Ya hemos hablado en repetidas ocasiones de la inconsistencia de la táctica de Iskra en la campaña «de la Duma». Son inconsistentes los dos rasgos fundamentales de esta táctica: tanto el afán de apoyar a los osvobozhdentsy que se presentan a la Duma basándose en determinados compromisos revolucionarios, como la proclamación de la consigna: «autogobierno revolucionario de los ciudadanos», el llamamiento a elegir en una asamblea constituyente mediante comicios de todo el pueblo bajo la autocracia. Ahora tenemos por fin un intento de formular con precisión y oficialmente la táctica de Iskra en la resolución de la «Conferencia Constituyente (?) del Sur» de los mencheviques. En esta conferencia estuvieron representadas las mejores fuerzas de los novoiskristas en Rusia. La resolución nos ofrece la experiencia de una exposición práctica de consejos puramente prácticos dirigidos al proletariado. He aquí por qué un atento análisis de esta resolución se presenta como una necesidad perentoria, tanto desde el punto de vista de la elaboración de una práctica definida como para valorar toda la posición táctica de Iskra en su conjunto.

Citamos el texto completo de la resolución:

Resolución de la Conferencia Constituyente de las organizaciones del Sur a propósito de la Duma de Estado. Considerando que la única salida de la difícil situación actual, correspondiente a los intereses de todo el pueblo, es la convocatoria de una asamblea constituyente sobre las bases del sufragio universal, igual, directo y secreto para liquidar el régimen autocrático e instaurar una república democrática, que ante todo es necesaria al proletariado en interés de su lucha contra todas las bases del régimen burgués y por la realización del socialismo, – y teniendo en cuenta:

1) que el sistema electoral a la Duma de Estado no permite que todo el pueblo tome parte en ella, estando el proletariado completamente privado del derecho al voto debido al establecimiento de un alto censo de propiedad para los habitantes de las ciudades, y el campesinado, y solo una parte de él, elegirá sobre la base de un sistema de 4 grados, que abre pleno campo a la presión administrativa sobre él; —

2) que toda Rusia sigue privada de todas las libertades civiles necesarias, sin las cuales es imposible la agitación preelectoral y, por consiguiente, la realización de elecciones medianamente correctas, y que, por el contrario, en la actualidad la arbitrariedad administrativa domina en todas partes más que nunca, y enormes territorios son declarados uno tras otro en estado de guerra; —

y, por último, 3) que para todas las regiones periféricas se elabora un sistema de representación aún más caricaturesco; —

la conferencia propone a todas las organizaciones desarrollar la más enérgica agitación, poniendo de manifiesto todo el carácter caricaturesco de esa representación con la que el gobierno autocrático piensa engañar al pueblo, y declara consciente traidor al pueblo a todo aquel que esté dispuesto a contentarse con la Duma de Estado y no se plantee como tarea en este momento decisivo apoyar con sus acciones y su táctica las exigencias del pueblo revolucionario sobre la convocatoria de una asamblea constituyente sobre las bases del derecho electoral universal, igual, directo y secreto.

Con el fin de lograr lo antes posible dicha exigencia, la Conferencia del Sur recomienda a las organizaciones del partido la siguiente táctica:

1) Desarrollar una enérgica agitación entre el proletariado obrero y la masa campesina para crear amplias organizaciones democráticas y unificarlas en una organización de toda Rusia con el objetivo de luchar enérgicamente contra la Duma de Estado y por la realización de la asamblea constituyente de todo el pueblo junto con la introducción inmediata de la libertad de palabra, prensa, reunión, asociación y huelga. – Se debe avanzar hacia la creación de esta organización popular de toda Rusia mediante la formación de comités de agitación elegidos por los obreros en las distintas fábricas y talleres, la unificación de estos comités de agitación; la creación de correspondientes comités de agitación entre el campesinado; el establecimiento de un vínculo más estrecho entre los comités urbanos y campesinos; la formación de comités de provincia y el establecimiento de vínculos entre ellos.

2) Cuando esta organización tenga la fuerza suficiente, cuando exista un estado de ánimo correspondiente en la masa obrera, proceder, al abrirse la campaña electoral, a organizar elecciones de todo el pueblo a la asamblea constituyente, teniendo en cuenta que el movimiento popular organizado, dirigido a la realización de estas elecciones, puede convertirse en una transición natural a la insurrección de todo el pueblo contra el zarismo, ya que la inevitable resistencia de éste y el choque con él sobre el terreno de la realización de las elecciones crearán nuevos motivos impulsivos para la insurrección, y la organización previa del pueblo le garantizará la generalización y la unidad.

