidad radical! ¡La nueva Iskra ha olvidado que la intelectualidad radical o la democracia intelectual, convertida en «fuerza independiente», es nuestro «partido de los socialistas-revolucionarios»! | Otra «extrema izquierda» de nuestra intelectualidad democrática no podía haber. | [La composición predominantemente intelectual del «partido»; la ausencia de vínculo con una clase determinada; la hostilidad a la teoría consecuente y coherente de la lucha de clases; la preferencia por los medios intelectuales de lucha revolucionaria como el terror; las teorías vagas revolucionario-democráticas y revolucionario-socialistas; la vitalidad de las viejas tradiciones ideológicas de la intelectualidad rusa, es decir, el populismo; la susceptibilidad a cualquier palabra de moda de la intelectualidad radical europea como el revisionismo; todos estos rasgos característicos de nuestros socialistas-revolucionarios hacen de su partido [la expresión adecuada] (la más perfecta, la más «pura») de la «fuerza independiente» de nuestra intelectualidad radical y revolucionaria.] | Pero se sobreentiende que de la fuerza independiente de tal intelectualidad solo se puede hablar en sentido irónico o solo en el sentido bombista de la palabra. | Estar en el terreno de la democracia burguesa y moverse a la izquierda de Osvobozhdenie significa moverse hacia los socialistas-revolucionarios y a ninguna otra parte.

Finalmente, el último nuevo descubrimiento de la nueva Iskra resiste aún menos la crítica, a saber, que el liberalismo sin la mitad burgués-democrática sirve a lo sumo para que lo azoten con escorpiones, que «la idea de la hegemonía es más razonable tirarla por la borda», si no hay a quién dirigirse excepto a los zemstvos. Todo liberalismo [(que siempre es parte de la democracia burguesa)] sirve para que la socialdemocracia lo apoye [...] * exactamente en la medida en que de hecho actúa como luchador contra el absolutismo. Precisamente este apoyo de todos los demócratas inconsecuentes (es decir, burgueses) por el único demócrata consecuente hasta el final, es decir, el proletariado, realiza la idea de la hegemonía. Solo una comprensión pequeñoburguesa, mercantil, de la hegemonía ve su esencia en el acuerdo, en el reconocimiento mutuo, en las condiciones verbales. Desde el punto de vista proletario, la hegemonía [en la guerra pertenece de hecho a quien] en la guerra pertenece a quien lucha con más energía, a quien aprovecha cualquier ocasión [(aunque sea burgués-democrática, aunque sea liberal)] para asestar un golpe al enemigo, [a quien lucha con más energía,] a quien la palabra no se aparta del hecho, a quien es por ello el dirigente ideológico de la democracia, criticando toda inconsecuencia.** Se equivoca profundamente la nueva Iskra al pensar que la inconsecuencia es una propiedad moral, y no político-económica, de la democracia burguesa, al pensar que se puede y se debe encontrar una medida de inconsecuencia hasta la cual el liberalismo merece solo escorpiones, y a partir de la cual merece un acuerdo. Esto significa precisamente determinar de antemano la medida de la bajeza admisible. En efecto, reflexionad sobre las siguientes palabras: poner como condición del acuerdo con los grupos oposicionistas el reconocimiento por ellos del sufragio universal, igual, directo y secreto significa «presentarles un reactivo irresistible de nuestra exigencia, un papel de tornasol del democratismo, y poner en la balanza de su cálculo político todo el valor del concurso proletario» (nº 78). ¡Qué bonito está escrito! y ¡cómo dan ganas de decir al autor de estas [líneas] hermosas palabras, Starover: ¡amigo mío, Arkadi Nikoláievich, no hables bonito! [Hay que pensar un poquito para ver la falsedad de estas hermosas palabras. El mismo] El señor Struve de un plumazo reflejó el reactivo irresistible de Starover, cuando escribió en el programa de la Unión de Liberación el sufragio universal. Y el mismo Struve ya nos ha demostrado más de una vez en la práctica que todos estos programas para los liberales son un simple papel, no de tornasol, sino un papel ordinario, cuyo valor equivale al valor del papel de desecho, porque [que] al demócrata burgués no le cuesta nada escribir hoy una cosa y mañana otra. Incluso muchos intelectuales burgueses que pasan a la socialdemocracia se distinguen por esta propiedad. Toda la historia del liberalismo europeo y ruso muestra cientos de ejemplos de divergencia entre la palabra y el hecho, y precisamente por eso es ingenua la aspiración de Starover a inventar reactivos de papel irresistibles [e influir en el cálculo político de la burguesía con la promesa del concurso proletario, cuando en realidad este concurso no depende del programa, las consignas y las exigencias de la burguesía, sino del grado de su actuación real en la lucha].*

