Pasemos ahora a otra confirmación evidente de la importancia política del novoiskrismo.

En un notable, excelente y sumamente instructivo artículo titulado "Cómo encontrarse a sí mismo" (n.º 71 de "Osvobozhdenie"), el señor Struve hace la guerra al "revolucionarismo programático" de nuestros partidos extremos. Conmigo personalmente, el señor Struve está particularmente descontento[32]. En lo que a mí respecta, estoy más que satisfecho con el señor Struve: no podría desear mejor aliado en la lucha contra el "economismo" renaciente de los novoiskristas y contra la total falta de principios de los "socialistas revolucionarios". De cómo el señor Struve y "Osvobozhdenie" han demostrado en la práctica todo el carácter reaccionario de las "enmiendas" al marxismo introducidas en el proyecto de programa de los socialistas revolucionarios, hablaremos en otra ocasión. De cómo el señor Struve, cada vez que aprobaba por principio a los novoiskristas, me prestaba un servicio fiel, honrado y verdadero, ya hemos hablado más de una vez[33] y volveremos a hacerlo ahora.

En el artículo del señor Struve hay toda una serie de manifestaciones interesantísimas que aquí podemos señalar solo de pasada. Él se propone "crear una democracia rusa apoyándose no en la lucha, sino en la colaboración de clases", para lo cual la "intelectualidad socialmente privilegiada" (especie de "nobleza culta" ante la cual el señor Struve hace reverencias con la gracia de un verdadero lacayo mundano) aportará "el peso de su posición social" (el peso del talego de dinero) a ese partido "no clasista". El señor Struve manifiesta el deseo de hacer ver a la juventud la inanidad del "estereotipo radical de que la burguesía se ha asustado y ha vendido al proletariado y la causa de la libertad" (saludamos de todo corazón este deseo. Nada confirmará mejor ese "estereotipo" marxista que la guerra que le hace el señor Struve. ¡Por favor, señor Struve, no deje en el tintero su magnífico plan!).

Para nuestro tema es importante señalar contra qué consignas prácticas combate en la actualidad este representante de la burguesía rusa, tan sensible políticamente y tan atento al menor cambio de tiempo. En primer lugar, contra la consigna del republicanismo. El señor Struve está firmemente convencido de que esta consigna "es incomprensible y ajena a la masa popular" (¡olvida añadir: comprensible, pero desventajosa para la burguesía!). ¡Cuánto desearíamos ver qué respuesta recibiría el señor Struve de los obreros en nuestros círculos y en nuestras reuniones de masas! ¿Acaso los obreros no son pueblo? ¿Y los campesinos? Según el señor Struve, entre ellos existe un "republicanismo ingenuo" ("echar al zar"), ¡pero la burguesía liberal cree que el republicanismo ingenuo será sustituido no por un republicanismo consciente, sino por un monarquismo consciente! *Ça depend*, señor Struve, eso depende aún de las circunstancias. El zarismo y la burguesía no pueden dejar de oponerse a una mejora radical de la situación de los campesinos a costa de las tierras de los terratenientes, y la clase obrera no puede dejar de ayudar en esto al campesinado.

En segundo lugar, el señor Struve afirma que "en la guerra civil, el que ataca siempre resulta no tener razón". Esta idea se aproxima enormemente a las tendencias del novoiskrismo que hemos mostrado más arriba. Por supuesto, no diremos que en la guerra civil siempre sea ventajoso atacar; no, a veces la táctica defensiva es temporalmente obligatoria. Pero plantear una tesis como la que da el señor Struve, aplicándola a la Rusia de 1905, significa precisamente mostrar un pedacito del "estereotipo radical" ("la burguesía se asusta y vende la causa de la libertad"). Quien no quiera ahora atacar a la autocracia, a la reacción, quien no se prepare para este ataque, quien no lo predique, en vano toma el nombre de partidario de la revolución.

