El periódico «Le Temps» es uno de los órganos más influyentes de la burguesía conservadora francesa. Contra el socialismo lleva a cabo la más encarnizada campaña, y raro será el día en que no veáis en sus columnas los nombres de Marx, Bebel, Guesde, Jaurès con los comentarios y salidas de tono más rabiosos. Sin un temblor de furor, «Le Temps» no puede hablar de socialismo.

Esta gaceta sigue de la manera más atenta la «crisis» rusa, como se expresan los europeos bienpensantes, no dejando nunca sin sus edificantes consejos a *la nation amie et alliée*: «la nación amistosa y vinculada por una alianza». Así, también ahora dedica su editorial al último congreso de los zemstvos. Recuerda el anterior congreso de julio y, aunque sea a posteriori, no puede contenerse para expresar su descontento. Fue, por lo visto, «un espectáculo de absoluto desorden de ideas y de la más completa indeterminación de intenciones»: el proyecto de Buliguin era ya conocido y, sin embargo, los delegados se limitaron a «discursos fogosos», sin saber resolver la cuestión de boicotear o participar. ¡El órgano de la burguesía gobernante francesa recuerda incluso a los zemstvos, con irritación, que no tenían mandatos!

¡En cambio ahora, cómo sonríe gozosa la burguesía, ahíta de poder político! ¡Con qué amabilidad se apresura a estrechar la noble diestra de su congénere, que aún ansía el poder político, pero que ya demuestra su «madurez»! El boicot ha sido rechazado, y ya no se menciona la carencia de mandatos. «La decisión de los zemstvos —dice “Le Temps”— les honra. Demuestra que la educación política de los elementos más ilustrados del pueblo ruso progresa y que renuncian a los nebulosos planes de prestidigitación política, entrando valerosamente en la vía de la evolución necesaria.»

La burguesía, ahíta de poder político y escarmentada en cuanto a lo que conducen las victorias reales del pueblo, de los obreros y los campesinos en las revoluciones, no vacila un minuto en declarar el congreso de septiembre de los terratenientes y comerciantes liberales como una victoria de la evolución sobre la revolución.

Elogia la «moderación» del congreso. Señala, con evidente satisfacción, el fracaso de las resoluciones sobre el «fraccionamiento de las tierras» y sobre los derechos electorales de las mujeres. «La sabiduría y la moderación de estas decisiones muestran claramente que las opiniones de los partidos extremistas no han prevalecido en este congreso. El programa en el que todos han coincidido es lo bastante democrático como para desarmar a los revolucionarios. Y puesto que el congreso de los zemstvos espera la realización de sus proyectos exclusivamente del empleo de medios legales, su programa puede sumar también a aquellos reformistas a quienes las disputas personales no separen de los miembros del congreso de los zemstvos.»

La burguesía ahíta da palmaditas alentadoras en el hombro a la burguesía hambrienta: presentar un programa «lo bastante democrático» para echar polvo a los ojos, para desarmar a los revolucionarios, y situarse en la vía legal, — es decir, hablando en lenguaje simple y directo ruso, regatear con los Trépov-Románov, he ahí la verdadera sabiduría de Estado.

Y que las esperanzas de la perspicaz burguesía respecto a los revolucionarios simplones no carecen totalmente de fundamento, lo han demostrado nuestros sabios de la nueva «Iskra». Ellos, soltando las riendas, se han precipitado a la trampa, rivalizando por ofrecer cobrar obligaciones democráticas a los burgueses moderados, que con toda el alma están dispuestos ahora a prometer cualquier cosa y a obligarse a cualquier cosa. No solo en la lucha entre partidos hostiles, sino también en la lucha dentro de los partidos socialistas, (como tras el II Congreso nos hemos convencido por experiencia) todas las promesas se van al diablo cuando se tocan intereses por poco sustanciales que sean de los contendientes. *The promises like pie-crust are made to be broken*, dice un proverbio inglés. «Las promesas, cual corteza de pastel: se hornean justamente para romperse luego.»

¿En qué se ha reducido la táctica iskrista respecto a la Duma? Justamente al desarme ideológico y táctico de los revolucionarios. Los sabios de la oportunista «Iskra» han trabajado en ese desarme, difundiendo la idea del boicot activo, sustituyendo (completamente en el espíritu de «Nóvoye Vremia»{105} y casi con las mismas palabras) el boicot activo por el pasivo, predicando confianza y candor hacia Miliukov y Stajóvich, que se abrazan mutuamente, reemplazando la consigna revolucionaria de la insurrección por una monserga burguesa liberacionista como la del «autogobierno revolucionario de los ciudadanos».

Solo los ciegos pueden aún no ver en qué cenagal se ha metido «Iskra». En la prensa ilegal está completamente sola, solo «Osvobozhdenie» está de su lado. El Bund, al que ni Mártox ni Axelrod pueden sospechar de simpatía hacia el «arsenal vperiodista», se ha pronunciado resueltamente por el boicot activo. En la prensa legal, todos los canallas y todos los liberales moderados se han unido en la lucha contra los burgueses radicales que expresaron simpatía por el boicot y están en la disposición más amistosa hacia el campesinado.

