2. VIII. 05.

¡Estimado An. Vas.!

Ayer le envié una carta «de negocios» y le pedí que me enviara el número 105 de *Iskra* y el *L. Feuerbach* de Plejánov. Hoy me apetece conversar al margen de los asuntillos corrientes. Mal humor reina entre nuestra gente en Ginebra. A menudo me asombra lo poco que se necesita para que personas no del todo independientes y poco habituadas a un trabajo político autónomo se desanimen y se agrien. Y nuestros bolcheviques ginebrinos se agrian de manera desesperada. La lucha es seria; el III Congreso no la ha terminado en absoluto, naturalmente, sino que tan sólo ha abierto una nueva fase de la misma. Los iskristas son ágiles y alborotadores, desvergonzados como mercachifles, avezados por una larga experiencia demagógica, mientras que entre los nuestros predomina una especie de «estupidez concienzuda» o «concienzudez estúpida». No saben luchar por sí mismos, son torpes, inertes, desmañados, tímidos... Muchachos encantadores, pero políticos que no sirven ni para el diablo. Les falta tenacidad,

* Dicen que el editorial es una tontería desesperante. ¿No podría escribir rápidamente contra él? Si es así, telegrafíe.

A. V. Lunacharski. 2 de agosto de 1905.

les falta espíritu de lucha, destreza, rapidez. Vas. Vas. es sumamente típico a este respecto: personalidad amabilísima, trabajador abnegadísimo, hombre honestísimo, me temo que jamás será capaz de convertirse en político. Es demasiado bueno, hasta cuesta creer que los folletos de «Galerka» hayan sido escritos por él. Espíritu combativo no lo aporta ni al órgano (¡siempre lamenta que no le deje escribir artículos bondadosos sobre el Bund!), ni a la colonia. Reina un cierto espíritu de lloriqueo, ¡¡y a mí (¡hace apenas tres semanas que estoy en la dacha, y viajo a la ciudad por 4-5 horas tres, o incluso cuatro veces por semana!) todos me reprochan que sus asuntos no marchan, que los mencheviques son más avispados, etc., etc.!! Y nuestro Comité Central, en primer lugar, tampoco es muy «político», también es demasiado bueno, también adolece de falta de tenacidad, de desenvoltura, de sensibilidad, de incapacidad para utilizar políticamente cada pequeñez en la lucha partidista. Y, en segundo lugar, desprecia con altanería el extranjero y con obstinación no deja venir aquí, o se lleva de aquí, a toda la gente mejor. Y nosotros nos encontramos aquí, en el extranjero, a la zaga. Falta el fermento, los empujones, los impulsos. No saben las personas actuar y luchar por sí mismas. Faltan oradores en nuestras reuniones. No hay quien infunda espíritu de vigor, plantee la cuestión con principios, sepa elevarse por encima del pantano ginebrino hacia la esfera de intereses y cuestiones más serias. Y todo el asunto se resiente. En la lucha política, detenerse es la muerte. Las demandas son incontables y no dejan de crecer. Los nuevos iskristas no dormitan (ahora además han «captado» a los marineros llegados a Ginebra*, los habrán atraído, probablemente, con el charlatanismo mercantil que les es propio en política y vociferan con insistencia [marktschreien**], «utilizando» con

* Se alude a los participantes en la sublevación del acorazado «Potiomkin». Red.
** - pregonan su mercancía. Red.

retroactividad los acontecimientos de Odesa en provecho de su camarilla). Entre nosotros las fuerzas son imposiblemente escasas. No sé cuándo se pondrá a escribir Vas. Vas. y, como orador y centro político, está por debajo de toda crítica; más bien propaga el lloriqueo que sacude a la gente y le propina una reprimenda pedagógica. Schwarz está ausente: escribe desde allí con diligencia y bien, incluso como si lo hiciera mejor que aquí, pero sólo escribe. Y rara vez está en condiciones de influir personalmente sobre las personas y de saber orientar a la concurrencia y a las reuniones, incluso cuando está en Ginebra. El centro aquí es grande, serio. Una masa de rusos. Multitud de gente en tránsito. El verano es incluso un momento especialmente animado, pues entre la infinidad de turistas rusos que llegan a Ginebra hay un cierto porcentaje de personas que es necesario y posible utilizar, sacudir, atraer, orientar. Piense en todo esto y escríbame unas líneas más detalladas (mejor a la dirección personal: 3, Rue David Dufour). Recuerde que usted escribió: no habrá perjuicio por mi ausencia de Ginebra, ya que escribo mucho y desde lejos. Es cierto que escribe mucho, y que el periódico puede sacarse medianamente (pero no más que medianamente, ¡y nosotros necesitamos endiabladamente algo más!). Pero no es que el perjuicio exista, sino que es un perjuicio enorme, que se siente cada día con mayor claridad. La influencia personal y la intervención en las reuniones significan terriblemente mucho en política. Sin ellas no hay actividad política, e incluso el propio escribir se vuelve menos político. Y con un adversario que dispone en el extranjero de grandes fuerzas, nosotros perdemos cada semana tanto que probablemente no logremos recuperarlo ni en un mes. La lucha por el partido no ha concluido, y no la conduciremos hasta la victoria real sin tensar todas las fuerzas…

Le estrecho la mano.

Suyo, N. Lenin