La polémica entre Witte y Guchkov ha sido recogida diligentemente tanto por «Rech» como por «Russkiye Vedomosti» con fines de agitación electoral. El carácter de la polémica se ve claramente en la siguiente tirada de «Rech»:

«¡Con qué frecuencia los señores octubristas, bajo el liderazgo de Guchkov, para complacer a las autoridades, resultaban ser colegas de los correligionarios del señor Durnovó! ¡Con qué frecuencia, vueltas las miradas hacia las autoridades, se encontraban de espaldas a la opinión pública!».

Esto se dice con motivo de que Witte en octubre-noviembre de 1905 consultó sobre la formación del ministerio con los señores Urusov, Trubetskói, Guchkov, M. Stajóvich, y que los últimos tres se negaron rotundamente a aceptar la candidatura de Durnovó como ministro del Interior.

Reprochando a los octubristas, los señores kadetes muestran, sin embargo, una sorprendente amnesia respecto a su propio pasado. «Los octubristas resultaban ser colegas de los correligionarios de Durnovó». Esto es justo. Y esto demuestra, sin duda, que sería ridículo hablar del democratismo de los octubristas. Pero los octubristas no pretenden ser demócratas. En cambio, los kadetes se llaman a sí mismos «demócratas constitucionales». Pero ¿acaso estos «demócratas», por ejemplo, en la persona de Urusov, que defendió la candidatura de Durnovó en las consultas con Witte, no resultaron ser «colegas de los correligionarios de Durnovó»? ¿Acaso en ambas primeras Dumas los kadetes, como partido, no resultaron «vueltas las miradas hacia las autoridades y de espaldas a la opinión pública»?

No se pueden olvidar o tergiversar hechos notorios. Recuerden la historia de los comités locales de tierras en la I Duma. Los kadetes estuvieron en contra precisamente «para complacer a las autoridades». En este asunto (uno de los más importantes para la época de la I Duma) los kadetes indudablemente «volvieron las miradas hacia las autoridades» y «resultaron de espaldas a la opinión pública». Porque los trudoviques y los diputados obreros, que representaban a 9/10 de la población de Rusia, estaban entonces a favor de los comités locales de tierras. Decenas de veces en otras cuestiones se observó la misma correlación de partidos tanto en la I como en la II Duma.

Es difícil imaginar cómo podrían los kadetes refutar estos hechos. ¿Acaso se puede afirmar que no discrepaban de los trudoviques y los diputados obreros en ambas primeras Dumas, que no se encontraron de la mano con los Geiden, los octubristas y las autoridades? ¿Acaso los trudoviques y los diputados obreros no representaban a la inmensa mayoría de la población debido al sistema electoral? ¿O es que nuestros «demócratas» llamarán opinión pública a la opinión de la «sociedad» «educada» (desde el punto de vista de los diplomas oficiales), y no a la opinión de la mayoría de la población?

Si se evalúa históricamente el período en que Stolypin fue primer ministro, es decir, el quinquenio 1906-1911, es imposible negar que tanto los octubristas como los kadetes no eran demócratas. Y como solo los kadetes pretenden a este título, es precisamente aquí donde el autoengaño de los kadetes y su engaño a la «opinión pública», a la opinión de las masas, es particularmente perceptible, particularmente dañino.

No queremos decir, por supuesto, que los octubristas y los kadetes sean «una masa reaccionaria», que los octubristas no sean menos liberales que los kadetes. Queremos decirles que una cosa es el liberalismo y otra la democracia. Es natural que los liberales consideren «opinión pública» la opinión de la burguesía, y no la opinión de los campesinos y obreros. Un demócrata no puede sostener tal punto de vista y, cualesquiera que sean las ilusiones que a veces albergue sobre los intereses y aspiraciones de las masas, el demócrata cree en las masas, en la acción de las masas, en la legitimidad de sus estados de ánimo, en la conveniencia de los métodos de lucha de las masas.

Esta diferencia entre liberalismo y democracia hay que recordarla tanto más insistentemente cuanto más se abusa del nombre de demócrata. Las elecciones en todos los países burgueses sirven a los partidos burgueses para fines de publicidad. Para la clase obrera, las elecciones y la lucha electoral deben servir a los fines de la ilustración política, de la clarificación de la naturaleza real de los partidos. Sobre los partidos políticos no se puede juzgar por sus nombres, declaraciones, programas, sino que hay que juzgar por sus actos.

Pero la polémica de Witte con Guchkov, que tocó la cuestión del comienzo de la carrera ministerial de Stolypin (Guchkov atestigua, entre otras cosas, que en otoño de 1905 nadie de las «figuras públicas» objetó la candidatura de Stolypin), plantea aún otras cuestiones mucho más importantes e interesantes.

