La socialdemocracia nunca ha contemplado ni contempla la guerra desde un punto de vista sentimental. Condenando de manera irrevocable las guerras como métodos bestiales para resolver las disputas de la humanidad, la socialdemocracia sabe que las guerras son inevitables mientras la sociedad esté dividida en clases, mientras exista la explotación del hombre por el hombre. Y para eliminar esta explotación no podemos prescindir de la guerra, que siempre y en todas partes inician las propias clases explotadoras, dominantes y opresoras.

Hay guerra y guerra. Existe la guerra de aventura, que satisface los intereses de una dinastía, los apetitos de una banda de saqueadores, los objetivos de los héroes del lucro capitalista. Existe la guerra —y esta es la única guerra legítima en la sociedad capitalista— contra los opresores y esclavizadores del pueblo. Solo los utopistas o los filisteos pueden condenar por principio una guerra así. Solo los traidores burgueses a la libertad pueden apartarse ahora en Rusia de esta guerra, [de la guerra por la libertad,] de la guerra por la voluntad del pueblo.

El proletariado inició en Rusia esta gran guerra de liberación, él sabrá continuarla, formando por sí mismo destacamentos del ejército revolucionario, nutriendo los destacamentos de los soldados o marineros que se han pasado a nuestro lado, atrayendo a los campesinos, forjando a los nuevos ciudadanos de Rusia que se forman y se templan en el fuego de la guerra civil, con el heroísmo y el entusiasmo de los luchadores por la libertad y la felicidad de toda la humanidad.