En el número 104 de *Iskra* se publica una nota a propósito de nuestro folletín: «El tercer paso atrás» (*Proletari* nº 6). En él relatábamos con toda tranquilidad que los novoiskristas habían utilizado en nombre del partido la imprenta, el almacén y el dinero, pero prefirieron eludir la entrega de los bienes del partido. Hasta qué estado ha llevado a *Iskra* la irritación por esta declaración, se ve por sus expresiones en el espíritu de la inmortal «inmundicia» bundista. *Iskra* nos obsequia amablemente con la «sucia fregona», los «cobardes calumniadores», etc., etc. Exactamente como Engels caracterizó en su día la polémica de cierta clase de emigrantes: «Cada palabra es un orinal, y además no vacío» (Jedes Wort – ein Nachttopf und kein leerer). No hemos olvidado, por supuesto, el dicho francés: el insulto es el argumento de quien no tiene argumentos. Propondremos también ahora a los lectores imparciales que sopesen con sangre fría el motivo del escándalo. Los novoiskristas no respondieron a la carta del Comité Central, que después del III Congreso les propuso entregar los bienes del partido. Ellos no reconocen el III Congreso, no reconocen el viraje del CC hacia los bolcheviques. Sea. Pero de este no reconocimiento se desprende únicamente que los novoiskristas deberían, desde su punto de vista, entregar no todo, sino una parte determinada de los bienes del partido. Esto es tan claro que la propia *Iskra* dice ahora en su nota sobre la «posibilidad de dividir todos los bienes del partido». Siendo así, queridos adversarios, ¿por qué no responder entonces en consecuencia a la carta del Comité Central? Porque, pese a toda la energía de sus expresiones, sigue siendo indiscutible el hecho de que la mayoría rinde cuentas públicas de todo, publicando los protocolos del III Congreso, mientras que ustedes no rinden cuentas a nadie del uso que hacen de los bienes del partido, no publican protocolo alguno, se limitan a insultar. ¡Piensen en un momento de calma qué impresión debe causar semejante conducta en un público capaz de pensar!

Además. El viraje del CC en favor del congreso no gusta a *Iskra*. Es natural. Pero no es su primer viraje. Hace un año, en agosto de 1904, el CC viró hacia la minoría. Hace un año declaramos en letra impresa y públicamente que no reconocíamos la legalidad de los actos del Comité Central. Cabe preguntarse, ¿cómo actuamos entonces con respecto a los bienes del partido? Entregamos a los mencheviques tanto la imprenta, como el almacén y la caja. *Iskra* puede insultar cuanto quiera, pero este hecho sigue siendo un hecho. Rendimos cuentas y entregamos los bienes a nuestros adversarios, deseando luchar por métodos partidistas y pugnando por un congreso. Nuestros adversarios se escondieron del congreso y no rindieron cuentas a nadie (salvo a sus propios partidarios, y aun a ésos no públicamente, ya que, en primer lugar, no hay protocolos de la «conferencia», y, en segundo lugar, se desconoce tanto su orden del día como los límites de su autoridad, es decir, los límites de obligatoriedad de sus resoluciones para los propios mencheviques).

Nuestra lucha intrapartidaria terminó en escisión; ahora sólo existe la lucha de un partido contra otro que se encuentra en estado de organización-proceso. Y he aquí que ahora, lanzando una mirada de conjunto a la historia de la lucha antes de la escisión, cualquiera – (por supuesto, de aquellos que estudian por documentos la historia de su partido, y no se limitan a habladurías, como hacen muchos llegados de Rusia) – cualquiera puede ver claramente el carácter general de la lucha. La mayoría, acusada de «formalismo», «burocratismo», etc., entregó a sus adversarios todas las prerrogativas formales, todas las instituciones burocráticas: primero la redacción del OC, luego el Consejo del partido, por último, incluso el Comité Central. Lo único que no entregaron ni han entregado fue el congreso. Y resultó que los bolcheviques restablecieron el partido (o crearon su propio partido, como piensan, naturalmente, los novoiskristas), fundando todas sus instituciones partidarias enteramente sobre el acuerdo voluntario de los militantes del partido, – primero el Buró de Comités de la Mayoría, luego *Vperiod*, por último, el III Congreso del partido. Por el contrario, ¡nuestros oponentes se aferran precisamente a las prerrogativas formales y a las instituciones burocráticas que les fueron regaladas por lástima! Miren, en realidad: ¿acaso no les regalaron Lenin y Plejánov la «redacción del OC»? Al llamarse a sí mismo «OC del partido», *Proletari* se apoya en las resoluciones del III Congreso, no reconocidas por los mencheviques, pero reconocidas clara, precisa y definidamente por la mayoría del partido, cuya composición es de todos conocida. En cambio *Iskra*, llamándose «OC del partido», se apoya en las resoluciones del II Congreso, ¡que ahora no reconocen ni los bolcheviques (las hemos sustituido por las resoluciones del III Congreso) ni los mencheviques!! ¡Ahí está justamente el meollo! ¡Si la conferencia de los mencheviques derogó ella misma los estatutos del II Congreso! ¡Si los novoiskristas se agarran ahora a un título derogado por sus propios partidarios!

