... [Si la organización sindical es el cuerpo del movimiento obrero, la socialdemocracia es su alma, la única capaz de dar a este cuerpo una conciencia de clase clara y veraz]. Cuando [esta alma] la amplia conciencia política de clase y los grandes ideales [vuelan] se alejan [del cuerpo] del movimiento obrero, [su] lugar de la socialdemocracia se apresuran a ocuparlo los malos espíritus del movimiento obrero: los curas y los zubatovistas, los fabricantes ilustrados y los «socialistas» pequeñoburgueses.

Sin embargo, sería un gran error deducir de aquí que las organizaciones sindicales, por padecer una tendencia a lo «burgués», deben ser rechazadas y sustituidas por organizaciones políticas. Tales opiniones se oyen [a menudo] a veces en nuestro medio, en el medio de los socialdemócratas rusos...

· · ·
· · ·

Ante todo, no hay que olvidar que en la sociedad contemporánea las amplias masas del proletariado no pueden dejar de librar una lucha sindical por la simple razón de que, abandonado sin resistencia, el capitalismo lleva al obrero a un completo embrutecimiento, envilecimiento y degeneración. [Antes de que] Para participar activa y conscientemente en la lucha por el socialismo, es necesario tener asegurado al menos un mínimo de existencia humana...

Pero esta «organización en clase» no es algo arbitrario, desligado de la vida; no, la socialdemocracia aquí, como en toda su actividad, solo puede [adaptarse al proceso histórico espontáneo] dirigir el proceso histórico espontáneo, iluminando y acortando así el camino al proletariado.