En el presente número de «Proletari» se publica una de las numerosas cartas que ponen de manifiesto la enorme confusión ideológica entre los socialdemócratas. Merecen especial atención las disquisiciones acerca de las «vías alemanas» (es decir, la repetición en nuestro país del camino de desarrollo de Alemania después de 1848). Para analizar las fuentes de las concepciones erróneas sobre esta importantísima cuestión, sin cuyo esclarecimiento es imposible una táctica correcta del partido obrero, tomemos a los mencheviques y «Golos Sotsial-Demokrata», por un lado, y el artículo polaco de Trotski, por otro{61}.

I

La base de la táctica de los bolcheviques en la revolución de 1905-1907 era la tesis de que la victoria completa de esta revolución sólo es posible como dictadura del proletariado y del campesinado. ¿Cuál es la fundamentación económica de este punto de vista? Desde «Dos tácticas» (1905)[18] y en numerosos artículos en periódicos y recopilaciones de 1906 y 1907, siempre dimos la siguiente fundamentación: el desarrollo burgués de Rusia está ya plenamente predeterminado y es inevitable, pero puede darse en dos formas: la llamada forma «prusiana» (conservación de la monarquía y de la propiedad terrateniente, creación de un campesinado fuerte, es decir, burgués, sobre la base histórica dada, etc.) y la llamada forma «norteamericana» (república burguesa, eliminación de la propiedad terrateniente, creación de granjas, es decir, de un campesinado burgués libre mediante un viraje brusco de la situación histórica dada). El proletariado debe luchar por la segunda vía, pues ésta asegura la máxima libertad y rapidez del desarrollo de las fuerzas productivas de la Rusia capitalista, y la victoria en esta lucha sólo es posible mediante la alianza revolucionaria del proletariado y el campesinado.

Esto es cierto. Y es el pleno reconocimiento de la fundamentación económica de la táctica bolchevique. No se trata de «embriaguez revolucionaria» (como piensan los vejistas y los Cherevanin), sino de las condiciones económicas objetivas que hacen posible la vía «norteamericana» del capitalismo en Rusia. En su historia del movimiento campesino de 1905-1907, Máslov tuvo que reconocer nuestras premisas fundamentales. El programa agrario de los kadetes, escribe en esa misma obra, es el más utópico, ya que no existe una clase social amplia que esté interesada en la solución que ellos desean: triunfarán o los intereses de los terratenientes con las futuras concesiones políticas» (Máslov quiere decir: en las que serán inevitables las concesiones a la burguesía terrateniente) «o los intereses de la democracia» (pág. 456).

Esto también es cierto. De aquí se deduce que en la revolución fue «utópica» la táctica de apoyo del proletariado a los kadetes. De aquí se deduce que las fuerzas de la «democracia», es decir, de la revolución democrática, son las fuerzas del proletariado y del campesinado. De aquí se deduce que existen dos caminos de desarrollo burgués: por uno conducen los «terratenientes, que hacen concesiones a la burguesía», por el otro quieren y pueden conducir los obreros y los campesinos (comp. Máslov, pág. 446: «Aunque todas las tierras de los terratenientes pasaran gratuitamente a usufructo del campesinado, incluso entonces... se produciría el proceso de capitalización de la economía campesina, pero más indoloro...»).

Vemos que cuando Máslov razona como marxista, razona al estilo bolchevique. Y he aquí un ejemplo de cómo, al arremeter contra los bolcheviques, razona como un liberal. Este ejemplo se encuentra, naturalmente, en el libro liquidacionista: «El movimiento social en Rusia a principios del siglo XX», editado por Mártox, Máslov y Potrésov; en la sección «Balance» (t. I) se encuentra el artículo de Máslov: «El desarrollo de la economía nacional y su influencia en la lucha de clases en el siglo XIX». En ese artículo, en la página 661, leemos:

«...algunos socialdemócratas empezaron a considerar a la burguesía como una clase irremediablemente reaccionaria y una magnitud insignificante. No sólo se subestimaba la fuerza y la importancia de la burguesía, sino que el papel histórico de esta clase se examinaba fuera de toda perspectiva histórica: se ignoraba la participación de la mediana y pequeña burguesía en el movimiento revolucionario y la simpatía de la gran burguesía hacia él en el primer período del movimiento, se predeterminaba también para el futuro el papel reaccionario de la burguesía, etc.» (¡así dice: «etc.»!). «De aquí se sacaba la conclusión de que era inevitable la dictadura del proletariado y del campesinado, la cual estaría en contradicción con todo el curso del desarrollo económico».

Toda esta diatriba es totalmente propia de los vejistas. Todo este «marxismo» es del tipo de Brentano, Sombart o Struvismo{63}. La posición del autor de esta diatriba es precisamente la posición del liberal, a diferencia del demócrata burgués. Pues el liberal es liberal porque no ve otro camino, no admite la posibilidad de otra vía de desarrollo burgués que la vía dada, es decir, la dirigida por los terratenientes que hacen «concesiones» a la burguesía. El demócrata es demócrata porque ve otra vía, lucha por ella, precisamente por la vía dirigida por el «pueblo», es decir, por la pequeña burguesía, el campesinado y el proletariado, pero no ve el carácter burgués de esta vía.

