La táctica de la socialdemocracia en relación con la Duma Estatal sigue estando a la orden del día a la cabeza de todas las demás cuestiones de la lucha revolucionaria. Las divergencias sobre esta táctica, surgidas entre el ala oportunista (*Iskra*) y el ala revolucionaria (*Proletari*) del POSDR, deben ser analizadas con toda minuciosidad, no con fines de polémica puntillosa (que a veces degenera en riña), sino con el objetivo de esclarecer plenamente la cuestión y ayudar a los militantes locales a elaborar consignas lo más precisas, definidas y unitarias posible.

Primero, un par de palabras sobre el origen de estas divergencias. En el núm. 12 de *Proletari*, incluso antes de la promulgación de la ley sobre la Duma Estatal, expusimos las bases de nuestra táctica y de nuestra discrepancia con *Iskra*[66]. Exigíamos: 1) apoyar la idea del boicot en el sentido de intensificar la agitación y dirigirse al pueblo, en el sentido del apoyo del proletariado al ala izquierda de la democracia burguesa y la denuncia implacable de la traición de su ala derecha; 2) un boicot forzosamente activo, y no una "inhibición pasiva", es decir, "multiplicar por diez la agitación" hasta la "irrupción forzosa en las asambleas electorales", y, finalmente, 3) una "consigna de agitación clara, precisa y directa", a saber: insurrección armada, ejército revolucionario, gobierno revolucionario provisional. Rechazamos resueltamente la consigna de *Iskra* (núm. 106): "organización de la autogestión revolucionaria", por confusa y por hacer el juego a los liberacionistas, es decir, a la burguesía monárquica. De inmediato señalamos, como previendo que *Iskra* volvería a "multiplicar" las divergencias, nuestra coincidencia con la condena por parte de *Iskra* a la idea del boicot pasivo.

Por eso, si ahora *Iskra* en su núm. 108 lanza ciertas insinuaciones sobre la teoría de la "no injerencia", el "absentismo", la "abstención", "cruzarse de brazos", etc., ante todo desechamos tales "objeciones", pues esto no es polémica, sino un intento de "arañar" al oponente. Con estos procedimientos de "polémica" –que culpan en la insinuación de que ciertos dirigentes querían por sí mismos entrar en el gobierno provisional–, la nueva *Iskra* ha provocado hace tiempo una actitud bien definida hacia sí misma en los más amplios círculos de la socialdemocracia.

Así pues, la esencia de las divergencias se reduce a que *Iskra* no acepta nuestra consigna de agitación, que consideramos central (insurrección armada, ejército revolucionario, gobierno revolucionario provisional). *Proletari*, por su parte, considera absolutamente inadmisible "encubrir o incluso posponer la consigna de la insurrección con la consigna de la organización de la autogestión revolucionaria" (núm. 12 de *Proletari*)[67]. Todos los demás puntos de divergencia tienen una importancia relativamente menor. Al contrario, es especialmente importante, además, que en el núm. 108 *Iskra* comienza ya (como le ha pasado más de una vez) a retroceder, dar rodeos, retorcerse: a la consigna de la organización de la autogestión revolucionaria añade la consigna de "acciones combativas activas de las masas populares" (en qué se diferencia esto de la insurrección armada, Alá lo sabrá). *Iskra* llega incluso a decir que "la organización de la autogestión revolucionaria es precisamente el único medio de 'organizar' realmente la insurrección de todo el pueblo". El núm. 108 de *Iskra* está fechado el 13 (26) de agosto, y el 24 de agosto (nuevo estilo) apareció en el *Arbeiter-Zeitung*{87} de Viena un artículo del camarada Mártov que expone el "plan" de *Iskra* plenamente en el espíritu del núm. 106, y no en el de las "enmiendas" del núm. 108. Este valioso artículo del camarada Mártov lo traducimos más abajo[68] en su parte principal, como ejemplo de "manilovismo socialdemócrata".

Intentemos desentrañar esta confusión.

