El estado que está viviendo Rusia se califica a menudo con la palabra anarquía. Esta denominación falsa y mentirosa expresa, en realidad, que en el país no hay ningún orden establecido. La guerra de la nueva, libre Rusia contra la vieja, feudal-autocrática Rusia se libra en todos los frentes. La autocracia ya no es capaz de vencer a la revolución; la revolución aún no es capaz de vencer al zarismo. El viejo orden está quebrantado, pero aún no ha sido destruido, y el nuevo régimen libre existe sin ser reconocido, a medias oculto, perseguido a cada paso por los opríchniki del régimen autocrático.

Esta situación puede prolongarse todavía bastante tiempo; inevitablemente irá acompañada de manifestaciones de inestabilidad y vacilación en todas las esferas de la vida social y política; en estas aguas turbias intentarán inevitablemente pescar hombres hostiles a la libertad, que ahora se fingen amigos de la libertad por astucia militar. Pero esta situación transitoria llevará tanto más seguramente a la victoria completa y decisiva del proletariado revolucionario y del campesinado, cuanto más se prolongue. Porque nada ilustra en tal grado a las masas más oscuras de la ciudad y del campo, nada excita en tal grado a los más indiferentes y a los más soñolientos, como esta prolongada descomposición de la autocracia, condenada por todos y que ha reconocido su condena.

¿De qué hablan los últimos acontecimientos políticos: esta nueva y grandiosa huelga de los empleados de correos y telégrafos{64}, este crecimiento de la efervescencia y de la organización revolucionaria en el ejército e incluso en la policía, esta victoria de una tropa inconsciente y encadenada por la disciplina sobre el ejército de la libertad en Sebastopol, esta caída nunca vista del curso de los valores del Estado? Hablan de que la autocracia lanza sus últimos tiros, gasta sus últimas reservas. Incluso la bolsa, fiel súbdita, burguesamente cobarde y burguesamente anhelante del fin de la revolución, la bolsa no cree a los «vencedores» cerca de Sebastopol. Estos acontecimientos dicen que el pueblo revolucionario amplía sin cesar sus conquistas, incorporando a nuevos luchadores, ejercita sus fuerzas, mejora su organización y avanza hacia la victoria, avanza incontenible, como una avalancha.

El arma de la huelga política se perfecciona; nuevos sectores de trabajadores, sin los cuales no puede existir un solo día la moderna sociedad culta, aprenden ahora a dominar esta arma. La conciencia de la necesidad de la libertad en el ejército y en la policía continúa creciendo, preparando nuevos focos de insurrección, nuevos Kronstadt y nuevos Sebastopol.

Difícilmente tienen motivos para regocijarse los vencedores cerca de Sebastopol. La insurrección de Crimea ha sido vencida. La insurrección de Rusia es invencible.

¡Preparémonos, pues, los obreros socialdemócratas para acontecimientos aún más grandiosos, que depositarán sobre ellos una gigantesca responsabilidad!

¡No olviden que sólo un partido socialdemócrata fuertemente cohesionado puede llevar a la victoria al proletariado de Rusia, de la mano con el proletariado socialdemócrata de todo el mundo!

«Nóvaya Zhizn» nº 16, 18 de noviembre de 1905. Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Nóvaya Zhizn»