La insurrección en Sebastopol sigue extendiéndose{61}. El asunto se acerca a su desenlace. Los marineros y soldados que luchan por la libertad están eliminando a los mandos. Se mantiene un orden completo. El gobierno no logra repetir la vil maniobra de Kronstadt, no logra provocar pogromos. La escuadra se ha negado a hacerse a la mar y amenaza a la ciudad si se intenta reprimir a los insurrectos. El mando del «Ochákov» lo ha asumido el teniente en la reserva Schmidt, retirado por un discurso «audaz» sobre la defensa con las armas en la mano de las libertades prometidas en el manifiesto del 17 de octubre. Hoy, día 15, debía expirar, según informa «Rus»{62}, el plazo fijado para la entrega a los marineros.

Estamos, por consiguiente, en vísperas del momento decisivo. Los próximos días — tal vez las próximas horas — mostrarán si los insurrectos vencen por completo, si son derrotados o si se llega a algún tipo de transacción. En todo caso, los acontecimientos de Sebastopol señalan el completo derrumbe del viejo orden esclavista en las tropas, ese orden que convertía a los soldados en máquinas armadas, los hacía instrumentos para reprimir las más mínimas aspiraciones de libertad.

Han pasado irrevocablemente aquellos tiempos en que el ejército ruso — como ocurrió en 1849 — marchaba a reprimir la revolución fuera de Rusia{63}. Ahora el ejército se ha desprendido irrevocablemente de la autocracia. Aún no se ha vuelto revolucionario en su totalidad. La conciencia política de los soldados y marineros es todavía muy baja. Pero lo importante es que la conciencia ya ha despertado, que entre los soldados ha comenzado su propio movimiento, que el espíritu de libertad ha penetrado en los cuarteles por doquier. El cuartel en Rusia era con frecuencia peor que cualquier cárcel; en ninguna parte se oprimía y sojuzgaba tanto a la persona como en el cuartel; en ninguna parte florecían en tal grado las torturas, los golpes, las vejaciones contra el hombre. Y este cuartel se convierte en un foco de la revolución.

Los acontecimientos de Sebastopol no son aislados ni casuales. No hablemos de los intentos anteriores de insurrección directa en la flota y el ejército. Comparemos el incendio de Sebastopol con las chispas de Petersburgo. Recordemos las demandas de los soldados que se perfilan ahora en distintas unidades militares de Petersburgo (publicadas en el número de ayer de nuestro periódico). ¡Qué notable documento es esta lista de demandas! Con qué claridad muestra cómo el ejército esclavo se transforma en ejército revolucionario. ¿Y qué fuerza podrá contener ahora la difusión de demandas semejantes en toda la flota y en todo el ejército?

Los soldados de Petersburgo quieren conseguir mejoras en la comida, el vestuario, los alojamientos, aumento del salario, reducción del tiempo de servicio y de las horas de instrucción diaria. Pero entre sus demandas ocupan aún más lugar otras que solo podía presentar un soldado-ciudadano. El derecho a asistir de uniforme a todas las reuniones, «en igualdad de condiciones con todos los ciudadanos», el derecho a leer y tener en el cuartel todos los periódicos, la libertad de conciencia, la igualdad de derechos de todas las nacionalidades, la abolición completa de todo servilismo a los grados fuera del cuartel, la supresión de los asistentes, la supresión de los tribunales militares y la sumisión de todos los asuntos judiciales militares a los tribunales civiles generales, el derecho a presentar quejas colectivas, el derecho a defenderse ante el menor intento del superior de golpear. Estas son las principales demandas de los soldados de Petersburgo.

Estas demandas muestran que el ejército ya es solidario en su inmensa mayoría con los insurrectos de Sebastopol que luchan por la libertad.

Estas demandas muestran que las hipócritas prédicas de los lacayos de la autocracia sobre la neutralidad del ejército, sobre la necesidad de mantenerlo al margen de la política, etc., no pueden contar con la más mínima simpatía de los soldados.

El ejército no puede ni debe ser neutral. No meter al ejército en la política es la consigna de los hipócritas servidores de la burguesía y del zarismo, quienes en realidad siempre han metido al ejército en la política reaccionaria, convirtiendo a los soldados rusos en lacayos de las centurias negras, en cómplices de la policía. No se puede permanecer al margen de la lucha de todo el pueblo por la libertad. Quien se muestra indiferente a esta lucha apoya los desmanes del gobierno policíaco, que prometió la libertad para burlarse de ella.

Las demandas de los soldados-ciudadanos son las demandas de la socialdemocracia, las demandas de todos los partidos revolucionarios, las demandas de los obreros conscientes. El ingreso en las filas de los partidarios de la libertad, el paso al lado del pueblo asegurará la victoria de la causa de la libertad y la realización de las demandas de los soldados.

Pero para que estas demandas se realicen de manera verdaderamente plena y firme, hay que dar un pequeño paso adelante. Hay que reunir en un todo único todos los anhelos dispersos de los soldados, martirizados por el maldito cuartel-presidio. Y reunidas, estas demandas significarán: la supresión del ejército permanente, su sustitución por el armamento general del pueblo.

El ejército permanente, en todas partes y en todos los países, sirve no tanto contra el enemigo exterior como contra el interior. El ejército permanente se ha convertido en todas partes en instrumento de la reacción, en servidor del capital en la lucha contra el trabajo, en verdugo de la libertad popular. No nos detengamos, pues, en nuestra gran revolución emancipadora, en meras demandas parciales. Arranquemos el mal de raíz. Suprimamos por completo el ejército permanente. Que el ejército se funda con el pueblo armado, que los soldados lleven al pueblo sus conocimientos militares, que desaparezca el cuartel y sea sustituido por una escuela militar libre. Ninguna fuerza en el mundo osará atentar contra la Rusia libre si el baluarte de esa libertad es el pueblo armado, que ha abolido la casta militar, ha hecho de todos los soldados ciudadanos y de todos los ciudadanos capaces de portar armas, soldados.

La experiencia de Europa Occidental ha demostrado todo el carácter reaccionario del ejército permanente. La ciencia militar ha demostrado la plena viabilidad de la milicia popular, que puede estar a la altura de las tareas militares tanto en la guerra defensiva como en la ofensiva. Dejemos que la burguesía hipócrita o sentimental sueñe con el desarme. Mientras haya en el mundo oprimidos y explotados, debemos luchar no por el desarme, sino por el armamento general del pueblo. Solo él garantizará plenamente la libertad. Solo él derribará por completo la reacción. Solo con esta transformación disfrutarán realmente de la libertad millones de trabajadores, y no únicamente un puñado de explotadores.

Escrito el 15 (28) de noviembre de 1905.

Publicado el 16 de noviembre de 1905 en el periódico «Nóvaya Zhizn» núm. 14. Firma: N. Lenin.

Se publica según el texto del periódico.