En el número 92 de *Iskra* se publicó un artículo «Los zigzags del rumbo firme», que se esfuerza por demostrar que *Vperiod*, en realidad, no mantiene en absoluto de manera firme e invariable los principios y la línea de la vieja *Iskra*{18}, sino que, por el contrario, sigue zigzagueando las huellas de la nueva *Iskra*. En esencia, esta afirmación es tan divertida que no valdría la pena detenerse seriamente en ella. Lo característico aquí no es el contenido de la polémica neoiskrista, pues carece precisamente de contenido, sino sus procedimientos. Vale la pena detenerse en estos procedimientos; su análisis nos muestra que hay polémica y polémica. No se amaba la polémica de la vieja *Iskra*, pero a ningún hombre se le ocurrió jamás declarar que esa polémica carecía de principios. La polémica de la nueva *Iskra* es despreciada, porque tanto la masa de militantes prácticos como los consecuentes *rabochedeieltsi* y los «conciliadores» con Pleyánov a la cabeza ven su carácter falto de principios.

Con qué procedimientos opera tal polémica es lo que nos proponemos mostrar al lector.

Sigamos paso a paso a *Iskra*. — *Vperiod* empuja al partido hacia la escisión — dice ella. Eso no es verdad. Todos los que han estudiado la crisis del partido no por habladurías, sino por documentos, saben que fue precisamente la minoría la que, inmediatamente después del segundo congreso{19}, escindió al partido, pero de forma secreta, creando una organización secreta. Al decir ahora una mentira, *Iskra* hace hipocresía. Por la escisión abierta se puede odiar; por la secreta no se puede sino despreciar. *Vperiod* no quiere la escisión secreta, eso es todo.

A continuación, quieren desenmascararnos en una contradicción sobre la cuestión del autonomismo y el centralismo. Según dicen, Lenin en *¿Qué hacer?* aseguraba que el autonomismo es el principio del oportunismo, y ahora el propio Buró de los Comités de la Mayoría se pronuncia por la mayor autonomía posible de los comités locales. Lenin aseguraba que el burocratismo, en relación al democratismo, es el principio organizativo de la socialdemocracia revolucionaria en contraposición al principio organizativo de los oportunistas, y el BCM habla por sí mismo del burocratismo. Tal es el contenido de la acusación contra nosotros. De nuevo está construida sobre una falsedad directa. Lenin en *¿Qué hacer?* (y antes de *¿Qué hacer?*, en la «Carta a la redacción de *Iskra*») decenas y centenares de veces hizo salvedades, declaró, recordó y subrayó que las frases contra el burocratismo, a favor del autonomismo, etc., son sumamente indefinidas, tienen el más diverso sentido, modificable a voluntad. En esencia del asunto, dijo Lenin centenares de veces, con estas frases se encubre exclusivamente el deseo de cooptación. Estas palabras de Lenin se han confirmado ahora por entero y de la manera más documental. Y si se aceptaba tomar estas palabras por principio —decía Lenin (¡si se aceptaba!)—, entonces veremos lo siguiente. El burocratismo, tomado en general, puede significar papeleo, dilación, exceso de papeles, contestaciones formales. Tal burocratismo no es bueno, decía Lenin, e ilustraba sus palabras con el conocido proyecto de estatutos de Mártov. Para cualquier lector medianamente concienzudo está claro que el BCM habla de tal burocratismo, y la acusación a *Vperiod* de contradicción resulta una puerilidad. El burocratismo puede significar la violación de los derechos legales y, si es permisible decirlo así, «naturales» de toda oposición, la lucha contra la minoría con medios incorrectos. Tal burocratismo es posible, decía Lenin, pero en él no hay nada de principios. Contra él hay que luchar, hay que luchar elaborando garantías constitucionales de los derechos de la minoría. Tales garantías fueron propuestas por primera vez de manera clara, directa y abierta por los duros o, en el lenguaje de ahora, los de *Vperiod*, en la conocida declaración de los 22{20}, que salió en agosto, hace 7 meses, sin que desde entonces provocara la más mínima tentativa de los neoiskristas de definir de manera inequívoca su actitud ante esa declaración.

