13. X. 05.

¡Querido amigo! La resolución del Comité de Odesa sobre la lucha profesional («decisiones» nº 6 o 5, no está claro; en la carta nº 24. Fechada en septiembre de 1905) me parece en sumo grado errónea. En mi opinión, el entusiasmo por la lucha contra los mencheviques, por supuesto, explica naturalmente esto, pero no se debe caer en el otro extremo. Y la resolución precisamente cae en el otro extremo. Me permitiré, por tanto, analizar críticamente la resolución del Comité de Odesa, pidiendo a los camaradas que discutan mis observaciones, que de ningún modo están motivadas por el deseo de buscarle defectos.

La resolución tiene tres partes (sin numerar) en los considerandos y cinco partes (numeradas) en la parte propiamente resolutiva. La primera parte (punto inicial de los considerandos) es completamente buena: «asumir la dirección de todas las manifestaciones de la lucha de clases del proletariado» y «no olvidar jamás la tarea» de dirigir la lucha profesional. Magnífico. A continuación, el segundo punto: «en primer plano» se plantea la tarea de preparar la insurrección armada y (punto 3º o final de los considerandos) «en virtud de ello, la tarea de dirigir la lucha profesional del proletariado se relega inevitablemente a un segundo plano». Esto, en mi opinión, es teóricamente incorrecto y tácticamente erróneo.

Es teóricamente incorrecto confrontar dos tareas como si fueran equivalentes, como si estuvieran en un mismo plano: «la tarea de preparar la insurrección armada» y «la tarea de dirigir la lucha profesional». Una tarea estaría en primer plano, la otra en segundo. Decir esto significa comparar y confrontar cosas de distinto orden. La insurrección armada es un método de lucha política en un momento dado. La lucha profesional es una de las manifestaciones constantes, siempre necesarias bajo el capitalismo,

obligatorias en todos los momentos, de todo el movimiento obrero. Engels, en un pasaje citado por mí en «¿Qué hacer?» 95, distingue tres formas fundamentales de la lucha proletaria: económica, política y teórica; es decir, profesional, política y teórica (científica, ideológica, filosófica). ¿Cómo se puede poner al mismo nivel una de estas formas fundamentales de lucha (la profesional) con un recurso de otra forma fundamental de lucha en un momento dado? ¿Poner toda la lucha profesional, como «tarea», al mismo nivel que el medio actual, y de ningún modo único, de la lucha política? Esto es directamente algo incongruente, algo así como sumar décimas con centésimas sin reducir a un común denominador. En mi opinión, ambos puntos (el segundo y el tercero) de los considerandos deben ser eliminados. Junto a la «tarea de dirigir la lucha profesional» solo se puede colocar la tarea de dirigir la lucha política en general, la tarea de dirigir la lucha ideológica en su conjunto, y de ningún modo unas u otras tareas particulares, concretas, actuales de la lucha política o ideológica.

Ambos puntos deberían ser sustituidos por la indicación de la necesidad de no olvidar ni un minuto la lucha política, la ilustración de la clase obrera en toda la amplitud de las ideas de la socialdemocracia, la necesidad de tender a una estrecha e indisoluble conexión entre todas las manifestaciones del movimiento obrero para crear un movimiento integral, verdaderamente socialdemócrata. Esta indicación podría ser el segundo punto de los considerandos.

El tercero podría ser la constatación de la necesidad de prevenir contra la comprensión estrecha y el planteamiento estrecho de la lucha profesional, difundidos asiduamente por la burguesía. Por supuesto, no propongo un proyecto de resolución, no toco la cuestión de si vale la pena hablar de esto en particular; solo analizo, por ahora, qué expresión de vuestro pensamiento sería teóricamente correcta.

Tácticamente, la resolución en esta forma plantea las tareas de la insurrección armada de manera muy desafortunada. La insurrección armada es el método más elevado de la lucha política.

Para su éxito desde el punto de vista del proletariado, es decir, para el éxito de una insurrección proletaria y dirigida por la socialdemocracia, y no de otra, se necesita un amplio desarrollo de todos los aspectos del movimiento obrero. Por eso es sumamente errónea la idea de contraponer la tarea de la insurrección a la tarea de dirigir la lucha profesional. Con ello se menosprecia, se fragmenta la tarea de la insurrección. En lugar de la culminación y coronación de todo el movimiento obrero en su conjunto, se obtiene una especie de aislamiento de la tarea de la insurrección. Como si se confundieran dos cosas: una resolución sobre la lucha profesional en general (sobre este tema está escrita la resolución del Comité de Odesa) y una resolución sobre la distribución de las fuerzas en el trabajo actual del Comité de Odesa (hacia esto se desvía vuestra resolución, y esto es algo completamente, completamente distinto).