3) Paralelamente, la conferencia propone luchar por la conquista de la libertad de reuniones electorales, recomienda la enérgica intervención en la campaña electoral, la intervención del pueblo en las asambleas de compromisarios, el debate por los compromisarios entre el pueblo en amplias asambleas populares sobre las tareas que se presentan ante los representantes elegidos para la Duma de Estado, procurando el partido socialdemócrata que los sectores de la población con derecho a voto para la Duma de Estado emprendan el camino revolucionario, lo que puede expresarse o bien en la adhesión a la insurrección dirigida por las organizaciones democráticas del pueblo, o bien, en ausencia de ésta, en el afán de convertir la Duma de Estado en formación en una asamblea revolucionaria para convocar la asamblea constituyente de todo el pueblo o para contribuir a su convocatoria por las organizaciones democráticas del pueblo.

4) Prepararse para presionar en la misma dirección sobre la Duma de Estado si para el momento de su convocatoria definitiva el movimiento popular no conduce al derrocamiento de la autocracia y a la organización de la asamblea constituyente. – Prepararse para plantear ante la Duma de Estado el ultimátum de la convocatoria de la asamblea constituyente, la introducción inmediata de la libertad de palabra, reunión, prensa, asociación y armamento del pueblo. – Prepararse para apoyar este ultimátum con la huelga política y otras amplias acciones populares.

5) Toda esta táctica debe ser adoptada por amplias asambleas populares, organizadas antes y durante la campaña electoral entre el proletariado y el campesinado.

No nos detendremos en los defectos de redacción de la resolución, que adolece de prolijidad. Vayamos directamente a los errores fundamentales.

1. En la parte introductoria se habla de la única salida de la situación actual. A este respecto, todo el centro de gravedad se desplaza al concepto de asamblea constituyente y no se dice ni una palabra sobre quién debería convocarla para hacer que la «salida» no lo sea solo de palabra, sino de hecho. Este silencio es una claudicación de los socialdemócratas ante los osvobozhdentsy. Ya hemos mostrado en reiteradas ocasiones que son precisamente los intereses de la burguesía liberal monárquica los que obligan a los osvobozhdentsy a limitarse a la mera convocatoria de la asamblea constituyente de todo el pueblo y a silenciar la cuestión de quién debe convocarla. Hemos mostrado en repetidas ocasiones que precisamente esta cuestión ha sido colocada ya en primer plano por la revolución en desarrollo, que precisamente en esto consiste ahora la diferencia radical entre la táctica oportunista («conciliadora») de la burguesía y la táctica revolucionaria del proletariado. Con su resolución, los novoiskristas han aportado ahora una prueba documental de que padecen una incurable ceguera en las cuestiones fundamentales de la táctica, desviándose hacia las consignas osvobozhdentsy.

En su contenido ulterior, la resolución enreda aún más la cuestión de la convocatoria de la asamblea constituyente de todo el pueblo. La prédica que deposita en este sentido esperanzas en la Duma de Estado es una prédica directamente reaccionaria, y la convocatoria de la asamblea constituyente por la «organización democrática del pueblo» tiene la misma significación que si propusiéramos convocar la asamblea constituyente a través del comité de amigos del pueblo residentes en el planeta Marte. – En su conferencia general rusa, los novoiskristas cometieron un error imperdonable al equiparar la convocatoria de la asamblea constituyente de todo el pueblo por el gobierno revolucionario a su convocatoria por una de las instituciones representativas. Ahora los novoiskristas han ido aún más atrás: han silenciado por completo el gobierno revolucionario provisional. ¿Por qué? ¿Con qué fundamento? ¿En qué han cambiado sus puntos de vista? – Todo esto sigue siendo un misterio. En lugar de desarrollar directivas tácticas, los mencheviques solo ofrecen en sus conferencias muestras de saltos y bandazos, ora a la derecha, ora a la izquierda.

2. La declaración de «consciente traidor al pueblo a todo aquel que esté dispuesto a contentarse», etc., es precisamente uno de esos saltos supuestamente a la izquierda y, además, un salto no hacia el camino verdaderamente revolucionario, sino hacia la frase revolucionaria. En primer lugar, ¿a qué viene esa palabreja hiriente sobre «consciente» (traidor)? ¿Acaso fue un consciente traidor al pueblo Johann Jacoby, quien en 1847 iba, como liberal burgués, a la Duma de Estado o al Landtag Unido, y después de la guerra de 1870-1871 se pasó a los socialdemócratas? ¿Será un consciente traidor todo campesino que vaya a la Duma y esté «dispuesto» a contentarse con muy, pero que muy poco? En segundo lugar, ¿es razonable el criterio de traición aquí expuesto: quien está dispuesto a contentarse, quien no se plantea como tarea, etc.? ¿Cómo se demuestra la «disposición» y el «planteamiento de tareas», con palabras o con hechos? Si con palabras, entonces hay que tomar a los que van a la Duma de Estado, a los k.-d. («constitucionalistas-demócratas», como se han autodenominado ahora los osvobozhdentsy), una promesa firmada o un compromiso revolucionario (Parvus, Cherevanin, Mártov). Entonces la resolución debería expresar esta idea con claridad, y no echar cortinas de humo. Y si la «disposición» se demuestra con hechos, ¿por qué la resolución no dice abierta y directamente qué «acciones» demuestran a sus ojos esa disposición? Porque en la resolución se ha reflejado el error fundamental de la nueva Iskra, que no sabe trazar la frontera entre la democracia revolucionaria y la democracia monárquico-liberal. En tercer lugar, ¿es razonable por parte de un partido en lucha hablar en forma general de personas («todo aquel que»), y no en forma concreta de tendencias o partidos? Para nosotros es particularmente importante ahora desenmascarar ante el proletariado precisamente la tendencia, precisamente el partido de los k.-d., que ya nos ha mostrado con sus «acciones» qué exigencias apoya y cómo las apoya. Dirigirse en nombre de las organizaciones socialdemócratas a los obreros, hablarles de los que van a la Duma, de los compromisarios a la Duma, etc., y silenciar al partido de los k.-d. (osvobozhdentsy en una palabra) significa o bien escurrir el bulto y emplear ardides indignos (llevando a espaldas un acuerdo con los osvobozhdentsy para apoyarlos en las condiciones de Parvus o de Cherevanin), o bien, por insensatez, sembrar la corrupción en el medio obrero y renunciar a la lucha contra los k.-d.