En el «Balance» del libro liquidacionista, Máslov ha olvidado todo acerca de las dos vías de desarrollo burgués, acerca de la fuerza de la burguesía norteamericana (en ruso: que brota del campesinado, sobre un terreno limpiado por vía revolucionaria de la propiedad terrateniente), acerca de la debilidad de la burguesía prusiana (esclavizada por los «terratenientes»), acerca de que los bolcheviques nunca hablaron de la «inevitabilidad» de la «dictadura», sino de la necesidad de ésta para la victoria de la vía norteamericana; ha olvidado que los bolcheviques deducían la «dictadura» no de la debilidad de la burguesía, sino de las condiciones económicas objetivas que hacen posible un doble desarrollo de la burguesía. En el aspecto teórico, la diatriba citada es un amasijo de confusiones (del que renegó el propio Máslov en el tomo II de «La cuestión agraria»); en el aspecto práctico-político, esta diatriba es liberalismo, es una defensa ideológica del liquidacionismo extremo.

Ved ahora cómo la falta de firmeza en la posición ante la cuestión económica fundamental conduce a la falta de firmeza en las conclusiones políticas. He aquí una cita del artículo de Mártox «¿Adónde ir?» (núm. 13 de «Golos Sotsial-Demokrata»):

«En la Rusia actual, nadie puede determinar en este momento si en la nueva crisis política se crearán condiciones objetivas favorables para una revolución democrática radical; nosotros sólo podemos señalar aquellas condiciones concretas en presencia de las cuales esa revolución se hará inevitable. Mientras la historia no haya resuelto esta cuestión como la resolvió para Alemania en 1871, la socialdemocracia no debe renunciar a la tarea de marchar hacia la inevitable crisis política con su solución revolucionaria del problema político, agrario y nacional (república democrática, confiscación de la propiedad territorial y plena libertad de autodeterminación). Pero debe precisamente marchar hacia esa crisis que decida de manera definitiva la cuestión del desenlace "alemán" o "francés" de la revolución, y no quedarse a la espera de la llegada de la crisis».

Cierto. Palabras hermosas, que reproducen precisamente la resolución de la conferencia del Partido de diciembre de 1908. Este planteamiento concuerda plenamente con las palabras de Máslov en el segundo tomo de «La cuestión agraria» y con la táctica de los bolcheviques. Este planteamiento se distingue radicalmente de la posición expresada en la famosa exclamación: «los bolcheviques, en la conferencia de diciembre de 1908, acordaron empeñarse en ir allí donde ya habían sido derrotados una vez»{64}. «Ir con su solución revolucionaria de la cuestión agraria» sólo se puede con las capas revolucionarias de la democracia burguesa, es decir, sólo con el campesinado, y no con los liberales que se contentan con las «concesiones de los terratenientes». Ir hacia la confiscación junto con el campesinado: esta formulación no difiere más que en las palabras de la tesis: ir hacia la dictadura del proletariado y del campesinado.

Pero Mártox, que en el núm. 13 de «Golos» se ha aproximado estrechamente a la posición de nuestro Partido, no mantiene esa posición de manera consecuente, desviándose constantemente hacia Potrésov-Cherevanin, tanto en el libro liquidacionista «El movimiento social» como en ese mismo núm. 13. Por ejemplo, la tarea del momento la define en el mismo artículo como «la lucha por un movimiento obrero abierto, incluida la conquista de la existencia abierta propia (del partido socialdemócrata)». Decir esto equivale a deslizarse hacia una concesión a los liquidacionistas: nosotros queremos el fortalecimiento del partido socialdemócrata que utiliza todas las posibilidades legales y todas las ocasiones de actuación abierta; los liquidacionistas quieren la mutilación del partido hasta los límites de una existencia legal y abierta (bajo Stolypin). Nosotros luchamos por el derrocamiento revolucionario de la autocracia stolypiniana, utilizando para esa lucha toda actuación abierta, ampliando la base proletaria del movimiento hacia ese objetivo. Los liquidacionistas luchan por la existencia abierta del movimiento obrero... bajo Stolypin. Las palabras de Mártox sobre que debemos luchar por la república y la confiscación de la tierra están formuladas de modo que excluyen el liquidacionismo; sus palabras sobre la lucha por la existencia abierta del partido están formuladas de modo que no excluyen el liquidacionismo. En el terreno de la política tenemos la misma inestabilidad que en el terreno de la economía en Máslov[19].

