Llamad y se os abrirá, dijimos tras leer en el nº 91 de *Iskra* la resolución del Consejo del Partido del 10 de marzo de 1905. Apenas llegaron a Rusia las noticias sobre la resolución del Consejo del 8 de marzo de 1905 y nuestra respuesta en el nº 10 de *Vperiod*[98], ya nos vemos obligados a señalar un nuevo y notable giro del Consejo, un giro que no podemos sino saludar de todo corazón a los camaradas de la nueva *Iskra* y desearles de todo corazón que den un paso más en esta dirección.

La resolución del Consejo del 10 de marzo de 1905 es un llamamiento a los miembros del III Congreso del Partido, convocado por la Oficina Rusa, proponiendo al congreso que acepte la mediación del partido alemán y de Bebel para restablecer la unidad del partido, y expresando su acuerdo de enviar al congreso dos representantes del Consejo para negociar la realización de la idea del arbitraje.

Al dar el primer paso por el «nuevo camino», el Consejo no ha podido, por supuesto, prescindir de algunos de sus viejos procedimientos, no ha podido dejar de repetir la falsedad cuya inconsistencia interna ya hemos mostrado en el nº 10 de *Vperiod*: la de que precisamente el congreso convocado por la mayoría de los comités rusos no es un congreso del partido, la de que un «grupo insignificante de miembros del partido» quiere «imponer sus decisiones a la mayoría real del partido». Estas argucias serían lamentables si no fueran ridículas, y no quisiéramos detenernos en ellas una vez más. Tanto menos quisiéramos hacerlo cuanto que toda la atención se ve naturalmente atraída por el nuevo paso del Consejo, que al fin (¡al fin!) ha comprendido la importancia del congreso del partido para resolver la crisis del partido, que al fin ha hecho el primer intento, aunque pequeño, tímido e inconsecuente, pero intento al fin y al cabo, de mirar las cosas con sencillez, llamarlas por su nombre y probar el camino, el «nuevo camino» de restablecer la unidad del partido mediante negociaciones directas entre las dos partes del partido surgidas tras el II Congreso.

¡En buena hora! Si lo hubieran hecho hace tiempo, se habrían ahorrado al partido del proletariado meses y meses de crisis penosa, absurda, prolongada y escisión secreta. Un poco más de deseo serio y sincero de tener en cuenta directa y abiertamente la voluntad de los militantes del partido que actúan en Rusia, y la socialdemocracia rusa habría salido de su desintegración temporal hace ya un año. Sí, hace un año, incluso más de un año.

Fue a finales de enero de 1904. El Consejo del Partido se reunió por primera vez para discutir la nueva situación del partido y la crisis del partido, compuesto por Plejánov, Axelrod, Mártov, Vasíliev y Lenin. Los dos últimos, miembros del CC y partidarios de la mayoría, veían claramente que el partido ya estaba escindido de hecho por la minoría y que el carácter secreto de esta escisión introducía una corrupción infinita en el partido, desmoralizándolo por completo, dejando las manos libres a una parte para los procedimientos más desenfrenados de «refriega» y atando a la otra parte con el deber de observar las decisiones comunes. La escisión secreta del partido es a la escisión abierta (por su significado moral-político y por sus consecuencias moral-políticas) aproximadamente lo mismo que el adulterio clandestino es al amor libre y abierto.

He aquí que los citados miembros del Consejo presentan entonces una resolución (28 de enero de 1904), publicada íntegramente por Shájov (*La lucha por el congreso*, pág. 81)[99], en la que los bolcheviques, a pesar del predominio de sus adversarios tanto en la redacción como en el Consejo, es decir, en la institución suprema del partido, son los primeros en hablar de la necesidad de paz en el partido en vista de las tareas gravísimas del momento histórico. Los bolcheviques establecen allí una distinción tajante entre la lucha ideológica necesaria e inevitable, por un lado, y la «indigna refriega», la desorganización, los ajustes de cuentas de círculo, el boicot, etc. Los bolcheviques instan al Consejo del Partido a llamar a todos los miembros del partido para que «desechemos cuanto antes todas las pequeñas rencillas mutuas y encaucemos de una vez por todas la lucha ideológica dentro de tales límites que no conduzca a violaciones de los estatutos, no frene la actividad práctica y el trabajo positivo». Tenemos tantos miembros olvidadizos del partido, aficionados a hablar de la iniciativa del partido pero que prefieren los chismes ociosos al estudio de los documentos de la escisión del partido, que recomendamos encarecidamente a todos los camaradas que deseen comprender los asuntos del partido, que consulten la página 81 del folleto *La lucha por el congreso*.

Los mencheviques, por supuesto, rechazaron la resolución de Lenin y Vasíliev y aprobaron (Plejánov, Mártov y Axelrod) una resolución que instaba al CC a «cooptar» a los mencheviques. Como el CC había expresado el 26 de noviembre de 1903 su acuerdo de cooptar a dos mencheviques a su, del CC, elección, esta resolución del Consejo no significaba otra cosa que imponer al CC a tres personajes determinados. Ahora ya todo el partido está documentalmente informado (por la «Declaración» de Lenin)[100] de que precisamente por causa de los «tres» se inventaban divergencias de principio y se libraba la «indigna refriega» hasta noviembre de 1904. En respuesta a la resolución sobre la cooptación, Lenin y Vasíliev presentaron una opinión particular (Shájov, pág. 84)[101], que también recomendamos releer para enseñanza de los ignorantes u olvidadizos, y en la que se declara que «otro medio de salida honrada y regular de las actuales discordias del partido, otro medio de poner fin a esta lucha inadmisible por la composición de los centros, salvo la convocatoria inmediata de un congreso del partido», estos miembros del CC «no lo ven en absoluto y categóricamente».

