El informe sobre la conferencia de los partidos y organizaciones socialdemócratas de Rusia{6} que publicamos en el número anterior permite extraer algunas conclusiones, al menos preliminares, sobre la actual agrupación política. La conferencia de los partidos y organizaciones socialdemócratas (POSDR – Comité Central, Bund{7}, LSDRP{8}, S-D de Polonia{9} y el Partido Revolucionario Ucraniano{10}) adoptó por unanimidad la táctica del boicot activo a la Duma de Estado. La necesidad de una agitación intensificada contra la Duma de Estado en el sentido directo de la palabra, la necesidad de agitar contra todos los partidos que admiten la participación en la Duma de Estado y, finalmente, la obligatoriedad de preparar la insurrección armada son ahora reconocidas, se puede decir sin exageración, por toda la socialdemocracia revolucionaria, independientemente de las diferencias nacionales. Los fundamentos de la táctica que adoptó el CC del POSDR y que nosotros defendimos en *Proletari*, a partir del n.º 12 de nuestro periódico, es decir, desde hace ya dos meses y medio, se han convertido ahora en los fundamentos de la táctica de casi toda la socialdemocracia en Rusia, con una triste excepción.

Esta excepción, como sabe el lector, es *Iskra*{11} y la "minoría", escindida del POSDR. La "Comisión Organizadora" –su centro práctico– estuvo representada en la conferencia. No sabemos cómo votó su delegado, pero el hecho es que la Comisión Organizadora se negó a suscribir la resolución de la conferencia. Esto era de esperar después de la adopción por la conferencia "constituyente" sureña de los neoiskristas{12} de una resolución sumamente insensata y, por su significado de principio, oportunista sobre la Duma de Estado, que analizamos detalladamente en el n.º 21 de *Proletari*[1].

De este modo, la agrupación política ha quedado plenamente delineada. La cuestión de la actitud hacia la Duma de Estado ha provocado, quizás por primera vez, una discusión conjunta de la táctica política por parte de los partidos opositores y revolucionarios, de la prensa legal e ilegal. Esto representó un enorme paso adelante en comparación con el período anterior del movimiento. Antes, un abismo total separaba a la oposición de los revolucionarios, al trabajo legal del ilegal. Ahora, el movimiento ha avanzado tan gigantescamente en apenas unas decenas de meses, que el abismo ha sido colmado en una parte considerable: la oposición "legal" fue elevada por la lucha revolucionaria a la cresta de la ola, casi hasta el reconocimiento del hecho de la revolución. Antes, en rigor, ni siquiera podíamos discutir con los representantes de la oposición legal sobre la táctica, sobre la conducta de los partidos políticos, porque fuera de los partidos revolucionarios, ilegales, no había partidos como tales, porque la "actividad política" coincidía enteramente con la actividad de los "delincuentes políticos", si dejamos de lado la "actividad" de la autocracia y sus servidores. Ahora, la Duma de Estado se ha convertido natural e inevitablemente en objeto de discusión de toda la masa del pueblo, de todos los matices, tendencias y partidos. La lucha revolucionaria ha abierto camino a la discusión revolucionaria también en la prensa legal, en las asambleas de los zemstvos, en las reuniones estudiantiles y en los mítines obreros de masas.

La discusión sobre la cuestión de cómo relacionarse con la Duma de Estado la iniciaron quizás los primeros, los zemstvistas y la intelectualidad radical, los más interesados directamente en la dádiva zarista y los más informados sobre ella aún antes de la publicación del manifiesto del 6 de agosto{13}. Y luego esta discusión pasó a toda la prensa política de Rusia, tanto a la libre, es decir, la ilegal, que exponía hasta el final todos sus argumentos y todas sus consignas, como a la legal, que escribía en lenguaje esópico a favor del boicot y libremente contra el boicot.

La agrupación política, este precursor de la demarcación de los partidos políticos y las clases de todos los pueblos de Rusia, comenzó a formarse precisamente en torno a la cuestión del boicot. ¿Ir a la Duma o no ir? ¿Sabotear la Duma o aceptar la Duma? ¿Luchar en la Duma, sobre el terreno de la Duma, o fuera de la Duma, al margen de la Duma, contra la Duma? Así se planteó la cuestión inevitablemente tanto para el puñado privilegiado de electores como para la masa del pueblo "privada de derechos". Y he aquí que, sobre esta cuestión, que se resolvía, por supuesto, desde mil puntos de vista diferentes y con miles de variantes y "opiniones particulares", existen ahora los resultados globales de esa "encuesta" de opinión pública que ofrece toda la prensa y el conjunto de declaraciones de todas las organizaciones políticas, reuniones políticas, asambleas, etc.

