La resolución de la «Conferencia» está dedicada a la cuestión «de la conquista del poder y la participación en el gobierno provisional»[5]. Ya en esta manera de plantear la cuestión se esconde, como hemos señalado, una confusión. Por un lado, la cuestión se plantea de manera estrecha: sólo sobre nuestra participación en el gobierno provisional, y no en general sobre las tareas del partido en relación con el gobierno revolucionario provisional. Por otro lado, se mezclan dos cuestiones completamente heterogéneas: nuestra participación en una de las etapas de la revolución democrática y la revolución socialista. En efecto, «la conquista del poder» por la socialdemocracia es precisamente la revolución socialista y no puede ser otra cosa, si se emplean estas palabras en su sentido directo y habitual. Y si se las entiende en el sentido de la conquista del poder no para la revolución socialista, sino para la revolución democrática, entonces ¿qué sentido tiene hablar no sólo de la participación en el gobierno revolucionario provisional, sino también de la «conquista del poder» en general? Evidentemente, nuestros «conferencistas» no sabían bien de qué debían hablar en realidad: de la revolución democrática o de la revolución socialista. Quien haya seguido la literatura sobre la cuestión sabe que el comienzo de esta confusión lo puso el camarada Martínov en sus célebres «Dos dictaduras»: los novoiskristas recuerdan de mala gana el planteamiento de la cuestión dado (antes del 9 de enero) en esta obra modelo de seguidismo, pero su influencia ideológica sobre la Conferencia no ofrece dudas.

Pero dejemos a un lado el título de la resolución. Su contenido nos muestra errores incomparablemente más profundos y serios. He aquí su primera parte:

«La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo puede verse marcada bien por la instauración de un gobierno provisional surgido del victorioso levantamiento popular, bien por la iniciativa revolucionaria de una u otra institución representativa que, bajo la presión revolucionaria directa del pueblo, decida organizar una Asamblea Constituyente de toda la nación».

¡Así pues, se nos dice que la victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo puede ser tanto el levantamiento victorioso como… la decisión de una institución representativa de organizar una Asamblea Constituyente! ¿Qué es esto? ¿Cómo es esto? ¡¿La victoria decisiva puede verse marcada por la «decisión» de organizar una Asamblea Constituyente?! ¡Y semejante «victoria» se equipara a la instauración de un gobierno provisional, «surgido del victorioso levantamiento popular»!! La Conferencia no se dio cuenta de que el victorioso levantamiento popular y la instauración de un gobierno provisional significan la victoria de la revolución de hecho, mientras que la «decisión» de organizar una Asamblea Constituyente significa la victoria de la revolución sólo de palabra.

La Conferencia de los mencheviques novoiskristas incurrió en el mismo error en que incurren constantemente los liberales, los osvobozhdentsy. Los osvobozhdentsy frasearizan sobre la asamblea «constituyente», cerrando vergonzosamente los ojos ante la conservación de la fuerza y el poder en manos del zar, olvidando que para «constituir» es necesario tener la fuerza para constituir. La Conferencia también olvidó que desde la «decisión» de cualesquiera representantes hasta la realización de esa decisión aún hay un largo trecho. La Conferencia también olvidó que, mientras el poder permanezca en manos del zar, cualesquiera decisiones de cualesquiera representantes seguirán siendo la misma charla vacía y lastimosa que resultaron ser las «decisiones» del famoso Parlamento de Fráncfort en la historia de la revolución alemana de 1848. El representante del proletariado revolucionario, Marx, en su «Nueva Gaceta Renana»{10}, justamente por eso flagelaba con sarcasmos despiadados a los «osvobozhdentsy» liberales de Fráncfort, porque pronunciaban bellas palabras, adoptaban toda clase de «decisiones» democráticas, «constituían» toda clase de libertades, pero de hecho dejaban el poder en manos del rey, no organizaban la lucha armada contra la fuerza militar que se hallaba a disposición del rey. Y mientras los osvobozhdentsy de Fráncfort charlaban, el rey esperó su momento, fortaleció sus fuerzas militares, y la contrarrevolución, apoyándose en la fuerza real, derrotó por completo a los demócratas con todas sus preciosas «decisiones».

La Conferencia equiparó a la victoria decisiva aquello en lo que precisamente falta la condición decisiva de la victoria. ¿Cómo pudieron los socialdemócratas, que reconocen el programa republicano de nuestro partido, incurrir en este error? Para comprender este extraño fenómeno es necesario remitirse a la resolución del III Congreso sobre la parte escindida del partido[6]. En esta resolución se señala la pervivencia en nuestro partido de distintas corrientes «afines al “economismo”». Nuestros conferencistas (no en vano, seguramente, están bajo la dirección ideológica de Martínov) razonan sobre la revolución exactamente con el mismo espíritu con que los «economistas» razonaban sobre la lucha política o la jornada laboral de 8 horas. Los «economistas» ponían inmediatamente en circulación la «teoría de las etapas»: 1) lucha por los derechos; 2) agitación política; 3) lucha política, o bien 1) jornada laboral de 10 horas; 2) de 9 horas; 3) de 8 horas. Los resultados que se obtenían de esta «táctica-proceso» son de sobra conocidos por todos. Ahora se nos propone también dividir de antemano la revolución, bien bonitamente, en etapas: 1) el zar convoca una institución representativa; 2) esta institución representativa «decide», bajo la presión del «pueblo», organizar una Asamblea Constituyente; 3)… sobre la tercera etapa los mencheviques aún no se han puesto de acuerdo; olvidaron que la presión revolucionaria del pueblo se topa con la presión contrarrevolucionaria del zarismo y que, por consiguiente, o bien la «decisión» queda sin realizarse, o bien la cuestión la dirime, una vez más, la victoria o la derrota del levantamiento popular. La resolución de la Conferencia se asemeja exactamente a un razonamiento de los «economistas»: la victoria decisiva de los obreros puede verse marcada bien por la implantación revolucionaria de la jornada laboral de 8 horas, bien por la concesión de la jornada de diez horas y la «decisión» de pasar a la de nueve… Exactamente lo mismo.