Vamos, ¿acaso no dijo verdad Lenin en sus «Dos tácticas»[93], analizando las resoluciones neoiskristas, cuando afirmó que «Iskra» baja hasta los terratenientes liberales, mientras que «Proletari» se esfuerza por levantar a los campesinos revolucionarios?

Hemos mencionado «Nóvoye Vremia». No solo este órgano reptil, sino también «Moskovskiye Védomosti» libran una lucha encarnizada contra la idea del boicot, mostrando con ello a todos y cada uno el significado político real de la Duma. He aquí, como muestra, una salida característica de «Nóvoye Vremia», en la que nos detendremos tanto más gustosamente cuanto que arroja nueva luz sobre todo el abismo de vileza burguesa incluso de un órgano liberal tan «respetable» como «Rússkiye Védomosti».

El conocido corresponsal berlinés de este último diario, el Sr. Iollos, se detiene en el número 247 sobre el congreso de Jena. El alma pequeñoburguesa ante todo se extasía de que se haya encontrado un burgués liberal bueno y justo, el ricachón Abbé, que regaló a la ciudad de Jena una casa del pueblo para reuniones libres de todos los partidos, incluidos también los socialdemócratas. Y el Sr. Iollos extrae su moraleja: «se puede ser útil al pueblo incluso fuera de determinados marcos partidistas». Esto es verdad, por supuesto. Pero ¿qué decir de un escritor que en la época de una lucha partidista encarnizada en Rusia se pone a elogiar la ausencia de partido? ¿Acaso no comprende el Sr. Iollos que con ello comete la mayor falta de tacto político, haciendo el juego a los de «Nóvoye Vremia»? El verdadero sentido de este entusiasmo pequeñoburgués ante la ausencia de partido se aclarará, sin embargo, para el lector a partir de la siguiente frase del Sr. Iollos:

«No menciono ya que existen condiciones políticas bajo las cuales es útil guardarse por un tiempo en el bolsillo los fines últimos y acordarse de las tareas inmediatas, comunes al socialismo y al liberalismo».

¡Esto sí que es sincero! ¡Gracias al menos por la claridad, Sr. Iollos! A nosotros no nos queda sino utilizar semejantes declaraciones siempre y en cada ocasión, en todas las intervenciones ante los obreros, para mostrar el carácter burgués del liberalismo ruso, para explicar a los obreros la necesidad de un partido independiente del proletariado, hostil inflexiblemente a la burguesía, aunque sea la más liberal.

Mas todas estas tiradas de nuestro «demócrata» solo son florecillas. Los frutos vendrán después. El Sr. Iollos no se limita al consejo al proletariado de «guardarse por un tiempo en el bolsillo los fines últimos», es decir, renunciar al socialismo; no, aconseja además renunciar a llevar hasta el fin la actual revolución política. El Sr. Iollos cita el discurso de Bebel y pone en primer plano aquel pasaje del discurso donde Bebel expresa la duda de que logremos «tan pronto» transformar Rusia en un Estado culto, declarando al mismo tiempo que el viejo régimen autocrático no volverá más, «que la vieja Rusia ya no es posible». A propósito de este pasaje, el Sr. Iollos escribe:

«No considero a Bebel una autoridad en los asuntos rusos, pero debo señalar que en esta parte de su discurso se distingue ventajosamente de Kautsky y de otros doctrinarios que recomiendan *Revolution in Permanenz* (revolución continua). Como hombre inteligente y político que sabe qué formas concretas adquiere en la vida del pueblo el estado de anarquía permanente, Bebel ve el éxito ante todo en la realización de las tareas de la cultura, y de sus palabras se desprende con total claridad que no traza líneas de demarcación y, con total seguridad, no levanta muros entre la intelectualidad rusa y el proletariado ruso, al menos hasta la realización de los derechos elementales del hombre.»

En primer lugar, esto es una calumnia contra Bebel, una calumnia puramente novovremiana. Bebel siempre e incondicionalmente traza una «línea de demarcación» entre el democratismo burgués y el proletario; el Sr. Iollos no puede no saberlo. Bebel delimita de la manera más resuelta a la intelectualidad burguesa de la intelectualidad socialdemócrata. Asegurar al lector ruso que Bebel, luchando por la «cultura», deja alguna vez en la sombra la falsedad y la traición de la democracia burguesa, por un lado, y los fines socialistas de la clase obrera, por el otro, significa levantar la mayor mentira contra el dirigente de la socialdemocracia revolucionaria alemana.

