¡Queridos amigos! Con respecto a vuestras últimas cartas, debo decir que estoy de acuerdo con todas las resoluciones, excepto dos. 1) Protesto enérgicamente contra el nombramiento como agente de Matrena y pido encarecidamente que lo reconsideréis. Es un sujeto de lo más confuso, que nos perjudicará gravemente, se pasará de bando otras diez veces, nos deshonrará con su estupidez, etc.

Que trabaje en el comité, pero como agente no sirve para nada. ¿Acaso asignarlo a la técnica? Respecto a Stanislav, os pediría que me informarais quién es, cómo y qué.

Por mi parte, recomendaría encarecidamente como agente a Lalayants, quien en Odesa y en el Buró del Sur ha demostrado notables capacidades organizativas y, según todos los testimonios, ha puesto en marcha un excelente y vivo trabajo. Fue el alma de toda la labor local; así lo transmitieron varios odesitas, que ni siquiera siempre estaban bien dispuestos hacia los «duros como el pedernal». Finalmente, es un hombre de una firmeza de principios extraordinaria.

2) Respecto a Plejánov, me sorprende sobremanera que hayáis pasado en silencio por alto la cuestión planteada aquí por Winter. ¿Tenemos derecho a nombrar representante del partido a un hombre que no desea ingresar en el partido ni reconocer el III Congreso? Ahora, además, ha declarado por escrito que no considera legítimo el III Congreso y que será representante únicamente de ambas fracciones. Ya cuando Winter estuvo aquí, varios camaradas señalaban que, nombrando a Plejánov, no haríamos más que malcriarlo y echarlo a perder definitivamente. Al principio yo estaba a favor de Plejánov, pero ahora veo que no se le puede nombrar sin condiciones. ¡Imaginad concretamente lo que significa tener como representante en el Buró a un hombre con quien nadie habla, a quien es imposible obligar a «representar» realmente al CC y no a sí mismo! Ahora hemos logrado, por fin, relaciones directas del Buró (Buró Socialista Internacional) con nosotros, y vemos

que hay no pocos asuntillos, tanto financieros como de otro tipo (comunicados en nombre de Rusia y con motivo de Rusia, sobre lo que les escribí hace poco; la forma de representación, sobre lo que me consultaron días atrás, etc.). El Buró ha escrito que hay de nuevo alguna «propuesta de Bebel»[48] (que todavía no nos ha llegado); sin duda, el viejito ha decidido «reconciliar» otra vez (Kautsky publicó un artículo infame a propósito de la edición alemana de la «Notificación»[49]). ¡Pensad cuál será nuestra situación si el representante es Plejánov y Plejánov tiene que vérselas con Bebel en la cuestión de la «paz»!?? Comprendo muy bien las poderosas razones que nos obligan a todos, y a vosotros en particular, a desear la «paz», a desear el nombramiento de Plejánov, pero me he convencido de que semejantes pasos, sin una garantía real de paz, serán un paso en falso, enredarán aún más el asunto, provocarán nuevas escisiones, violaciones de acuerdos, disputas, nueva exasperación y no harán sino alejar la unificación.

En mi opinión, todas las habladurías sobre la unificación serán una frase vacía mientras no se elabore en la práctica un plan realizable de la misma: la cosa marcha hacia ello, hay que esperar varios meses; que todos valoren el absurdo de las resoluciones de la conferencia; que la práctica destruya su idiota «reglamento organizativo»; que la práctica recorte sus pretensiones (pues, en general, nuestros asuntos van mejor y nosotros, evidentemente, marchamos hacia la victoria); entonces comenzarán negociaciones directas, sin intermediarios, entre los centros; entonces elaboraremos (de una vez, o en dos, tres veces, no me atrevo a decirlo, por supuesto) un *modus vivendi* . Ahora hay que luchar.

Mi propuesta: hacer una «proposición» a Plejánov en el espíritu vuestro, pero con la condición de que él quiera reconocer el III Congreso, ingresar en el partido y someterse a sus decisiones. Con este paso mantendremos las apariencias y neutralizaremos toda posible confusión.

Hasta recibir vuestra respuesta, no propondré nada a Plejánov. Os pido encarecidamente que aplacéis la decisión hasta nuestro encuentro en septiembre.

Estoy sumamente sorprendido de que no me escribáis ni una palabra acerca de la «Carta abierta»[50] que se me ha enviado y que fue escrita

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* modo de convivencia. N. de la Ed.