El señor Struve condena las consignas de "conspiración" y "motín" (que es una "insurrección en miniatura"). ¡El señor Struve desprecia tanto lo uno como lo otro desde el punto de vista del "acceso a las masas"! Nosotros preguntaríamos al señor Struve: ¿podría él señalar la prédica del motín en una obra como, por ejemplo, "¿Qué hacer?"[34], de un revolucionario a su juicio desmesurado? Y en cuanto a la "conspiración", ¿es tan grande la diferencia, por ejemplo, entre nosotros y el señor Struve? ¿Acaso no trabajamos ambos en un periódico "ilegal" que se introduce en Rusia "conspirativamente" y sirve a los grupos "secretos" de la "Unión de Liberación" o del POSDR? Nuestras reuniones obreras de masas a menudo son "conspirativas", tenemos ese pecado. ¿Y las reuniones de los señores osvobozhdentsy? ¿Tiene usted algo de qué enorgullecerse, señor Struve, ante los despreciables partidarios de la despreciable conspiración?

Es cierto que se requiere una conspiración redoblada para llevar armas a los obreros. Aquí el señor Struve se muestra ya más directo. Escuchemos: "En lo tocante a la insurrección armada o a la revolución en el sentido técnico[35], solo la propaganda masiva del programa democrático puede crear las condiciones social-psíquicas de la insurrección armada general. Por consiguiente, incluso desde el punto de vista —que yo no comparto— que considera la insurrección armada como la culminación inevitable de la actual lucha por la liberación, la impregnación de las masas con las ideas de la transformación democrática es la tarea más fundamental, la más necesaria".

El señor Struve trata de eludir la cuestión. Habla de la inevitabilidad de la insurrección en vez de hablar de su necesidad para la victoria de la revolución. Una insurrección no preparada, espontánea, dispersa, ya ha comenzado. Nadie puede garantizar de manera absoluta que llegará a ser una insurrección armada popular íntegra y completa, pues ello depende tanto del estado de las fuerzas revolucionarias (que solo se miden plenamente en la lucha misma) como de la conducta del gobierno y de la burguesía, y de una serie de otras circunstancias que es imposible calcular con precisión. De la inevitabilidad, en el sentido de esa absoluta seguridad en un acontecimiento concreto al que tuerce su discurso el señor Struve, no hay por qué hablar. Si se quiere ser partidario de la revolución, hay que hablar de si la insurrección es necesaria para la victoria de la revolución, de si es necesario plantearla activamente, predicarla, prepararla de inmediato y con energía. El señor Struve no puede dejar de comprender esta diferencia: él no oculta, por ejemplo, la cuestión indiscutible para un demócrata de la necesidad del sufragio universal tras la cuestión discutible e intrascendente para un político de la inevitabilidad de su obtención en el transcurso de una revolución dada. Al eludir la cuestión de la necesidad de la insurrección, el señor Struve expresa con ello el trasfondo más profundo de la posición política de la burguesía liberal. La burguesía, en primer lugar, prefiere pactar con la autocracia antes que aplastarla; en cualquier caso, la burguesía echa sobre los obreros la lucha con las armas en la mano (esto, en segundo lugar). Este es el verdadero significado de la actitud evasiva del señor Struve. He aquí por qué retrocede de la cuestión de la necesidad de la insurrección a la de sus condiciones "social-psíquicas", a la "propaganda" previa. Exactamente igual que los charlatanes burgueses del Parlamento de Fráncfort en 1848, que se dedicaban a redactar resoluciones, declaraciones, acuerdos, a hacer "propaganda de masas" y a preparar las "condiciones social-psíquicas" en un momento en que se trataba de oponer resistencia a la fuerza armada del gobierno, en que el movimiento "había llevado a la necesidad" de la lucha armada, en que la sola acción verbal (cien veces necesaria en el período preparatorio) se convirtió en una trivial inactividad y cobardía burguesas, exactamente igual, el señor Struve se escabulle de la cuestión de la insurrección, cubriéndose con frases. El señor Struve nos muestra de manera patente lo que muchos socialdemócratas se obstinan en no ver, a saber: el momento revolucionario se distingue de los momentos históricos comunes, rutinarios, preparatorios, en que el estado de ánimo, la excitación, la convicción de las masas deben manifestarse y se manifiestan en la acción.

