¡Queridos camaradas! Les estoy muy agradecido por haberme enviado 1) el informe del Comité de Combate y 2) la nota sobre la organización de la preparación de la insurrección + 3) el esquema de organización. Después de leer estos documentos, consideré un deber dirigirme directamente al Comité de Combate para un intercambio de opiniones camaraderil. Ni que decir tiene que no me atrevo a juzgar la formulación práctica del asunto; no cabe duda de que se está haciendo todo lo posible en las difíciles condiciones rusas. Pero, a juzgar por los documentos, la cosa amenaza con degenerar en papeleo. Todos estos esquemas, todos estos planes de organización del Comité de Combate producen la impresión de papeleo burocrático; les ruego me disculpen por mi franqueza, pero espero que no sospechen que busco pretextos para atacar. En una causa como ésta, lo menos apropiado son los esquemas, las disputas y las discusiones sobre las funciones del Comité de Combate y sus derechos. Aquí hace falta una energía furiosa y más energía. ¡Veo con horror, por Dios con horror, que de bombas se habla desde hace más de medio año y no se ha fabricado ni una sola! Y hablan los hombres más doctos... ¡Vayan a la juventud, señores! He aquí el único medio salvador. De lo contrario, por Dios, llegarán tarde (lo veo en todo) y se quedarán con notas, planes, dibujos, esquemas, recetas magníficas, pero sin organización, sin una causa viva. Vayan a la juventud. Funden de inmediato destacamentos de combate en todas partes y en todos lados, entre los estudiantes y, sobre todo, entre los obreros, etc., etc. Que se organicen en seguida secciones de 3 a 10, de 10 a 30 y más personas. Que se armen en el acto, cada uno como pueda, quién con un revólver, quién con un cuchillo, quién con un trapo empapado en queroseno para incendios, etc. Que dichas secciones elijan de inmediato a sus dirigentes y establezcan contacto, en la medida de lo posible, con el Comité de Combate adjunto al Comité de Petersburgo. No exijan formalidad alguna, mándenlo todo al diablo, por amor de Dios, todos esos esquemas, envíen, por Dios, todas esas «funciones, derechos y privilegios» al diablo. No exijan la afiliación obligatoria al POSDR; eso sería un requisito absurdo para la insurrección armada. No se nieguen a relacionarse con cada círculo, aunque sea de tres personas, con la única condición de que sea seguro ante la policía y esté dispuesto a combatir contra las tropas zaristas. Que los círculos que lo deseen ingresen en el POSDR o se adhieran a él, eso es magnífico; pero yo consideraría absolutamente un error exigirlo.

El papel del Comité de Combate adjunto al Comité de Petersburgo debe consistir en ayudar a estos destacamentos del ejército revolucionario, servir de «oficina» de enlace, etc. Cualquier destacamento aceptará sus servicios con gusto, pero si en esta causa empiezan ustedes con esquemas y con discursos sobre los «derechos» del Comité de Combate, echarán a perder todo el asunto, se lo aseguro, lo echarán a perder irremediablemente.

Aquí hay que actuar mediante una amplia prédica. Que 5 o 10 personas recorran en una semana centenares de círculos de obreros y estudiantes, se introduzcan en todas partes donde sea posible, y ofrezcan en todos lados un plan claro, breve, directo y sencillo: formen de inmediato un destacamento, ármense con lo que puedan, trabajen con todas sus fuerzas, nosotros los ayudaremos en lo que podamos, pero no esperen nada de nosotros, trabajen por sí mismos.

El centro de gravedad de esta causa reside en la iniciativa de la masa de pequeños círculos. Ellos lo harán todo. Sin ellos, todo su Comité de Combate no es nada. Yo estoy dispuesto a medir la productividad del trabajo del Comité de Combate por el número de tales destacamentos con los que mantenga contacto. Si dentro de 1 o 2 meses el Comité de Combate no cuenta en Petersburgo con un mínimo de 200 a 300 destacamentos, entonces será un Comité de Combate muerto. Entonces habrá que enterrarlo. Con la efervescencia actual, no reunir un centenar de destacamentos significa estar al margen de la vida.

Los propagandistas deben dar a cada destacamento recetas breves y sencillísimas sobre bombas, un relato elementalísimo de todo el tipo de trabajo, y luego dejar toda la actividad a ellos mismos. Los destacamentos deben iniciar de inmediato su instrucción militar con operaciones inmediatas, ahora mismo. Unos emprenderán en seguida el asesinato de un espía, la voladura de una comisaría de policía; otros, un asalto a un banco para confiscar recursos para la insurrección; otros, maniobras o el levantamiento de planos, etc. Pero es obligatorio comenzar ahora mismo a aprender en la práctica: no teman esos ataques de prueba. Pueden, por supuesto, degenerar en extremos, pero ese es el mal de mañana, mientras que hoy el mal está en nuestra inercia, en nuestro doctrinarismo, en la inmovilidad docta, en el miedo senil a la iniciativa. Que cada destacamento aprenda por sí mismo, aunque sea a golpear a los guardias urbanos: las decenas de víctimas serán recompensadas con creces porque proporcionarán centenares de luchadores experimentados que mañana arrastrarán tras de sí a centenares de miles.

Les estrecho fuertemente la mano, camaradas, y les deseo éxito. No impongo en modo alguno mi punto de vista, pero considero un deber emitir mi opinión consultiva.

Publicado por primera vez en 1926 en la Recopilación Leninista V. Se reproduce según el manuscrito.