La enorme importancia del movimiento campesino en la revolución democrática que está viviendo Rusia ha sido ya explicada muchas y muchas veces por toda la prensa socialdemócrata. El III Congreso del POSDR adoptó, como es sabido, una resolución especial sobre este tema, para definir con mayor precisión y unificar la actividad de todo el partido del proletariado consciente en relación precisamente al actual movimiento del campesinado. A pesar de que esta resolución fue preparada de antemano (el primer proyecto fue publicado en el Nº 11 de *Vperiod*, el 10 (23) de marzo del año en curso[73]), a pesar de que fue cuidadosamente elaborada por el congreso del partido, que se esforzó por formular los puntos de vista ya establecidos de toda la socialdemocracia rusa, a pesar de todo ello, la resolución suscitó perplejidad entre una serie de camaradas que trabajan en Rusia. El Comité de Sarátov reconoció unánimemente esta resolución como inaceptable (ver el Nº 10 de *Proletari*). Lamentablemente, el deseo que expresamos en aquel momento de obtener una explicación de este veredicto ha quedado hasta ahora sin cumplirse. Sólo sabemos que el Comité de Sarátov también consideró inaceptable la resolución agraria de la conferencia de los nuevos iskristas; por consiguiente, no le satisfizo lo que ambas resoluciones tienen en común, y no lo que las diferencia una de otra.

Un nuevo material sobre este tema es la carta de un camarada de Moscú que nos ha sido enviada (publicada en forma de hoja hectografiada). Publicamos esta carta íntegramente:

CARTA ABIERTA AL COMITÉ CENTRAL Y A LOS CAMARADAS QUE TRABAJAN EN EL CAMPO

¡Camaradas! La organización de distrito del Comité de Moscú se ha acercado estrechamente al trabajo entre el campesinado. La falta de experiencia en la organización de este tipo de trabajo, las condiciones particulares de nuestro campo en la región central, así como la insuficiente claridad de las directivas de las resoluciones del III Congreso sobre este asunto y la casi total ausencia de literatura, tanto en la prensa periódica como en la general, sobre el trabajo entre el campesinado, nos obligan a dirigirnos al CC solicitando que nos envíen directivas detalladas tanto de carácter principista como práctico, y a ustedes, camaradas de trabajo, les rogamos que nos hagan partícipes de los datos prácticos que les haya proporcionado su experiencia.

Consideramos necesario compartir las perplejidades que nos han surgido al leer la resolución del III Congreso «sobre la actitud hacia el movimiento campesino», y el plan organizativo que ya empezamos a aplicar en nuestro campo.

«§ a) Propagar en amplias capas del pueblo que la socialdemocracia se plantea como tarea el apoyo más enérgico a todas las medidas revolucionarias del campesinado capaces de mejorar su situación, incluida la confiscación de las tierras de los terratenientes, del Estado, de la Iglesia, de los monasterios y de la familia imperial» (de la resolución del III Congreso del POSDR).

En este párrafo, ante todo, no está claro de qué manera las organizaciones del partido deberán y podrán llevar a cabo la propaganda. La propaganda exige, en primer lugar, una organización que esté muy cerca de aquellos a quienes se quiere hacer llegar la propaganda. ¿Serán tales organizaciones los comités del proletariado rural, o son posibles otras vías organizativas, tanto para la propaganda oral como para la escrita? Es una cuestión abierta.

Lo mismo puede decirse de la promesa de un apoyo enérgico. Apoyar, y además enérgicamente, también es posible sólo con organizaciones en el terreno. La cuestión del «apoyo enérgico» nos parece, en general, sumamente confusa. ¿Puede la socialdemocracia apoyar la expropiación de aquellas tierras de los terratenientes que son cultivadas de la manera más intensiva, con empleo de máquinas, cultivos superiores, etc.? El paso de esas tierras a manos de pequeños propietarios burgueses, por muy importante que sea mejorar su situación, es un paso atrás en el sentido del desarrollo capitalista de esa economía. Y nosotros, siendo socialdemócratas, deberíamos, en nuestra opinión, hacer en este punto sobre el «apoyo» una reserva: «si la expropiación de estas tierras a la propiedad campesina (pequeñoburguesa) constituye la forma superior de desarrollo de esta economía en dichas tierras».

Luego, más adelante:

«§ d) Esforzarse por la organización independiente del proletariado rural, por su fusión con el de la ciudad bajo la bandera del partido socialdemócrata y por la inclusión de sus representantes en los comités campesinos».

