Bulyguin se ocupa ahora, como dicen con razón en los círculos aristocráticos de Petersburgo, de ganar tiempo. Se esfuerza por aplazar cuanto le es posible las reformas prometidas por el zar y reducirlas a bagatelas que en nada disminuyan el poder del zar autocrático y de la burocracia autocrática. En lugar de una constitución prepara, como ya señalamos en cierta ocasión en _Vperiod_[46], una cámara consultiva sin derecho alguno. Ahora tenemos la confirmación de lo dicho: el texto del proyecto de Bulyguin, publicado por el periódico liberal alemán _Vossische Zeitung_{33}. Los autores del proyecto son, según informa este periódico, Bulyguin, Yermólov, Scherbátov, Meschérski, el conde Sheremétev y el príncipe Urúsov. El contenido del proyecto es el siguiente.

Para la discusión (¡nada más!) y elaboración de todos los proyectos de ley se crean dos instituciones: 1) la Conferencia de Estado y 2) la Asamblea de Estado. El derecho a presentar proyectos de ley pertenece a todo miembro de la Conferencia de Estado y a no menos de 20 miembros de la Asamblea. Los proyectos de ley son discutidos y aprobados por la Asamblea, luego pasan a la Conferencia y, finalmente, van a la sanción del zar. El zar decide en qué forma los proyectos deben convertirse en leyes o los rechaza por completo.

¡La «constitución» de Bulyguin, por tanto, no limita en absoluto la autocracia, introduciendo exclusivamente cámaras consultivas: la alta y la baja! La cámara alta o Conferencia de Estado se compone de 60 miembros electos, elegidos por las asambleas de la nobleza de 60 provincias (incluidas las polacas), y además de miembros designados por el zar de entre los funcionarios y oficiales. El número total de miembros no excede de 120. El mandato de los miembros electos es de tres años. Las sesiones de la Conferencia son públicas o a puerta cerrada, a discreción de la propia Conferencia.

La cámara baja o Asamblea de Estado se compone únicamente de miembros electos (los ministros y administradores principales sesionan por derecho propio en ambas cámaras), a saber: 10 electos por cada una de las 34 provincias con zemstvos (en total, 340); 8 electos por las 3 provincias con instituciones de zemstvo pero sin instituciones nobiliarias (en total, 24); 8 por 9 provincias del noroeste (72); 5 por 10 provincias polacas (50); 5 por las tres provincias bálticas (15); 30 por Siberia; 30 por el Cáucaso; 15 por Asia Central y la región Transcaspiana; 32 por Finlandia; 20 por las grandes ciudades (San Petersburgo, 6; Moscú, 5; Varsovia, 3; Odesa, 2; Lodz, Kiev, Riga y Járkov, uno por cada una); 10 por el clero ortodoxo; uno por los católicos, luteranos, armenios, mahometanos y judíos. En total, pues, 643 miembros. Esta Asamblea elige un comité ejecutivo compuesto por un presidente, dos vicepresidentes y 15 miembros. El mandato es de tres años. El comité ejecutivo es una institución permanente; la Asamblea sesiona sólo dos veces al año, en febrero-marzo y en octubre-noviembre. Las sesiones son públicas o a puerta cerrada, a discreción de la Asamblea. Los miembros de la Asamblea son inviolables durante su mandato. Sólo pueden ser elegidos los súbditos rusos, no menores de 25 años, que sepan hablar y escribir en ruso. Reciben un sueldo de 3.000 rublos al año.

Las elecciones se organizan del siguiente modo. En las 34 provincias con zemstvos, 2 miembros son elegidos por la asamblea de la nobleza, 3 por la asamblea provincial del zemstvo, uno por las ciudades a través de compromisarios especiales, tres por el campesinado a través de compromisarios especiales, uno por los comerciantes también a través de compromisarios. Sobre bases semejantes se eligen los diputados de las provincias sin zemstvos; no reproducimos todas estas absurdas instituciones burocrático-policiales. Para ilustrar cómo se proyecta organizar las elecciones indirectas, citemos sólo el procedimiento de elección de los diputados campesinos en las provincias con zemstvos.

Cada volost elige a 3 compromisarios. Éstos se reúnen en la ciudad del distrito y, bajo la presidencia del mariscal de la nobleza (!), eligen a tres compromisarios de segundo grado. Estos compromisarios se reúnen en la ciudad de la provincia bajo la presidencia del mariscal provincial de la nobleza y eligen a tres diputados campesinos exclusivamente de entre los campesinos. ¡Elecciones de tres grados, por tanto!