El revolucionarismo vulgar no comprende que la palabra también es un hecho; esta tesis es indiscutible para aplicarla a la historia en general o a aquellas épocas históricas en las que no hay una acción política abierta de las masas, que ningún *putsch* puede sustituir ni provocar artificialmente. El colismo de los revolucionarios no comprende que, cuando ha comenzado el momento revolucionario, cuando la vieja "superestructura" ha crujido por todas sus costuras, cuando la acción política abierta de las clases y de las masas que se crean una nueva superestructura se ha convertido en un hecho, cuando la guerra civil ha empezado, entonces limitarse a la vieja usanza a la "palabra", sin dar la consigna directa de pasar al "hecho", entonces desentenderse del hecho escudándose en las "condiciones psíquicas" y en la "propaganda" en general, es carencia de vida, muertedumbre, raciocinio, o bien traición a la revolución y alta traición a ella. Los charlatanes de Fráncfort de la burguesía democrática son un inolvidable ejemplo histórico de tal traición o de tal estupidez racionante.

¿Queréis una explicación de esta diferencia entre el revolucionarismo vulgar y el colismo de los revolucionarios a través de la historia del movimiento socialdemócrata en Rusia? Os daremos esa explicación. Recordad los años 1901-1902, que pasaron hace tan poco y que ya nos parecen ahora una leyenda lejana. Comenzaron las manifestaciones. El revolucionarismo vulgar lanzó gritos de "asalto" ("Rabócheie Dielo"{25}), se publicaron "hojas sangrientas" (de origen berlinés, si no me falla la memoria), se atacó el "literaturismo" y el carácter de gabinete de la idea de la agitación por medio de un periódico para toda Rusia (Nadézhdin){26}. El colismo de los revolucionarios predicaba entonces, por el contrario, que "la lucha económica es el mejor medio para la agitación política". ¿Cómo se mantuvo la socialdemocracia revolucionaria? Ella atacó a ambas corrientes. Condenaba los fogonazos y los gritos de asalto, pues todos veían claramente o debían ver que la acción abierta de masas era cosa del día siguiente. Condenaba el colismo y planteaba directamente la consigna de la insurrección armada incluso de todo el pueblo, no en el sentido de un llamamiento directo (un llamamiento al "motín" no lo habría encontrado el señor Struve entre nosotros en aquellos tiempos), sino en el sentido de una conclusión necesaria, en el sentido de "propaganda" (de la que el señor Struve se ha acordado solo ahora —siempre va con varios años de retraso, nuestro honorable señor Struve), en el sentido de la preparación precisamente de esas "condiciones social-psíquicas" de las que ahora peroran "con tristeza y fuera de lugar" los representantes de la burguesía desconcertada y regateadora. Entonces, la propaganda y la agitación, la agitación y la propaganda, eran efectivamente colocadas en primer plano por la situación objetiva. Entonces, la piedra de toque del trabajo de preparación de la insurrección podía ser (y lo fue en "¿Qué hacer?") el trabajo en un periódico político para toda Rusia, cuya publicación semanal parecía un ideal. Entonces, las consignas: agitación de masas en lugar de acciones armadas directas; preparación de las condiciones social-psíquicas de la insurrección en lugar de los fogonazos, eran las únicas consignas correctas de la socialdemocracia revolucionaria. Ahora, estas consignas han sido superadas por los acontecimientos, el movimiento ha ido hacia adelante, se han convertido en trastos viejos, en harapos, que solo sirven para encubrir la hipocresía de los osvobozhdentsy y el colismo de los novoiskristas.