Estos resultados globales son los siguientes:

Tres tipos fundamentales de puntos de vista sobre la Duma se destacan con nitidez, en plena correspondencia con las tres fuerzas sociales fundamentales y principales de la revolución en curso: el punto de vista centurionegrista (autocracia), el liberal (la burguesía) y el revolucionario (el proletariado). Los centurionegristas se aferraron a la Duma como el mejor y, quizás, el único medio posible, incluso el único concebible, para defender la autocracia. Los liberales criticaron a fondo la Duma y aceptaron la Duma, arrastrados con fuerza irresistible hacia las vías legales y hacia el acuerdo con el zar. El pueblo revolucionario, con el proletariado a la cabeza, estigmatizó la Duma, proclamó el boicot activo contra ella y ha demostrado ya en los hechos su aspiración a transformar este boicot activo en insurrección armada.

Sobre estos tres tipos fundamentales conviene detenerse con un poco más de detalle.

En lo que respecta a los centurionegristas, se podía esperar (y tal expectativa la expresaban personas inclinadas a tomar la Duma en serio –incluso, si no nos equivocamos, también los iskristas) que los partidarios de la autocracia simpatizarían directa o indirectamente con el boicot o el absentismo, como a menudo se expresa nuestra prensa servil. Que boicoteen, se diría: tanto mejor para nosotros, más íntegra y pura será la composición centurionegrista de la Duma. Y como en Rusia hay órganos conservadores capaces de acosar a los ministros zaristas por su liberalismo excesivo, capaces de hacer oposición al gobierno "demasiado débil", semejante punto de vista bien podría haber encontrado una expresión similar e incluso más clara que muchos puntos de vista constitucionalistas. Pero aquí se puso de manifiesto el error de las personas que tomaron la Duma en serio y empezaron a hablar de la lucha sobre el terreno de la Duma, del apoyo a la lucha en la Duma, etc., etc. Aquí resultó de inmediato que la autocracia necesita terriblemente una oposición legal en la Duma, que teme terriblemente el boicot. ¿Por qué? Muy sencillo: porque se ha revelado indudablemente la total imposibilidad de gobernar el país sin un pacto, aunque sea con una parte de la burguesía como clase. Sin un pacto con el ala derecha de la burguesía, no se puede gobernar el país, no se puede conseguir dinero, no se puede seguir viviendo. Por muy asiática y salvaje que sea nuestra autocracia, por mucho que conserve barbarie antediluviana, conservada de manera extraordinariamente pura durante siglos, el gobierno autocrático es, aun así, el gobierno de un país capitalista, ligado por mil hilos indisolubles con Europa, con el mercado internacional, con el capital internacional. La dependencia de la autocracia respecto a la burguesía de toda Rusia es la dependencia material más fuerte, que puede ser encubierta por cientos de añadidos medievales, que puede ser atenuada por millones de sobornos cortesanos individuales o de grupo (con cargos, puestos, concesiones, limosnas, favores, etc., etc., etc.), pero que en los momentos decisivos de la vida del pueblo debe manifestarse con fuerza determinante.

Y si vemos ahora que el Sr. Witte hace zalemas ante los liberales; que pronuncia discursos liberales de los que informa la prensa legal; que mantiene "negociaciones informales con el Sr. Hessen", líder de los kadetes (telegrama del corresponsal de *The Times* en Petersburgo); que la prensa extranjera se inunda de noticias sobre los planes liberales del zar, todo esto no es casual. Por supuesto, hay una oscuridad de mentiras e intrigas, pero es que el gobierno zarista, y en general cualquier gobierno burgués, no puede dar un solo paso en su política sin mentiras e intrigas. Por supuesto, hay mucho del más mezquino fraude, provocado por la llegada a Petersburgo de los representantes de los banqueros franceses y alemanes para negociar un nuevo empréstito de quinientos millones de rublos, que el gobierno zarista necesita a rabiar. Pero es que todo el sistema de dependencia de los gobiernos respecto a la burguesía genera inevitablemente casos de fraude en todos y cada uno de los pactos y tejemanejes mediante los cuales se realiza esta dependencia.

