El diario liberal-burgués alemán *Vossische Zeitung* publica hoy, 12 (25) de octubre, la siguiente comunicación sumamente instructiva sobre la situación política de Rusia, recibida por él de «una persona particularmente bien informada»:

«Gracias a la asombrosa energía del trabajo preparatorio, en Rusia se ha llegado a la huelga general de los obreros ferroviarios. Es el triunfo de una organización magnífica, resultado de la influencia de un número relativamente pequeño (? Nota de la Redacción de *Proletari*) de hombres resueltos sobre una masa amplia e inerte (?? Nota de la Redacción de *Proletari*). Hace apenas unos días aún prevalecían las dudas sobre la posibilidad de una huelga semejante, y ya señalábamos un fenómeno especialmente importante: la aversión a la huelga de los empleados del ferrocarril de Nikoláiev, que se hallaban en las mejores condiciones. Ahora que la huelga se ha producido, no carece de interés echar una ojeada tras los bastidores, donde se tejían los hilos de la organización.

»Como sabe el lector, entre la burguesía democrática y los socialistas se ha creado una unión gracias a los sindicatos y a la Unión de Sindicatos que los aglutina. De estos sindicatos, el papel principal en la organización de la nueva huelga corresponde al sindicato de ingenieros. Debido a la conducta increíblemente laxa y vacilante [?hinterhältige] del gobierno hacia los ingenieros, médicos y abogados, estos círculos se alejaban cada vez más de los sectores moderados del sindicato central y se veían impulsados a aproximarse a los dirigentes de los obreros socialistas. Resultó que los ingenieros, cuando abogaban por el orden en las fábricas, sufrían atentados por parte de los terroristas, y que la autoridad gubernamental no estaba en condiciones de proteger sus vidas.

»Como resultado completamente natural de tal estado de cosas, a los ingenieros no les quedó otra cosa que ponerse al frente de los obreros (los hechos muestran que los ingenieros, por ejemplo, en Moscú, siguieron a los obreros, y aun eso no de inmediato. Nota de la Redacción de *Proletari*). Me he convencido en muchísimos casos, en las más diversas partes del país, de que los ingenieros se decidieron a esto de muy mala gana. Arriesgan con ello, en parte, pérdidas materiales muy considerables, pues después de declararse solidarios con los obreros, estos últimos presentan exigencias increíbles respecto al bolsillo de los ingenieros mejor retribuidos (? ¡vaya, es así, señor autor? Nota de la Redacción de *Proletari*). Tenemos aquí ante nosotros el ideal de la huelga general socialista, y además una huelga en la que los obreros en huelga reciben de personas de la clase empresarial medios materiales para actuar contra los empresarios. Es un episodio sumamente instructivo, y no solo el gobierno ruso podría aprender de este ejemplo. Tal fenómeno es posible solo porque en el movimiento obrero no se trata de una lucha económica, sino de una lucha puramente política. El siguiente paso en la dirección indicada podría ser ahora que los propios empresarios, dueños de fábricas, propietarios y directores de grandes establecimientos industriales y de transporte, se pusieran del lado de los obreros bajo la presión de las circunstancias. El telegrama que les fue enviado hace dos semanas desde Petersburgo muestra que consideraciones de este género ya habían surgido en los círculos mercantiles. Si el gobierno continúa su juego falaz, entonces el desarrollo de los acontecimientos en esa misma dirección me parece inevitable. Para proteger de la destrucción las fábricas que les pertenecen en propiedad o que les han sido confiadas en administración, los fabricantes se verán obligados a confiarse [sich anzuvertrauen] a los obreros. Con ello resultan especialmente afectados los intereses del capital extranjero. Ante todo, la cosa afectará a nuestras (es decir, alemanas. *Nota de la Redacción de Proletari*) empresas eléctricas, en las que se han invertido alrededor de 46 millones de rublos de capital. En efecto, paralizar el alumbrado, el abastecimiento de agua y la circulación de tranvías es un viejo deseo de los grupos revolucionarios. Y todo el mundo sabe lo fácil que es detener por largo tiempo estos complejos establecimientos. A juzgar por el desarrollo del movimiento en la última semana, cabe esperar que una decisión de ese tipo sea adoptada muy pronto, dentro de algunas semanas. De esto se ha convencido ahora, al parecer, también el conde Witte. De otro modo resultaría incomprensible su conducta, su abierta agitación contra la camarilla dominante. Por lo demás, me parece que el conde Witte ya ha llegado tarde con sus cálculos.

»Al lado de la organización de los socialistas, ha cobrado gran difusión, especialmente en el campo, la organización de los llamados monarquistas. Con ayuda de las bajas autoridades provinciales, del clero y de la clase de los pequeños capitalistas sin instrucción, tan favorecida por la ley de la Duma Estatal, en la Rusia central se preparan por todas partes contramanifestaciones contra los socialistas, y, si no me engañan todos los indicios, en el futuro más inmediato cabe esperar el primer golpe, que será el comienzo de la contrarrevolución.

»La existencia de esta organización, de la que nada nos dicen los periódicos, hace comprensible para nosotros la conducta aparentemente inconsecuente del gobierno. Éste lleva adrede las cosas a tal exacerbación para aparecer como supuestamente obligado a aplastar la insurrección a sangre y fuego. Es exactamente la misma táctica que siguió cuando los obreros petersburgueses se disponían a marchar con una petición al zar hacia el Palacio de Invierno. En vez de detener a los principales dirigentes y hacer así imposible de antemano la realización de la manifestación, dejó libertad de acción a los obreros que nada sospechaban, y después ametralló de improviso a varios centenares de ellos. Pero las insurrecciones que se avecinan probablemente no transcurrirán ya de manera tan sencilla, y no podemos formarnos ninguna idea de los horrores que nos deparan las próximas semanas. Estamos en vísperas de acontecimientos poderosos y conmocionantes.» (Cursiva del original.)

Los señores burgueses liberales llegan a veces a conclusiones razonables: es mejor confiar en los obreros, pues el zarismo ya no ha justificado la confianza. Con semejante burgués marcharemos ahora codo con codo, y a los obreros les diremos: uníos en un partido socialista, pues del incendio ruso de hoy surgirá mañana el incendio europeo, y en el orden del día se planteará la lucha no solo por la libertad, sino ya por el socialismo.