Aparte de los hechos históricos sobre la actividad de «Osvobozhdenie», de los osvobozhdentsy, de los zemstvistas y demás k.-d., no tenemos ningún material serio para valorar la «disposición» de los demócratas de la burguesía a luchar junto al pueblo. Los novoiskristas rehúyen este material y se despachan con una frase huera. ¡Y Plejánov aún se esfuerza por convencernos de que la nebulosidad organizativa en las opiniones de Iskra no se complementa con la nebulosidad táctica!

Porque los iskristas, de hecho, no solo cerraron los ojos ante la «disposición» de los k.-d. a cometer traición, demostrada por su evidente y por todos señalado viraje a la derecha durante el período entre el congreso zemstvista de julio y el de septiembre, ¡sino que incluso ayudaron a esos k.-d. con su guerra contra el boicot! A los hipotéticos osvobozhdentsy («todo aquel que esté dispuesto», etc.) los iskristas los amenazan con palabras «terriblemente terribles», mientras que a los reales osvobozhdentsy los ayudan con su táctica. Esto es muy en el espíritu del Sr. Rodíchev, uno de los líderes de los k.-d., que truena: «¡Nosotros no tomaremos la libertad de manos manchadas con la sangre del pueblo!» (esta frase del Sr. Rodíchev en una reunión privada contra W. Stead circula ahora por todos los periódicos extranjeros) – y al mismo tiempo exige la convocatoria de la asamblea constituyente de todo el pueblo precisamente por esas manos.

3. El siguiente error fundamental de la resolución reside en la consigna: «crear amplias organizaciones democráticas y unificarlas en una organización de toda Rusia». La ligereza de los socialdemócratas que lanzan semejante consigna es sencillamente asombrosa. ¿Qué significa eso de crear amplias organizaciones democráticas? Puede significar una de dos cosas: o bien el hundimiento de la organización de los socialistas (POSDR) en la organización de los demócratas (los novoiskristas no pueden llevar esto a cabo conscientemente, pues sería una traición total al proletariado) – o bien una unión temporal entre los socialdemócratas y ciertos sectores de los demócratas burgueses. Si los novoiskristas quieren predicar tal unión, ¿por qué no lo dicen directa y abiertamente? ¿Por qué se escudan tras la palabreja «creación»? ¿Por qué no indican con precisión con qué corrientes o grupos precisamente dentro de la democracia burguesa llaman a la socialdemocracia a unirse? ¿Acaso no es este un nuevo ejemplo de una inadmisible nebulosidad táctica, que de hecho convierte inevitablemente a la clase obrera en un apéndice de la democracia burguesa?

La única definición del carácter de estas «amplias organizaciones democráticas» en la resolución consiste en la indicación de sus dos objetivos: la lucha (1) contra la Duma de Estado y (2) por la asamblea constituyente de todo el pueblo. El segundo objetivo, en su fofa formulación iskrista, es decir, sin indicar quién debe convocar la asamblea constituyente de todo el pueblo, ha sido plenamente reconocido por los k.-d. Entonces, ¿los iskristas predican la unión de los s.-d. con los k.-d., avergonzándose de decirlo directamente?? El primer objetivo está formulado con una falta de claridad como la que estamos acostumbrados a ver solo en las leyes rusas, que engañan deliberadamente al público. ¿Qué es la lucha contra la Duma de Estado? Si lo entendemos literalmente, suponiendo que los redactores de la resolución quieren expresarse sin equívocos, esto significa el boicot a la Duma, pues luchar contra una institución que aún no existe significa oponerse a su surgimiento. Pero sabemos que los iskristas están contra el boicot; vemos por la propia resolución que más adelante no hablan ya de lucha contra la Duma de Estado, sino de presión sobre la Duma de Estado, del afán de convertir la Duma de Estado en asamblea revolucionaria, etc. Por tanto, las palabras «lucha contra la Duma de Estado» no hay que entenderlas en sentido literal, no en sentido estricto. Pero si es así, ¿en qué sentido? ¿Acaso en el sentido del Sr. M. Kovalevski, que lee ponencias con críticas a la Duma de Estado? ¿Qué es exactamente lo que se llama lucha contra la Duma de Estado?? Esto sigue siendo un misterio. Nuestros embrolladores no han dicho absolutamente nada preciso al respecto. Conociendo el estado de ánimo de los obreros conscientes, incondicionalmente hostil a la táctica de acuerdos con los k.-d., a la táctica de apoyo a la Duma en determinadas condiciones, nuestros novoiskristas han elegido cobardemente un camino intermedio: por un lado, repetir la consigna popular entre el proletariado: «lucha contra la Duma de Estado»; por otro lado, despojar a esta consigna de su sentido preciso, echar arena a los ojos, interpretar la lucha contra la Duma en el sentido de presión sobre la Duma, etc. ¡Y este lamentable embrollo es lanzado por las organizaciones más influyentes de los iskristas en un momento en que los osvobozhdentsy gritan a toda Europa, golpeándose el pecho, que van a la Duma de Estado solo para luchar, enteramente para luchar, que están «dispuestos» a una ruptura total con el gobierno!

