Comienzo del artículo.

«Todavía no es un incendio, pero ya es un indudable acto de provocación incendiaria, que, lamentablemente, se contempla más de lo que se apaga. Todavía no es una revolución con terror, guillotinas, horcas, exterminio de personas y cultura, pero ya es el prólogo de la revolución, una peligrosa fermentación que en mil lugares desemboca en brotes de revuelta. “Ella avanza”, demostraba yo en abril, ¡y desde entonces qué terribles pasos ha dado “ella”! Apenas 5 años atrás era difícil creer en la proximidad de la revolución... Recuerdo la fermentación revolucionaria desde finales de los años 70. Durante largos decenios se sentía que todo eso era un disparate... La revolución es imposible mientras la masa popular permanece inerte... Pero en el último decenio toda una serie de profundas calamidades, años de hambruna, epidemias, reasentamientos fracasados, la pérdida de esperanzas en una solución agraria, todo esto ha removido el elemento popular hasta sus mismísimas profundidades. Por fin, la vergonzosa guerra... de manera más ensordecedora que todas las proclamas y propagandas sacudió el sueño popular, obligó a abrir los ojos. Rápidamente, justamente en este año y medio, se ha hecho sentir un terrible viraje en el pensamiento popular.»

etc... y al final sobre el actual «gobierno reformista», su comunión con el pueblo, etc.