Para esclarecer el asunto, es necesario ante todo darse cuenta de qué fuerzas y cómo exactamente "hacen la historia" de la revolución rusa en el momento actual. La autocracia ha aceptado la teoría de la "consulta" del zar con el pueblo. Queriendo consultar con un puñado de electos de terratenientes y tenderos, tamizados por la vigilancia policial, comienza por aplastar la revolución con feroz ensañamiento. Círculos más amplios de la burguesía monárquica están por la teoría del acuerdo del zar con el pueblo (los liberacionistas o el partido demócrata-constitucional). La burguesía expresa con esta teoría su traición a la revolución, su disposición a apoyarla primero y luego a unirse con la reacción contra ella. El proletariado revolucionario, en la medida en que lo dirige la socialdemocracia, exige la autocracia del pueblo, es decir, la destrucción total de las fuerzas de la reacción y, ante todo, el derrocamiento efectivo del gobierno zarista y su sustitución por un gobierno revolucionario provisional. El proletariado aspira (a menudo inconscientemente, pero con firmeza y energía) a ganarse al campesinado y, con su ayuda, llevar la revolución hasta la victoria completa, a pesar de la inestabilidad y la traición de la burguesía.

La Duma Estatal es, sin duda, una concesión a la revolución, pero una concesión hecha (esto es aún más indudable) con el fin de aplastar la revolución y no dar una constitución. Los "conciliadores" burgueses quieren conseguir una constitución con el fin de aplastar la revolución; el Sr. Vinográdov (en *Rússkie Védomosti*) expresó esta aspiración de la burguesía liberal, que se deriva inevitablemente de su posición de clase, con particular claridad.

Cabe preguntarse ahora: ¿qué significado tiene, en tal situación, la decisión de boicotear la Duma adoptada por la "Unión de Uniones" (véase el núm. 14 de *Proletari*), es decir, por la más amplia organización de la intelectualidad burguesa? La intelectualidad burguesa, en general y en su conjunto, también quiere el "acuerdo". También ella, por tanto, vacila, como *Proletari* ha mostrado muchas veces, entre la reacción y la revolución, entre el mercantilismo y la lucha, entre el pacto con el zar y la insurrección contra el zar. No puede ser de otra manera en virtud de la posición de clase de la intelectualidad burguesa. Pero sería un error olvidar que esta intelectualidad es más capaz de expresar los intereses amplios, esenciales, de toda la clase burguesa, a diferencia de los intereses temporales y estrechos solo de las "cúpulas" de la burguesía. La intelectualidad es más capaz de expresar los intereses de la amplia masa de la pequeña burguesía y del campesinado. Es más capaz, por tanto, a pesar de toda su inestabilidad, de luchar revolucionariamente contra la autocracia, y con la condición de acercarse al pueblo puede convertirse en una gran fuerza en esta lucha. Impotente por sí misma, podría dar a sectores muy significativos de los pequeños burgueses y campesinos precisamente lo que les falta: conocimiento, programa, dirección, organización.

La esencia de la idea del "boicot", tal como surgió en la "Unión de Uniones", consiste, pues, en que el primer paso de la gran burguesía hacia la consulta-acuerdo con el zar provocó inevitablemente el primer paso de la intelectualidad pequeñoburguesa hacia el acercamiento al pueblo revolucionario. Los terratenientes y capitalistas se han escorado a la derecha, la intelectualidad burguesa, representante de la pequeña burguesía, se ha escorado a la izquierda. Los primeros van al zar, sin renunciar en absoluto a amenazarlo aún más de una vez con la fuerza del pueblo. Los segundos empiezan a considerar si no ir al pueblo, sin romper aún definitivamente con la teoría del "acuerdo" y sin ponerse plenamente en el camino revolucionario.

He aquí la esencia de la idea del boicot surgida, como ya señalamos en el núm. 12 de *Proletari*, dentro de la democracia burguesa. Sólo personas muy miopes y superficiales podrían ver en esta idea no injerencia, absentismo, abstención, etc. La intelectualidad burguesa no tiene de qué abstenerse, pues el alto censo electoral la mantiene por sí misma alejada de la Duma Estatal. La intelectualidad burguesa, en su resolución sobre el boicot, pone en primer plano la "movilización de todos los elementos democráticos del país". La intelectualidad burguesa es el elemento más activo, resuelto y combativo del partido liberacionista, constitucional-"democrático". Acusar a esta intelectualidad por la idea del boicot de abstención, etc., o incluso negarle el apoyo a su idea y su desarrollo, significa, por miopía, hacer el juego a la gran burguesía monárquica, cuyo órgano *Osvobozhdenie* no en vano combate la idea del boicot.

