He aquí cómo se expresa un periódico burgués belga (L’Indépendance belge, 4 I 04) a propósito de la caída de Port Arthur:
«Port Arthur se ha rendido (capitulado).
«Este acontecimiento es uno de los más grandes de la historia contemporánea. Estas tres palabras, transmitidas ayer por telégrafo a todos los confines del mundo civilizado, producen una impresión pesada, abrumadora, de catástrofe inmensa y terrible, de desgracia <de desastre*>, que difícilmente puede expresarse con palabras. Se derrumba la fuerza moral de un imperio poderoso, se empaña el prestigio de una raza joven que aún no había tenido tiempo de desplegarse. Ha ocurrido un suceso que es la condena <que comparece como sentencia> de todo un sistema político, que pone fin a toda una serie de ambiciones, que quiebra esfuerzos gigantescos. Sin duda, la caída de Port Arthur era prevista desde hace tiempo, desde hace tiempo se la eludía con palabras, se consolaban con frases hechas. El hecho brutal destroza toda la mentira bienintencionada. El significado del desastre ocurrido no puede ser atenuado. Por primera vez, el viejo mundo es humillado por una derrota irreparable que le ha infligido un mundo nuevo, tan misterioso y aparentemente adolescente, apenas ayer llamado a la civilización».
...«Es verdad, puede suponerse que Rusia quiera reconquistar Port Arthur. Pero ¿quién se atreverá a afirmar que semejante viraje es aún posible? La escuadra del almirante Rozhdéstvenski no llegará jamás a las aguas del Extremo Oriente, y si llega, será para una perdición segura, pues no tiene siquiera una base de operaciones. Queda Kuropatkin con sus terribles ejércitos. En el momento actual el mariscal Oyama mantiene contra él en el Sha-ho un ejército de fuerza igual, si no superior. El final del asedio de Port Arthur permitirá desplazar al frente de batalla todo el ejército de Nogi, es decir, 80.000 hombres. Oyama, al disponer de superioridad numérica, puede pasar al ataque y aplastar a Kuropatkin, el cual será entonces rechazado hacia Mukden y luego hacia Harbin. Rusia continuará la guerra, dicen en Petersburgo. Admitámoslo. Habrá que esperar meses y meses, habrá que cubrir todas las pérdidas, organizar un segundo y un tercer ejército manchú. Las fuentes de fuerza rusas se irán agotando, mientras que los japoneses vivirán en el país conquistado. En la Rusia europea habrá que llamar a la guerra a nuevas legiones de reservistas. Esto provocará la más peligrosa agitación en las localidades afectadas por la movilización. Todas las calamidades que ya hoy hacen sufrir tanto al imperio del zar se agravarán tremendamente. La ira y la irritación sordas y contenidas del pueblo estallarán hacia afuera. La explosión desde abajo será tanto más amenazante cuanto más tenaz sea la resistencia desde arriba. Guerra en Asia, revolución en Europa, esto será el completo caos (la pleine tourmente), el caos, el fin de todo un régimen, el fin de un gran imperio... Admitamos incluso que Rusia logre superar todas estas dificultades, admitamos que para fines del verano Kuropatkin tenga 800.000, 1.000.000 de soldados. ¿Cambiará esto significativamente la situación? Rechazará hacia atrás a Oyama, asediará a los japoneses en Inkou, en Port Arthur, los arrojará a las costas de Corea. Pero nunca podrá tomar ni Inkou, ni Port Arthur, ni las costas coreanas, porque los japoneses seguirán siendo dueños del mar. Siempre estarán en condiciones de desaparecer y de aparecer de nuevo donde les plazca. Embarcarán tropas en un lugar y las desembarcarán en otro, para hostigar los flancos del ejército ruso, para obligarlo a ejecutar marchas y contramarchas que irán agotando poco a poco a las innumerables legiones del zar.
«No hay ninguna esperanza de victoria en el Extremo Oriente, de jugar allí algún papel sin el dominio del mar. Y ningún esfuerzo, por colosal que sea, devolverá a Rusia su poderío marítimo. Su última esperanza cayó cuando fue hundido el último barco en las aguas de Port Arthur. Y la más imperiosa sabiduría ordena no desatender nada que pudiera conducir al restablecimiento de la paz, pues una guerra inútil es digna solo de pueblos bárbaros»...
Los amigos de Rusia en Europa (y ella tiene des amitiés précieuses) deben preocuparse por el acercamiento entre San Petersburgo y Tokio. La desgracia del zar es su «entorno reaccionario». «Para los gobernantes (aux abois) que se encuentran en situación desesperada, que luchan (aux prises) con graves dificultades internas, la guerra es con demasiada frecuencia una distracción útil», pero, se dice, ¿acaso Nicolás II, zar de la paz, se decidirá à encourir toute la colère de ses peuples plutôt que de faire le geste qui abaisse les glaives quand l'honneur est sauf?*

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* ¿acaso Nicolás II, zar de la paz, se decidirá a atraer sobre sí la cólera de sus pueblos antes que a hacer el gesto que permitiría que bajasen las espadas, ya que el honor no ha sufrido? (Nota del editor.)