La autocracia necesita "reconciliarse" con la burguesía, y se ve obligada a tender a ello, aunque, por supuesto, quiere[2] engañar a la opinión pública de Europa y de Rusia. Y la Duma de Estado es un medio magnífico para este fin. La oposición legal de la burguesía en la Duma es precisamente esa apariencia de régimen estatal reconocido por la burguesía que, tal vez, aún podría ayudar a la autocracia a salir del paso.

De aquí se comprende por qué *Moskovskiye Védomosti*{14}, ese órgano de la oposición conservadora al gobierno, habla del boicot a la Duma no con regodeo ni con sorna, sino echando espumarajos por la boca, con la furia de la desesperación. De aquí se comprende que el órgano de los centurionegristas, *Nóvoye Vremia*{15}, se lance contra los "absentistas" e intente implicar en la lucha contra la idea del boicot incluso a Bebel (*Proletari* n.º 20[3]). Los centurionegristas temen el boicot, y sólo personas ciegas o interesadas en justificar a los liberales pueden negar ahora que el éxito del boicot estaría absolutamente asegurado si se hubieran pronunciado a favor de él los dirigentes de los congresos de los zemstvos y de las ciudades.

Pero el quid de la cuestión es que la burguesía liberal, por todos sus intereses de clase radicales, se ve arrastrada hacia la monarquía, hacia las dos cámaras, hacia el orden, la moderación, hacia la lucha contra los "horrores" de la "revolución permanente", contra los "horrores" de la revolución al estilo francés... El viraje de la burguesía liberal, de los osvobozhdentsy{16} y de los constitucionalistas-demócratas{17}, desde las frases radicales sobre el boicot a la guerra decidida contra el boicot, es el primer gran paso político de toda la burguesía rusa como clase, un paso que atestigua su naturaleza traicionera, su "preparación para un crimen" llamado traición a la revolución. Y no es una simple preparación (no punible según ninguna ley, como podría objetarnos algún chistoso de los juristas osvobozhdentsy), sino una tentativa e incluso una tentativa consumada. Ahora vivimos deprisa. Ya pasaron hace mucho aquellos tiempos (recientes según la cronología habitual, no aplicable a las revoluciones) en que teníamos que despertar la conciencia política de la burguesía en general. Incluso han pasado ya los tiempos en que teníamos que ayudar a la burguesía a organizarse como oposición política. Ahora ya han despertado, se han organizado, y en el orden del día ha surgido una tarea completamente distinta, grandiosa, que se ha hecho posible y real sólo gracias a los pasos agigantados de la revolución: la tarea de pactar con el zar (la tarea del capital) y la tarea de neutralizar el capital traicionero (la tarea del trabajo).

El proletariado revolucionario, que marcha a la cabeza del pueblo revolucionario, asumió esta tarea, manteniéndose fiel a su deber: despertar, empujar, levantar a sus "vecinos" en la lucha contra el medioevo y el feudalismo, pasando de los vecinos menos revolucionarios a los más revolucionarios. El proletariado revolucionario, dirigido por la socialdemocracia, no se tomó "en serio" la Duma, sino aquellas palabras, promesas y consignas sobre el boicot a la Duma que, por ligereza, extrema juventud y entusiasmo, se escaparon de los labios de los radicales charlatanes de la burguesía. De la frase sobre el boicot, el proletariado hizo una realidad, al levantar abierta y directamente la bandera de la insurrección armada; al desplegar no sólo la más amplia agitación, sino también la lucha callejera directa (en Moscú); al hermanarse con la juventud radical, ese destacamento avanzado de la amplia masa popular, especialmente campesina, aún no del todo definida en su relación de clase, pero infinitamente oprimida y explotada. El proletariado socialista, en una tarea práctica y combativa, se unificó, sin acuerdo alguno y sin contrato alguno, con las capas despiertas de la democracia burguesa revolucionaria. En los grandes días de Moscú (grandes como presagio, no como acontecimiento aislado), el proletariado y los demócratas revolucionarios libraban la lucha, mientras que los liberales, los osvobozhdentsy y los constitucionalistas-demócratas negociaban con la autocracia.