No trabaja mal el señor Bulyguin. No en vano recibe el sueldo del zar. Su constitución, como ve el lector, es una burla total a la representación popular. El poder autocrático, como ya hemos señalado, no queda limitado en nada. Ambas cámaras tienen un carácter exclusivamente consultivo, y quien decide por entero y exclusivamente es el zar. Esto equivale a engatusar sin dar nada. El carácter de la «representación» es, en primer lugar, específicamente nobiliario, terrateniente. Los nobles tienen la mitad de los votos en las elecciones a la cámara alta, y en la baja cerca de la mitad (en las provincias con zemstvos, de los 10 electos por provincia, 2 directamente de la nobleza y 3 de las asambleas del zemstvo, que también son esencialmente nobiliarias). El campesinado, hasta extremos ridículos, queda apartado de las elecciones. Las elecciones de tres grados tamizan a la plebe con redoblado esmero antes de permitirle el acceso a la Asamblea.

En segundo lugar, lo que más llama la atención es la completa exclusión de los obreros. Toda la representación de este parlamento de borregos está construida sobre el principio estamental. El «estamento» de los obreros no existe, ni puede existir. Las elecciones urbanas y de comerciantes filtran, mediante diferentes categorías de compromisarios, exclusivamente a la burguesía industrial y comercial, siendo sumamente instructivo que esta burguesía es empujada con especial ahínco a un segundo plano incluso en comparación con la nobleza. Los servidores del zar, por lo visto, no temen demasiado el liberalismo de los terratenientes: son lo bastante perspicaces para discernir, tras ese liberalismo superficial, la naturaleza social profundamente conservadora del «terrateniente salvaje».

La amplia divulgación entre los obreros y campesinos de la constitución de Bulyguin es extremadamente útil. Difícilmente puede mostrarse de modo más gráfico las verdaderas aspiraciones y la base de clase del poder zarista, que se alza como por encima de las clases. Difícilmente puede imaginarse mejor material para dar lecciones prácticas sobre el sufragio universal, directo e igual y el voto secreto.

Es interesante también confrontar esta mezquina «constitución» terrateniente-burocrática con las últimas noticias sobre los partidos políticos rusos. Exceptuando los partidos extremos, los terroristas y los reaccionarios, un corresponsal inglés (que, evidentemente, se mueve en la «sociedad» y por eso no ve a la plebe, a los obreros) cuenta tres partidos: 1) el conservador o paneslavista (sistema «eslavófilo»: al zar, la fuerza del poder; a los súbditos, la fuerza de la opinión, es decir, una asamblea representativa con voto meramente consultivo); 2) el partido liberal u «oportunista» (jefe Shípov, programa, como el de todos los oportunistas, = «nadar entre dos aguas») y 3) el partido radical o (¡ese «o» tan característico!) constitucional, que incluye a la mayoría de los hombres del zemstvo, a los profesores «y a los estudiantes» (?). Su programa es el sufragio universal y el voto secreto en las elecciones.

Los conservadores, al parecer, se reúnen ahora en Petersburgo; los liberales, a principios de mayo en Moscú, y los radicales por las mismas fechas en Petersburgo. Las esferas gubernamentales consideran, dizque, el sufragio universal con voto secreto como algo equivalente a la «proclamación de la república». De todos los partidos, los «radicales» son el más numeroso.

El proyecto de Bulyguin, según parece, es el proyecto del partido conservador. El proyecto de los liberacionistas es muy parecido al programa del partido «radical o constitucional» (en realidad, nada radical y deficientemente constitucional). Por último, el partido «liberal», el de Shípov, quiere probablemente un poquitín más de lo que propone Bulyguin, y un poquitín menos de lo que exigen los constitucionalistas.

La feria está en su apogeo. Los tratos marchan viento en popa. Piden precios altos los buenos señores de la sociedad, y también los astutos señores de la corte. Todo tiende a que tanto unos como otros rebajen el precio y, a continuación… se estrechen la mano, antes de que intervengan los obreros y los campesinos.

El gobierno lleva un juego astuto: a los conservadores los atemoriza con los liberales; a los liberales con los liberacionistas «radicales»; a los liberacionistas con el fantasma de la república. Traducido al lenguaje de clase, de los intereses y del interés principal —la explotación de los obreros por la burguesía—, este juego significa: vamos, señores terratenientes y comerciantes, a negociar, repartámonos pacífica y amigablemente el poder, mientras no sea tarde, mientras no se haya alzado una auténtica revolución popular, mientras no se haya puesto en pie todo el proletariado y todo el campesinado, a los que no se les dará de comer con constituciones raquíticas, elecciones indirectas y demás morralla burocrática.

El proletariado consciente no debe hacerse ilusión alguna. Sólo en él, sólo en el proletariado, apoyado por el campesinado, sólo en su insurrección armada, sólo en su lucha desesperada con la consigna «muerte o libertad», reside la garantía de la verdadera liberación de Rusia de todo el régimen feudal-autocrático.

Escrito el 2 (15) de abril de 1905.

Publicado el 30 (17) de abril de 1905 en el periódico «Vperiod», núm. 16. Firmado: K—v.

Se imprime según el texto del periódico, cotejado con el manuscrito.