La primera vez que se planteó (en otoño de 1905) la candidatura de Stolypin al puesto de ministro del Interior, fue propuesta en la reunión de Witte con representantes de la burguesía liberal. Incluso en la época de la I Duma, Stolypin, como ministro del Interior, «dos veces, por medio de Kryzhanovsky, propuso a Muromtsev discutir la posibilidad de un ministerio kadete», así escribe el periódico «Rech» en su editorial del 6 de septiembre, añadiendo cautelosamente evasivo: «Hay indicios» de que Stolypin actuó de esa manera. Basta recordar que antes los kadetes respondían con silencio o insultos a tales «indicios». Ahora ellos mismos citan estos indicios, dando evidentemente así confirmación de su veracidad.

Vayamos más allá. Después de la derrota de la I Duma, cuando Stolypin se convirtió en primer ministro, se dirigieron ofrecimientos directos para entrar en el ministerio a Geiden, Lvov, M. Stajóvich. Tras el fracaso de esta «combinación», – «durante el primer interperíodo de Duma, Stolypin entabló estrechas relaciones políticas con Guchkov», y estas relaciones continuaron, como se sabe, hasta 1911.

¿Qué vemos en resumen? La candidatura de Stolypin al puesto de ministro se discute con representantes de la burguesía, y durante toda su carrera ministerial, de 1906 a 1911, Stolypin hace «propuestas» a unos representantes de la burguesía tras otros, entablando o intentando entablar relaciones políticas primero con los kadetes, luego con los pacíficos renovadores{139} y, finalmente, con los octubristas. Primero a Stolypin, como candidato a ministro, se le «propone» a las «figuras públicas», es decir, a los líderes de la burguesía, y luego Stolypin, ya como ministro, durante toda su carrera, hace «propuestas» a los Muromtsev, a los Geiden, a los Guchkov. Stolypin termina su carrera (se sabe que la destitución de Stolypin ya estaba decidida) cuando se agota todo el círculo de partidos y matices de la burguesía a los que se podían hacer «propuestas».

La conclusión que se desprende de estos hechos es clara. Si los kadetes y los octubristas ahora discuten entre sí sobre quién se comportó de manera más servil en las negociaciones sobre los ministros o con los ministros, Urusov o Guchkov, Muromtsev o Geiden, Miliukov o Stajóvich, etc., etc., entonces tales disputas son mezquinas y solo sirven para desviar la atención del público de la seria cuestión política. Y esta seria cuestión se reduce claramente a comprender las condiciones y el significado de esa época peculiar en la historia del régimen estatal ruso, cuando los ministros se veían obligados a hacer sistemáticas «propuestas» a los líderes de la burguesía, cuando los ministros podían encontrar al menos algún terreno común con estos líderes, un terreno común para llevar a cabo y reanudar las negociaciones. No importa quién se comportó peor en esto, si Karp o Sidor – lo importante es que, en primer lugar, la vieja clase terrateniente ya no podía mandar sin «propuestas» a los líderes de la burguesía; lo importante es que, en segundo lugar, se encontró un terreno común para las negociaciones entre el terrateniente salvaje y el burgués, y ese terreno fue el contrarrevolucionarismo.

Stolypin no es simplemente un ministro de los terratenientes que sobrevivieron a 1905; no, es al mismo tiempo un ministro de la época de los estados de ánimo contrarrevolucionarios en la burguesía, a la que los terratenientes tenían que hacer propuestas y podían hacerlas debido a la enemistad común contra el «quinto año». Estos estados de ánimo de la burguesía – incluso si hablamos ahora solo de los kadetes, el más izquierdista de los partidos «liberales» – se expresaron tanto en la prédica de «Vekhi», que bañó de improperios la democracia y el movimiento de masas, como en la consigna «londinense» de Miliukov, y en los numerosos discursos lampareros de Karaúlov, y en el discurso sobre la cuestión agraria de Berezovski 1º, etc.

Este aspecto del asunto tienden a olvidarlo demasiado todos nuestros liberales, toda la prensa liberal, hasta los políticos obreros liberales. Y sin embargo, precisamente este aspecto es el más importante, que nos explica la diferencia histórica de las condiciones bajo las cuales los terratenientes se convertían en gobernadores y ministros en el siglo XIX o principios del XX y después de 1905. Disputando con Guchkov, el kadete «Rech» escribe («Rech» del 30 de septiembre): «la sociedad rusa recuerda bien el historial del octubrismo».

¡Oh, sí! La sociedad liberal recuerda bien la pequeña disputa entre «los suyos», Urusov y Miliukov con Heyden, Lvov, Guchkov. Pero la democracia rusa en general – y la democracia obrera en particular – recuerda bien el «expediente» de toda la burguesía liberal, hasta los kadetes; recuerda bien que el gran viraje de 1905 obligó a los terratenientes y a la burocracia terrateniente a buscar apoyo en la burguesía, y esta burguesía utilizó su posición de manera notablemente digna. Estaba totalmente de acuerdo con los terratenientes en que los comités locales de tierras eran innecesarios y perjudiciales, discrepaba de ellos en una cuestión extraordinariamente importante, verdaderamente de principio: ¡Durnovó o Stolypin!

«Zvezda» n.º 26, 23 de octubre de 1911. Firma: V. F.

Se imprime según el texto del periódico «Zvezda».