Preguntamos a los lectores: ¿se ha visto alguna vez una inconsistencia más vergonzosa en la táctica de la socialdemocracia? ¿Se puede imaginar algo más nocivo para la socialdemocracia que esta prédica de «creación de amplias organizaciones democráticas» junto con los osvobozhdentsy (pues los k.-d. están de acuerdo con los objetivos de tales organizaciones expuestos al estilo iskrista), pero sin nombrar directamente a los osvobozhdentsy??

¡Y Plejánov, que se ha desprestigiado ante los ojos de todos los socialdemócratas revolucionarios rusos con su defensa de casi dos años de las «nebulosidades organizativas» iskristas, vendrá ahora a asegurarnos que la táctica novoiskrista es buena!...

4. Más aún. Es extremadamente insensato llamar a la unión de amplias (y difusas) organizaciones democráticas «organización popular de toda Rusia» u «organización democrática del pueblo». Esto es, ante todo, incorrecto teóricamente. Los «economistas» pecaban, como es sabido, de confundir el partido con la clase. Los iskristas, resucitando viejos errores, confunden ahora la suma de partidos u organizaciones democráticos con la organización del pueblo. Es una frase vacía, falsa, nociva. Es vacía, pues no hay en ella ningún sentido definido debido a la falta de indicación de determinados partidos o corrientes democráticos. Es falsa, pues en la sociedad capitalista incluso la clase avanzada, el proletariado, no está en condiciones de crear un partido que abarque a toda la clase – y del pueblo entero, en general, no hay ni que hablar. Es nociva, pues atiborra las cabezas con una palabreja altisonante, sin poner en primer plano el trabajo real de esclarecimiento del verdadero significado de los partidos democráticos reales, de su base de clase, de su grado de cercanía al proletariado, etc. Precisamente ahora, en la época de la revolución democrática, burguesa por su contenido socioeconómico, es particularmente fuerte la tendencia de los demócratas burgueses, de todos esos k.-d., etc., hasta los socialistas-revolucionarios, a predicar «amplias organizaciones democráticas», en general, a fomentar directa o indirectamente, abierta o solapadamente, el apartidismo, es decir, la ausencia de delimitaciones estrictas entre los demócratas. Los representantes conscientes del proletariado deben luchar resuelta y despiadadamente contra esta tendencia, pues es profundamente burguesa por su propia esencia. Debemos poner en primer plano las diferencias partidarias precisas, desenmascarar toda confusión, mostrar la falsedad de las frases sobre un democratismo supuestamente único, solidario, amplio, frases de las que están atiborrados nuestros periódicos liberales. Al proponer la unión con determinados sectores de la democracia para tareas definidas, debemos destacar a una democracia revolucionaria – especialmente en un momento como el actual – debemos señalar los rasgos que delimitan con la mayor claridad a los «dispuestos» a luchar (ahora mismo en las filas del ejército revolucionario) de los «dispuestos» a regatear con la autocracia.

Para explicar más gráficamente a los iskristas su error, tomemos un ejemplo más sencillo. Nuestro programa habla de los comités campesinos. La resolución del III Congreso del POSDR define con mayor precisión su significado, llamándolos comités campesinos revolucionarios (en este sentido coincidió con el III Congreso, en esencia, también la conferencia novoiskrista). Como tarea suya planteábamos la realización por vía revolucionaria de las transformaciones democráticas en general y agrarias en particular, hasta la confiscación de las tierras de los terratenientes inclusive. Ahora los iskristas recomiendan en la resolución nuevos «comités de agitación entre el campesinado». Este es un consejo digno no de obreros socialistas, sino de burgueses liberales. Tales «comités de agitación campesinos», si llegaran a crearse, harían completamente el juego a los osvobozhdentsy, pues su carácter revolucionario sería sustituido por uno liberal: ya hemos señalado que el contenido definido al estilo iskrista de la agitación de estos comités de agitación (lucha «contra» la Duma de Estado y por la asamblea constituyente de todo el pueblo) no rebasa los límites del programa osvobozhdentsy. ¿Les queda claro ahora a los novoiskristas que, al complementar la consigna de los comités campesinos revolucionarios con la consigna de los «comités campesinos de agitación», convierten las consignas socialdemócratas en consignas osvobozhdentsy?