La justeza del punto de vista expuesto, aparte de las consideraciones generales y fundamentales, se confirma con las valiosas confesiones del Sr. S. S.{88} en el núm. 75 de *Osvobozhdenie*. Es sumamente significativo que el Sr. S. S. adscriba a los partidarios de la idea del boicot al grupo "radical", y a los adversarios al "moderado". A los primeros los acusa de "voluntarismo popular", de repetir los errores de los "grupos revolucionarios activos" (acusación honrosa para aquel contra quien la lanza *Osvobozhdenie*); de los segundos dice directamente que están entre dos fuegos: entre la autocracia y la "revolución social (¡sic!)", ¡y el pobre Sr. S. S., del susto, casi confunde la república democrática con la revolución social! La confesión más valiosa del Sr. S. S. es la siguiente: para los radicales –dice, comparando el congreso de la "Unión de Uniones" con el congreso de los zemstvos– "el centro de gravedad residía indudablemente (¡escuchen!) en la exigencia de cambiar el sistema electoral, mientras que para el grupo más moderado el principal interés estribaba en ampliar los derechos de la Duma".

¡Esto lo dice todo! El Sr. S. S. ha soltado los "pensamientos" íntimos de los terratenientes y capitalistas, que nosotros hemos denunciado cientos de veces. "El principal interés" para ellos no es atraer al pueblo a las elecciones (esto lo temen), sino ampliar los derechos de la Duma, es decir, convertir la asamblea de la gran burguesía de consultiva en legislativa. Ahí está el quid de la cuestión. La gran burguesía nunca podrá conformarse con una Duma "consultiva". De ahí la inevitabilidad de los conflictos constitucionales en la Duma Estatal. Pero la gran burguesía nunca podrá ser una partidaria fiable y fiel de la autocracia del pueblo. Ella siempre tomará la constitución con una mano (para sí), y con la otra arrebatará los derechos al pueblo o se opondrá a la ampliación de los derechos del pueblo. La gran burguesía no puede dejar de aspirar a una constitución que garantice los privilegios de la gran burguesía. La intelectualidad radical no puede dejar de aspirar a expresar los intereses de capas más amplias de la pequeña burguesía y del campesinado. El ala derecha de la democracia burguesa, teniendo ya un pájaro en mano, comenzó inmediatamente a "volverse sensata" y renuncia ya, como hemos visto, a los congresos "ilegales". El ala izquierda vio que se quedaba incluso sin el pájaro en mano, que los terratenientes y capitalistas, habiendo aprovechado los servicios del "tercer elemento" (agitación, propaganda, organización de la prensa, etc.), estaban dispuestos a traicionarlos, orientando sus esfuerzos en la Duma Estatal no hacia los derechos populares, sino hacia los suyos propios, antipopulares. Y he aquí que, oliendo el comienzo de la traición, la intelectualidad burguesa estigmatiza a la Duma Estatal como un "desafío insolente" del gobierno a todos los pueblos de Rusia, declara el boicot, aconseja la "movilización de los elementos democráticos".

En semejante situación, arremeter contra la idea del boicot significaría, por parte de los socialdemócratas, hacer el papel de ingenuos políticos. El fiel instinto de clase del proletariado revolucionario dictó a la mayoría de los camaradas rusos la idea del boicot activo. Esto significa: apoyar al ala izquierda y atraerla hacia sí, esforzarse por separar a los elementos de la democracia revolucionaria para, junto con ellos, golpear a la autocracia. La intelectualidad radical nos ha tendido un dedo: ¡agarrémosla por la mano! Si el boicot no es fanfarronería, si la movilización no es una frase, si la indignación por un desafío insolente no es pose escénica, entonces deben ustedes romper con los "conciliadores", ponerse del lado de la teoría de la autocracia del pueblo, aceptar, aceptar de hecho las únicas consignas consecuentes y completas de la democracia revolucionaria: insurrección armada, ejército revolucionario, gobierno revolucionario provisional. Atraerse a los que aceptan de hecho estas consignas, hundir ante todo el pueblo en el basurero a los que permanecen del lado de los "conciliadores": tal es la única táctica correcta del proletariado revolucionario. Nuestros neoiskristas no vieron ni el origen de clase ni el significado político real de la idea del boicot, y abrieron fuego... al aire. El camarada Cherevanin escribe en el núm. 108: "Como se desprende de las hojas del comité del Don y del grupo de San Petersburgo, ambas organizaciones" (N. B.: mencheviques. Nota de la redacción de *Proletari*) "se pronuncian por el boicot. Consideran que la participación en las elecciones a tal Duma es vergonzosa, una traición a la causa de la revolución, y estigmatizan de antemano a los liberales que participen en las elecciones. De este modo, se excluye la posibilidad de hacer de la Duma Estatal un instrumento de la revolución democrática, y se rechaza, evidentemente, la agitación dirigida en este sentido". Las palabras subrayadas por nosotros muestran precisamente el error ahora esbozado[69]. Pues quienes declaman contra la "no injerencia" solo encubren la cuestión realmente importante de los modos de injerencia. Hay dos modos de injerencia, dos tipos de consignas. El primer modo: "multiplicar por diez la agitación, organizar asambleas en todas partes, utilizar las asambleas electorales aunque sea mediante la irrupción forzosa en ellas, organizar manifestaciones, huelgas políticas, etc., etc." (*Proletari* núm. 12). Las consignas de esta campaña de agitación ya las hemos expuesto. El otro modo: tomar "un compromiso revolucionario de ir a la Duma Estatal con el fin de lograr su transformación en una asamblea revolucionaria que derroque a la autocracia y convoque una asamblea constituyente" (camarada Cherevanin en el núm. 108 de *Iskra*), o "presionar a los electores en el sentido de que a la Duma solo se elija a partidarios decididos de una representación democrática y libre" (camarada Mártov en el *Arbeiter-Zeitung* de Viena).