Surgen dudas con respecto a la última parte de este párrafo. El hecho es que organizaciones democrático-burguesas como la «Unión Campesina» y las reaccionarias-utópicas como los socialrevolucionarios organizan bajo su bandera tanto a los elementos burgueses del campesinado como a los proletarios. Introduciendo a nuestros representantes de las organizaciones del proletariado rural en tales comités «campesinos», nos estaremos contradiciendo a nosotros mismos, a nuestros puntos de vista sobre el bloque, etc.

Y aquí, nos parece, son necesarias enmiendas, y enmiendas muy sólidas.

Éstas son algunas observaciones generales a las resoluciones del III Congreso. Es deseable examinarlas lo más rápidamente y de la manera más detallada posible.

En cuanto al plan de la organización «aldeana» en nuestra organización de distrito, tenemos que trabajar en condiciones sobre las cuales las resoluciones del III Congreso guardan completo silencio. Ante todo, es necesario señalar que la región de nuestra actividad –la provincia de Moscú y los distritos limítrofes de las provincias vecinas– está ocupada predominantemente por la industria fabril, con artesanías rurales relativamente poco desarrolladas y con una parte muy insignificante de la población dedicada exclusivamente a la agricultura. Enormes fábricas con 10.000-15.000 obreros se alternan con pequeñas fábricas de 500-1000 personas, diseminadas por aldeas y pueblos remotos. Parecería que, en tales condiciones, la socialdemocracia encontraría aquí un terreno muy adecuado, pero la práctica ha demostrado que tales premisas a vista de pájaro no resisten la crítica. Nuestro «proletariado», en su inmensa mayoría, aún hoy, a pesar de que algunas fábricas existen desde hace 40-50 años, no ha roto con la tierra. La «aldea» se ha adherido tan fuertemente a él que todas aquellas premisas psicológicas y de otro tipo que se crean en el proceso del trabajo colectivo en el proletariado «puro» no se desarrollan en nuestro proletariado. La economía agrícola de nuestros «proletarios» representa unas formas bastardas. El tejedor de la fábrica contrata a un bracero para cultivar su pedacito de tierra. En ese mismo pedacito trabajan su mujer (si no está en la fábrica), sus hijos, los ancianos, los inválidos, y él mismo trabajará en él cuando envejezca, sufra una mutilación o sea expulsado por comportamiento violento o poco fiable. A tales «proletarios» es difícil llamarlos proletarios. Por su situación económica son paupérrimos. Por su ideología, pequeños burgueses. Son ignorantes y conservadores. De ellos se reclutan los elementos «centurias negras». Pero también en ellos, en los últimos tiempos, comienza a despertar la conciencia de sí mismos. Nosotros, a través de enganches con el proletariado «puro», despertamos a esta masa oscura de su sueño secular, y no sin éxito. Los enganches crecen, en algunos lugares se fortalecen, los paupérrimos se someten a nuestra influencia, asimilan nuestra ideología tanto en la fábrica como en la aldea. Y pensamos que implantar organizaciones en un medio que no es «puramente» proletario no será poco ortodoxo. No tenemos otro medio, y si insistimos en la ortodoxia, organizando sólo al «proletariado» rural, tendremos que disolver nuestra organización y las vecinas. Sabemos que nos será difícil luchar contra la sed de expropiación de las tierras de labor y otras tierras abandonadas por el terrateniente, o de aquellas tierras en las que los curas no han sabido montar su economía como es debido. Sabemos que la democracia burguesa, desde la fracción «monárquico-democrática» (existe en el distrito de Ruza) hasta la «Unión Campesina», luchará con nosotros por la influencia sobre los «paupérrimos», pero nosotros armaremos a estos últimos contra los primeros. Utilizaremos todas las fuerzas socialdemócratas del distrito, tanto las intelectuales como las obreras-proletarias, para establecer y afianzar nuestros comités socialdemócratas de «paupérrimos». Y lo haremos según el siguiente plan. En cada ciudad de distrito o gran centro industrial estableceremos comités de distrito de los grupos de la organización de la circunscripción. El comité de distrito organizará, además de las fábricas y plantas en su zona, los comités «campesinos». Estos comités no deben ser muy numerosos por razones conspirativas, y su composición la determinan los campesinos-paupérrimos más revolucionariamente dispuestos y capaces. Allí donde haya tanto fábricas como campesinos, es necesario organizarlos en un solo comité del subgrupo.