5. Finalmente, llegamos también a la tarea principal de esta «organización popular de toda Rusia»: la organización de las elecciones de todo el pueblo a la asamblea constituyente. ¡Con el mantenimiento de la autocracia, elecciones de todo el pueblo! Y los «choques» con la autocracia proporcionan «nuevos motivos impulsivos para la insurrección»... ¡He aquí, ciertamente, elecciones ridículas como nuevos motivos impulsivos para la insurrección!

La consigna del «autogobierno revolucionario», la teoría del «surgimiento espontáneo» de la asamblea constituyente han conducido inevitablemente a este absurdo, que está destinado a convertirse en clásico. Hablar de elecciones de todo el pueblo bajo el dominio de los Trépov, es decir, antes de la victoria de la insurrección, antes del derrocamiento efectivo del poder zarista, es la mayor manilovshchina, capaz solo de introducir una increíble corrupción política en la cabeza de los obreros. Solo gente acostumbrada por la nueva Iskra al dominio de la frase puede aceptar tales consignas, que se desmoronan en polvo al primer contacto de la crítica sobria. Basta con pensar un poquito en lo que son las elecciones de todo el pueblo en el sentido serio de esta palabra, basta recordar que requieren tanto la libertad de agitación como la información de toda la población, y el reconocimiento por toda la población de un centro o de tales centros locales que confeccionen las listas de toda la población y realicen la operación de encuestar realmente a todos sin excepción – basta una pizca de reflexión sobre esto para relegar las «elecciones de todo el pueblo» proyectadas por Iskra a la categoría de farsa de todo el pueblo o de charlatanería de todo el pueblo. Ni un solo diputado que merezca medianamente el título de «elegido de todo el pueblo», es decir, que haya reunido 50-100 mil votos, emitidos real, libre y conscientemente, ni un solo diputado así puede ser elegido en ninguna parte de Rusia «al abrirse la campaña electoral».

La resolución iskrista aconseja al proletariado que represente una comedia, y ninguna salvedad ni evasiva cambia el significado de esta resolución comediante. Se nos dice que las elecciones se llevarán a cabo solo «cuando la organización tenga la fuerza suficiente», solo cuando «la organización previa le garantice (a la insurrección) la generalización y la unidad». Respondemos: la fuerza se demuestra con hechos, no con palabras. Antes de la victoria de la insurrección es ridículo siquiera hablar de una fuerza capaz de, sin provocar burlas, proclamar por lo menos «elecciones de todo el pueblo», por no hablar ya de realizarlas. La victoria de la insurrección no puede ser «garantizada» por generalización alguna ni unidad alguna de la organización, si (1) esta organización no está compuesta por gente realmente capaz de insurrección (y hemos visto que la resolución predica simplemente organizaciones «amplias», es decir, de hecho osvobozhdentsy, que indefectiblemente traicionarían la insurrección si esta comenzara); (2) no resulta haber fuerza para la victoria de la insurrección (y para la victoria se necesita la fuerza material del ejército revolucionario, además de la fuerza moral de la opinión pública, de la voluntad popular, etc.). Poner en primer plano esta fuerza moral, estas palabras altisonantes sobre el «carácter de todo el pueblo» y silenciar en un llamamiento de combate la fuerza material directa significa rebajar las consignas revolucionarias del proletariado a frase democrático-burguesa.

Las elecciones ridículas representan precisamente no una transición «natural», sino artificial a la insurrección, una transición inventada por un puñado de intelectuales. Inventar tales transiciones artificiales es una ocupación completamente análoga a la vieja ocupación nadezhdiniana: la invención del terror «excitador». Los novoiskristas también quieren artificialmente «excitar», incitar al pueblo a la insurrección – idea falsa en su base. Crear una organización realmente de todo el pueblo no podemos; las elecciones que se nos ocurriera convocar bajo la autocracia quedarán inevitablemente como una comedia, y utilizar semejante pretexto inventado para la insurrección es como decretar la insurrección en un momento de ausencia de excitación real en el pueblo. Solo gente que no cree en la actividad revolucionaria del proletariado, solo intelectuales a la caza de palabras rimbombantes pudieron ponerse a inventar en septiembre de 1905 «nuevos motivos impulsivos para la insurrección». ¡Como si nos faltaran en Rusia motivos reales, y no de comedia, para la insurrección, como si hubiera pocos casos de excitación real, y no escenificada, no falseada, de las masas! Las elecciones ridículas nunca excitarán a las masas. Pero una huelga, o una manifestación, o un motín militar, o una explosión estudiantil seria, o el hambre, o la movilización, o un conflicto en la Duma de Estado, etc., etc., etc., pueden constante, permanentemente, excitar realmente a las masas. No solo es una grandísima estupidez la idea de inventar «nuevos motivos impulsivos para la insurrección», sino que incluso la idea de indicar de antemano este y no otro motivo que excite realmente a las masas sería insensata. Las personas que se respetan un poco, que se toman medianamente en serio sus palabras, nunca se permitirán inventar «nuevos motivos impulsivos para la insurrección».