Pero aparte de estas concepciones del burocratismo, anti-autonomismo, etc., es posible una concepción realmente de principios de ellos, no como irregularidades aisladas, extremos, etc., sino como principios generales de toda la organización. Tal concepción nos la endilgaron los mencheviques, contra nuestra voluntad, contra nuestra resistencia. Lenin, tanto en la «Carta a la red. de *Iskra*» como en *¿Qué hacer?*, advirtió centenares de veces contra tal concepción, que oscurece el curso concreto y real de la crisis y de la escisión. Lenin llamó directamente en la «Carta a la red. de *Iskra*»: ¡abandonad los disparates, señores, que aquí en 9/10 son querellas! Por esto se abalanzaron sobre Lenin, y el OC se puso a demostrar que hay principios. Pues bien, si es así, entonces el principio del autonomismo es realmente un principio oportunista de la organización socialdemócrata, respondió Lenin y responderán siempre los de *Vperiod*. Si es así, entonces vuestros gritos contra el burocratismo son, por principio, completamente homogéneos con los gritos de los jaurésistas en Francia, de los bernsteinianos en Alemania, de los reformistas en Italia. Así están las cosas; para convencerse de ello basta con estudiar la crisis del partido por los documentos, y no por las afirmaciones de los amiguetes. Lenin dijo ya en el II congreso al bundista Liber (véanse los protocolos) que contra el centralismo mezquino defenderá la autonomía de «cualquier» Comité de Tula; Lenin no objetó ni una palabra contra el aseguramiento de esa autonomía en el § 8 de nuestros estatutos del partido. Pero el principio del autonomismo no lo defendió nunca ni Lenin ni el BCM; lo defendieron Akímov, Liber, los neoiskristas. Ante el lector desinformado no es difícil, desde luego, embrollar el asunto, entresacando de distintos lugares palabritas dichas en condiciones completamente distintas, que tienen un sentido completamente distinto, — pero a los periódicos que polemitizan mediante tales entresacaduras se les trata como a *Nóvoye Vremia*{21}.

Tomen el folleto de *Rabochi*. ¿Cuál es la esencia del asunto, que *Iskra* embrolla? Que personas sin principios se expusieron con sus gritos sobre el principio del autonomismo, etc., pues la única respuesta posible era la exigencia del principio electivo. Entonces las personas expuestas batieron en retirada. Los de *Vperiod* decían y dicen: no es decoroso alardear con frases y «principios» de autonomismo, democratismo, y si se necesitan cambios serios, prácticos, de los estatutos en el espíritu del democratismo posible en las condiciones rusas, entonces discutámoslos directa y abiertamente. *Vperiod* lanzó un reto a *Rabochi*: indique usted al menos un lugar en la literatura socialdemócrata donde se hable con tanta claridad de la necesidad de admitir a los obreros en los comités del partido como en Lenin. *Rabochi*, desconcertado por los neoiskristas, respondió por escrito que aceptaba el reto; pero resultó que no entiende lo que significa aceptar el reto, porque no mostró ningún otro lugar en ninguna parte, sino que sólo amenazó con «encargarse» de Lenin o «ajustar cuentas» con él. Es natural que *Vperiod* no respondiera a estas terribles amenazas.

