El congreso reconoce como incondicionalmente necesaria la lucha contra la posición de principio de los mencheviques o novoiskrovtsi, que se han desviado de la socialdemocracia revolucionaria hacia el oportunismo. Ya en el II Congreso del partido esto se manifestó tanto en razonamientos aislados como en toda la composición de la minoría, formada por adversarios de la vieja «Iskra» y por matices de los menos firmes en sus principios. Después del II Congreso, este giro de los mencheviques hacia el oportunismo economicista se volvió tan evidente que ellos mismos reconocieron el abismo entre la vieja y la nueva «Iskra». Y, en efecto, en toda una serie de cuestiones, la nueva «Iskra» lanzó consignas y teorías incondicionalmente incorrectas y que oscurecían la conciencia de clase del proletariado. Entre ellas figura la teoría de la organización como proceso, que rebaja el marxismo hasta justificar la desorganización y el anarquismo intelectual. A esto pertenece el retorno a las erróneas concepciones sobre la relación del partido con la clase, que rebajan las tareas del partido como destacamento de vanguardia, dirigente y organizador suyo. Igualmente incorrectas y reaccionarias fueron las divergencias planteadas por la nueva «Iskra» respecto a la vieja «Iskra» en la cuestión de las relaciones con los liberales y los planes de la campaña zemstvista, — sobre la preparación de la insurrección y la supuesta naturaleza utópica de las ideas sobre su designación y realización, — sobre las tareas de armar a las masas, de la dirección técnica y organizativa de las mismas durante la revolución, — sobre la imposibilidad e inconveniencia de la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y la pequeña burguesía en la época del derrocamiento de la autocracia, etcétera. Todas estas concepciones arrastran al partido hacia atrás no solo en el aspecto teórico, sino también directamente en el práctico, siendo especialmente perjudiciales y funestas para el partido del proletariado revolucionario en el momento revolucionario que atraviesa Rusia. El congreso encarga, por tanto, a todos los miembros del partido que expliquen en su propaganda y agitación el carácter erróneo de tales concepciones.