Ginebra, 10 de octubre (27 de septiembre) [1905].

Nueva explosión de la insurrección obrera: huelga masiva y lucha callejera en Moscú. En la capital, el 9 de enero estalló el primer trueno de la intervención revolucionaria del proletariado. Los ecos de ese trueno recorrieron toda Rusia, poniendo en pie, con una rapidez nunca antes vista, a más de un millón de proletarios para una lucha gigantesca. A Petersburgo le siguieron las regiones periféricas, donde la opresión nacional agudizaba la ya insoportable opresión política. Riga, Polonia, Odesa, el Cáucaso se convirtieron sucesivamente en focos de una insurrección que crecía en amplitud y en profundidad con cada mes, con cada semana.

Ahora el asunto ha llegado al centro de Rusia, al corazón de las regiones «genuinamente rusas», que por más tiempo enternecían a los reaccionarios con su estabilidad. Toda una serie de circunstancias explica esa estabilidad relativa, es decir, el atraso del centro de Rusia: formas menos desarrolladas de la gran industria,

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_Recopilación de Lenin_

que abarcaba enormes masas obreras, pero que había roto menos los vínculos con la tierra y concentraba menos a los proletarios en los centros intelectuales; así como la mayor lejanía del extranjero y la ausencia de discordias nacionales.

El movimiento obrero, que con tan poderosa fuerza se había manifestado en esta zona ya en los años 1885-1886, pareció adormecerse por largo tiempo, y los esfuerzos de los socialdemócratas se estrellaron decenas y cientos de veces contra la resistencia de las condiciones locales de trabajo, especialmente difíciles.

Pero, al fin, también el centro se agitó. La huelga de Ivánovo-Voznesensk mostró una madurez política inesperadamente alta de los obreros. La efervescencia en todo el distrito industrial central siguió intensificándose y extendiéndose sin cesar después de esta huelga. Ahora esa efervescencia empezó a desbordarse, a transformarse en insurrección. Sin duda, la explosión fue exacerbada aún más por el estudiantado moscovita revolucionario, que acababa de adoptar una resolución completamente análoga a la de Petersburgo, estigmatizando a la Duma de Estado y llamando a la lucha por la república, por la instauración de un gobierno revolucionario provisional.

«Los profesores liberales, que acababan de elegir al más liberal de los rectores, al famoso señor Trubetskói, cerraron la universidad bajo la presión de las amenazas policiales: temían, según sus palabras, que se repitiera en los muros de la universidad la matanza de Tiflis. Con ello no hicieron sino acelerar el derramamiento de sangre en las calles, fuera de la universidad».

Por lo que podemos juzgar a partir de las breves informaciones telegráficas de los periódicos extranjeros, la marcha de los acontecimientos en Moscú fue la «habitual»[1], la que, por así decirlo, se ha vuelto la norma después del 9 de enero.

Comenzó con la huelga de los tipógrafos, que rápidamente se extendió. El sábado 7 de octubre (25 de septiembre) ya no trabajaban las imprentas, los tranvías eléctricos ni las fábricas de tabaco. Los periódicos no salieron. Se esperaba la huelga general de los trabajadores fabriles y ferroviarios. Por la noche tuvieron lugar grandes manifestaciones, en las que, además de los tipógrafos, participaron también obreros de otros oficios, estudiantes, etc.

Cosacos y gendarmes dispersaron muchas veces a los manifestantes, pero éstos volvían a reunirse. Muchos policías resultaron heridos. Los manifestantes arrojaban piedras y disparaban con revólveres. Fue gravemente herido un oficial que comandaba a los gendarmes. Resultó muerto un oficial cosaco, un gendarme, etc. El sábado se sumaron a la huelga los panaderos.

El domingo 8 de octubre (26 de septiembre), los acontecimientos tomaron de repente un cariz amenazador. A partir de las 11 de la mañana comenzaron las aglomeraciones de obreros en las calles, especialmente en el bulevar Strastnói y en otros lugares. La multitud cantaba La Marsellesa. Las imprentas que se negaban a secundar la huelga fueron destruidas. Los cosacos sólo lograban dispersar a los manifestantes después de una resistencia tenacísima.

Ante la tienda de Filíppov, cerca de la casa del gobernador general, se congregó una multitud de unas 400 personas, principalmente oficiales panaderos. Los cosacos atacaron a la multitud. Los obreros penetraron en las casas, treparon a los tejados y desde allí arrojaron piedras sobre los cosacos. Los cosacos dispararon contra el tejado y, no pudiendo desalojar a los obreros, recurrieron a un asedio en regla. La casa fue rodeada, un destacamento de policía y dos compañías de granaderos efectuaron una maniobra envolvente, penetraron en la casa por la parte trasera y al final ocuparon también el tejado. Fueron detenidos 192 oficiales. Ocho de los detenidos resultaron heridos; dos obreros muertos (repetimos que todo esto son exclusivamente informaciones telegráficas de periódicos extranjeros, por supuesto alejadas de la verdad y que sólo dan una idea aproximada de las proporciones del combate). Un serio periódico belga comunica que los barrenderos se afanaban celosamente en limpiar las calles de las huellas de sangre; este pequeño detalle —dice— atestigua la seriedad de la lucha más que largos informes.

