Los periódicos alemanes, que de ordinario dedican mucha atención a los acontecimientos en la región del Báltico, relatan el siguiente hecho instructivo. En el Politécnico de Riga las cosas marchan como en otros centros de enseñanza superior: las asambleas estudiantiles se han transformado en mítines políticos. Los estudiantes se organizan como fuerza combativa de la revolución. Los magnates liberales arrugan la nariz y refunfuñan entre dientes por la debilidad del gobierno. Pero en Livonia los señores terratenientes se han visto en tales aprietos que han emprendido resueltamente la organización de la guardia armada de sus propiedades, sin confiar en el gobierno, que nada puede hacer ni con los campesinos, ni con los obreros, ni con los estudiantes. Los barones bálticos organizan en serio la guerra civil: contratan directamente destacamentos enteros, los arman con buenos fusiles de repetición y los distribuyen por sus inmensas propiedades. ¡Y resultó que una parte de los estudiantes alemanes de las corporaciones de la región del Báltico se alistó en esos destacamentos! Naturalmente, los estudiantes letones y rusos no sólo declararon el boicot a esos centurias negras con uniforme estudiantil, sino que también nombraron una comisión especial para investigar la participación de estudiantes en las centurias negras de los terratenientes. Dos miembros de esta comisión fueron enviados al campo para recabar información entre los campesinos. El gobierno arrestó a ambos delegados y los trasladó a la cárcel de Riga.

Entonces los estudiantes letones y rusos se sublevaron. Se celebró una enorme asamblea. Aprobaron una resolución enérgica. Exigieron al director del Politécnico, invitado a la asamblea, que tomara inmediatamente medidas para liberar a los detenidos. Terminaron la resolución con un ultimátum directo: si en el plazo de tres días, a la hora indicada, los detenidos no eran puestos en libertad, los estudiantes, con la ayuda de los obreros de Riga, conseguirían su liberación por todos los medios imaginables.

En ese momento el gobernador no se encontraba en Riga; había ido a Petersburgo a solicitar poderes de gobernador general. El gobernador en funciones se acobardó y «salió del paso» diplomáticamente. Mandó llamar (según relata el «Vossische Zeitung»{24} del 20 de octubre, nuevo estilo) al director y a los dos detenidos, y preguntó a estos últimos si sabían que sus actos eran ilegales. Ellos respondieron, por supuesto, que no veían en ellos nada ilegal. Entonces, el gobernador en funciones, según las palabras de un periódico de Riga, les recomendó encarecidamente que se abstuvieran de actos tan ilegales y... los puso en libertad a ambos.

«A los ojos del estudiantado —añade con tristeza el corresponsal, enamorado de los barones bálticos— y a los ojos de la masa que está tras ellos, el gobierno se ha inclinado ante el ultimátum. Y tampoco los observadores neutrales han podido dejar de llevarse la misma impresión».

«Proletari» núm. 23, 31 (18) de octubre de 1905.

Publicado según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.