El Congreso de la Unión Campesina en Moscú, que se está celebrando actualmente, plantea de nuevo en el orden del día la cuestión candente de la actitud de la socialdemocracia hacia el movimiento campesino. Para los marxistas rusos esta cuestión siempre fue candente a la hora de definir su programa y táctica. Ya en el primer proyecto de programa de los socialdemócratas rusos, impreso en 1884 en el extranjero por el grupo «Emancipación del Trabajo»{57}, se prestó la más seria atención a la cuestión campesina.

Desde entonces no se puede citar ni una sola obra importante de los marxistas, dedicada a cuestiones generales, ni un solo órgano de prensa socialdemócrata que no haya repetido, desarrollado y aplicado a casos concretos las concepciones y consignas marxistas.

Ahora la cuestión del movimiento campesino ha adquirido un carácter candente no sólo en el sentido teórico, sino también en el más directo sentido práctico. Ahora es necesario convertir nuestras consignas generales en llamamientos directos del proletariado revolucionario al campesinado revolucionario. Ha llegado el momento en que el campesinado actúa como creador consciente de un nuevo régimen de vida en Rusia. Y del crecimiento de la conciencia del campesinado dependen en grado sumo el curso y el desenlace de la gran revolución rusa.

¿Qué quiere el campesinado de la revolución? ¿Qué puede dar la revolución al campesinado? He aquí dos cuestiones que todo dirigente político está obligado a resolver, y en especial todo obrero consciente que es un dirigente político en el mejor sentido de la palabra, no degradado por el politicismo burgués.

El campesinado quiere tierra y libertad. No puede haber dos opiniones al respecto. Todos los obreros conscientes apoyan con todas sus fuerzas al campesinado revolucionario. Todos los obreros conscientes quieren y luchan para que el campesinado reciba toda la tierra y toda la libertad. Toda la tierra significa no satisfacerse con ninguna concesión ni dádiva parciales, significa no contar con un acuerdo entre los campesinos y los terratenientes, sino con la supresión de la propiedad territorial de los terratenientes. Y el partido del proletariado consciente, la socialdemocracia, se ha pronunciado del modo más categórico en este sentido: en su III Congreso, celebrado en mayo del presente año, el POSDR aprobó una resolución que habla directamente de apoyar las reivindicaciones revolucionarias de los campesinos hasta la confiscación de todas las tierras de propiedad privada{58}. Esta resolución muestra claramente que el partido de los obreros conscientes apoya la reivindicación campesina de toda la tierra. Y en este sentido coincide plenamente en contenido con la resolución del III Congreso del POSDR la resolución aprobada en la conferencia de la otra mitad de nuestro partido.

«Toda la libertad» significa la elegibilidad de los funcionarios y de las personas que administran los asuntos públicos y estatales. «Toda la libertad» significa la supresión total de un poder estatal que no dependa entera y exclusivamente del pueblo, que no sea elegido por el pueblo, que no responda ante el pueblo, que no sea revocable por el pueblo. «Toda la libertad» significa que no es el pueblo quien debe someterse a los funcionarios, sino los funcionarios quienes deben someterse al pueblo.

Naturalmente, no todos los campesinos que luchan por la tierra y la libertad mantienen una actitud plenamente consciente hacia esta lucha ni llegan a reivindicar la república. Pero la orientación democrática de las reivindicaciones campesinas está fuera de duda. Por eso el proletariado garantiza su apoyo al campesinado en estas reivindicaciones. Los campesinos deben saber que la bandera roja izada en las ciudades es la bandera de la lucha por las reivindicaciones más inmediatas y candentes no sólo de los obreros industriales y agrícolas, sino también por las reivindicaciones de millones y decenas de millones de pequeños agricultores.

Los residuos del derecho de servidumbre en todas y cada una de sus formas y manifestaciones siguen oprimiendo hasta hoy con un yugo implacable a toda la masa campesina, y los proletarios, bajo la bandera roja, han declarado la guerra a este yugo.

Pero la bandera roja no significa sólo el apoyo del proletariado a las reivindicaciones campesinas. Significa también las reivindicaciones propias del proletariado. Significa la lucha no sólo por la tierra y la libertad, sino también la lucha contra toda explotación del hombre por el hombre, la lucha contra la miseria de las masas populares, la lucha contra la dominación del capital.