Al parecer, se permitió escribir sobre la matanza en la calle Tverskaya en los periódicos de Petersburgo. Pero ya al día siguiente la censura temió la publicidad. A partir del lunes 9 de octubre (27 de septiembre), los despachos oficiales informaban que en Moscú no había habido ningún disturbio serio. Pero por teléfono llegaron otras noticias a las redacciones de los periódicos peterburgueses. Resulta que la multitud se volvió a reunir cerca de la casa del gobernador general. Los choques fueron encarnizados. Los cosacos dispararon más de una vez. Cuando desmontaron para disparar, sus caballos aplastaron a mucha gente. Al anochecer, multitudes de obreros llenaban los bulevares con gritos revolucionarios y banderas rojas desplegadas. La multitud saqueaba panaderías y armerías. Al final, la multitud fue dispersada por la policía. Muchos heridos.

La estación central de telégrafos está custodiada por una compañía de soldados. La huelga de panaderos se ha vuelto general. La efervescencia entre los estudiantes se intensifica aún más; las asambleas se tornan más concurridas y revolucionarias. El corresponsal de The Times en Petersburgo informa sobre proclamas incitando a la lucha en Petersburgo, sobre la efervescencia de los panaderos de allí, sobre la convocatoria de una manifestación para el sábado 14 (1) de octubre, y sobre el ambiente sumamente inquieto en el público.

Por muy escasos que sean estos datos, permiten, sin embargo, sacar la conclusión de que la explosión insurreccional en Moscú no representa, en comparación con otras, un grado superior del movimiento. No hay ni intervención de destacamentos revolucionarios preparados de antemano y bien armados, ni el paso al lado del pueblo de al menos ciertas unidades del ejército, ni el empleo en gran escala de los «nuevos» tipos de armas populares, bombas (las cuales, en Tiflis, el 9 de octubre [26 de septiembre], sembraron tal pánico entre cosacos y soldados). A falta de alguna de estas condiciones, era imposible contar ni con el armamento de un gran número de obreros, ni con la victoria de la insurrección. La importancia de los acontecimientos de Moscú, como ya hemos señalado, es otra: simbolizan el bautismo de combate de un gran centro, la incorporación de una enorme región industrial a una lucha seria.

El crecimiento de la insurrección en Rusia no sigue ni puede, por supuesto, seguir un ascenso uniforme y regular. En Petersburgo, el 9 de enero, el rasgo predominante fue el rápido movimiento unánime de masas gigantescas, desarmadas y que no iban a la lucha, pero que recibieron una gran lección de lucha. En Polonia y en el Cáucaso, el movimiento se distingue por una enorme tenacidad, por el empleo relativamente más frecuente de armas y bombas por parte de la población. En Odesa, el rasgo distintivo fue el paso de una parte de las tropas al lado de los insurrectos. En todos los casos y siempre, el movimiento fue fundamentalmente proletario, indisolublemente fundido con la huelga masiva. En Moscú...


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el movimiento transcurrió en los mismos marcos que en toda una serie de otros centros industriales menos importantes.

Ahora se plantea naturalmente ante nosotros la pregunta: ¿se detendrá el movimiento revolucionario en esta fase de desarrollo ya alcanzada, que se ha vuelto «habitual» y conocida, o ascenderá a un peldaño superior? Si acaso nos atrevemos a incursionar en la esfera de la evaluación de acontecimientos tan complejos e inabarcables como los de la revolución rusa, inevitablemente llegaremos a la probabilidad inconmensurablemente mayor de la segunda respuesta a la pregunta. Cierto que también esta forma de lucha, ya estudiada, si se puede expresar así —la guerra de guerrillas, las huelgas incesantes, el agotamiento del enemigo mediante ataques con lucha callejera, ora en un extremo, ora en el otro del país— ha dado y sigue dando los más serios resultados. Ningún Estado soportará a la longue [2] esta lucha tenaz,


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[1] En el original tachado: seguía el camino habitual. — N. de la Red.

[2] a la longue: a la larga. — N. de la Red.

DÍAS SANGRIENTOS EN MOSCÚ

que paraliza la vida industrial, introduce una desmoralización completa en la burocracia y el ejército, siembra el descontento por la situación en todos los círculos del pueblo. Tanto menos capaz es de soportar tal lucha el gobierno autocrático ruso. Podemos estar plenamente seguros de que la continuación tenaz de la lucha, incluso sólo en las formas que ya ha creado el movimiento obrero, conducirá inevitablemente al derrumbe del zarismo.

