Los congresos de los socialdemócratas alemanes hace tiempo que han adquirido una importancia que va mucho más allá de los acontecimientos del movimiento obrero alemán. La socialdemocracia alemana está a la vanguardia de todas por su organización, por la integridad y cohesión del movimiento, por la riqueza y contenido de la literatura marxista. Es natural que, en estas condiciones, las resoluciones de los congresos socialdemócratas alemanes adquieran a menudo una importancia casi internacional. Así ocurrió con la cuestión de las corrientes oportunistas más recientes en el socialismo (la bernsteiniada). La resolución del Congreso Socialdemócrata de Dresde, que confirmó la vieja y probada táctica de la socialdemocracia revolucionaria, fue asumida por el Congreso Socialista Internacional de Ámsterdam y se ha convertido ahora en la resolución común de todo el proletariado consciente del mundo entero{120}. Así ocurre también ahora. La cuestión de la huelga política de masas —cuestión principal del congreso de Jena— agita a toda la socialdemocracia internacional. Los acontecimientos ocurridos últimamente en toda una serie de países, entre ellos, y quizás sobre todo, en Rusia, la han colocado en primer plano. Y la resolución de la socialdemocracia alemana ejercerá, sin duda, una influencia no pequeña sobre todo el movimiento obrero internacional, en el sentido de apoyar y fortalecer el espíritu revolucionario de los obreros en lucha.

Pero señalemos primero brevemente también las demás cuestiones, menos importantes, examinadas y resueltas por el Congreso de Jena. Se ocupó, ante todo, de la cuestión de la organización del partido. No nos detendremos aquí, desde luego, en los detalles de la revisión de los estatutos del partido alemán. Lo importante es subrayar un rasgo fundamental sumamente característico de esta revisión: la tendencia a una aplicación más consecuente, más completa y más rigurosa del centralismo, a la creación de una organización más sólida. Esta tendencia se manifestó, en primer lugar, en que se incluyó en los estatutos una disposición directa sobre la obligación de todo socialdemócrata de pertenecer a una de las organizaciones del partido, salvo los casos en que lo impidieran causas especialmente graves. En segundo lugar, se manifestó en la sustitución del sistema de hombres de confianza por el sistema de organizaciones socialdemócratas locales, en la sustitución del principio de la delegación individual y la confianza en la persona por el principio del vínculo colectivo y de organización. En tercer lugar, se manifestó en la decisión de que todas las organizaciones del partido están obligadas a ingresar en la caja central del partido el 25 % de sus ingresos.

En conjunto, vemos claramente aquí que el crecimiento del movimiento socialdemócrata y el fortalecimiento de su espíritu revolucionario conducen de manera forzosa e inevitable a una aplicación más consecuente del centralismo. La evolución de la socialdemocracia alemana en este sentido es sumamente instructiva para nosotros, los rusos. Las cuestiones de organización han ocupado entre nosotros, hasta hace poco, y en parte siguen ocupando todavía, un lugar desproporcionadamente grande entre los problemas candentes de la vida del partido. Desde el III Congreso, se definieron por completo dos tendencias de organización en el partido: una, hacia el centralismo consecuente y hacia una ampliación firme y constante del democratismo en la organización del partido, no por demagogia ni por frases bonitas, sino para llevarlo a la práctica a medida que se ampliaba el campo de libertad para la socialdemocracia en Rusia. La otra tendencia, hacia la difuminación organizativa, hacia la "nebulosidad organizativa", cuyo enorme daño ha comprendido ahora incluso Plejánov, que tanto tiempo la defendió (esperemos que los acontecimientos le obliguen pronto a comprender también el vínculo entre esta nebulosidad organizativa y la nebulosidad táctica).

Recuérdense las discusiones sobre el § 1 de nuestros estatutos. La conferencia de los neoiskristas, que antes defendían con ardor la "idea" de su formulación errónea, simplemente ha echado ahora por la borda tanto el artículo entero como toda la idea. El III Congreso confirmó el principio del centralismo y del vínculo de organización. Los neoiskristas intentaron de inmediato colocar sobre el terreno de los principios generales la cuestión de la pertenencia de cada miembro del partido a una organización. Ahora vemos que los alemanes —tanto los oportunistas como los revolucionarios— ni siquiera ponen en duda la legitimidad de principio de esta exigencia. Al incluir directamente en sus estatutos esta exigencia (que cada miembro del partido pertenezca a una de las organizaciones del partido), motivan la necesidad de excepciones a esta regla no por principios, sino... ¡por la falta de suficiente libertad en Alemania! Vollmar, que fue ponente de la cuestión de organización en Jena, justificaba la admisión de excepciones a la regla con el argumento de que a ciertas personas, a los pequeños funcionarios, les sería imposible pertenecer abiertamente al partido socialdemócrata. Se sobreentiende que en Rusia nuestra situación es distinta: a falta de libertad, todas las organizaciones son igualmente secretas. Bajo la libertad revolucionaria, es especialmente importante delimitar estrictamente los partidos y no permitir la "difuminación" en este sentido. El principio del fortalecimiento deseable de los vínculos organizativos permanece inconmovible.