Tomen a continuación la cuestión del centro único. Según dicen, Lenin en *¿Qué hacer?* decía que los oportunistas estaban por un centro único, y ahora el BCM está por un centro único. Otra vez la misma burda tergiversación, calculada para el lector desinformado o desatento. Quien quiera leer *¿Qué hacer?* verá (en la pág. 28, cuidadosamente esquivada por el folletinista de *Iskra*) que Lenin, mucho antes del primer artículo bolchevique contra los dos centros (artículo de Riadovói en *Nuestras incomprensiones*), escribió que la idea de los dos centros «tenía en cuenta las necesidades temporales (¡escuchen!) y especiales precisamente del movimiento obrero socialdemócrata ruso en la situación de esclavitud política, bajo la condición de la creación de una base operativa inicial del empuje revolucionario en el extranjero». «La primera idea —se dice en *¿Qué hacer?* acto seguido sobre la idea del centralismo en general—, como la única (¡escuchen!) idea de principio, debía (según el plan de la vieja *Iskra*) impregnar todo el estatuto; la segunda, como privada, engendrada por las circunstancias temporales del lugar y del modo de acción, se expresaba en una aparente desviación del centralismo, en la creación de dos centros» (pág. 28). ¡Dejamos ahora al lector que juzgue sobre los procedimientos de la polémica de nuestro *Nóvoye Vremia* partidista! *Iskra* intenta simplemente engañar al lector, ocultándole 1) que Lenin señaló desde hace tiempo el significado temporal, privado, de la idea de los dos centros; 2) que por eso Lenin nunca explicó la defensa de un centro único por los oportunistas mediante principios generales, sino exclusivamente por las «circunstancias temporales del lugar y del modo de acción», aquellas circunstancias cuando de hecho el ala oportunista del partido estaba y debía estar por un centro único. Que la vieja *Iskra* era un baluarte de la lucha contra el oportunismo es un hecho. Que en el congreso fue precisamente el ala oportunista la que constituyó la minoría es también un hecho. ¿Qué tiene de asombroso entonces que ahora, cuando la nueva *Iskra* resultó ser oportunista, cuando Rusia ha mostrado más firmeza de principios y entereza partidista que el extranjero, que ahora hayan cambiado las «circunstancias temporales»? Ahora no nos sorprendería en absoluto que los *rabochedeieltsi*, Martínov, el «pantano» y los neoiskristas se hubieran puesto (digamos, por ejemplo, en el tercer congreso) por dos centros, y todos los bolcheviques (o casi todos) por un centro único. Eso no sería sino una modificación, en consonancia con las «circunstancias temporales», de los métodos de lucha por los mismos principios de la socialdemocracia revolucionaria, los principios de la vieja *Iskra*, por los cuales Lenin y los bolcheviques lucharon y luchan de modo consecuente. Sólo personas del tipo de *Nóvoye Vremia* pueden ver «milagros» en semejante viraje. (Hemos dicho que casi todos los bolcheviques pueden estar por un centro único. Cómo será esto en el III congreso, lo veremos aún. Entre nosotros hay diversas opiniones sobre el significado de las «circunstancias temporales del lugar y del modo de acción», y todas estas opiniones las confrontaremos y «sumaremos» en el congreso.)

Parece que los procedimientos de la polémica de la nueva *Iskra* quedan suficientemente aclarados por lo anterior, y podemos ser ahora más breves. *Iskra* dice que el BCM violó la disciplina del partido al convocar un congreso contra los estatutos, al margen del Consejo{22}. Eso no es verdad, pues el Consejo violó mucho antes los estatutos, escabulléndose del congreso. Hace mucho que lo expusimos abiertamente en la prensa (Orlovski){23}. Después de que los mencheviques desgarraron el partido con una escisión secreta y con engaños se escabulleron del congreso, ninguna otra salida práctica de la situación absurda nos quedaba a nosotros que el congreso, contra la voluntad de los centros. *Iskra* dice que el editorial del núm. 9 de *Vperiod* — «Nuevas tareas y nuevas fuerzas»—, al insistir en la necesidad de ampliar muy considerablemente el número de las más diversas organizaciones del partido, contradice la idea del parágrafo primero leninista de los estatutos, pues Lenin, defendiendo su idea en el congreso, habló de la necesidad de restringir el concepto de partido. Esta objeción de *Iskra* puede recomendarse como tarea lógica de gimnasio para enseñar a la juventud a orientarse en la polémica. Los bolcheviques decían y dicen que hay que restringir el partido a la suma, o complejo, de las organizaciones del partido y luego aumentar el número de estas organizaciones (véanse los protocolos del congreso y *¿Qué hacer?*, pág. 40 y siguientes, especialmente 40-41 y 46). ¡La nueva *Iskra* confunde la ampliación de los marcos del partido con la ampliación del concepto de partido, la ampliación del número de organizaciones del partido con la ampliación del partido más allá de los límites de las organizaciones del partido! Para aclarar este galimatías, pongamos un ejemplito no demasiado intrincado: admitamos, para simplificar, que todo el ejército se compone exclusivamente de personas de un solo tipo de arma; la composición del ejército debe restringirse a la suma de las personas que realmente, tras comprobación, saben disparar, sin permitir que se salgan del paso con frases y afirmaciones sobre su aptitud militar; a continuación, hay que esforzarse por todos los medios en ampliar el número de personas capaces de superar la comprobación en el arte de disparar. ¿No empiezan a comprender un poquitito ahora de qué se trata, señores neoiskristas?