Ante todo, dicho comité debe esclarecer clara y nítidamente las condiciones circundantes: A) Relaciones agrarias: 1) lotes campesinos, arriendo, forma de posesión (comunal, familiar, etc.). 2) Tierras circundantes: a) a quién pertenecen; b) cuánta tierra; c) qué relaciones tienen los campesinos con estas tierras; d) en qué condiciones se utilizan estas tierras: 1) prestaciones de trabajo, 2) renta excesiva por las «tierras recortadas», etc.; e) endeudamiento con los kulaks, terratenientes y otros. B) Impuestos, tributos, la altura de la imposición territorial de las tierras campesinas y terratenientes. C) Industrias migratorias y artesanales, pasaportes, si hay contratación invernal, etc. D) Fábricas locales y plantas: condiciones de trabajo en ellas: 1) salario, 2) jornada laboral, 3) actitud de la administración, 4) condiciones de vivienda, etc. E) Administración: jefes de zemstvo, síndico, escribano, jueces de volost, guardias rurales, pope. F) Zemstvo: diputados de los campesinos, empleados del zemstvo: maestro, médico, bibliotecas, escuelas, casas de té. G) Asambleas de volost: su composición y gestión de asuntos. H) Organizaciones: «Unión Campesina», socialistas-revolucionarios, socialdemócratas.

Tras familiarizarse con estos datos, el comité campesino socialdemócrata deberá impulsar en las asambleas aquellas resoluciones que se desprendan de tal o cual situación anormal. Paralelamente, dicho comité lleva también una intensa propaganda y agitación de las ideas de la socialdemocracia entre las masas, organiza círculos, reuniones volantes, mítines populares, distribuye proclamas y literatura, recauda dinero para la caja del partido y mantiene contactos a través del grupo de distrito con la organización de la circunscripción.

Si logramos establecer toda una serie de tales comités, el éxito de la socialdemocracia estará asegurado.

De suyo se entiende que no tomaremos sobre nosotros la tarea de elaborar directivas prácticas detalladas, de las que habla el camarada: esto es asunto de los trabajadores sobre el terreno y del centro ruso que dirige prácticamente. Pensamos aprovechar la sustanciosa carta del camarada de Moscú para explicar la resolución del III Congreso y las urgentes tareas del partido en general. De la carta se desprende que las perplejidades suscitadas por la resolución del III Congreso han sido engendradas sólo en parte por dudas teóricas. Otra fuente de ellas es la nueva cuestión, antes no planteada, de la correlación entre los «comités campesinos revolucionarios» y los «comités socialdemócratas» que trabajan entre el campesinado. El mismo hecho de plantear esta última cuestión atestigua un significativo paso adelante del trabajo socialdemócrata entre el campesinado. En el orden del día se plantean ya cuestiones relativamente detalladas, engendradas por las necesidades prácticas de la agitación «aldeana», que ha empezado a consolidarse y a tomar formas sólidas y permanentes. Y el autor de la carta olvida en reiteradas ocasiones que, al reprochar a la resolución del congreso su falta de claridad, en el fondo busca respuesta a una cuestión que el congreso del partido no planteó ni podía plantear.

Así, por ejemplo, no es del todo correcta la opinión del autor de que tanto la propaganda de nuestras ideas como el apoyo al movimiento campesino son posibles «sólo» con la organización sobre el terreno. Desde luego, tales organizaciones son deseables y, con el crecimiento del trabajo, necesarias, pero la mencionada labor es posible y necesaria incluso allí donde no existen tales organizaciones. En toda nuestra actividad, incluso entre el proletariado urbano únicamente, no debemos perder de vista la cuestión campesina y debemos difundir la declaración hecha por todo el partido del proletariado consciente, en la persona del III Congreso: apoyamos la insurrección campesina. Los campesinos deben saber esto: a través de la literatura, a través de los obreros, a través de organizaciones especiales, etc. Los campesinos deben saber que el proletariado socialdemócrata no se detendrá en este apoyo ante ninguna confiscación de la tierra (es decir, la expropiación sin indemnización a los propietarios).

