Una parte considerable de los camaradas que trabajan en Rusia, incluido el Buró de Comités de la Mayoría, se pronuncia por un centro único en Rusia.

¿Qué significa en realidad semejante reforma? Que en el centro único deben predominar los camaradas que trabajan en Rusia; esto se desprende indudablemente de la tendencia señalada. Su realización depende por entero de la voluntad del congreso que elige la composición del centro. Por consiguiente, aquí no hay nada que discutir ni nada de qué hablar.

Pero, además, ¿cuál será la relación del Órgano Central con el Comité Central? El Órgano Central, nos dicen, será una comisión nombrada por el Comité Central. Uno (o dos) miembros de la redacción del Órgano Central pueden (dicen los mismos camaradas) formar parte del Comité Central, como una parte, y además como la parte menor. Cabe entonces preguntar: ¿en qué se manifestará la participación de esta parte del Comité Central que se encuentra en el extranjero en los asuntos del Comité Central? «Por correspondencia» participar realmente en los asuntos del Comité Central es una utopía manifiesta, de la que sólo se puede hablar en broma. En el extranjero, sólo con enorme dificultad, a costa de un sinfín de molestias, trabajo, reyertas y sinsabores se logra una información mediocre post factum, y del «participar en la solución de los asuntos» desde el extranjero se puede hablar únicamente «por pura formalidad» o por hipocresía.

Por lo tanto, una de dos: o los miembros del Comité Central que residen en el extranjero (respective[88] el miembro del Comité Central en el extranjero) se reservan, según los estatutos del partido (pues otros «acuerdos» no tienen validez), reuniones periódicas de todo el Comité Central en el extranjero. Si es así, entonces ese centro supremo coincide de hecho plenamente con el actual Consejo del Partido, es decir, se convierte en una institución que se reúne 3, 4, 5 veces al año y se limita a dar una orientación general a todo el trabajo. O bien el Comité Central se reúne en Rusia y resuelve allí todos los asuntos, sin el miembro del extranjero; en este caso, éste figura como miembro del Comité Central sólo nominalmente, y además de manera notoriamente ficticia. De hecho, no puede participar en la solución de los asuntos generales. ¡En estas condiciones, se podría dudar con pleno derecho de que se encuentren personas para ese «puesto» (¿o para esa sinecura?) de «miembros del Comité Central en el extranjero»!

Otra (y última posible) hipótesis. Toda la composición del Comité Central, como centro único, estaría formada por camaradas que trabajan en Rusia. Sólo un centro semejante será realmente un centro ruso único. En el extranjero, este centro nombra su agencia. En la práctica, sin embargo, esta agencia existirá como un centro independiente: en efecto, imaginemos la redacción del Órgano Central. Es comprensible que se necesita todo un colegio, el cual se forma, se constituye, se compenetra únicamente por un camino largo y muy largo (¡Rusia, para constituir un nuevo Órgano Central, después del II Congreso, invirtió un año y medio de esfuerzos, y esto en medio del enorme interés de toda Rusia por la grave crisis general del partido!). En la práctica, ese colegio dirige el órgano semanal con plena independencia. El Comité Central de Rusia responde a su gestión, en el mejor de los casos, con una «conferencia» una vez cada medio año (o una vez cada año y medio) — ¿en qué se diferencia semejante «conferencia» del «Consejo»? — o con una «carta» de un miembro aislado del Comité Central. En la práctica, ese colegio en el extranjero realiza la agitación y la preparación de cuadros en el extranjero (conferencias y reuniones) ante centenares de miembros del partido. El Comité Central está físicamente imposibilitado para orientar de hecho este trabajo, para dirigir de hecho esta labor del colegio en el extranjero. El Comité Central está físicamente imposibilitado para participar en este trabajo, salvo mediante raras conferencias con las personas que lo llevan a cabo. Y una vez más: ¿en qué se diferenciarán estas conferencias del Consejo??

Conclusión: de hecho, en la práctica, el centro «único» será o una ficción o se reducirá, inevitable e ineluctablemente se reducirá, al sistema actual de lo que se denomina burlonamente «tricentralismo». De hecho, en la práctica, la diferencia de condiciones geográficas, políticas y de carácter del trabajo provocará y suscitará inevitable e ineludiblemente (hasta la caída de la autocracia) dos centros en nuestro partido, unidos tan sólo de vez en cuando por «conferencias», que de hecho siempre desempeñarán el papel de «Consejo» supremo o superior del partido.

Es del todo comprensible que la reacción contra el extranjero haya suscitado entre los camaradas de Rusia el grito general: ¡abajo el extranjero!, ¡abajo los dos centros! Esta reacción es legítima y loable, pues señala un enorme crecimiento de las fuerzas del partido y de la conciencia del partido después del II Congreso. Esta reacción expresa un paso adelante de nuestro partido; sobre esto no hay discusión. Pero no hay que dejarse seducir por las palabras ni erigir en «sistema» el estado de ánimo de un momento dado, el «enojo» pasajero contra los «emigrados». Sobre el enojo no se puede construir ningún sistema de partido. Nada más fácil que adoptar una regla simple y breve: «el centro es uno», pero con semejante resolución no nos acercamos en absoluto a la solución del complejísimo problema acerca de los medios de unir de manera real (y no sobre el papel) las distintas funciones del trabajo en Rusia y en el extranjero.

Escrito en febrero de 1905.

Publicado por primera vez en 1926 en la Recopilación Leninista V.

Se publica según el manuscrito.