Y he aquí que surge ante nosotros la segunda cuestión: ¿qué puede dar la revolución al campesinado? Muchos amigos sinceros de los campesinos (entre ellos, por ejemplo, los socialistas revolucionarios) no toman en cuenta esta cuestión, no advierten su importancia. Piensan que basta con plantear y resolver la cuestión de qué desean los campesinos, basta con obtener la respuesta: tierra y libertad. Esto es un gran error. La libertad total, la elegibilidad plena de todos los funcionarios, incluido el jefe del Estado, no suprimirán la dominación del capital, no destruirán la riqueza de unos pocos y la miseria de las masas. La supresión total de la propiedad privada de la tierra tampoco suprimirá la dominación del capital ni la miseria de las masas. En la tierra perteneciente a todo el pueblo, sólo podrá llevar una hacienda independiente quien disponga de capital, quien tenga aperos, ganado, máquinas, reservas de semillas, medios monetarios en general, etc. Y quien no tenga nada, salvo sus manos, seguirá siendo inevitablemente esclavo del capital, incluso en una república democrática, incluso cuando la tierra pertenezca a todo el pueblo. La idea de la «socialización» de la tierra sin la socialización del capital, la idea de la posibilidad de un uso igualitario de la tierra subsistiendo el capital y la producción mercantil, es un error. El socialismo en casi todos los países de Europa atravesó épocas en que este error u otro semejante era compartido por la mayoría. La experiencia de la lucha de la clase obrera en todos los países ha demostrado en la práctica todo el peligro de tal error, y de él se han liberado plenamente ahora los proletarios socialistas de Europa y América.

Así pues, la bandera roja de los obreros conscientes significa, en primer lugar, que apoyamos con todas nuestras fuerzas la lucha campesina por toda la libertad y toda la tierra; en segundo lugar, significa que no nos detenemos en esto, sino que vamos más lejos. Además de la lucha por la libertad y la tierra, libramos la lucha por el socialismo. La lucha por el socialismo es la lucha contra la dominación del capital. Esta lucha la libran ante todo los obreros asalariados, que dependen directa y enteramente del capital. En cuanto a los pequeños propietarios, una parte del capital les pertenece, y con frecuencia explotan ellos mismos a obreros. Por eso no todos los pequeños campesinos se alinean en las filas de los luchadores por el socialismo, sino sólo aquellos que se pasan de manera resuelta y consciente al lado de los obreros contra el capital, al lado de la propiedad común contra la propiedad privada.

He aquí por qué los socialdemócratas decimos que luchamos junto con todo el campesinado contra los terratenientes y los funcionarios, y además, los proletarios urbanos, junto con los proletarios rurales, luchamos contra el capital. La lucha por la tierra y la libertad es una lucha democrática. La lucha por la supresión de la dominación del capital es una lucha socialista.

Dirijamos, pues, un caluroso saludo a la Unión Campesina, que ha tomado la decisión de luchar unida y firmemente, con abnegación y sin vacilaciones, por la libertad completa y por toda la tierra. Estos campesinos son auténticos demócratas. Sus errores en la comprensión de las tareas del democratismo y del socialismo debemos explicarlos con paciencia y constancia, como a aliados con los cuales nos une la gran lucha común. Estos campesinos son verdaderos demócratas revolucionarios, con los cuales debemos y vamos a marchar juntos a la lucha por el triunfo completo de la revolución actual. Al plan de la huelga general, a la decisión de levantarse la próxima vez unidos y en común, los obreros urbanos y toda la población campesina pobre, a este plan y a esta decisión los acogemos con la mayor y más completa simpatía. Todos los obreros conscientes harán todos los esfuerzos para ayudar a que este plan se realice. Pero ninguna alianza, ni siquiera con los demócratas revolucionarios más honrados y resueltos, obligará a los proletarios a olvidar su objetivo aún mayor y más importante: la lucha por el socialismo, por la supresión completa de la dominación del capital, por la liberación de todos los trabajadores de toda explotación. ¡Adelante, obreros y campesinos, a la lucha común por la tierra y la libertad! ¡Adelante, proletarios, unidos por la socialdemocracia internacional, a la lucha por el socialismo!

«Nóvaya Zhizn» núm. 11, 12 de noviembre de 1905. Firma: N. Lenin