Los mencheviques, por supuesto, hacen fracasar el congreso. No surten efecto sobre ellos ningunas exhortaciones de que en el congreso son admisibles toda clase de acuerdos, de que, de lo contrario, la lucha adopta formas tan viles como el amor clandestino y venal. Dicho sea de paso, si por parte de los mencheviques, una vez decididos a no tener escrúpulos en cuanto al «amor venal», esta táctica es natural y comprensible, por parte del conciliador Plejánov fue un error enorme, cuya evidencia mostró el curso ulterior de la crisis. Ahora todos y cada uno ven, saben por los hechos (precisamente por los hechos del comportamiento posterior de Glébov y su compañía) que si Plejánov hubiera votado en enero de 1904 a favor del congreso, el congreso se habría convocado muy pronto y en el congreso se habría formado un partido conciliador tan imponente que en ningún caso habría permitido el predominio ni de la mayoría ni de la minoría por separado. Entonces el congreso no solo habría podido ser, sino que habría sido indefectiblemente un congreso realmente conciliador. Repetimos: no es una conjetura vana, sino una consideración demostrada de modo absoluto por la marcha real de los acontecimientos posteriores. Pero Plejánov también prefirió el «amor venal», es decir, la escisión secreta, al intento de explicarse directa y abiertamente y de llegar a un acuerdo hasta el final.

¿Y qué vemos ahora? Los mencheviques se ven obligados a llegar, aunque de modo tímido e inconsecuente, aunque tarde, a la salida propuesta por los bolcheviques. Los bolcheviques han mantenido su posición y han logrado la convocatoria del congreso, diciendo con razón que si ambas «queridas mitades» no están destinadas a «cohabitar» más, hay que separarse abiertamente y no esconderse como viles cobardes.

Por supuesto, más vale tarde que nunca, e incluso el tímido paso del Consejo, la disposición a enviar a dos de sus «representantes», lo saludamos de todo corazón. Pero protestamos categóricamente contra la timidez y la inconsecuencia de este paso. ¿Por qué queréis enviar al congreso solo a dos representantes del Consejo en el Extranjero, señores? ¿Por qué no representantes de todas las organizaciones del partido? ¡Si los miembros de la Oficina Rusa de los Comités de la Mayoría han invitado al congreso a todos y, en particular, han enviado cartas certificadas tanto a la redacción como al Consejo y a la Liga! ¿Por qué esta contradicción tan extraña e incomprensible: por un lado, para una paz hipócrita con los tres caballeros del CC (a sabiendas contra la voluntad de los comités de la mayoría), no os limitasteis a enviar a «dos de vuestros representantes» del Consejo, sino que consultasteis a todos los comités y organizaciones de la minoría, como se declaró directamente en el nº 83 de *Iskra*? Y, por otro lado, para una paz verdadera con todo el partido, enviáis para «negociaciones directas» solo a dos representantes de un Consejo en el Extranjero. ¿Dónde están aquí los mencheviques rusos, con los que es cien veces más importante para nosotros entendernos que con la compañía de literatos? ¿Dónde están aquí los obreros, miembros y representantes de las organizaciones, esos obreros que azuzasteis contra el II Congreso y sobre cuya iniciativa tanto gritasteis? ¿Dónde están aquí los camaradas Akímov y Bruker, Mákhov y Egórov (o sus amigos y partidarios), que, con toda lógica desde su punto de vista, apoyaron a los mencheviques, sin comprometerse, no obstante, es decir, sin participar en las rencillas por la cooptación? ¿Dónde está aquí el camarada Krichévski y otros antiguos «economistas», con quienes supuestamente os reconciliasteis, como aseguraban en la nueva *Iskra* Plejánov y muchos otros? ¿Dónde está aquí el camarada Riazánov, cuya solidaridad con vosotros en muchas cosas nos es también comprensible y que, sin embargo, se negó a ingresar en la Liga como organización menchevique?

¿O diréis que todos estos camaradas no tienen mandatos? ¡Pero si vosotros escribís una carta al congreso «desechando toda consideración formal»!

No, señores, con medias tintas no se nos satisface y con frases bonitas no se nos alimenta. Si de verdad queréis —hablemos directamente y sin «consideraciones formales»— trabajar juntos, en las filas de una sola organización, entonces presentaos todos en el congreso y llamad también a todos los camaradas a quienes nos separan de vosotros solo consideraciones ideológicas y no de cooptación. Entonces tened en cuenta la «buena voluntad del revolucionario», a la que tan torpemente aludíais, ocultándoos del congreso, y que es la única que puede decidir plena e incondicionalmente los destinos de todo el partido representado en el congreso. Entonces buscad mediadores capaces de influir en esa «buena voluntad» de todos los miembros del congreso. Nosotros acogeremos de todo corazón a cualquier mediador de esa índole.

Llamad y se os abrirá... Los bolcheviques hemos conseguido con nuestra lucha abierta que ahora nos encontremos muy cerca de una posible salida directa e inequívoca de la crisis. Hemos logrado el congreso. Hemos logrado el giro de los mencheviques, desde los gritos borbónicos del Consejo del Partido que se quedó sin partido, hacia una propuesta directa y abierta de negociaciones inmediatas. Si al Consejo le alcanza o no la inteligencia y la honestidad para dar el segundo paso por el «nuevo camino», estamos convencidos de que, en todo caso, lograremos la victoria completa de la disciplina partidista sobre el espíritu de círculo.

*Vperiod* nº 11, 23 (10) de marzo de 1905.

Se publica según el texto del periódico *Vperiod*