*Iskra* escribe, desenmascarando a *Vperiod*: «Antes se exigían sólo socialdemócratas firmes, que debían ser reconocidos como tales; ahora se admite en el sanctasanctórum a todos los elementos, salvo a los conscientemente no socialdemócratas». Tomen el núm. 9 de *Vperiod* y lean: «Que todos los... círculos, salvo los conscientemente no socialdemócratas, o bien entren directamente en el partido, o bien se adhieran al partido (subrayado del autor). En este último caso no se puede exigir ni la aceptación de nuestro programa, ni relaciones organizativas obligatorias con nosotros...». ¿Acaso no está claro que *Iskra* comete una tergiversación directa, confundiendo lo que «antes se exigía» para la inclusión en el partido, con lo que «ahora se admite» para un grupo que se adhiere al partido? Los bolcheviques tanto antes como ahora en *Vperiod* dicen que la auto-inclusión en el partido es anarquismo intelectual, que los miembros del partido deben reconocer no de palabra solamente las «relaciones organizativas obligatorias». No entender esto sólo puede quien se propone crear confusión. La consigna de *Vperiod* era: para las nuevas tareas organicen nuevas fuerzas en organizaciones del partido o, al menos, en organizaciones adheridas al partido. La consigna de *Iskra* es: «puertas más anchas». Unos dicen: incorporen a los nuevos tiradores a sus regimientos, organicen el aprendizaje del tiro en destacamentos auxiliares. Otros dicen: ¡puertas más anchas!, ¡que se aliste cada cual en el ejército como quiera!