En Martínov, en su artículo agrario (núms. 10-11), esta inestabilidad llega hasta las columnas de Hércules. Martínov intenta polemizar con «Proletari» de manera mordaz, pero, por no saber plantear la cuestión, le sale un chapoteo impotente y torpe. En «Proletari», dicho sea de paso, resulta según Tkachov: «¡Ahora o dentro de un poquito, o nunca!»{65}. Eso mismo «resulta» también en Máslov y en Mártox, estimado camarada Martínov; eso debe resultar en todo marxista, pues no se trata de la revolución socialista (como en Tkachov), sino de uno de los dos métodos de coronamiento de la revolución burguesa. Piénselo, camarada Martínov: ¿pueden los marxistas comprometerse en general a apoyar la confiscación de la gran propiedad territorial o están obligados a hacerlo sólo «mientras» («ahora o dentro de un poquito» – o todavía durante bastante tiempo, eso no lo sabemos ni usted ni yo) no se «consolide» definitivamente el régimen burgués?

Otro ejemplo. La ley del 9 de noviembre de 1906{66} «sembró en la aldea una gran turbación, una verdadera guerra intestina que llega a veces al apuñalamiento», dice con razón Martínov. Su conclusión: «en el futuro inmediato es completamente impensable contar con una acción revolucionaria del campesinado, con una insurrección campesina, ni siquiera medianamente unánime e imponente, en vista de esta guerra intestina». Contraponer la insurrección, es decir, la guerra civil, a la «guerra intestina» es ridículo, estimado camarada Martínov, y la cuestión del futuro inmediato no viene a cuento, pues no se trata de directivas prácticas, sino de la línea de todo el desarrollo agrario.

Otro ejemplo. «La separación de la comunidad avanza a marchas forzadas». Cierto. ¿Su conclusión?... «Es evidente que la demolición terrateniente se llevará a cabo con éxito y que en el transcurso de unos pocos años, precisamente en aquellas vastas regiones de Rusia donde no hace mucho el movimiento agrario adquiría las formas más agudas, la comunidad será destruida, y con ella desaparecerá el principal foco de la ideología trudovique. De este modo, una de las dos perspectivas de 'Proletari', precisamente la 'halagüeña', queda descartada».

No se trata de la comunidad, estimado camarada Martínov, pues la Unión Campesina{67} en 1905 y los trudoviques en 1906-1907 exigían la entrega de las tierras no a las comunidades, sino a personas individuales o a asociaciones libres. La comunidad es destruida tanto por la demolición stolypiniana de la vieja propiedad agraria –la terrateniente– como por la demolición campesina, es decir, la confiscación para crear nuevos ordenamientos de la tierra. La perspectiva «halagüeña» de «Proletari» está vinculada no con la comunidad ni con el trudoviquismo como tal, sino con la posibilidad del desarrollo «norteamericano», de la creación de una agricultura libre de granjeros. Por eso, al decir que la perspectiva halagüeña queda descartada y al mismo tiempo afirmar que «la consigna de la expropiación de los grandes terratenientes no morirá», el camarada Martínov se enreda de manera atroz. Si el tipo «prusiano» se consolida, esa consigna morirá, y los marxistas dirán: hemos hecho todo lo posible por un desarrollo más indoloro del capitalismo; ahora nos queda la lucha por la destrucción del propio capitalismo. Pero si esa consigna no muere, significa que existirán las condiciones objetivas para trasladar el «tren» a las vías «norteamericanas». Y entonces los marxistas sabrán, si no quieren convertirse en struvistas, ver, detrás de la fraseología reaccionario-«socialista» de los pequeños burgueses, que expresa sus puntos de vista subjetivos, la lucha objetivamente real de las masas por mejores condiciones de desarrollo capitalista.

Resumamos. Las discusiones sobre la táctica son vacuas si no se apoyan en un análisis claro de las posibilidades económicas. La cuestión del tipo prusiano y del tipo norteamericano de la evolución agraria en Rusia ha sido planteada por la lucha de 1905-1907, que demostró su realidad. Stolypin da un paso más por la vía prusiana; sería un ridículo temor a la amarga verdad no ver esto. Debemos superar una singular etapa histórica sobre la base de este nuevo paso. Pero no sólo sería ridículo, sino criminal, no ver que, por ahora, Stolypin no ha hecho más que enmarañar y agudizar la vieja situación, sin crear una nueva.

Stolypin «apuesta por los fuertes» y pide «20 años de paz y tranquilidad» para «reformar» (léase: expoliar) Rusia por los terratenientes. El proletariado debe apostar por la democracia, sin exagerar sus fuerzas, sin limitarse a la simple «confianza» en ella, sino desarrollando de manera firme la labor de propaganda, agitación y organización que eleve todas las fuerzas de la democracia –a las masas campesinas en primer lugar y por encima de todo–, llamándolas a la alianza con la clase avanzada, a la «dictadura del proletariado y del campesinado» con el fin de obtener una victoria democrática completa y asegurar las mejores condiciones para el desarrollo más rápido y libre del capitalismo. La renuncia a este cumplimiento por el proletariado de su deber democrático conduce inevitablemente a vacilaciones, y objetivamente sólo favorece a los liberales contrarrevolucionarios fuera del movimiento obrero y a los liquidacionistas dentro de él.

«Proletari» núm. 50, 28 de noviembre (11 de diciembre) de 1909.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».