11 de oct[ubre] [de 1905. Ginebra].

¡Querido An[atoli] Vas[ílievich]! Su artículo aborda un tema sumamente interesante, de extrema actualidad. Hace poco, el L[eip]z[iger] V[ol]ks[zei]t[un]g se burlaba en su editorial de los zemstvos por su congreso del IX*, diciendo que «juegan a la constitución», se hacen pasar ya por parlamentarios, etc., etc. El error de Parvus y Martov exige imperiosamente un análisis desde esta perspectiva. Pero en su artículo dicho análisis no se ha logrado. En mi opinión, es necesario rehacer el artículo en una de estas dos direcciones: o bien trasladar el centro de gravedad hacia nuestros neoiskristas que «juegan al p[a]rl[a]m[en]t[a]rismo», mostrando, en detalle, el significado condicionado y temporal del p[a]rl[a]m[en]t[a]rismo, la bajeza de las «ilusiones parl[amentarias]» en la época de lucha rev[olucionaria], etc., explicando esto desde lo más elemental (¡sumamente útil para los rusos!) y recurriendo a Hilferding sólo como ilustración, de manera muy somera. O bien tomar a Hilferding como base y entonces habrá que rehacer menos el artículo, dándole otro título, pero perfilando con mayor claridad el propio planteamiento de la cuestión por Hilferding. Por supuesto, q[uizá] encuentre usted otro plan de reelaboración, pero por favor, emprenda la tarea de inmediato. Hay tiempo, pues en este número el artículo no podría entrar (los acontecim[ientos] de Mosc[ú] + el material viejo lo han llenado todo). De modo que el plazo para su envío es el martes 17.X. Le ruego encarecidamente que haga un articulito sustancioso y lo envíe para el 17.X. ¡Sería mejor rehacerlo en la primera dirección, a ver si sale como editorial!

Si ya tuviéramos parlamento, apoyaríamos sin falta a los k.-d., a Miliukov y Cía contra las Mosc[ovskiye] Ved[omosti]. Por ej., en las segundas votaciones, etc. Allí eso no quebrantaría la independencia del partido de clase s[ocial] d[emócrata]. Pero en una época no de parlamento, sino de revolución (usted ya apunta esta diferencia en el título), el apoyo a gente incapaz de luchar revolucionariamente es 1) quebrantar la independencia de nuestro partido. El trato no p[uede] ser claro y abierto. Es precisamente una «venta» de nuestros derechos a la revolución, como usted dice, y no una aplicación de nuestros derechos para el apoyo. En el parlamento apoyamos sin desaparecer en lo más mínimo. Ahora desaparecemos, obligando a los Miliukov a hablar por nosotros bajo ciertas condiciones. Luego, lo principal, 2) tal apoyo es una traición a la revolución. Aún no hay parlamento, solo hay ilusiones en los Miliukov. Hay que luchar revolucionariamente por el parlamento, y no parlamentariamente por la revolución. Luchar revolucionariamente por un parlamento fuerte, y no en un «parlamento» impotente por la revolución. Ahora en Rusia, sin la victoria de la revolución, todas las victorias en el «parlamento» (la D[uma] de E[stado] o algo por el estilo) son un cero, peor que un cero, pues ciegan los ojos con una ficción. Parvus no entendió esto.

Los k.-d. ya se han vuelto Regierungsfähig [capaces de gobernar] (los Trubetskói y Manuílov en el papel de rector, etc.), ya han trepado al segundo piso de la libertad de reunión (a costa de envilecer las reuniones), al piso del cuasi-parlamentarismo. Lo único que les hace falta es que el proletariado, permaneciendo de hecho en el sótano, se imagine estar en el segundo piso, se figure a sí mismo como una fuerza parlamentaria y acepte «condiciones» de «apoyo», etc. ¡Este es un tema fecundo! Nosotros somos fuertes ahora por la lucha revolucionaria del pueblo y débiles en el aspecto cuasi-parlamentario. Los k.-d., al contrario. Todo su cálculo consiste en arrastrarnos al cuasi-parlamentarismo. Iskra se dejó embaucar. Aquí es precisamente oportuno analizar de manera sustanciosa la relación del «parlamentarismo con la revolución» ((cf. Marx sobre la lucha de clases en Francia en 1848)).

Estas ideas (las expongo, por supuesto, de manera extremadamente general e imprecisa), esbozadas por usted, hay que desarrollarlas, masticarlas, darlas en la boca. Los rusos necesitan terriblemente ahora que se les explique desde lo más elemental la correlación entre el parlamentarismo y la revolución. Y Martov y Cía se ponen histéricos, clamando: ¡que sea legal cuanto antes! ¡que sea abierto cuanto antes! ¡legal, aunque sea de cualquier modo! Precisamente ahora necesitamos firmeza, necesitamos la continuación de la revolución, la lucha contra la lamentable semilegalidad. Iskra no entendió esto. Como todos los opor[tuni]stas, no creen en la energía y la perseverancia de la lucha rev[olucionaria] de los obreros. Moscú es una lección para ellos. ¡Y encima el mequetrefe de Parvus traslada a Rusia la táctica de los trapicheos mezquinos!

¿Recibió mi carta? Le estrecho fuertemente la mano. Saludos a An[n]a Al[eksandrovna].

Suyo, Lenin.