Crece la insurrección. Crece la impotencia, la confusión, la descomposición del gobierno autocrático de Witte. Crece en anchura y profundidad la organización de los más diversos grupos, capas y clases del pueblo, la organización de las fuerzas revolucionarias y contrarrevolucionarias.

Tal es la situación actual. Se la puede expresar con las palabras: organización y movilización de la revolución. A la batalla naval en Sebastopol le siguen, sin interrupción alguna, las batallas terrestres en Vorónezh y Kiev. La insurrección armada en esta última ciudad da, por lo visto, un paso más hacia adelante, un paso hacia la fusión del ejército revolucionario con el proletariado revolucionario y los estudiantes. De ello testimonia, por lo menos, la información de «Rus’» sobre un mitin de 16.000 personas en el Instituto Politécnico de Kiev, bajo la protección del batallón de zapadores de los soldados insurrectos.

Es completamente natural que, en tales condiciones, incluso la burguesía liberal, que anhela con todas las fuerzas de su alma un acuerdo con la autocracia, empiece a perder la paciencia, a perder la fe en el «gran» acróbata Witte, a mirar hacia la izquierda en busca de una fuerza capaz de realizar la revolución que se ha convertido en una necesidad absoluta.

Sumamente instructiva es, a este respecto, la posición de «Rus’». El periódico ve claramente que «los acontecimientos empiezan a acumularse en una avalancha igual a la de antes del 17 de octubre». Y he aquí que, por un lado, se dirige a esos mismos zemstvos, que han mostrado desconcierto, impotencia y desamparo no menores que el gobierno autocrático. «Rus’» exhorta a los zemstvos a «no demorarse» y a tomar «parte en los acontecimientos que se avecinan», para «dar al desenlace de esos acontecimientos formas suaves, lo menos costosas, lo más favorables para el país». Por otro lado, la misma «Rus’» polemiza con «Slovo», afirmando que «nadie cree que el actual gobierno, en las actuales circunstancias, pueda convocar la Duma Estatal». «Ahora –dice «Rus’»– hay que pensar en la creación de un gobierno que pudiera convocar la Duma».

Así, pues, la burguesía liberal, bajo la presión del proletariado revolucionario, da un paso más hacia la izquierda. Ayer expresaba la intención de regatear con Witte y votaba (en el congreso de los zemstvos) una confianza condicional en él. Hoy la confianza en Witte se agota, y el capital exige un nuevo gobierno. «Rus’» propone a todos los partidos de la liberación crear un consejo de diputados de todo el pueblo, que se convertiría en «un poderoso medio de presión sobre el gobierno, si éste se mostrara aún (!!!) capaz de trabajar, y un órgano de poder del pueblo ya preparado, para asumir temporalmente las funciones del gobierno en caso de incapacidad total y quiebra del mismo».

Un órgano de poder del pueblo, que asume temporalmente las funciones del gobierno que ha quebrado, se llama en simple y claro idioma ruso gobierno revolucionario provisional. Tal gobierno debe ser provisional, pues sus poderes expiran con la convocatoria de la Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Tal gobierno debe ser revolucionario, pues reemplaza al gobierno que ha quebrado, lo reemplaza apoyándose en la revolución. La propia sustitución no puede realizarse de otro modo que por vía revolucionaria. Este gobierno debe convertirse en un «órgano de poder del pueblo», realizando en todas partes las demandas planteadas por el pueblo y reemplazando desde ahora, inmediatamente, todos y en todas partes los viejos «órganos de poder» de la autocracia y de las centurias negras por órganos de poder popular, es decir, o bien por comisarios del gobierno revolucionario provisional, o bien por elegidos, en todos aquellos casos en los que sean posibles las elecciones, desde luego, sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto.

Estamos muy contentos de que la burguesía monárquica liberal haya llegado a la idea del gobierno revolucionario provisional. Estamos contentos no porque consideremos que los liberales se han pasado al lado de la revolución, ni porque hayamos creído de repente en su sinceridad, firmeza y consecuencia. No, estamos contentos porque éste es un signo evidente e indudable de la fuerza de la revolución. Significa que la revolución se ha convertido en una fuerza, si incluso la burguesía monárquica liberal ha reconocido ahora la necesidad del surgimiento de un gobierno revolucionario provisional.

No olvidamos, por supuesto, que los liberales no tanto desean la instauración de tal gobierno como amenazan con él a la autocracia, tal como el comprador amenaza al vendedor con marcharse a otra tienda. ¡Cédanos, señor Witte, o nos iremos al gobierno revolucionario provisional, «suavemente» denominado: «consejo general de diputados» o «consejo de diputados de todo el pueblo»! Sólo por este deseo de seguir regateando una y otra vez se explica la aparente necedad y absurdo de que «Rus’» declare al gobierno de Witte incapaz de convocar a los representantes del pueblo y, al mismo tiempo, de un tirón, admita la posibilidad de que ese gobierno «se muestre todavía capaz de trabajar».