Pues bien, esta diferencia de modos refleja la diferencia de las "dos tácticas" de la socialdemocracia. El ala oportunista de la socialdemocracia siempre es propensa a "presionar" a la democracia burguesa mediante la exigencia de compromisos. El ala revolucionaria de la socialdemocracia "presiona" a la democracia burguesa y la empuja a la izquierda estigmatizándola por sus virajes a la derecha, difundiendo en la masa las consignas de la revolución decidida. La teoría de "exigir compromisos", esa famosa teoría del pagaré de Lákmus a lo starover, es una suma ingenuidad, capaz solo de sembrar la confusión en el proletariado y corromperlo. ¿A quién le presentará para su cobro el camarada Cherevanin el "compromiso" obtenido? ¿Acaso a Dios Nuestro Señor? ¿Es que el camarada Cherevanin no sabe que, bajo la presión de los intereses materiales de clase, todos y cada uno de los compromisos se irán al diablo? ¿Acaso no es una puerilidad la idea del mismo camarada Cherevanin de vincular a los diputados burgueses de la Duma Estatal con el proletariado revolucionario mediante "mandatos imperativos"? ¡Pues al camarada Mártov, si de verdad empezara a ejecutar su plan, le tocaría declarar ante la clase obrera que N. N. o M. M. de tal asamblea de terratenientes son "partidarios decididos de una representación libre y democrática"! ¡Hacer tales declaraciones significaría sembrar la mayor corrupción política!

Y nótese además lo siguiente: todos estos "compromisos revolucionarios" de los señores Petrunkévich, Rodíchev y tutti quanti[70], todos estos "mandatos imperativos", todas estas firmas de "apoyo decidido a una representación democrática y libre" (¿se puede acaso elegir un término más general, impreciso, nebuloso?), se tomarían y darían en nombre de la socialdemocracia a espaldas del proletariado. Pues abiertamente esto no se puede hacer, e incluso en la agitación abierta en los países libres los políticos no se obligan tanto con pactos privados como con los programas de los partidos, ¡y entre nosotros no hay ni habrá partidos definidos y formalizados en las elecciones a la Duma Estatal! Miren ustedes, camaradas neoiskristas, cómo se han metido otra vez en un pantano: de palabra todo es para ustedes "la masa", "ante la masa", "con participación de la masa", "actividad independiente de la masa", pero de hecho su "plan" se reduce a tratos secretos para obligar al señor Petrunkévich a ser no un traidor a la revolución, sino un partidario "decidido" de ella.

Los neoiskristas se han llevado a sí mismos al absurdo. En Rusia, nadie y en ninguna parte, ni siquiera entre sus partidarios, se le ocurrirá concertar estos absurdos "compromisos revolucionarios". No. Hay que injerirse de otra manera. Hay que injerirse estigmatizando de la manera más implacable la teoría del acuerdo y a los conciliadores burgueses, a todos esos Petrunkévich y compañía. Denunciar su traición burguesa a la revolución, unir contra la autocracia (y, por si acaso, también contra la Duma) las fuerzas revolucionarias para la insurrección: este es el único medio seguro para "presionar" realmente sobre la Duma, para preparar realmente la victoria de la revolución. Solo con esta consigna debemos injerirnos en la agitación electoral, no para maniobras, pactos, compromisos electorales, sino para la prédica de la insurrección. Y solo la fuerza real del pueblo armado dará la posibilidad de aprovechar en favor de la revolución (y no en favor de una constitución estrechamente burguesa) los posibles y probables futuros conflictos dentro de la Duma Estatal o entre la Duma Estatal y el zar. ¡Menos confianza en la Duma Estatal, más confianza en las fuerzas del proletariado que se arma, señores!