En cuanto al sistema de hombres de confianza, que ahora han abandonado los socialdemócratas alemanes, su existencia está por entero vinculada a la ley de excepción contra los socialistas{121}. Cuanto más quedaba atrás esa ley en el pasado, tanto más natural e inevitable resultaba el paso a basar todo el partido en el sistema de vínculos directos entre las organizaciones, y no a través de los hombres de confianza.

Otra cuestión, discutida en Jena antes de la cuestión de la huelga política, también es sumamente instructiva para Rusia. Se trata de la cuestión de la fiesta del Primero de Mayo o, más exactamente (si tomamos la esencia del problema y no el punto que dio lugar a la discusión), de la cuestión de la relación entre el movimiento sindical y el partido socialdemócrata. Ya hemos dicho más de una vez en "Proletari" la profunda impresión que causó en los socialdemócratas alemanes, y no sólo alemanes, el Congreso de Sindicatos de Colonia{122}. En ese congreso se puso de manifiesto del modo más palmaro que incluso en Alemania, donde más fuertes son las tradiciones del marxismo y su influencia, en los sindicatos —obsérvese: sindicatos socialdemócratas— se desarrollan tendencias antisocialistas, tendencias hacia el "tradeunionismo puro" al estilo inglés, es decir, de espíritu absolutamente burgués. Y así, de la cuestión de la manifestación del Primero de Mayo en su sentido estricto surgió inevitablemente en el Congreso de Jena la cuestión del tradeunionismo y la socialdemocracia, la cuestión del "economismo", si hablamos en términos aplicables a las corrientes dentro de la socialdemocracia rusa.

Fischer, ponente sobre la cuestión del 1.º de Mayo, dijo abiertamente que sería un gran error cerrar los ojos ante el hecho de que en los sindicatos, aquí y allá, está desapareciendo el espíritu socialista. A tal punto se llegó, por ejemplo, que Bringmann, representante del sindicato de carpinteros, decía e imprimía frases como: "La huelga del 1.º de Mayo es un cuerpo extraño en el organismo humano", "Los sindicatos, en las condiciones dadas, son el único medio para mejorar la situación de los obreros", etc. Y a estos "síntomas de la enfermedad", según la acertada expresión de Fischer, se añade toda una serie de otros. El profesionalismo estrecho, o "economismo", se vincula en Alemania, como en Rusia, como en todas partes, al oportunismo (revisionismo). El periódico del mismo sindicato de carpinteros escribía sobre la destrucción de los fundamentos del socialismo científico, sobre la falsedad de la teoría de las crisis, de la teoría de las catástrofes, etc. El revisionista Calwer exhortaba a los obreros no al descontento, no a aumentar sus necesidades, sino a la modestia, etc., etc. Liebknecht fue aplaudido por el congreso al pronunciarse contra la idea de la "neutralidad" de los sindicatos y al señalar: "Bebel, ciertamente, también habló en favor de la neutralidad, pero, en mi opinión, éste es uno de esos pocos puntos en los que Bebel no cuenta con el apoyo de la mayoría del partido".

Bebel mismo negó haber aconsejado la neutralidad de los sindicatos respecto a la socialdemocracia. Bebel reconocía incondicionalmente el peligro del estrecho profesionalismo. Bebel decía además que conocía ejemplos aún peores de este embrutecimiento gremial: entre los jóvenes dirigentes sindicales se llega incluso a la burla contra el partido en general, contra el socialismo en general, contra la teoría de la lucha de clases. Esas declaraciones de Bebel fueron acogidas por gritos generales de indignación del congreso socialdemócrata. Resonaron cálidos aplausos cuando declaró con firmeza: «¡Camaradas, manténganse en su puesto; piensen en lo que están haciendo; van por un camino funesto, cuyo final les acarrea la ruina!».

En honor de la socialdemocracia alemana hay que decir, por tanto, que enfrentó el peligro cara a cara. No disimuló los extremos del «economismo», no inventó malas excusas ni evasivas (de las que tantas inventó, por ejemplo, Plejánov entre nosotros después del II Congreso). No, constató con crudeza la enfermedad, condenó resueltamente las tendencias perniciosas y llamó directa y abiertamente a todos los miembros del partido a luchar contra ellas. ¡Un acontecimiento instructivo para los socialdemócratas rusos, algunos de los cuales se ganaron los elogios del señor Struve por su «ilustración» en la cuestión del movimiento sindical!

Escrito en septiembre de 1905.

Publicado por primera vez en 1924 en la revista «Bajo la Bandera del Marxismo» Nº 2

Se publica según el manuscrito