La agrupación política se ha perfilado: a favor de la Duma para conservar la autocracia; a favor de la Duma para limitar la autocracia; contra la Duma para destruir la autocracia. En otras palabras: a favor de la Duma para aplastar la revolución; a favor de la Duma para detener la revolución; contra la Duma para llevar hasta el final la revolución victoriosa.

La excepción, triste y ofensiva excepción que rompió la integridad de la nítida agrupación de clase (y que confirmó, como toda excepción, la regla general), fue el ala oportunista de la socialdemocracia en la persona de la nueva *Iskra*. Pero también en esta excepción, en el reducido ámbito de las organizaciones ilegales del extranjero, se manifestó una regularidad muy importante y muy instructiva, que ya habíamos predicho. La conferencia de la que hemos hablado más arriba unificó a la socialdemocracia revolucionaria. *Iskra* quedó unificada, no en virtud de un acuerdo, sino por la fuerza de las cosas, con *Osvobozhdenie*. En la prensa ilegal se alzaron a favor del boicot activo los socialdemócratas revolucionarios y la izquierda extrema de la democracia burguesa revolucionaria. Contra el boicot se alzaron los socialdemócratas oportunistas y la derecha extrema de la democracia burguesa.

Así se confirmó lo que había demostrado el análisis de la más importante de las resoluciones tácticas de los neoiskristas ("Dos tácticas" de Lenin)[4], a saber: que *Iskra* desciende hasta los terratenientes liberales, mientras que *Proletari* eleva hasta su nivel a la masa campesina; *Iskra* desciende hasta[5] la burguesía liberal, mientras que *Proletari* eleva a la pequeña burguesía revolucionaria[6].

Quien conozca la literatura socialdemócrata conoce la frase lanzada hace tiempo por *Iskra*: los bolcheviques y *Proletari* se han inclinado hacia los socialistas-revolucionarios{18}, hacia la democracia burguesa extrema. En esta frase, como en toda frase hecha, hay una parte de verdad. No expresa un simple despecho de los iskristas; refleja un fenómeno real, pero lo refleja como un espejo cóncavo refleja un objeto. Este fenómeno real es el hecho de que mencheviques y bolcheviques representan el ala oportunista y el ala revolucionaria de la socialdemocracia rusa. Puesto que los iskristas giraron hacia el oportunismo, inevitablemente tuvieron que llegar a la conclusión de que los bolcheviques (hablando en el lenguaje de las divisiones políticas del siglo XVIII) son "jacobinos"{19}. Estas acusaciones no hacen sino confirmar nuestra opinión sobre el ala derecha y el ala izquierda de la socialdemocracia contemporánea. Estas acusaciones por parte de los oportunistas son tan halagüeñas para nosotros como lo fueron en 1900 las acusaciones de "narodovoltismo" por parte de *Rábocheya Mysl*{20}. Ahora, la agrupación política real de todas las tendencias políticas en toda Rusia, en torno a la cuestión más importante de táctica, ha demostrado de hecho la justeza de nuestra valoración de toda la posición iskrista, empezando por el II Congreso del POSDR{21}.

La agrupación de los partidos ilegales, culminada por la conferencia de todos los socialdemócratas, complementa así naturalmente la agrupación de todos los partidos en la cuestión de la Duma. Y si los iskristas resultaron ser una triste excepción, el hecho de que sean una excepción nos da una nueva fe en la fuerza de la regla, en la victoria de la socialdemocracia revolucionaria, en la realización por la revolución rusa de sus consecuentes consignas. Si en los momentos de abatimiento la vulgaridad de los liberales y la vulgarización del marxismo por algunos marxistas parecen presagiar que también nuestra revolución resultará vulgar, híbrida, inconclusa, como la alemana de 1848, en cambio la vitalidad de los principios de la socialdemocracia revolucionaria infunde una fe tonificante, y las acciones del heroico proletariado sostienen esta fe. La revolución proporciona una espléndida demarcación de las tendencias políticas, una espléndida reducción al absurdo de las opiniones erróneas. La revolución en Rusia marcha de tal modo que hasta ahora justifica las esperanzas en su victoria completa que inspira la situación externa e interna ahora configurada. Y al ver la confusión de la autocracia, el desconcierto de los liberales, al ver la briosa energía revolucionaria del proletariado que arrastra tras de sí al campesinado, entran ganas de creer que "nuestro tren marchará como no marchó el alemán"{22}.

*Proletari* n.º 23, 31 (18) de octubre de 1905.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*, cotejado con el manuscrito.