Hemos llegado ahora también a la consigna: organización de la autogestión revolucionaria. Examinémosla con mayor atención.

En primer lugar, es teóricamente incorrecto en estado puro poner en primer plano la consigna de la autogestión revolucionaria en lugar de la consigna: autocracia del pueblo. La primera se refiere a la administración, la segunda a la estructura del Estado. La primera es, por tanto, compatible con la traicionera teoría burguesa del "acuerdo" (pueblo que se autogestiona con el zar a la cabeza, el cual "no gobierna, sino que reina"), la segunda es categóricamente incompatible. La primera es aceptable para los liberacionistas, la segunda es inaceptable.

En segundo lugar, la identificación de la organización de la autogestión revolucionaria con la organización de la insurrección de todo el pueblo es completamente disparatada. La insurrección es una guerra civil, y la guerra exige un ejército. Mientras tanto, la autogestión por sí misma no exige un ejército. Hay países donde existe la autogestión, pero no hay ejército. Y la autogestión revolucionaria no exige un ejército revolucionario allí donde la revolución transcurre según el tipo de Noruega: "despidieron" al rey e hicieron una consulta al pueblo. Pero cuando el pueblo está oprimido por un despotismo que se apoya en un ejército e inicia una guerra civil, entonces identificar la autogestión revolucionaria con el ejército revolucionario, poner en primer plano la primera y silenciar el segundo es, simple y llanamente, una trivialidad indecible, que expresa o traición a la revolución o una falta de reflexión extrema.

En tercer lugar, también la historia confirma la verdad, por lo demás evidente por sí misma, de que solo la victoria completa y decidida de la insurrección asegura plenamente la posibilidad de organizar una autogestión real. ¿Habría sido posible en Francia la revolución municipal de julio de 1789 si el 14 de julio el París sublevado y armado no hubiera derrotado a las tropas zaristas, tomado la Bastilla, quebrado de raíz la resistencia de la autocracia? ¿O acaso los neoiskristas aducirán al respecto el ejemplo de la ciudad de Montpellier, donde la revolución municipal, la organización de la autogestión revolucionaria, transcurrió pacíficamente, donde incluso se votó un agradecimiento al intendente por la amabilidad con que coadyuvó a su propia deposición? ¿Acaso espera la nueva *Iskra* que durante nuestra campaña de agitación de las elecciones a la Duma daremos las gracias a los gobernadores por autoeliminarse antes de la toma de las Bastillas rusas? ¿No es característico que en la Francia de 1789 la época de la revolución municipal sea la época de la emigración incipiente de los reaccionarios, mientras que entre nosotros se pone en primer plano la consigna de la autogestión revolucionaria en lugar de la consigna de la insurrección precisamente cuando existe aún la emigración de los revolucionarios? Cuando a un alto dignatario ruso le preguntaron por qué el 6 de agosto no se había concedido la amnistía, respondió: "¿a santo de qué vamos a liberar a 10.000 personas que nos ha costado no poco trabajo arrestar y que mañana mismo empezarían una lucha encarnizada contra nosotros?". Este dignatario razonaba con inteligencia, pero quienes hablan de "autogestión revolucionaria" antes de la liberación de esos 10.000 razonan sin ella.

En cuarto lugar, la realidad rusa contemporánea muestra de manera patente la insuficiencia de la consigna: "autogestión revolucionaria" y la necesidad de una consigna directa y precisa de insurrección. Vean lo que ocurrió en Smolensk el 2 de agosto (estilo antiguo). La Duma Municipal reconoció como arbitrariedad el acantonamiento de cosacos, cesó de entregarles dinero, organizó una milicia urbana para la defensa de la población, lanzó una proclama a los soldados contra la violencia sobre los ciudadanos. Desearíamos saber si nuestros buenos neoiskristas consideran esto suficiente. ¿No debería considerarse esta milicia como un ejército revolucionario, como un órgano no solo de defensa, sino también de ofensiva? ¿Y de ofensiva no solo contra la centuria cosaca de Smolensk, sino contra el gobierno autocrático en general? ¿No debería propagarse esta idea sobre la proclamación del ejército revolucionario y sobre sus tareas? ¿Se puede considerar realmente asegurada la autogestión popular de la ciudad de Smolensk mientras el ejército revolucionario no haya obtenido una victoria decisiva sobre el ejército zarista?