El autor de la carta plantea aquí una cuestión teórica: ¿no debería limitarse con una reserva especial la expropiación de las grandes fincas a la «propiedad campesina pequeñoburguesa»? Pero, al proponer esta reserva, el autor ha reducido arbitrariamente el sentido de la resolución del III Congreso. En la resolución no se dice ni una palabra acerca de que el partido socialdemócrata estuviera obligado a apoyar el paso de las tierras confiscadas precisamente a manos de pequeños propietarios burgueses. La resolución dice: apoyamos «incluida la confiscación», es decir, incluida la toma sin indemnización, pero la cuestión de a quién entregar lo tomado no la resuelve en absoluto la resolución. El hecho de dejar abierta esta cuestión no es casual: de los artículos del periódico *Vperiod* (núms. 11, 12, 15)[74] se deduce que resolver esta cuestión de antemano se consideraba poco razonable. Allí se señalaba, por ejemplo, que en una república democrática la socialdemocracia no puede hacer renuncias ni atarse de manos respecto a la nacionalización de la tierra.

En efecto, a diferencia de los socialistas-revolucionarios pequeñoburgueses, para nosotros el centro de gravedad ahora es el aspecto democrático-revolucionario de las insurrecciones campesinas y la organización especial del proletariado rural en un partido de clase. La esencia de la cuestión ahora no está en los proyectos de «reparto negro» o nacionalización, sino en la toma de conciencia por el campesinado y la realización por él de la ruptura revolucionaria del viejo orden. Por eso los socialistas-revolucionarios presionan sobre la «socialización», etc., y nosotros, sobre los comités campesinos revolucionarios: sin ellos, decimos, todas las transformaciones no son nada. Con ellos, y apoyándose en ellos, es posible la victoria de la insurrección campesina.

Debemos ayudar de todas las maneras a la insurrección campesina hasta la confiscación de las tierras, pero en modo alguno hasta todos los proyectos pequeñoburgueses. Apoyamos el movimiento campesino en la medida en que es democrático-revolucionario. Nos preparamos (ahora mismo, inmediatamente nos preparamos) para la lucha con él, en la medida en que actúe como reaccionario, antiproletario. Toda la esencia del marxismo está en esta doble tarea, que sólo pueden simplificar o aplanar en una tarea única y simple quienes no entienden el marxismo.

Tomemos un ejemplo concreto. Supongamos que la insurrección campesina ha vencido. Los comités campesinos revolucionarios y el gobierno revolucionario provisional (apoyándose, en parte, precisamente en estos comités) pueden llevar a cabo cualquier confiscación de la gran propiedad. Estamos a favor de la confiscación, ya lo hemos declarado. Pero, ¿a quién aconsejaremos entregar las tierras confiscadas? Aquí no nos hemos atado las manos ni nunca nos las ataremos con declaraciones como las que, con poca precaución, propone el autor de la carta. El autor ha olvidado que en la misma resolución del III Congreso se habla de «depurar el contenido democrático-revolucionario del movimiento campesino de toda escoria reaccionaria», esto por un lado; y por otro: sobre la necesidad de «en todos los casos y bajo todas las circunstancias la organización independiente del proletariado rural». Éstas son nuestras directivas. Siempre habrá escorias reaccionarias en el movimiento campesino, y nosotros declaramos la guerra a ellas de antemano. El antagonismo de clase entre el proletariado rural y la burguesía campesina es inevitable, y nosotros lo revelamos de antemano, lo explicamos, nos preparamos para la lucha sobre su base. Uno de los motivos de tal lucha muy bien puede ser la cuestión de: ¿a quién y cómo entregar las tierras confiscadas? Y nosotros no disimulamos esta cuestión, no prometemos el reparto igualitario, la «socialización», etc., sino que decimos: allí lucharemos otra vez, volveremos a luchar, en un nuevo campo lucharemos y con otros aliados: allí estaremos incondicionalmente con el proletariado rural, con toda la clase obrera, contra la burguesía campesina. En la práctica, esto puede significar tanto el paso de la tierra a la clase de los pequeños propietarios campesinos, allí donde predomina la gran propiedad feudal, basada en la servidumbre, donde no existen aún las condiciones materiales para la gran producción socialista, como la nacionalización, en caso de victoria completa de la revolución democrática, y la entrega de las grandes fincas capitalistas a las asociaciones de obreros, pues de la revolución democrática comenzaremos a pasar inmediatamente, y justamente en la medida de nuestra fuerza, de la fuerza del proletariado consciente y organizado, a la revolución socialista. Nosotros estamos por la revolución continua. No nos detendremos a medio camino. Si no prometemos ahora mismo e inmediatamente ninguna «socialización», es precisamente porque conocemos las condiciones reales de esta tarea y no disimulamos, sino que desenmascaramos la nueva lucha de clases que madura en el seno del campesinado.