No es de «nuevos motivos» de lo que hay carencia, estimadísimos Manílov, sino de fuerza militar, de fuerza militar del pueblo revolucionario (y no del pueblo en general), que consiste 1) en el proletariado y el campesinado armados, 2) en destacamentos avanzados organizados de representantes de estas clases, 3) en los sectores del ejército dispuestos a pasarse al lado del pueblo. Todo esto junto constituye el ejército revolucionario. Hablar de la insurrección, de su fuerza, de la transición natural a ella y no hablar del ejército revolucionario es un absurdo y una confusión – tanto más cuanto más movilizado está el ejército contrarrevolucionario. Inventar «nuevos motivos impulsivos para la insurrección» en la época de las insurrecciones caucásicas y del Mar Negro, polacas y de Riga, significa encerrarse adrede en su propio cascarón y apartarse del movimiento. Tenemos ante nosotros una formidable efervescencia de los obreros y campesinos. Tenemos ante nosotros una serie de explosiones de insurrección que progresan de manera constante y con enorme rapidez en amplitud, fuerza y tenacidad, empezando por el 9 de enero. Nadie puede garantizar que mañana estas explosiones no se repitan en cualquier gran ciudad, en cualquier campamento militar, en cualquier aldea. Al contrario, todos los indicios coinciden en que tales explosiones son probables, cercanas, inevitables. Su éxito depende, en 1er lugar, de los éxitos de la agitación y la organización revolucionarias – precisamente revolucionarias, y no «ampliodemocráticas», sobre las que parlotea Iskra, pues entre los demócratas hay una masa de no revolucionarios. El éxito depende, en 2º lugar, de la fuerza y la disposición del ejército revolucionario. La primera condición ha sido reconocida por todos hace mucho tiempo y está siendo llevada a la práctica en toda Rusia por todos los revolucionarios, literalmente en cada reunión de círculo, grupo, destacamento volante, asamblea de masas. La segunda aún está muy, muy poco reconocida. La burguesía liberal no quiere ni puede reconocerla por su posición de clase. De entre los revolucionarios, la silencian solo las personas que marchan sin remedio a la cola de la burguesía monárquica.

Insurrección es una palabra muy grande. El llamamiento a la insurrección es un llamamiento sumamente serio. Cuanto más compleja se hace la estructura social, cuanto más alta es la organización del poder estatal, cuanto más perfecta es la técnica militar, tanto más inadmisible es el lanzamiento a la ligera de tal consigna. Y hemos dicho más de una vez que los socialdemócratas revolucionarios preparaban desde hace tiempo su lanzamiento, pero la lanzaron como llamamiento directo solo cuando no podía haber ningún titubeo en cuanto a la seriedad, amplitud y profundidad del movimiento revolucionario, ningún titubeo en cuanto a que el asunto se acerca al desenlace en el verdadero sentido de la palabra. Con las grandes palabras hay que manejarse con cautela. Las dificultades para convertirlas en grandes hechos son enormes. Pero por eso mismo sería imperdonable despachar estas dificultades con frases, sacudirse de encima las tareas serias con inventos manilovianos, ponerse ante los ojos las anteojeras de dulces fantasías sobre supuestas «transiciones naturales» hacia estas difíciles tareas.

Ejército revolucionario es también una palabra muy grande. Su creación es un proceso difícil, complejo y largo. Pero cuando vemos que ya ha comenzado y por jirones, a pedacitos, avanza por todas partes; – cuando sabemos que sin tal ejército la victoria real de la revolución es imposible – debemos lanzar una consigna decidida y directa, predicarla, hacer de ella la piedra de toque de las tareas políticas candentes. Sería erróneo pensar que las clases revolucionarias poseen siempre la fuerza suficiente para llevar a cabo un vuelco cuando ese vuelco ha madurado plenamente en virtud de las condiciones del desarrollo socioeconómico. No, la sociedad humana no está organizada de un modo tan razonable ni tan «cómodo» para los elementos avanzados. El vuelco puede madurar, pero la fuerza de los creadores revolucionarios de ese vuelco puede resultar insuficiente para su realización – entonces la sociedad se pudre, y esta putrefacción se prolonga a veces durante décadas enteras. Que el vuelco democrático ha madurado en Rusia es indudable. Pero si las clases revolucionarias tienen ahora fuerza suficiente para llevarlo a cabo, eso aún no se sabe. Lo decidirá la lucha, cuyo momento crítico se aproxima con enorme rapidez – si no nos engaña toda una serie de indicios directos e indirectos. La superioridad moral es indudable, la fuerza moral es ya abrumadoramente grande; sin ella, por supuesto, no podría hablarse siquiera de vuelco alguno. Es una condición necesaria, pero aún no suficiente. Y si se transformará en fuerza material suficiente para quebrantar la muy, muy seria (no cerremos los ojos ante ello) resistencia de la autocracia, eso lo mostrará el desenlace de la lucha. La consigna de la insurrección es la consigna de la solución del problema por la fuerza material – y esta en la cultura europea moderna suele ser solo la fuerza militar. Esta consigna no puede ser lanzada hasta que no hayan madurado las condiciones generales del vuelco, hasta que no se hayan manifestado de manera definida la excitación y la disposición de las masas a la acción, hasta que las circunstancias externas no hayan conducido a una crisis evidente. Pero una vez lanzada tal consigna – entonces ya sería directamente vergonzoso retroceder de ella, otra vez a la fuerza moral, otra vez a una de las condiciones de la acumulación del terreno para la insurrección, otra vez a una de las «posibles transiciones», etc., etc. No, una vez echada la suerte, hay que dejar todos los rodeos, hay que explicar directa y abiertamente a las más amplias masas cuáles son ahora las condiciones prácticas para un vuelco exitoso.