En quinto lugar, los hechos testimonian de manera irrefutable que la consigna de la autogestión revolucionaria en lugar de la consigna de la insurrección, o en el sentido (?) de la consigna de la insurrección, no solo es "aceptable" para los liberacionistas, sino que ha sido aceptada por ellos. Tomen el núm. 74 de *Osvobozhdenie*. Verán una condena decidida de la "prédica insensata y criminal de la insurrección armada" y, al mismo tiempo, la defensa de las milicias urbanas y de la organización de los órganos de autogestión local como elementos del futuro gobierno provisional (cfr. núm. 12 de *Proletari*).

Desde cualquier lado que se aborde la cuestión, resultará invariablemente que la nueva consigna de la nueva *Iskra* es una consigna liberacionista. Los socialdemócratas que encubren o posponen la consigna de la insurrección armada, el ejército revolucionario, el gobierno provisional con la consigna de la organización de la autogestión revolucionaria, se arrastran a la zaga de la burguesía monárquica en lugar de ir al frente del proletariado y el campesinado revolucionarios.

Se nos reprocha que "machacamos" pertinazmente las mismas consignas. Consideramos este reproche como un cumplido. Nuestra tarea consiste precisamente en eso, en machacar incansablemente, junto a las verdades generales del programa socialdemócrata, las consignas políticas perentorias. Hemos logrado la más amplia difusión del "sufragio cuádruple" (votación universal, directa, igualitaria y secreta), odiado por los liberales. Hemos familiarizado a las masas obreras con el "sexteto" de las libertades políticas (de palabra, de conciencia, de prensa, de reunión, de asociación, de huelga). Debemos repetir millones y miles de millones de veces ahora la "tríada" de las tareas revolucionarias inmediatas (insurrección armada, ejército revolucionario, gobierno revolucionario provisional). Las fuerzas populares para la realización de estas tareas crecen de manera espontánea no por días, sino por horas. Los intentos de insurrección se multiplican, su organización crece, el armamento avanza. De las filas de los obreros y campesinos, vestidos con chaquetones, chaquetas y uniformes, surgen héroes ignotos que están indisolublemente fundidos con la multitud y que se compenetran cada vez más profundamente con el noble fanatismo de la liberación popular. Nuestra tarea es velar para que todos estos riachuelos confluyan en una corriente caudalosa, para que el movimiento espontáneo sea iluminado, multiplicando por diez su fuerza, por la luz de un programa revolucionario consciente, directo, claro y preciso de nuestras tareas inmediatas.

Resumen. Nuestra táctica con respecto a la Duma Estatal puede expresarse en cinco puntos: 1) agitación intensificada con motivo de la ley sobre la Duma Estatal y de las elecciones a la misma, organización de asambleas, utilización de la agitación electoral, manifestaciones, etc., etc.; 2) concentración de toda esta campaña de agitación en torno a las consignas: insurrección armada, ejército revolucionario, gobierno revolucionario provisional; difusión del programa de este gobierno provisional; 3) atraer para esta agitación y para la lucha armada a todos los elementos de la democracia revolucionaria, y solo a ellos, es decir, solo a quienes acepten de hecho las consignas arriba mencionadas; 4) apoyo a la idea del boicot surgida en el ala izquierda de la democracia burguesa, de manera que sea un boicot activo en el sentido de la más amplia agitación delineada más arriba; atracción de los representantes izquierdistas de la democracia burguesa al lado del programa democrático-revolucionario y a la actividad que los aproxime a la pequeña burguesía y al campesinado; 5) denuncia y estigmatización implacables ante las más amplias masas de obreros y campesinos de la teoría burguesa del "acuerdo" y de los "conciliadores" burgueses; proclamación y explicación de cada paso traicionero y vacilante de estos, tanto antes de la Duma como en la Duma; advertencia a la clase obrera contra estos traidores burgueses a la revolución.

*Proletari* núm. 15, 5 de septiembre (23 de agosto) de 1905.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*, cotejado con el manuscrito.