El propio Plejánov, que nunca pudo coincidir plenamente en principios con los novoiskristas, que les hizo, sin embargo, infinitas concesiones personales, que se desató más que de sobra contra los bolcheviques, y a quien por ello siempre se inclinaron y se inclinan los novoiskristas, – incluso él declaró que la conferencia asestó un golpe mortal a las instituciones centrales, y prefirió sacudirse el polvo de los pies. Y los novoiskristas continúan llamándose «OC» y cubriendo de insultos a quien les señala no sólo lo incorrecto, sino la absoluta inconveniencia de toda su posición partidaria. Los insultos, a propósito de los cuales hemos iniciado toda esta conversación, son precisamente el resultado psicológicamente inevitable de la conciencia turbia de esta inconveniencia. Recordemos que incluso el señor Struve, que en repetidas ocasiones expresó sus simpatías de principio por Starovier, por Akímov, por Martýnov y por las tendencias del novoiskrismo en general, y por su conferencia en particular, tuvo que reconocer en su momento que su posición no es del todo correcta o, mejor dicho, que no lo es en absoluto (véase *Osvobozhdenie* nº 57).

Sabemos perfectamente que amplios círculos de socialdemócratas, sobre todo obreros, están terriblemente descontentos con la escisión (¿quién puede estar contento con ella?) y dispuestos a buscar una salida «en cualquier parte». Comprendemos plenamente y respetamos sin reservas este estado de ánimo. Pero advertimos a todos y a cada uno: no basta con un estado de ánimo. La fórmula «en cualquier parte» no sirve para nada, porque le falta lo principal: la comprensión de los medios para acabar con la escisión. Ninguna palabra amarga, ningún intento de formar algo «tercero», ni bolchevique ni menchevique, ayudará a la causa, sino que la enredará aún más. El ejemplo de una personalidad tan fuerte como Plejánov lo ha demostrado de hecho, en la experiencia de dos años. Dejemos que los socialdemócratas alemanes, que, como K. Kautsky, conocen nuestra escisión en su mayor parte por relatos unilaterales, se limiten a palabras amargas. Aún puede disculpárseles su desconocimiento – aunque no son disculpables, por supuesto, las pretensiones de juzgar sobre lo que no conocen. Los socialdemócratas rusos deben aprender, por fin, a despreciar a las personas que se limitan a palabras amargas, que se debaten de un lado a otro, que frasearon sobre la «paz» y son impotentes para hacer nada real por la paz. El camino real hacia la paz y la unidad del partido no pasa por acuerdos precipitados, que conducen a nuevos conflictos, a un nuevo y peor enredo de la causa, sino por el total esclarecimiento práctico de las tendencias tácticas y organizativas de ambas partes. En este sentido, estamos satisfechos, como no podríamos estarlo más, con la conferencia novoiskrista. Ella ha significado la descomposición definitiva del novoiskrismo. La revolución destruye su colismo táctico. Su «organización-proceso» se convierte en el hazmerreír general. De ellos se desprende, por un lado, Plejánov, «aleccionado», evidentemente, por la conferencia no sólo en cuanto a su sentido organizativo, sino también en cuanto a la falta de principios de los novoiskristas. De ellos se desprende, por otro lado, Akímov, que declara «frase vacía» las promesas o los «principios» de los mencheviques de Petersburgo (*Poslednie Izvestia* nº 235). El III Congreso del partido ha cohesionado más estrechamente a una parte. La conferencia ella misma ha desbaratado la otra parte. Sólo nos queda aconsejar a los «conciliadores»: estudien, camaradas, la historia de la escisión, analicen las causas del fracaso del conciliacionismo plejanoviano, ¡no viertan vino nuevo en odres viejos!

*Proletari* nº 9, 26 (13) de julio de 1905

Se publica según el texto del periódico *Proletari*, cotejado con el manuscrito