No hemos agotado ni de lejos todos los errores de la resolución iskrista, que – para la gente que piensa y no se limita a «aprovechar el momento» – quedará por mucho tiempo como un triste monumento de la trivialización de las tareas de la socialdemocracia. Nos parece más importante rastrear las fuentes fundamentales de los errores que enumerar todas las manifestaciones, incluso comparativamente menores, de la falsedad radical. Por eso señalaremos solo de pasada lo absurdo y reaccionario de la idea de plantear «ultimátums» (palabra militar, que suena a vulgar fanfarronería en ausencia de una fuerza militar preparada) a la Duma, del afán de convertir a esta Duma en una asamblea revolucionaria, y pasaremos al significado general de la consigna: «autogobierno revolucionario del pueblo».

En esta consigna, o, más exactamente, en su transformación en consigna central, está la raíz de todos los bandazos de Iskra. Iskra ha intentado defender esta consigna remitiéndose a la «dialéctica», – ¡a esa misma dialéctica plejanoviana gracias a la cual las «nebulosidades organizativas» de Iskra fueron primero defendidas y luego desenmascaradas por Plejánov!

El autogobierno revolucionario del pueblo no es el prólogo de la insurrección, decíamos nosotros, no es una «transición natural» hacia ella, sino el epílogo. Sin la victoria de la insurrección no se puede hablar en serio de un verdadero y pleno autogobierno. Y añadíamos que es reaccionaria la propia idea de desplazar el centro de gravedad a la administración del Estado, y no a la organización del Estado, que la identificación del autogobierno revolucionario con el ejército revolucionario es un grandísimo disparate, que el ejército revolucionario, una vez vencedor, presupone obligatoriamente el autogobierno revolucionario, mientras que el autogobierno revolucionario no incluye todavía obligatoriamente el ejército revolucionario.

Iskra intentó defender la confusión de sus consignas conscientes remitiéndose a la «dialéctica» del proceso espontáneo inconsciente. La vida, dicen, no conoce fronteras tajantes. Las bolsas de trabajo obreras existen ya ahora («Sozial-Demokrat» nº 12), ahí tenéis elementos de autogobierno. El prólogo y el epílogo en el proceso dialéctico de desarrollo a menudo se entrelazan, dicen.

Esto último es completamente justo. Sí, el proceso de desarrollo real siempre transcurre de manera embrollada, insertando pedacitos del epílogo antes del verdadero prólogo. Pero ¿significa esto que al dirigente de un partido consciente le está permitido embrollar las tareas de la lucha, le está permitido mezclar el prólogo con el epílogo? ¿Acaso la dialéctica de un confuso proceso espontáneo puede justificar la confusión en la lógica de los socialdemócratas conscientes? ¿No significa esto sustituir la dialéctica en el sentido de Marx por la dialéctica en el sentido de Plejánov?

Para hacer más gráfico nuestro pensamiento, tomemos un ejemplo. Supongamos que no se trata de una revolución democrática, sino de una revolución socialista. La crisis madura, se acerca la época de la dictadura del proletariado. Y he aquí que los oportunistas ponen en primer plano la consigna: sociedades de consumo, y los revolucionarios la consigna: conquista del poder político por el proletariado. Los oportunistas discuten: las sociedades de consumo son una fuerza real de los proletarios, la conquista de una posición económica real, un verdadero pedacito de socialismo; vosotros, los revolucionarios, no comprendéis el desarrollo dialéctico, ese crecimiento del capitalismo al socialismo, esa penetración de células de socialismo en las entrañas mismas del capitalismo, ese vaciamiento del capitalismo por un nuevo contenido socialista.