Pero la detención del movimiento revolucionario en la Rusia actual en la fase que ya ha alcanzado ahora es en sumo grado improbable. Por el contrario, todos los datos hablan más bien de que ésta es sólo una de las fases iniciales de la lucha. Todas las consecuencias de la guerra vergonzosa y ruinosas están lejos, muy lejos aún de haberse manifestado en el pueblo. La crisis económica en las ciudades, el hambre en las aldeas intensifican terriblemente la exasperación. El ejército de Manchuria, a juzgar por todas las informaciones, tiene un ánimo extremadamente revolucionario, y el gobierno teme hacerlo regresar, — y no hacer regresar a este ejército es imposible, bajo la amenaza de nuevas insurrecciones aún más graves. La agitación política en el medio obrero y en el campesinado nunca había marchado en Rusia de manera tan amplia, tan sistemática y tan profunda como ahora. La comedia de la Duma de Estado acarrea inevitablemente consigo nuevas derrotas para el gobierno, nueva exasperación en la población. La insurrección ha crecido terriblemente ante nuestros ojos en apenas diez meses, y no es una fantasía, no es un buen deseo, sino una conclusión directa y obligada de los hechos de la lucha de masas, la conclusión sobre la cercanía del ascenso de la insurrección a una nueva fase, más alta, cuando en ayuda de la multitud salgan los destacamentos de combate de los revolucionarios o las unidades sublevadas del ejército, cuando ayuden a las masas a obtener armas, cuando introduzcan la más fuerte vacilación en las filas del ejército «zarista» (todavía zarista, pero ya lejos de ser enteramente zarista), cuando la insurrección conduzca a una victoria seria, de la que el zarismo ya no tendrá fuerzas para recuperarse.

Las tropas zaristas obtuvieron una victoria sobre los obreros en Moscú. Pero esta victoria no debilitó a los vencidos, sino que sólo los unió más, hizo arraigar más profundamente el odio, los colocó más cerca de las tareas prácticas de la lucha seria. Esta victoria es de esas que no pueden dejar de introducir vacilaciones en las filas de los vencedores.

Las tropas apenas ahora empiezan a conocer, y a conocer no sólo por la consulta de las leyes, sino también por su propia experiencia, que las movilizan ahora entera y exclusivamente para la lucha contra el «enemigo interior». La guerra con Japón ha terminado. Pero la movilización continúa, la movilización contra la revolución. No nos asusta tal movilización, no temeremos saludarla, porque cuanto mayor sea el número de soldados llamados a la lucha sistemática contra el pueblo, tanto más rápido avanzará la educación política y revolucionaria de estos soldados. Al movilizar nuevas y nuevas unidades militares para la guerra contra la revolución, el zarismo aplaza el desenlace, pero este aplazamiento es de lo más ventajoso para nosotros, porque en esta guerra prolongada, de guerrillas, los proletarios aprenden a combatir, y las tropas inevitablemente se ven arrastradas a la vida política, y la consigna de esta vida, el llamado de combate de la joven Rusia, penetra incluso en los cuarteles herméticamente cerrados, despierta a los más oscuros, a los más atrasados y a los más oprimidos.

El estallido de la insurrección ha sido sofocado una vez más. ¡Una vez más: viva la insurrección!

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HUELGA POLÍTICA Y LUCHA CALLEJERA EN MOSCÚ.
[12 de octubre de 1905]
«Tipo»
de la presente fase
de la lucha
en la revolución rusa.
Inicio —
continuación. —
— Vínculo con la universidad]
— movimiento]
liberal y
revolucionario.

1. Curso «habitual» de los acontecimientos en Moscú...
Inicio económico — huelga —
insurrección].

2. Movimiento prof[esional] | (]y^e_
(los zubatovistas comenzaron) — rápido
|ción] sobre ►
| el crecimiento.

3. Movimiento]
político y
revolucionario]. Huelga general].

4. Cierre de la universidad] y apertura
de la calle.

5. Rumores sobre el hecho de
reabrir la universidad].
«En el tornillo» los señores] liberales y los se[ñores] Trépov.
Abwiegler: 2)
conf[er] en la Duma
de E[stado].

HUELGA POLÍTICA Y LUCHA CALLEJERA EN MOSCÚ
— Crec[imiento] general del movim[iento]. 6. Crec[imiento] comparativo]
del movim[iento] panruso]: S[a]n Petersburgo] 9 I — Polonia + Cáucaso —
Mos[cú].
Quid est?
7. ¿Qué ocurre] — ¿ens[ayo] general, o prin[cipio]
en del
Mos[cú]? ¿fin? — ¿fin de lo viejo
o com[ienzo] de
nuevas
formas?
«Sopló otro espíritu»
! hombres de poca fe y...
Parlamentarismo 8. Miseria del cuasi-parl[ament]arismo a la
y rev[ol]ución. luz del [abierto] movimiento revolucionario
Yájar.
Prolet[ariado] + dem[ocracia]
rev[olucionaria]
contra el gob[ierno]
y los lib[erales].
x) A la longue — con carácter prolongado.
2) Abwiegler — observador.