¿O acaso me equivoco? ¿Acaso la revolución aún no ha comenzado? ¿No ha llegado aún el momento de la acción política abierta de las clases? ¿No hay todavía guerra civil, y la crítica de las armas no debe ser ya la sucesora necesaria y obligatoria, la heredera, la testamentaria, la rematadora del arma de la crítica?

Mirad a vuestro alrededor, asomaos del gabinete a la calle para responder a estas preguntas. ¿Acaso el propio gobierno no ha comenzado ya la guerra civil, fusilando en masa por doquier a ciudadanos pacíficos e inermes? ¿Acaso no actúan las Centurias Negras armadas como "argumento" de la autocracia? ¿Acaso la burguesía —incluso la burguesía— no ha comprendido la necesidad de una milicia civil? ¿Acaso el mismo señor Struve, el ideal señor Struve moderado y meticuloso, no dice (¡ay, solo lo dice para zafarse!) que "el carácter abierto de las acciones revolucionarias" (¡he aquí cómo hablamos ahora!) "es en el momento actual una de las condiciones más importantes del influjo educativo sobre las masas populares"?

Quien tenga ojos para ver no puede dudar de cómo debe ser planteada ahora, por los partidarios de la revolución, la cuestión de la insurrección armada. Observad, pues, los tres planteamientos de esta cuestión dados en órganos de la prensa libre con alguna capacidad de influir en las masas.

Primer planteamiento. Resolución del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia[36]. Se reconoce y se declara a los cuatro vientos que el movimiento revolucionario democrático general ya ha llevado a la necesidad de la insurrección armada. La organización del proletariado para la insurrección ha sido puesta a la orden del día como una de las tareas esenciales, principales y necesarias del partido. Se ha encargado tomar las medidas más enérgicas para armar al proletariado y asegurar la posibilidad de la dirección directa de la insurrección.

Segundo planteamiento. Artículo de principio en "Osvobozhdenie" del "jefe de los constitucionalistas rusos" (como ha llamado recientemente al señor Struve un órgano tan influyente de la burguesía europea como la "Gaceta de Fráncfort"{27}), o sea, del jefe de la burguesía progresista rusa. Él no comparte la opinión sobre la inevitabilidad de la insurrección. La conspiración y el motín son procedimientos específicos del revolucionarismo insensato. El republicanismo es un método de aturdimiento. La insurrección armada es, en rigor, una cuestión solo técnica, mientras que "la tarea más fundamental, la más necesaria" es la propaganda de masas y la preparación de las condiciones social-psíquicas.

Tercer planteamiento. Resolución de la conferencia novoiskrista. Nuestra tarea es preparar la insurrección. Se excluye la posibilidad de una insurrección planeada. Las condiciones favorables para la insurrección son creadas por la desorganización gubernamental, por nuestra agitación, por nuestra organización. Solo entonces "los preparativos técnico-combativos pueden adquirir una importancia más o menos seria".

¿Y nada más? Nada más. Si la insurrección se ha hecho necesaria, eso los dirigentes novoiskristas del proletariado aún no lo saben. Si es una tarea impostergable la de organizar al proletariado para la lucha directa, para ellos aún no está claro. No hay que llamar a tomar las medidas más enérgicas; es mucho más importante (en 1905, no en 1902) explicar a grandes rasgos en qué condiciones estas medidas "pueden" adquirir una importancia "más o menos seria"...

¿Veis ahora, compañeros novoiskristas, adónde os ha llevado vuestro viraje hacia el martynovismo? ¿Comprendéis que vuestra filosofía política ha resultado ser una repetición de la filosofía osvobozhdentsy?; ¿que os habéis colocado (contra vuestra voluntad y al margen de vuestra conciencia) a la cola de la burguesía monárquica? ¿Os queda claro ahora que, repitiendo lo viejo y perfeccionándoos en el raciocinio, habéis pasado por alto la circunstancia de que —por decirlo con las inolvidables palabras del inolvidable artículo de Piotr Struve— "el carácter abierto de las acciones revolucionarias es en el momento actual una de las condiciones más importantes del influjo educativo sobre las masas populares"?