Nosotros primero apoyamos hasta el fin, por todos los medios, incluida la confiscación, al campesino en general contra el terrateniente, y después (e incluso no después, sino al mismo tiempo) apoyamos al proletariado contra el campesino en general. Calcular ahora la combinación de fuerzas en el seno del campesinado «al día siguiente» de la revolución (democrática) es una utopía vacía. Sin caer en el aventurerismo, sin traicionar nuestra conciencia científica, sin perseguir la popularidad barata, podemos decir y decimos solamente una cosa: con todas las fuerzas ayudaremos a todo el campesinado a hacer la revolución democrática, para que sea más fácil para nosotros, el partido del proletariado, pasar lo antes posible a la nueva y más alta tarea: la revolución socialista. No prometemos ninguna armonía, ninguna igualdad, ninguna «socialización» como resultado de la victoria de la actual insurrección campesina; al contrario, «prometemos» una nueva lucha, una nueva desigualdad, una nueva revolución, a la que aspiramos. Nuestra doctrina es menos «dulce» que las patrañas de los socialistas-revolucionarios, pero quien quiera que le den a beber sólo lo dulcecito, que se vaya a los socialistas-revolucionarios; a esas gentes les decimos: buen viaje.

Este punto de vista marxista resuelve, a nuestro juicio, también la cuestión de los comités. En nuestra opinión, no debe haber comités campesinos socialdemócratas: si son socialdemócratas, significa que no son sólo campesinos[75]; si son campesinos, significa que no son puramente proletarios, no son socialdemócratas. Mezclar estos dos oficios hay tantos cazadores, que nosotros no somos de esos. Dondequiera que sea posible, nos esforzaremos por organizar nuestros propios comités, comités del partido obrero socialdemócrata. En ellos entrarán tanto campesinos como paupérrimos, e intelectuales, y prostitutas (nos preguntaba hace poco un obrero en una carta: ¿por qué no hacer agitación entre las prostitutas?), y soldados, y maestros, y obreros; en una palabra, todos los socialdemócratas y nadie más que los socialdemócratas. Estos comités llevarán a cabo todo el trabajo socialdemócrata, en toda su amplitud, esforzándose, sin embargo, por organizar especial y particularmente al proletariado rural, pues la socialdemocracia es el partido de clase del proletariado. Considerar «poco ortodoxa» la organización del proletariado que no se ha depurado por completo de diversos vestigios del pasado es un grandísimo error, y quisiéramos pensar que los pasajes de la carta referentes a esto se basan en un simple malentendido. El proletariado urbano e industrial será inevitablemente el núcleo fundamental de nuestro partido obrero socialdemócrata, pero debemos atraer a él, ilustrar, organizar a todos los trabajadores y explotados, como dice también nuestro programa, a todos sin excepción: tanto a los artesanos como a los paupérrimos, a los mendigos, a los sirvientes, a los vagabundos, a las prostitutas; desde luego, con la condición necesaria e ineludible de que ellos se adhieran a la socialdemocracia, y no la socialdemocracia a ellos, de que ellos pasen al punto de vista del proletariado, y no el proletariado a su punto de vista.

¿Para qué entonces los comités campesinos revolucionarios? preguntará el lector. ¿Acaso no hacen falta? No, hacen falta. Nuestro ideal: en todas partes en las aldeas, comités puramente socialdemócratas, y luego, su acuerdo con todos los elementos, grupos y círculos democrático-revolucionarios del campesinado para formar los comités campesinos revolucionarios. Hay aquí una analogía completa con la independencia del partido obrero socialdemócrata en la ciudad y su alianza con todos los demócratas revolucionarios con fines de insurrección[76]. Estamos a favor de la insurrección del campesinado. Estamos absolutamente en contra de la mezcla y fusión de elementos de clase heterogéneos y de partidos heterogéneos. Estamos a favor de que, con fines de insurrección, la socialdemocracia empuje a toda la democracia revolucionaria, ayude a toda ella a organizarse, vaya a su lado, pero sin fusionarse con ella, a las barricadas en las ciudades, contra los terratenientes y la policía en las aldeas.

¡Viva la insurrección urbana y rural contra la autocracia! ¡Viva la socialdemocracia revolucionaria, como destacamento de vanguardia de toda la democracia revolucionaria en la actual revolución!

*Proletari* Nº 16, 14 (1) de septiembre de 1905.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*, cotejado con el manuscrito.