Ya hemos señalado cuán imperdonable miopía revela el juicio de los neoiskristas de que el liberalismo ruso moderado está herido de muerte, de que la democracia ha reconocido al proletariado como vanguardia[94]. Por el contrario, precisamente ahora la democracia burguesa hace especiales esfuerzos para apoderarse del movimiento obrero, y por eso es doblemente nocivo el rabochedelstvo que resucitan los neoiskristas. He aquí una hoja interesante que se distribuye en Rusia y que proporciona un valioso material al respecto:

«Últimamente se observa una tendencia de la burguesía a organizarse, pero un hecho aún más significativo es el giro de la democracia burguesa hacia el obrero. Los demócratas quieren presentarse como dirigentes de la lucha económica y política del proletariado. “Nosotros, por nuestras convicciones, somos, a decir verdad, socialdemócratas —dicen—, pero la socialdemocracia, en sus querellas partidarias, no ha comprendido la importancia del momento actual y se ha revelado incapaz de dirigir el movimiento obrero, y nosotros queremos hacerlo”. De las ulteriores manifestaciones de estos nuevos “socialdemócratas de corazón” se desprende que ellos, sin elaborar un programa propio, se limitarán a explicar y a responder a las preguntas que los obreros les dirijan. La literatura debe responder a la misma necesidad y no tener, en modo alguno, carácter partidario. Así, estos “socialdemócratas puros”, descontentos con la táctica y la actuación presente del comité, han recurrido ellos mismos a las formas de “escucha” hace mucho rechazadas por la historia, a las formas del “economismo” de feliz memoria. Considerándose socialdemócratas, considerándose auténticos exponentes de las aspiraciones de la clase obrera, estos señores no comprenden o no quieren comprender que el movimiento obrero alcanzará resultados sustanciales sólo si al frente de él se halla un partido obrero único, si el proletariado toma conciencia de su independencia de clase y entiende que la causa de su emancipación real debe ser obra de sus propias manos, y no de las manos de la democracia burguesa, que desacredita la acción del partido obrero. Estos socialdemócratas “a decir verdad”, que pasan por marxistas, deberían comprender qué corrupción introducen en la masa obrera al pretender mostrar que unos “demócratas” (y no socialdemócratas), compuestos exclusivamente por intelectuales burgueses, deben señalar a los obreros el camino hacia la libertad y el socialismo.

Por lo demás, parece que esto último lo han olvidado por completo, arrastrados por el politiqueo del día. Poco a poco van introduciendo elementos de oportunismo en el movimiento obrero. Los obreros dejan de aspirar a la creación de su propio partido, confiando en los intelectuales. ¿Por qué estos nuevos amigos de la clase obrera toleran e incluso alientan tales fenómenos? Una respuesta franca la dan los propios “demócratas”: “Antes nuestro grupo trabajaba sólo entre la intelectualidad —dicen—, pero los últimos acontecimientos nos han obligado a dirigirnos también a los obreros”.

Los señores democráticos espumadores, que se autodenominan socialdemócratas “en principio”, dirigieron su benévola atención al movimiento proletario sólo cuando las masas salieron a la calle y el pavimento se tiñó con la sangre de miles de obreros. Y entonces, actuando como auténticos amigos de la clase obrera, pasan por alto con aire hipócrita el trabajo de decenios que preparó y orientó el estado de ánimo revolucionario del proletariado ruso y que, a costa de muchos sacrificios, creó un Partido Obrero Socialdemócrata único. Por lo visto, estos socialdemócratas al estilo moderno han sacado de toda la teoría marxista una sola cosa (y eso desde hace poco tiempo): que sólo la fuerza del proletariado organizado derrocará la arbitrariedad autocrática y conquistará la libertad política, de la cual se aprovechará principalmente la burguesía. Los nuevos amigos del proletariado montan a horcajadas sobre el movimiento obrero y, aguijoneándolo con el látigo de los resultados inmediatos, gritan: “¡Adelante, hacia nuestra libertad!”. Con razón dice el refrán ruso: “Líbranos, Dios, de los amigos, que de los enemigos nos libraremos nosotros mismos”».

«Vperiod» nº 10, 15 (2) de marzo de 1905

Se publica según el texto del periódico «Vperiod»