Sí, responden los revolucionarios, estamos de acuerdo en que la sociedad de consumo es, en cierto sentido, un pedacito de socialismo. En primer lugar, la sociedad socialista es una gran sociedad de consumo con producción planificadamente organizada para el consumo; en segundo lugar, el socialismo es irrealizable sin un potente, multifacético movimiento obrero, y una de esas muchas facetas son inevitablemente las sociedades de consumo. Pero no es esa la cuestión. Mientras el poder permanece en manos de la burguesía, las sociedades de consumo son un pedacito miserable, que no garantiza ningún cambio serio, que no introduce ningún cambio decisivo, que a veces incluso aparta de la lucha seria por la revolución. Los hábitos adquiridos por los obreros en las sociedades de consumo son muy útiles, no hay disputa. Pero un campo para la aplicación seria de estos hábitos solo puede crearlo el paso del poder al proletariado. Entonces el sistema de sociedades de consumo incluirá bajo su control también la plusvalía; ahora, la esfera de aplicación de esta útil institución está reducida a la miseria por las miserables dimensiones del salario. Entonces será una unión de consumo de trabajadores realmente libres; ahora es una unión de esclavos asalariados, aplastados y sofocados por el capital. Así pues, las sociedades de consumo son un pedacito de socialismo. El proceso dialéctico de desarrollo inserta realmente, todavía dentro de los límites del capitalismo, elementos de la nueva sociedad, tanto elementos materiales como espirituales de ella. Pero los socialistas deben saber distinguir el pedacito del todo, deben enarbolar como su consigna el todo, y no el pedacito, deben contraponer las condiciones radicales de la verdadera revolución a esos remiendos parciales que no pocas veces desvían a los luchadores del verdadero camino revolucionario.

¿Cómo piensa Iskra, quién tiene razón en esta disputa?

He aquí lo mismo que ocurre con la consigna del «autogobierno revolucionario» en la época de la revolución democrática. No estamos contra el autogobierno revolucionario, le hemos asignado desde hace tiempo un lugar modesto y conocido en nuestro programa mínimo (ver el parágrafo sobre la amplia autoadministración local), estamos de acuerdo en que es un pedacito de la revolución democrática, como señaló ya el nº 15 de «Proletari» remitiéndose a la Duma de Smolensk. La revolución democrática sería imposible sin un potente y multifacético movimiento democrático, y una de esas muchas facetas es el movimiento en el ámbito del autogobierno. Pero la revolución democrática sería imposible, por ejemplo, también sin la escuela revolucionaria, que es un signo tan indudable de la descomposición efectiva del zarismo como las bolsas de trabajo obreras a pesar de la policía, como la efervescencia en el clero, como el autogobierno local ilegal, etc. ¿Qué conclusión se sigue de aquí? ¡Pensadlo bien, camaradas de Iskra! ¿Acaso la de que hay que resumir todos esos pedacitos de descomposición en una consigna integral de insurrección? ¿O la de que hay que deformar la consigna de insurrección, vinculándola a uno de los pedacitos, al autogobierno?

«La organización del autogobierno revolucionario o, lo que es lo mismo, la organización de las fuerzas populares para la insurrección», escribía la valiente Iskra (nº 109, p. 2, col. 1). Esto es como decir: la organización de la escuela revolucionaria es la organización de las fuerzas para la insurrección, la organización de la efervescencia en el clero es la organización de las fuerzas para la insurrección, la organización de las sociedades de consumo es la organización de las fuerzas para la revolución socialista. No, sois malos dialécticos, camaradas de Iskra. No sabéis razonar dialécticamente, aunque sabéis perfectamente escurriros y dar vueltas, como Plejánov, con la cuestión de las nebulosidades organizativas y tácticas en vuestros puntos de vista. No habéis visto que, bajo la condición de la victoria de la insurrección, todos esos pedacitos de revolución se fundirán inevitablemente en un «epílogo» íntegro, completo, de la insurrección, mientras que sin la victoria de la insurrección los pedacitos seguirán siendo pedacitos, miserables pedacitos que nada cambian y que solo satisfacen a los filisteos.

Moraleja: 1) Los oportunistas de la socialdemocracia, tanto en vísperas de la revolución socialista como de la revolución democrática, tienen la mala costumbre de andar a vueltas, como con un estandarte, con uno de los pequeños pedacitos del gran proceso, elevando ese pedacito al rango de todo, subordinando el todo a ese pedacito, deformando con ello el todo, convirtiéndose en fuerza de ello en apéndice de reformistas inconsecuentes y pusilánimes. 2) La dialéctica del proceso espontáneo, que siempre y obligatoriamente es embrollado, no justifica la confusión de las conclusiones lógicas y de las consignas políticas, que con bastante frecuencia (pero no obligatoriamente) son confusas.

P. S. El artículo ya estaba compuesto cuando recibimos la edición extranjera iskrista de las resoluciones de la Conferencia Constituyente del Sur. El texto de la resolución sobre la Duma de Estado difiere un poco del publicado en Rusia y reproducido por nosotros más arriba. Pero estas diferencias no son sustanciales y no afectan en absoluto a nuestra crítica.

«Proletari» nº 21, 17 (4) de octubre de 1905.

Se publica según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.