En el número 76 de «Osvobozhdenie» se han publicado breves protocolos del congreso de julio de los zemstvos. Ahora que la cuestión de la táctica respecto a la Duma de Estado atrae la atención general, es sumamente importante señalar este material, único en su género, que muestra precisamente cómo razonaban acerca del boicot los zemstvos y los osvobozhdentsy. Por supuesto, nadie duda de que antes de la conclusión de la paz, antes de la promulgación de la ley sobre la Duma, eran, o procuraban parecer, más revolucionarios que ahora. Pero, con todo, el carácter de sus argumentos es extraordinariamente instructivo para verificar nuestra evaluación del problema. Pues este es, acaso, el primer problema en la historia política de Rusia en que los pasos políticos concretos se discuten conjuntamente por los partidos de oposición y los revolucionarios.

Es perfectamente natural que a los demócratas burgueses los empujara a plantear la cuestión del boicot no el programa general de su lucha, no los intereses de determinadas clases, sino, ante todo, un vago sentimiento de incomodidad, de vergüenza por la situación contradictoria, falsa, en que se colocan. «¿Cómo participar en un asunto que hemos criticado a fondo? – preguntaba el Sr. Shishkov–. ¡Pues el pueblo pensará que somos solidarios con el proyecto!» Como se ve, en este liberal las primeras reflexiones sobre el boicot se vinculan al problema del pueblo: instintivamente siente que ir a la Duma significa hacer algo indebido precisamente ante el pueblo. No puede desembarazarse de los destellos del buen deseo de marchar junto con el pueblo. Otro orador, el Sr. Raevski, plantea el problema de modo más abstracto: «Siempre nos hemos mantenido en el terreno de principios, mientras que en la vía táctica entramos en una transacción. Resultará que hemos condenado el proyecto de Bulyguin, pero nos entraron unas ganas terribles de convertirnos en representantes del pueblo. No tomemos ese camino resbaladizo». Esto es, naturalmente, una pequeña hipérbole del Sr. Raevski, pues los osvobozhdentsy jamás se mantuvieron en el terreno de principios. Tampoco es justo reducir el problema a una mera negación de la transacción: los revolucionarios socialdemócratas, imbuidos del espíritu del marxismo, no habrían dejado de hacer notar al orador que es ridículo negar en absoluto las transacciones que la vida impone, que la esencia no está en eso, sino en la clara conciencia y en la consecuente persecución de los fines de la lucha en cualesquiera circunstancias. Pero, repetimos, la manera materialista de plantear el problema es ajena en su misma base al demócrata burgués. Sus dudas no son más que un síntoma de la profunda escisión en el interior de las distintas capas de la democracia burguesa. El charlatán Sr. Rodichev, que habló después del Sr. Raevski, resuelve el problema fácilmente: «En su día protestamos contra el nuevo estatuto de los zemstvos, y, sin embargo, entramos en los zemstvos… Si tuviéramos fuerza para realizar el boicot, habría que declararlo» (¿y acaso no hay fuerza, respetabilísimo señor, porque los intereses de los propietarios son hostiles a la lucha irreconciliable contra la autocracia, y hostiles a los obreros y al campesinado?)… «La primera regla del arte militar: huir a tiempo»… (¡pardiez, eso fue lo que dijo el caballero del liberalismo de Tver! ¡Y aún se ríen los liberales de Kuropatkin!). «Habrá boicot en el caso de que, al entrar en la Duma, aprobemos como primer acuerdo: “nos vamos. Esto no es una verdadera representación, sin la cual, empero, ya no podéis pasar. Dadnos una verdadera”. Eso será un verdadero “boicot”» (¡naturalmente! ¡Decir “dadnos”! ¿Acaso puede haber algo más “verdadero” para un Balalaikin del zemstvo?{106} No en vano reían tan regocijados cuando el Sr. Golovin les contaba cómo “sin esfuerzo había disuadido” al gobernador de Moscú de sus temores de que el congreso de los zemstvos se declarase asamblea constituyente.)

El Sr. Koliubakin decía: «Los oradores anteriores han planteado el problema así: “O ir a la Duma de Bulyguin, o no hacer nada”» («Iskra» plantea el problema exactamente así, como esos “oradores anteriores” del ala derecha de la burguesía monárquica). «Hay que dirigirse a la población, que estará toda ella contra la Duma de Bulyguin… Dirigíos al pueblo, realizad de hecho la libertad de palabra y de reuniones. Pero, al ir a una institución indecente, os perdéis. Allí seréis minoría, y esa minoría se perderá a los ojos de la población». En este discurso se siente de nuevo el vínculo de la idea del boicot con la apelación al campesinado, la importancia de esta idea como giro del zar al pueblo. Y el Sr. Schepkin, con magnífica franqueza, se apresura a objetar al discurso del Sr. Koliubakin, profundamente comprendido por él: «No importa que cometamos un error a los ojos del pueblo, con tal de salvar la causa» (… la causa de la burguesía, habrían gritado, probablemente, los obreros al orador de haber estado presentes en esta noble asamblea). «No discuto que, tal vez, pronto tengamos que emprender la vía revolucionaria. Pero el proyecto de la mesa (el proyecto de resolución contra el boicot) quiere evitar eso, ya que tanto por nuestra educación como por nuestras simpatías» (educación de clase, simpatías de clase) «no somos revolucionarios».

¡Con cuánta sabiduría razona el Sr. Schepkin! Él comprende, mejor que todos los novoiskrovtsy juntos, que la cuestión no reside en la elección de medios, sino en la diferencia de fines. Hay que «salvar la causa» del orden, he ahí el meollo. Hay que no arriesgarse por la vía revolucionaria, que puede conducir a la victoria de los obreros y del campesinado.

En cambio, el charlatán y vacuo Sr. de Roberti se pronuncia exactamente, exactamente, como un novoiskrovets: «¿Qué hacer si el proyecto, debido a su inutilidad, se convierte en ley? ¿Un levantamiento en armas?». (¡Cómo es posible «vincular el levantamiento con la Duma», Sr. Roberti! ¡Qué lástima que no conozca usted a nuestro Bund, él le explicaría que no se puede vincular eso!) «Creo que, con el tiempo, inevitablemente llegará. Hoy por hoy, la resistencia sólo puede ser pasiva, o bien pasiva pero siempre dispuesta a transformarse en activa». (¡Ah, qué encantador radical! ¡Qué bien le vendría utilizar la consigna del “autogobierno revolucionario” de la nueva «Iskra»; seguro que sabría representar aquí unas arias, y qué arias…!) «… dar mandatos sólo a quienes acudan con la determinación de hacer a toda costa una revolución». ¡Vaya con los nuestros! Pues qué, ¿acaso no teníamos razón cuando dijimos que Parvus se encontró y se abrazó con un osvobozhdenets de esa calaña?, ¿que la nueva «Iskra» picó en los discursos retóricos de los terratenientes charlatanes?

«Proletari» nº 20, 10 de octubre (27 de septiembre) de 1905.

Se publica según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.