«No estamos en condiciones de provocar la insurrección… por eso no hay por qué vincularla con la Duma… la consigna de agitación es la asamblea constituyente». Así escribió el Bund, y la respuesta del autor del artículo en el n.º 16[98] fue insuficiente.

Estas palabras del Bund son un magnífico reflejo del espíritu pequeñoburgués en la socialdemocracia, pequeñoburgués en el sentido de vulgaridad, justo medio, incoloro, lugares comunes, mediocridad (lo que fue siempre el Bund, que desempeñó el papel de parásito ideológico, como es sabido, tanto en 1897–1900, como en 1901–1903, como en 1904 y ahora en 1905).

Es un punto de vista corriente, una manera de ver habitual, el «sentido común» («el triunfo del sentido común» en *Osvobozhdenie* y el «esclarecimiento»).

Es la mayor falsedad, cuyo desenmascaramiento tiene una importancia capital para la revolución rusa y para el proletariado consciente, como único autor posible de una revolución victoriosa.

No estamos en condiciones de provocar la insurrección, por lo tanto no hay que vincular, por lo tanto la consigna no es la insurrección armada, sino la asamblea constituyente.

Es como decir: nosotros, desnudos y huérfanos, hambrientos y atormentados, no estamos en condiciones de elevarnos de nuestro pantano, donde perecemos, a esa montaña donde hay luz y sol, aire y todos los frutos de la tierra. No tenemos escalera, sin la cual la ascensión es imposible. No estamos en condiciones de conseguir la escalera. Por eso no hay que vincular nuestra lucha por la ascensión con la consigna de consecución (respective[99] creación) de la escalera. Por eso nuestra consigna debe ser: ¡a la montaña, a la montaña, en la montaña están la felicidad y la salvación, el aire y la luz, el aliento y el fortalecimiento!

Puesto que no hay escalera sin la cual es imposible subir, por eso no hay que tomar como consigna la consecución de la escalera ni trabajar en su fabricación, por eso la consigna debe ser: ¡apareced en la cima, en la montaña, en la montaña está la felicidad, etc.!

«La debilidad siempre se salvó con la fe en los milagros», ¡decía Marx!{124}

¿La debilidad del proletariado o la debilidad de las cabezas del Bund y de la nueva *Iskra* se salva ahora con la fe en los milagros?, ¿con la fe en llegar a la montaña sin escalera?, ¿con la fe en la asamblea constituyente sin insurrección?

Esta fe es una fe de locos. Sin insurrección armada, la asamblea constituyente es un fantasma, una frase, una mentira, una charlatanería a lo Frankfurt.

El engaño y la falsedad del *osvobozhdenismo*, esa primera forma política amplia, política de masas, popular, de la consigna burguesa en Rusia, consisten precisamente en mantener esa fe en los milagros, esa mentira. Porque la burguesía liberal necesita su mentira, para ella no es mentira, sino la mayor verdad, la verdad de sus intereses de clase, la verdad de la libertad burguesa, la verdad de la igualdad capitalista, el sanctasanctórum de la fraternidad mercachiflil.

Es su verdad (la de la burguesía), porque no necesita la victoria del pueblo, no la montaña, sino el pantano para la masa, y el sentarse sobre los hombros de la plebe para los magnates y los bolsas; no la victoria, sino el trato, el acuerdo con el enemigo, = la traición al enemigo.

Para la burguesía esto no es un «milagro», sino una realidad, la realidad de la traición a la revolución, y no de la victoria de la revolución.

…No estamos en condiciones de conseguir la escalera… no estamos en condiciones de provocar la insurrección… ¿Es así, señores?

Si es así, entonces rehaced toda vuestra propaganda y agitación, entonces empezad a pronunciar ante los obreros y todo el pueblo discursos nuevos, rehechos, construidos de nuevo, discursos diferentes.

