Tras el manifiesto "constitucional" de Nicolás el Sangriento, se han sucedido innumerables nuevos asesinatos, organizados por Trépov y su banda. Los desmanes de los cosacos, los pogromos judíos, los fusilamientos en las calles de políticos recién "amnistiados", los saqueos organizados por los Centurias Negras con ayuda de la policía: todo se ha puesto en marcha para sofocar la lucha revolucionaria.

El zar ha prestado un magnífico servicio a los revolucionarios, confirmando su valoración de la concesión mentirosa, su valoración de la infame comedia del manifiesto "liberal". El zar quiere provocar él mismo una nueva lucha decisiva. ¡Tanto mejor! Todo el trabajo de la socialdemocracia, toda la energía del proletariado se dirigirá ahora a preparar el próximo asalto, a destruir al monstruo del zarismo que, al morir, intenta por última vez avivar los instintos oscuros de la turba oscura. Cuanto más se esfuerza ahora Trépov, más segura es la quiebra total de todo el trepovismo y de todos los Románov.