Sobre la cuestión de la organización de la revolución y la organización del armamento, *Iskra* quiere convencer ahora de que no tiene divergencias con *Vperiod*. Preguntemos ante todo: ¿y qué hay de Parvus? Si el malvado *Vperiod* inventó divergencias, entonces ¿por qué no se explican con toda claridad con el neoiskrista Parvus, a quien no se puede sospechar de quisquilloso con *Iskra*? ¡Pues ustedes mismos debieron ser los primeros en reconocer su desacuerdo con Parvus! ¿A qué este juego al escondite? En esencia del asunto, la nueva *Iskra* objeta aquí a *Vperiod* exactamente igual que *Rabócheie Dielo* objetaba a la vieja *Iskra*. No se puede sino recomendar a los camaradas que se interesan por la historia de su partido que relean *Rab. Dielo*, sobre todo el núm. 10. A *Rab. Dielo* se le mostraba que rebaja las tareas de la lucha política. Objetaba: y *Iskra* valora insuficientemente la lucha económica. A la nueva *Iskra* se le muestra que rebaja las tareas de organizar la revolución, de llevar a cabo la insurrección, de armar a los obreros, las tareas de la participación de la socialdemocracia en el gobierno revolucionario provisional. La nueva *Iskra* objeta: y *Vperiod* valora insuficientemente la espontaneidad de la revolución y de la insurrección, el predominio de la política sobre la «técnica» (el armamento). Una misma posición seguidista conduce a argumentos homogéneos. Su incapacidad para ofrecer una consigna orientadora en la cuestión de las nuevas tareas la encubren con razonamientos sobre la importancia doblemente grande de las viejas tareas. Se entresacan palabritas sueltas para mostrar cómo aprecia el oponente mismo la importancia de las viejas tareas, la importancia del abecé de la socialdemocracia. Por supuesto, camaradas neoiskristas, valoramos mucho el abecé de la socialdemocracia, pero no queremos quedarnos eternamente en el abecé. Eso es todo. Ni Parvus, ni el BCM, ni *Vperiod* habrían pensado nunca en discutir contra ese abecé de que los obreros pueden por sí mismos, se armarán y deberán armarse, al margen de las organizaciones y del partido. Pero si *Iskra* enarbola, como consigna, su famoso «autoarmamento», entonces, naturalmente, todos sonríen viendo tal adulación hacia la espontaneidad. Si *Iskra*, corrigiendo a Parvus, descubre una nueva tarea, digna de las más profundas obras de Krichevski y Akímov, la de «armar a los obreros con la imperiosa necesidad del autoarmamento», entonces es natural que no encuentre sino burla. Si *Iskra*, en un momento en que a las viejas tareas de la socialdemocracia se han sumado las nuevas tareas del armamento de las masas, de la lucha callejera, etc., se apresura a rebajar estas tareas (cuya realización apenas acaba de empezar) con desdeñosos filosofemas sobre la «técnica» y su papel secundario, — si, en lugar de complementar las viejas, usuales y permanentes tareas políticas del partido con las nuevas tareas «técnicas», *Iskra* enarbola disquisiciones sobre la separación de unas y otras, entonces, naturalmente, todos refieren estas disquisiciones a nuevas variantes del seguidismo.

Para terminar, como curiosidad, señalemos la tentativa de *Iskra* de sacudirse la buena reputación de la famosa teoría sobre la no producción del pánico. *Iskra* misma llama ya ahora a esta cuestión «famosa», tratando de demostrar que también el BCM predica la «no producción del pánico» cuando en su hoja sobre la insurrección recomienda ser cauto (sin extrema necesidad) en la destrucción de la propiedad de los pequeños burgueses, para no asustarlos inútilmente{24}. *Iskra* se regocija: ¡también ustedes no quieren asustar!

¿No es verdad, acaso no es esto una preciosidad? ¡El acuerdo con los zemstvos sobre la no producción del pánico en el manifestar pacífico se compara con la advertencia contra la destrucción de la propiedad no provocada por la necesidad durante la insurrección! Y, por añadidura: por un lado, las «demostraciones de tipo superior», por otro, la despreciable, baja «técnica» de la lucha armada callejera... Una preguntita, amigos: ¿a qué se debe que todo socialdemócrata esté y estará de acuerdo con el consejo de no asustar a los pequeños burgueses sin necesidad durante la insurrección? ¿y a qué se debe, por el contrario, que su plan de la campaña de los zemstvos se haya vuelto, según su propia confesión, «famoso» entre los socialdemócratas? ¿a qué se debe que contra él protestaran de sus propias filas tanto Parvus como muchos otros? ¿a qué se debe que ustedes mismos hasta ahora tengan vergüenza de publicar ese plan famoso? ¿No será porque sus consejos en su famosa carta eran tan inoportunos y ridículos como los consejos del Buró son indiscutibles y universalmente reconocidos por la socialdemocracia?

Escrito en marzo, antes del 30 (12 de abril) de 1905.

Publicado el 20 (7) de abril de 1905 en el periódico *Vperiod* núm. 15.

Se publica según el texto del periódico, cotejado con el manuscrito.