No, señores liberales, ¡no son éstos tiempos como para que puedan triunfar las astucias, para que pueda quedar sin desenmascarar la doblez! El pueblo lucha contra la autocracia, que prometió (el 17 de octubre) libertad para burlarse de la libertad, para escarnecer la libertad. El gobierno revolucionario provisional es el órgano del pueblo que lucha por la libertad. La lucha por la libertad contra el gobierno que pisotea la libertad es (en determinada etapa de desarrollo de esta lucha) la insurrección armada, que justamente se desarrolla ahora en Rusia en todo el frente. El gobierno revolucionario provisional es el órgano de la insurrección, que une a todos los insurrectos y dirige políticamente la insurrección. Por tanto, hablar de la posibilidad y necesidad del gobierno revolucionario provisional y, al mismo tiempo, admitir un arreglo con el viejo gobierno, que debe ser reemplazado, significa o confundirse o traicionar. Piénsenlo, en realidad, señores publicistas de «Rus’»: ¿acaso se encontrarán tales incautos entre los partidarios de la revolución que acepten voluntariamente en el seno del gobierno revolucionario provisional a personas o representantes de un partido que admiten la «capacidad de trabajo» del viejo gobierno y siguen acudiendo a él por la puerta de atrás, regateando con él? Piénsenlo: ¿habría ganado o perdido el ejército ruso si hubiera incluido en sus filas a la juventud patriótica de Manchuria? Probablemente, habría perdido, pues los patriotas manchurianos habrían traicionado a los rusos ante los japoneses. Y el pueblo revolucionario de Rusia perderá si los «patriotas», los patriotas del saco de dinero de talante monárquico (es decir, los burgueses liberales) lo traicionan ante la autocracia de Witte.

Para la burguesía liberal, el gobierno revolucionario provisional es una simple amenaza a la autocracia. Para el proletariado socialista, para el campesinado revolucionario y para todos aquellos que se sitúan resuelta e irrevocablemente a su lado en la lucha por la libertad, es una tarea grandiosa y de suma importancia, que cada día se torna más acuciante. La Revolución de Octubre, en conexión con las sublevaciones militares posteriores, debilitó hasta tal punto a la autocracia, que los órganos del nuevo poder popular empezaron a crecer espontáneamente en un terreno ablandado por la huelga política y fertilizado con la sangre de los luchadores por la libertad. Estos órganos son los partidos revolucionarios y las organizaciones combativas de obreros, campesinos y otros elementos populares que libran una lucha verdaderamente revolucionaria. Estos órganos realizan de hecho la alianza del proletariado socialista con la pequeña burguesía revolucionaria. Esta alianza combativa debemos ampliarla y fortalecerla, formalizarla y cohesionarla, para que los órganos del nuevo poder estén preparados para la repetición inminente del 17 de Octubre, para que todos los luchadores por la libertad en toda Rusia se alcen entonces con un programa común de transformaciones políticas inmediatas, organizados, firmes, con plena conciencia de su meta, deslindándose de todos los traidores, de todos los vacilantes, de todos los charlatanes ociosos. Para nosotros, representantes del proletariado socialista, la revolución democrática que se avecina es solo uno de los pasos hacia la gran meta de la revolución socialista. Conscientes de esto, jamás nos fundiremos con partidos o grupos pequeñoburgueses, por muy sinceros, revolucionarios y fuertes que sean; sabemos firmemente que, en el camino hacia el socialismo, el obrero y el pequeño propietario discreparán inevitablemente en repetidas ocasiones. Pero, precisamente en interés del socialismo, pondremos ahora todas nuestras fuerzas para que la revolución democrática se realice con mayor rapidez, plenitud y decisión. Para ello, concertamos y concertaremos una alianza combativa temporal con toda la democracia revolucionaria con el fin de alcanzar nuestra meta política común más inmediata. Para ello, manteniendo estrictamente nuestra fisonomía partidista y nuestra independencia, ingresamos en los Soviets de diputados obreros y en otras uniones revolucionarias. ¡Vivan los nuevos órganos del poder del pueblo! ¡Viva el órgano único, supremo y victorioso del poder popular!

Y a los burgueses radicales les diremos, al despedirnos: ustedes, señores, parlotean sobre los órganos del poder del pueblo. Poder solo puede ser la fuerza. En la sociedad moderna, la fuerza solo puede ser el pueblo armado, encabezado por el proletariado armado. Si la simpatía por la libertad se demostrara con palabras, entonces habría que considerar partidarios de la libertad incluso a los redactores del manifiesto del 17 de Octubre. Si se demuestra con hechos, entonces el único hecho de ese tipo hoy es contribuir al armamento de los obreros, contribuir a la formación y fortalecimiento de un ejército verdaderamente revolucionario. ¡Elijan, pues, señores: ir a la antesala del señor Witte a mendigar migajas de libertad, a regatear la mutilación de la libertad, o integrar los “órganos del poder popular”, o el gobierno revolucionario provisional para luchar abnegadamente por la libertad plena. ¡Elijan!

"Nóvaya Zhizn", núm. 19, 23 de noviembre de 1905.

Se publica según el texto del periódico "Nóvaya Zhizn". Firmado: N. Lenin