El lunes 10 de enero, Petersburgo parecía una ciudad recién conquistada por el enemigo. Por las calles transitaban constantemente patrullas de cosacos. Aquí y allá se veían grupos excitados de obreros. Por la noche, muchas calles estaban sumidas en la oscuridad. No había electricidad ni gas. Las casas aristocráticas eran custodiadas por grupos de porteros. Los quioscos de periódicos en llamas arrojaban una extraña luz sobre los grupos de gente.

En la Nevski hubo choques entre la multitud y las tropas. De nuevo se disparó contra la muchedumbre. Cerca del palacio Anichkov se lanzaron tres descargas. La policía cerraba las armerías y retiraba las armas a los sótanos, tomando evidentemente todas las medidas para impedir que los obreros se armaran. Los funcionarios de las instituciones gubernamentales se sentían especialmente alarmados, temiendo incendios y explosiones, y huían presas del pánico de Petersburgo.

En la isla Vasílievski, las barricadas tomadas el domingo por las tropas fueron reconstruidas de nuevo el lunes y nuevamente tomadas por los soldados.

No hay periódicos. Las instituciones educativas están cerradas. Los obreros, en numerosas reuniones privadas, discuten los acontecimientos y las medidas de resistencia. Multitudes de simpatizantes, especialmente estudiantes, asedian los hospitales.

Se informa que los obreros de Kolpino, en número de 20 a 30 mil, se dirigieron el martes por la mañana con una petición a Tsárskoye Seló. La guarnición de Tsárskoye Seló envió a su encuentro un regimiento de infantería y una batería de campaña. A cinco verstas de Kolpino se produjo un choque, las tropas dispararon y finalmente rechazaron y dispersaron a los obreros a las 4 de la tarde. Muchos muertos y heridos. Los obreros atacaron dos veces el ferrocarril de Tsárskoye Seló, pero fueron rechazados. A lo largo de 7 verstas, los rieles fueron arrancados y los trenes no circularon por la mañana.

El gobierno entierra por la noche, a escondidas, a las víctimas del sangriento Domingo de San Vladimiro. Se engaña deliberadamente a los familiares y conocidos de los muertos para imposibilitar manifestaciones durante los funerales. Vagones enteros de cadáveres son enviados al cementerio Preobrazhenskoe. En algunos lugares, la multitud intenta, a pesar de todas las precauciones de la policía, organizar una manifestación en honor de los luchadores caídos por la libertad.

La indignación de la población contra las tropas es enorme. Los periódicos extranjeros relatan, según testigos presenciales, que el martes 11 de enero, en el Bolshói Prospekt, los cosacos detuvieron un tranvía de caballos lleno de obreros. Uno de los obreros gritó a los cosacos: «¡Verdugos!». Los cosacos detuvieron el tranvía, obligaron a bajar a todos los que iban dentro y los golpearon con los sables de plano. Uno de los golpeados resultó herido. Los vecinos de las casas cercanas abrieron las ventanas y gritaban a los cosacos: «¡Asesinos! ¡ladrones!». El viernes se informaba por telégrafo que durante este incidente, los cosacos hicieron bajar también a una mujer del tranvía. Asustada, dejó caer a su hijo, que fue pisoteado por los caballos cosacos ("The Times"). Semejantes victorias de nuestras tropas sobre los obreros son verdaderas victorias pírricas.

«Vperiod» nº 5, 7 de febrero (25 de enero) de 1905. Publicado según el texto del periódico «Vperiod».