El punto de vista del trato comercial, del acuerdo, lleva inevitablemente a Starover * y a la gran idea de que apoyar a los burgueses que no están de acuerdo con el sufragio universal, en su lucha contra el zarismo, significa «anular la idea del sufragio universal» (nº 78)!

Quizás Starover nos escriba otro hermoso ** folletín, demostrando que, apoyando a los monárquicos en su lucha contra el absolutismo, anulamos la «idea» de la república. La desgracia está en que el pensamiento de Starover gira desamparadamente en el marco de las condiciones, consignas, exigencias, declaraciones y pierde de vista el único criterio real: el grado de participación real en la lucha. De esto, en la práctica, resulta inevitablemente un embellecimiento de la intelectualidad radical, con la que se declara posible el «acuerdo». La intelectualidad, en burla del marxismo, es declarada «nervio motor» (¿y no sirviente charlatán?) del liberalismo. Los radicales franceses e italianos son condecorados con el título de personas ajenas a las exigencias antidemocráticas o antiproletarias, aunque todo el mundo sabe que estos radicales innumerables * veces traicionaron sus programas y oscurecieron la conciencia del proletariado, aunque en el mismo número (nº 78) de Iskra, en la página siguiente (7ª), podéis leer cómo monárquicos y republicanos en Italia resultaron «unidos en la lucha contra el socialismo». La resolución de los intelectuales de Sarátov (de la sociedad sanitaria) sobre la necesidad de la participación de representantes de todo el pueblo en la legislación es declarada «voz real (!!) de la democracia» (nº 77).

El plan práctico de participación de los proletarios en la campaña de los zemstvos va acompañado del consejo de «entrar en algún acuerdo con los representantes del ala izquierda de la burguesía oposicionista» (el famoso acuerdo sobre no producir pánico). A la pregunta de Lenin, dónde habían ido a parar las famosas condiciones de Starover para los acuerdos, la redacción de la nueva Iskra respondió:**

«Estas condiciones deben estar siempre en la memoria de los miembros del Partido, y estos, sabiendo bajo qué condiciones el Partido solo acepta entrar formalmente en acuerdos políticos con un partido democrático, están moralmente obligados también en los acuerdos particulares, de los que se trata en la carta, a distinguir estrictamente entre los representantes seguros de la oposición burguesa — los demócratas reales, y los liberales lameplatos».***

De escalón en escalón. Junto al acuerdo de partido (el único admisible, según la resolución de Starover) aparecieron, [cuando hizo falta,] los acuerdos particulares en ciudades aisladas. Junto a los acuerdos formales aparecieron los morales. El reconocimiento verbal de las «condiciones» y de su obligatoriedad «moral» resultó dar el título de «demócrata seguro» y «real», aunque cualquier niño comprende que decenas y centenares de oradores de los zemstvos harán cualquier declaración verbal, asegurarán incluso con su palabra de honor de radical que son socialistas,* con tal de tranquilizar a los socialdemócratas [sobre su seguridad].
No, el proletariado no irá a este juego de consignas, declaraciones y acuerdos. [El proletariado no medirá el grado de su seguridad por las palabras de los demócratas burgueses, sino exclusivamente por sus hechos.] El proletariado nunca olvidará que [en el pleno sentido de la palabra nunca serán] no pueden ser demócratas seguros los demócratas burgueses. El proletariado apoyará [sin embargo] a la democracia burguesa no sobre la base de tratos con ella sobre no producir pánico, no sobre la base de la fe en su seguridad, sino que la apoyará entonces y en la medida en que y en la medida en que de hecho luche contra el absolutismo. [El proletariado (apoya a la democracia burguesa] va al lado de la democracia burguesa en su lucha, sin olvidar nunca la inseguridad de esta democracia, [la apoya porque es ventajoso, esto] va al lado de ella y más allá de ella porque]. Tal apoyo es necesario en interés del logro de los fines socialrevolucionarios independientes del proletariado.