Esta lección nos enseña, ante todo, que la participación de representantes del proletariado socialista junto con la pequeña burguesía en un gobierno revolucionario es, en principio, completamente admisible y, bajo ciertas condiciones, directamente obligatoria. Esta lección nos muestra, además, que la tarea real que la Comuna tuvo que cumplir consistió ante todo en la realización de la dictadura democrática, y no socialista, y en la aplicación de nuestro «programa mínimo». Por último, esta lección nos recuerda que, al extraer enseñanzas de la Comuna de París, debemos imitar no sus errores (no tomaron el banco francés, no emprendieron la ofensiva sobre Versalles, no tenían un programa claro, etc.), sino sus pasos prácticamente exitosos, que señalan el camino correcto. No debemos tomar la palabra «Comuna» de los grandes luchadores de 1871, ni repetir ciegamente cada una de sus consignas, sino destacar con nitidez las consignas programáticas y prácticas que responden a la situación en Rusia y que se formulan con las palabras: dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado.

«Proletari», núm. 8, 17 (4) de julio de 1905.

Se publica según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.