Paso a los puntos numerados de la parte resolutiva en sentido estricto.

Ad I. «Desenmascarar las ilusiones», «que se vinculan con los sindicatos»... esto aún podría pasar, aunque sería mejor eliminarlo. En primer lugar, esto forma parte de los considerandos, donde debe señalarse la conexión indisoluble de todos los aspectos del movimiento. En segundo lugar, no se dice qué ilusiones. Si ya se va a incluir esto, habría que añadir: las ilusiones burguesas sobre la posibilidad de satisfacer las necesidades económicas y de otro tipo de la clase obrera en la sociedad capitalista.
...«subrayando enérgicamente su estrechez (¿de los sindicatos?) en comparación con los fines últimos del movimiento obrero». Resulta que todos los sindicatos son «estrechos». ¿Y los sindicatos socialdemócratas, vinculados a la organización política del proletariado? El centro de gravedad no está en que los sindicatos sean «estrechos», sino en vincular este aspecto (uno y, por tanto, estrecho, porque es uno) con los demás. Por consiguiente, o se elimina esto, o se vuelve a hablar de la necesidad de crear y fortalecer la conexión de un aspecto con todos, impregnar los sindicatos de contenido socialdemócrata, de propaganda socialdemócrata, incorporarlos a todo el trabajo socialdemócrata, etc.

Ad II. Correcto.

Ad III. Es incorrecto, por las razones señaladas, confrontar con la tarea de los sindicatos «la tarea más perentoria y primordial» de la insurrección armada. Sobre la insurrección armada no hay por qué hablar en una resolución sobre la lucha profesional, pues es un medio para aquel «derrocamiento de la autocracia zarista» del que habla el punto II. Los sindicatos podrían ampliar la base de la que extraeremos la fuerza para la insurrección, por lo que, repito, contraponer una cosa a la otra es erróneo.

Ad IV. «Llevar una enérgica lucha ideológica contra el llamado minoría», que retorna al «economismo» «en las cuestiones sobre los sindicatos». ¿No es esto demasiado general para una resolución del Comité de Odesa? ¿No huele a exageración? Pues en la prensa no ha habido crítica de ninguna resolución de todos los mencheviques sobre los «sindicatos». Solo se ha señalado que los liberales los alaban por la tendencia a darle demasiada importancia a esta cuestión con un celo desmedido. Pero de ahí [la conclusión] es solo que nosotros debemos ser celosos «con medida», pero también debemos ser celosos sin falta. En mi opinión, o se elimina este punto por completo, limitándose a la indicación de prevenir contra la estrechez y luchar contra las tendencias de la burguesía y los liberales a desvirtuar las tareas de los sindicatos; o se formula específicamente en relación con alguna resolución concreta de los mencheviques (tales resoluciones me son desconocidas en este momento; a menos que hayan aparecido algunas de tipo akimovista por el sur).

Ad V. Esto es lo que importa. Las palabras «y, si es posible, la dirección» las sustituiría por «y la dirección». Todos hacemos «si es posible». La inclusión de estas palabras aquí y solo aquí provocará una interpretación incorrecta, como si aspirásemos menos a la dirección, etc.

En mi opinión, en términos generales, hay que cuidarse de exagerar la lucha contra los mencheviques en esta cuestión. Ahora, probablemente, empezarán a surgir pronto los sindicatos. No hay que mantenerse al margen y, sobre todo, no dar motivo para pensar que hay que mantenerse al margen, sino tender a participar, influir, etc. Pues existe una capa especial de obreros, mayores, con familia, que darán terriblemente poco en la lucha política ahora, pero mucho

en la profesional. Hay que utilizar esta capa, dirigiendo solo sus pasos en este terreno. Es importante para la socialdemocracia rusa, desde el principio, dar la nota correcta sobre los sindicatos, crear de inmediato la tradición de la iniciativa socialdemócrata en esta parte, de la participación socialdemócrata, de la dirección socialdemócrata.

Por supuesto, en la práctica las fuerzas pueden no ser suficientes, pero eso ya es una cuestión completamente distinta, y además, si se sabe utilizar todas las fuerzas diversas, siempre las habrá también para los sindicatos. ¡Fuerzas hubo para escribir una resolución sobre los sindicatos, es decir, para dirigir ideológicamente, y en esto está el meollo!

Os estrecho la mano y os ruego que me escribáis una línea sobre la recepción de esta carta y vuestras opiniones al respecto.

Vuestro, N. Lenin