1

Me pronuncio en contra del examen por separado de las resoluciones para evitar su dispersión y propongo remitirlas a una comisión para unificarlas. En particular, respecto a la opinión del camarada Kitaev de que los comités deben estar compuestos únicamente por organizadores, diré que éstos por sí solos no son suficientes para el funcionamiento del comité.

2

No estoy de acuerdo en esto con el camarada Serguéiev: precisamente, resoluciones de este tipo no existen en los congresos. Los meros deseos de los publicistas son todavía insuficientes. Además, las resoluciones no fueron rechazadas, sino trasladadas a otro punto del orden del día. Se señala que a los obreros se les ha concedido el derecho, con el consentimiento del Comité Central, de derrocar al comité. Esto no basta: se necesita una directiva y no demagogia. El camarada Serguéiev interpreta incorrectamente «Vperiod», citando de allí que «no se alimenta al ruiseñor con fábulas». Precisamente la brevedad del artículo de los estatutos obliga a adoptar la resolución que da cierta directiva. Me pronuncio en contra de la propuesta del camarada Andréiev{81}. No es cierto que la demagogia no haya sido introducida por los «economistas» ni por los «mencheviques». Al contrario, precisamente ellos fueron los demagogos. La resolución es precisamente una advertencia contra la demagogia. Por eso insisto en mantener la resolución.

3

No podía permanecer tranquilo cuando se decía que no hay obreros aptos para ser miembros del comité. Se está aplazando la cuestión; evidentemente hay una enfermedad en el partido. A los obreros hay que incorporarlos en los comités. Es sorprendente: en el congreso hay en total tres publicistas, los demás son miembros de comités, y sin embargo, los publicistas están a favor de incorporar a los obreros, mientras que los miembros de comités, por alguna razón, se exaltan.

Las declaraciones de los camaradas Golubin y Mijáilov son sumamente valiosas{82}.