Podrían quizás objetarnos que los autores de la resolución no tenían en mente equiparar la victoria del levantamiento a la «decisión» de una institución representativa convocada por el zar, que sólo pretendían prever la táctica del partido en uno y otro caso. A esto responderemos: 1) El texto de la resolución llama directa e inequívocamente «victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo» a la decisión de una institución representativa. Tal vez sea el resultado de una redacción descuidada, tal vez pudiera corregirse a partir de los protocolos, pero mientras no sea corregida, el sentido de esta redacción no puede ser más que uno, y ese sentido es enteramente propio de los osvobozhdentsy. 2) El «curso de pensamiento osvobozhdentsy», en el que incurrieron los autores de la resolución, se destaca de manera aún incomparablemente más patente en otros trabajos literarios de los novoiskristas. Por ejemplo, en el órgano del Comité de Tiflis «El Socialdemócrata»{11} (en idioma georgiano; elogiado por «Iskra» en su n.º 100), el artículo «La Asamblea de la Tierra y nuestra táctica» llega directamente a afirmar que la «táctica» que «elige como centro de nuestra acción la Asamblea de la Tierra» (¡sobre cuya convocatoria, añadimos nosotros, aún no sabemos nada preciso!) «es más ventajosa para nosotros» que la «táctica» del levantamiento armado y de la instauración de un gobierno revolucionario provisional. Más adelante volveremos a este artículo. 3) No puede haber nada en contra de discutir de antemano la táctica del partido tanto para el caso de la victoria de la revolución como para el caso de su derrota, tanto para el caso del éxito del levantamiento como para aquel en que el levantamiento no pueda convertirse en una fuerza seria. Es posible que el gobierno zarista logre convocar una asamblea representativa con el objetivo de pactar con la burguesía liberal, —la resolución del III Congreso, previéndolo, habla directamente de una «política hipócrita», de un «pseudodemocratismo», de «formas caricaturescas de representación popular como el llamado Zemski Sobor»[7]. Pero el quid de la cuestión es que esto no se dice en la resolución sobre el gobierno revolucionario provisional, porque esto no guarda relación con el gobierno revolucionario provisional. Este caso desplaza el problema del levantamiento y de la instauración del gobierno revolucionario provisional, lo modifica, etc. Pero de lo que se trata ahora no es de que sean posibles toda clase de combinaciones, de que sean posibles tanto la victoria como la derrota, tanto los caminos rectos como los tortuosos, sino de que es inadmisible que un socialdemócrata introduzca confusión en la idea que los obreros se forman del camino auténticamente revolucionario, de que es inadmisible llamar, a la manera de los osvobozhdentsy, victoria decisiva a aquello en lo que falta la condición fundamental de la victoria. Es posible que también la jornada laboral de 8 horas no la consigamos de golpe, sino sólo por un largo camino tortuoso, pero ¿qué diríais de un hombre que llamara victoria obrera a semejante impotencia, a semejante debilidad del proletariado, en la que éste no fuese capaz de impedir las dilaciones, los aplazamientos, el regateo, la traición y la reacción? Es posible que la revolución rusa termine en un «aborto constitucional», como dijo en una ocasión «Vperiod»[8], pero ¿acaso puede ello justificar a un socialdemócrata que, en vísperas de la lucha decisiva, se pusiera a llamar a ese aborto «victoria decisiva sobre el zarismo»? Es posible, en el peor de los casos, que no sólo no conquistemos la república, sino que incluso la constitución sea fantasmal, «shípovskaia»{12}, pero ¿acaso sería excusable que un socialdemócrata hiciese borrosa nuestra consigna republicana?

Por supuesto, hasta hacerla borrosa los novoiskristas aún no han llegado. Pero hasta qué punto se ha alejado de ellos el espíritu revolucionario, hasta qué punto un raciocinio carente de vida les ha ocultado las tareas combativas del momento, se ve con particular claridad en el hecho de que, en su resolución, ¡se hayan olvidado precisamente de hablar de la república! Esto es increíble, pero es un hecho. Todas las consignas de la socialdemocracia son confirmadas, repetidas, explicadas, detalladas en las distintas resoluciones de la Conferencia, no se ha olvidado ni siquiera la elección por los obreros de delegados y diputados en los establecimientos fabriles, —sólo no se encontró ocasión, en la resolución sobre el gobierno revolucionario provisional, de recordar la república. Hablar de la «victoria» del levantamiento popular, de la instauración de un gobierno provisional, y no señalar la relación de estos «pasos» y actos con la conquista de la república, significa escribir una resolución no para guiar la lucha del proletariado, sino para renquear a la cola del movimiento proletario.

En suma: la primera parte de la resolución: 1) no ha esclarecido en absoluto la importancia del gobierno revolucionario provisional desde el punto de vista de la lucha por la república y del aseguramiento de una asamblea auténticamente popular y auténticamente constituyente; 2) ha introducido una confusión directa en la conciencia democrática del proletariado, equiparando a la victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo una situación en la que precisamente aún falta la condición fundamental para la victoria verdadera.