En el artículo de fondo[71] señalábamos lo embrollado del nuevo plan de la «campaña de la Duma» de la nueva «Iskra». He aquí su exposición más clara, hecha por el propio Mártov en la «Rabóchaya Gazeta» de Viena (del 24 de agosto, según el nuevo estilo). (La cursiva de la cita es en todos los casos del propio Mártov.)

«El plan es el siguiente —dice el camarada Mártov, refiriéndose al “apoyo que le prestan muchas organizaciones rusas”—: Las organizaciones obreras toman sobre sí la iniciativa de fundar comités de agitación popular, que deben ser elegidos por todos los elementos de la población descontentos con la reforma zarista. La tarea de estos comités consiste, ante todo, en desplegar la agitación en pro de una representación popular efectiva en todo el país. Dichos comités se forman formalmente con el fin de que participe la masa de la población en las elecciones venideras. Como en virtud de la ley electoral están excluidos de la participación directa, los ciudadanos del Estado pueden participar indirectamente en las elecciones, comunicando sus opiniones y reivindicaciones a los colegios más reducidos de electores privilegiados. Los comités presionan a los colegios electorales en el sentido de que a la Duma sean elegidos únicamente partidarios decididos de una representación democrática y libre. En este proceso, los comités pugnan por crear, fuera de la representación “legal”, una representación ilegal, la cual, en un momento dado, podría presentarse ante el país como órgano temporal de la voluntad popular. Los comités convocan a la población a elegir a sus representantes mediante el sufragio universal; estos representantes, en un momento dado, deben reunirse en una ciudad y proclamarse asamblea constituyente. Tal es, por así decirlo, el fin ideal de esta campaña. Aunque no se llegue a ese punto, el movimiento por este camino creará una organización de autogobierno revolucionario que romperá los marcos de la legalidad zarista y pondrá los cimientos del triunfo futuro de la revolución. Los elementos de ese autogobierno revolucionario se forman poco a poco por toda Rusia, como, por ejemplo, ya ahora en dos provincias caucásicas las autoridades oficiales son boicoteadas por toda la población, y ésta se gobierna mediante sus propias autoridades electas. (Entre paréntesis: los campesinos de Guria exigen que estas autoridades sean confirmadas por nuestro comité.)

La organización de ese autogobierno, que funcione públicamente por doquier, es la forma en que debe producirse la liquidación de la autocracia, que no desea abrir (inaugurar) voluntariamente una era constitucional. De suyo se comprende que la posibilidad misma de semejante organización es creada por la desorganización creciente del aparato gubernamental y por el aumento de la fuerza efectiva (wirkenden Kraft) en el pueblo.»

Recomendamos a los camaradas este plan sin par como el fin ideal de la burguesía monárquica (osvobozhdénskaya), como el fin ideal de la liquidación de la revolución proletario-campesina rusa por los terratenientes liberales.

La burguesía osvobozhdénskaya, es decir, monárquica, como hemos señalado centenares de veces, desea precisamente esa «liquidación» en la que el paso del poder a la burguesía se efectúe sin insurrección popular o, al menos, sin la victoria completa de la insurrección popular. Los planes manilovianos de «elecciones», manteniéndose el poder en manos de la autocracia, favorecen por entero a la burguesía liberal, única capaz de llevar a cabo algo que remotamente se parezca a tales elecciones.

De los detalles de este plan ridículo nos ocuparemos sólo brevemente. ¿No es ingenuo olvidar que en el Cáucaso (no en dos provincias, sino en varios distritos rurales) el autogobierno se apoya en la insurrección armada? ¿No es pueril pensar que lo posible en unas cuantas aldeas de localidades montañosas de una lejana periferia sea posible en el centro de Rusia sin que el pueblo venza a la autocracia? ¿No constituye un pedantismo ideal ese plan de «elecciones» de múltiples grados, manteniéndose el poder en manos del gobierno autocrático? Los «elementos descontentos de la población» (?) eligen comités populares de agitación (sin programa, sin consignas claras). ¡Los comités crean una «representación ilegal» (que sustituye, por lo visto, la organización ilegal del partido obrero socialista por una simple organización osvobozhdénskaya)! Salta a la vista que la sustitución del claro término revolucionario «gobierno provisional, como órgano de la insurrección» por el término confuso «órgano de la voluntad popular» favorece por completo al partido zemstvo-burgués. Las elecciones generales a la asamblea constituyente por iniciativa de comités «ilegales» y dejando el poder en manos de Trépov y Cía. es una idea completamente infantil.

En las polémicas a veces es útil el «abogado del diablo»: el defensor de una opinión absurda, rechazada por todos. Este papel lo ha asumido ahora «Iskra». Su plan es muy útil para fines didácticos, para refutar lo absurdo en círculos, reuniones volantes, mítines, etc., para contraponer con mayor claridad las consignas del proletariado revolucionario y las de la burguesía liberal monárquica.

«Proletari» núm. 15, 5 de septiembre (23 de agosto) de 1905.

Se imprime según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.