Entonces decid al pueblo: obreros de Petersburgo, Riga, Varsovia, Odesa, Tiflis… no estamos en condiciones de levantar la insurrección y vencer en la insurrección. Por lo tanto, no tenemos por qué pensar, ni por qué charlar en vano sobre la asamblea constituyente de todo el pueblo. No mancilléis las grandes palabras con una pequeña evasiva. No cubráis vuestra debilidad con la fe en los milagros. Gritad a todos y cada uno acerca de esta debilidad: la conciencia es la mitad de la enmienda. La frase falsa, la falsa jactancia es la perdición moral, la garantía segura de la perdición política.

¡Obreros! ¡Somos débiles para provocar la insurrección y obtener la victoria en ella! Así pues, abandonad los rumores sobre la asamblea constituyente de todo el pueblo, echad de vuestro lado a los mentirosos que hablan de esto, desenmascarad la traición de los *osvobozhdentsy*, de los «dumistas», de los kadetes y demás inmundicia, pues ellos solo quieren de palabra la asamblea constituyente de todo el pueblo, y de hecho la quieren antipopular, que no instituya lo nuevo, sino que hilvane lo viejo, que no os dé un traje nuevo, una vida nueva, un arma nueva para una nueva gran lucha, sino solo lentejuelas sobre vuestro viejo andrajo, solo espejismo y engaño, un juguete en lugar de un arma, cadenas en lugar de un fusil.

¡Obreros! Somos débiles para la insurrección. No habléis, pues, y no permitáis a las prostitutas del *osvobozhdenismo*, a los kadetes y a los dumistas hablar de revolución, no permitáis a esos canallas burgueses mancillar el gran concepto popular con su verborrea.

¿Somos débiles? Significa que no tenemos ni podemos tener revolución. Esto no es una revolución del pueblo, es un engaño al pueblo por parte de los Petrunkiévich y la jauría de lacayos liberales del zar. Esto no es una lucha por la libertad, es una venta de la libertad popular por los escaños de los *osvobozhdentsy*. Esto no es el comienzo de una nueva vida, sino la consolidación de la vieja extenuación, de la vieja galera, del viejo vegetar y pudrirse.

¡No estamos en condiciones de provocar la insurrección, camaradas obreros! ¡No estamos en condiciones de elevar al pueblo hasta la revolución! ¡No estamos en condiciones de conquistar la libertad… Solo estamos en condiciones de hacer tambalear al enemigo, pero no de derribarlo, de hacerlo tambalear de modo que junto a él se siente Petrunkiévich. Fuera, pues, todos los rumores sobre la revolución, sobre la libertad, sobre la representación popular! Quien dice estas cosas sin trabajar de hecho en la escalera para alcanzarlas, en la insurrección para conquistarlas, es un mentiroso y un farsante, os engaña.

¡Somos débiles, camaradas obreros! Con nosotros está solo el proletariado más millones de campesinos que han comenzado una lucha dispersa, oscura, desarmada, ciega.

Contra nosotros está toda la pandilla cortesana y todos los obreros y campesinos vestidos con el uniforme militar y… [100]

Fin. Somos débiles. La debilidad se salva con la fe en los milagros. Este es un hecho, según las palabras del Bund, según el plan de *Iskra*.

Pero ¿qué es un hecho, señores? ¿La debilidad de las fuerzas del proletariado de toda Rusia o la debilidad de las cabezas de los bundistas y de los neoiskristas?

Decid la verdad:

1) No hay revolución. Existe un trato de la burguesía liberal con el zar…
2) No hay lucha por la libertad. Existe la venta de la libertad popular.
3) No hay lucha por la representación popular. Existe la representación del talego.

Somos débiles… de aquí se deriva ineluctablemente toda la traición a la revolución.

Si queréis revolución, libertad, representación popular… debéis ser fuertes.

Escrito en septiembre de 1905.

Publicado por primera vez en 1926, en *Recopilación de Lenin*, V