En segundo lugar, del discurso de Bebel no se desprende en absoluto que él vea la revolución rusa de otro modo que Kautsky. La «distinción ventajosa» de Bebel respecto a Kautsky en este sentido es una invención del Sr. Iollos, que arranca y tergiversa un trocito del discurso de Bebel, silenciando toda una serie de sus declaraciones enteramente en favor de la revolución rusa y de su victoria resuelta.

En tercer lugar —y en esto reside para nosotros el rasgo más interesante de la posición de «Rússkiye Védomosti»—, el Sr. Iollos muestra con su salida de tono que él precisamente teme la victoria resuelta de la revolución en Rusia. A la «revolución permanente» el Sr. Iollos la llama «anarquía permanente». Decir eso significa llamar a la revolución sedición, decir eso significa convertirse en traidor a la revolución. Y que no nos digan los diplomáticos de «Osvobozhdenie», tan amigos de asegurar que no tienen enemigos por la izquierda, que esto es un lapsus casual de «Rússkiye Védomosti». No es verdad. Es la expresión de los sentimientos más profundos y de los intereses más arraigados del terrateniente liberal y del fabricante liberal. Es lo mismo que la frase del Sr. Vinográdov, que llama a la lucha contra la entrada de la revolución rusa en la vía de 1789. Es lo mismo que el servilismo del Sr. Trubetskói, que habló al zar de su falta de simpatía por la sedición. No es una casualidad. Es la única formulación veraz con palabras de los incontables hechos vergonzosos de nuestros demócratas burgueses, a quienes cansa la «anarquía permanente», que empiezan a anhelar tranquilidad y orden, que ya se han cansado de «luchar» (aunque jamás han luchado), que ya rehúyen la revolución con solo ver que los obreros y campesinos realmente se alzan a la lucha real, deseando combatir, y no solo ser combatidos. Los demócratas burgueses están dispuestos a cerrar un ojito ante las arbitrariedades de los Trépov, ante la matanza de los desarmados; no es esa la que los asusta, sino otra «anarquía», cuando en el poder no estén Trépov ni Petrunkiévich con Rodíchev, cuando la insurrección campesina y obrera venza. Los demócratas burgueses van tan gustosos a la Duma justamente porque ven en ella la prenda de la traición a la revolución, la prenda de la prevención de la victoria completa de la revolución, de esa horrible «anarquía permanente».

Que esta significación de la psicología liberal la hemos mostrado correctamente, nos lo garantiza «Nóvoye Vremia». Estos lacayos amaestrados de los Trépov captaron de inmediato toda la vileza de «Rússkiye Védomosti» y se apresuraron a abrazar con el alma a sus congéneres. En el número del 13 (26) de septiembre, «Nóvoye Vremia» cita con simpatía justamente esa falsedad del Sr. Iollos sobre la «distinción ventajosa» de Bebel respecto a Kautsky, señalando de su cosecha:

«Así pues, nuestros radicales “absentistas” tendrán que excluir a Bebel también de entre sus aliados.»

La conclusión es plenamente legítima. Los traidores profesionales de «Nóvoye Vremia» valoraron certeramente la esencia y el sentido del «lapsus» de «Rússkiye Védomosti». Es más. «Nóvoye Vremia», versado en política, extrajo de inmediato la conclusión aplicable a la Duma. Aunque el Sr. Iollos no dijo ni palabra sobre la opinión de Bebel acerca del boicot, «Nóvoye Vremia» llamó «absentistas» justamente a los partidarios del boicot. «Nóvoye Vremia» complementó la calumnia contra Bebel con la calumnia contra los «radicales», expresando, sin embargo, la idea completamente correcta de que justamente la idea de la victoria total de la revolución, la idea de la revolución continua guía la táctica de los «radicales absentistas», mientras que el miedo a la «anarquía permanente» guía a los liberales que van a la Duma. «Nóvoye Vremia» tiene razón. El lacayo de Trépov tenía pleno fundamento para sorprender in fraganti al Sr. Iollos y decirle: si no quieres «anarquía permanente», significa que eres mi aliado, y ninguna verborrea democrática me disuadirá de ello. Nuestra disputa es una pequeña disputa de familia, pero, ¡contra los «doctrinarios», los partidarios de la «anarquía permanente», estaremos juntos!

¿No comprenderá «Iskra» siquiera ahora que cuando reprochaba a los partidarios del boicot el abstencionismo, es decir, el absentismo, hablaba a la manera de los de «Nóvoye Vremia»? ¿No comprenderá que esa coincidencia de sus consignas con las de «Nóvoye Vremia» demuestra alguna profunda falsedad en su posición?

La burguesía europea, ahíta, elogia la moderación de la burguesía rusa, hambrienta de poder. Los lacayos de Trépov elogian al Sr. Iollos de «Rússkiye Védomosti» por censurar la idea de la «anarquía permanente». Los de «Nóvoye Vremia» y los neoiskristas se ríen del «absentismo»...

"Proletari" N.º 20, 10 de octubre (27 de septiembre) de 1905.

Se imprime según el texto del periódico "Proletari", cotejado con el manuscrito.