...cuando se habla de la autocracia, gritan: «¡Esto no nos sirve de nada, la autocracia no nos molesta!». Y sin embargo, en los discursos que pronuncian los zubátovistas en los locales de la «Unión», se plantean todas las reivindicaciones socialdemócratas, empezando por la jornada laboral de 8 horas y terminando por la convocatoria de representantes del pueblo sobre la base del sufragio igual, directo y secreto. Sólo que los zubátovistas afirman que la satisfacción de estas reivindicaciones no significa el derrocamiento de la autocracia, sino el acercamiento del pueblo al zar, la supresión de la burocracia que separa al zar del pueblo.

«Los socialdemócratas hablan también [dentro] de los locales de la Unión, y sus discursos son acogidos con simpatía, pero la iniciativa de las propuestas prácticas parte de los zubátovistas. A pesar de las objeciones de los socialdemócratas, estas propuestas son aceptadas. Se reducen a lo siguiente: el domingo 9 de enero los obreros deben ir al Palacio de Invierno y entregar, a través del sacerdote Gueorgui Gapón, una petición al zar enumerando todas las reivindicaciones obreras y que termina con las palabras: “Danos todo esto o moriremos”. A lo que los dirigentes de las reuniones añaden: “Si el zar no lo da, entonces tendremos las manos libres —significa que es nuestro enemigo, y entonces ya nos levantaremos contra él, desplegando la bandera roja. Si se derrama nuestra sangre, caerá sobre su cabeza”. La petición es aceptada en todas partes. Los obreros juran que todos acudirán el domingo a la plaza “con mujeres y niños”. Hoy la petición será firmada por distritos, y a las 2 todos deben reunirse en la “Casa del Pueblo” para el mitin final.

«Todo esto ocurre con la total tolerancia de la policía, — ha sido retirada de todas partes, aunque en los patios de algunos edificios hay escondidos gendarmes montados.

«Hoy se están colocando en las calles bandos del gobernador de la ciudad prohibiendo las aglomeraciones y amenazando con la fuerza armada. Los obreros los arrancan. Las tropas están siendo concentradas en la ciudad desde las afueras. Los empleados de tranvías (cobradores y conductores) fueron obligados a salir al trabajo por cosacos con los sables desenvainados».

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DÍA SANGRIENTO.

Cedamos la palabra a los corresponsales extranjeros. Sólo ellos podían transmitir sus noticias por telégrafo. Se prepararon para ello como auténticos corresponsales de guerra. Éramos precisamente corresponsales de guerra en todo el sentido de la palabra, dicen algunos de ellos, observábamos las acciones militares y nosotros mismos nos vimos expuestos en más de una ocasión al peligro de ser fusilados. Sobre el grado de exactitud de las informaciones de los corresponsales de los periódicos extranjeros, ya hemos hablado más arriba.

«Petersburgo, 22 (9) de enero. Petersburgo se ha despertado hoy para encontrarse en estado de sitio. El día se presentaba inusualmente alegre. Hacía cinco grados bajo cero. El aire era claro, tonificante; el cielo casi sin nubes. Las cúpulas doradas

DÍA SANGRIENTO
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de las iglesias y catedrales y los tejados y fachadas de las casas adornados de nieve, iluminados por el brillante sol, formaban un espléndido panorama cuando miré por la ventana del hotel, esperando impaciente lo que habría de traer consigo el día que comenzaba.

«Noté un cambio característico en el comportamiento de los transeúntes. En lugar de subir, como de costumbre, por las escalinatas de la Catedral de San Isaac, el público se dirigía en silencio hacia el Palacio de Invierno, de uno en uno o en pequeños grupos. Uniéndome a la corriente de obreros, caminé a lo largo del Jardín del Almirantazgo en dirección al Palacio de Invierno. Era imposible no notar la hosca (sullen) expresión que saltaba a la vista en los rostros de los transeúntes. Al doblar la esquina, todos volvían la mirada hacia el Palacio de Invierno, tratando de ver lo que allí sucedía.

«Ya se había congregado una multitud de muchos miles de personas. Las tropas montadas no la dejaban entrar en la plaza. Las masas populares comenzaron a presionar amenazadoramente sobre las tropas. La caballería se lanzó al trote, apartando a la gente a derecha e izquierda. Muchos curiosos, por precaución, empezaron a salir de la multitud (no sin dificultad) y se marcharon a sus casas. Yo también me dirigí a mi cuartel general, a esperar noticias de mis corresponsales (reporteros), a quienes había apostado en todos los puntos importantes de la ciudad.

«Los acontecimientos se sucedían unos a otros con una rapidez tan vertiginosa que el público se hallaba excitado por ellos más allá de toda descripción. Hasta el último minuto nadie creía que pudiera ocurrir algo serio. Creyendo tradicionalmente en la fuerza del látigo, todos se encogían de hombros y decían que los manifestantes serían fácilmente dispersados después de dos o tres escaramuzas, y nada más.

«Y sin embargo, la ciudad durante dos horas se halló en un estado de revolución abierta.

«Los primeros disturbios comenzaron a las 11, cuando la tropa intentó rechazar a varios miles de huelguistas de Putílov en uno de los puentes que conducen al centro de la ciudad. Lo mismo ocurrió casi simultáneamente en varios otros puentes, donde hubo que luchar con el constante flujo de obreros que se dirigían hacia el lugar de reunión designado, junto al Palacio de Invierno. Los cosacos empezaron con los látigos (nagaikas), pasaron a los sables y terminaron disparando.

«Los huelguistas de las primeras filas caían de rodillas, implorando a los cosacos que les dejaran pasar y asegurando que no tenían ninguna intención hostil. Pero los disparos de fogueo no asustaban a los obreros, y se dio la orden de cargar los fusiles con munición de guerra.

«Cuando la gente vio, después de los disparos, muertos y moribundos por todas partes sobre el pavimento ensangrentado y nevado, resonaron furiosos gritos de venganza.

«Mientras tanto, la situación en el Palacio de Invierno empeoraba. Las tropas se mostraban, según los informes de los jefes, incapaces de contener a las masas de gente que presionaban. Hubo que enviar refuerzos, y a las dos la orden de disparar fue dada también aquí. Hombres, mujeres y niños caían a cada descarga. Eran levantados y trasladados en trineos y carros a los dispensarios. Ya no se trataba sólo de los obreros. La indignación y la ira se apoderaron de todas las clases. Estudiantes, comerciantes, todas las clases de la población estaban igualmente enfurecidas. En el momento en que escribo esto, los disparos continúan en todos los extremos de la ciudad.

«El pope Gapón, que marchaba al frente de una gran multitud de obreros con una cruz en las manos, fue herido en un brazo y en un hombro.

«El automóvil que trasladaba mis telegramas a las oficinas telegráficas (los telegramas se enviaban cada hora, a veces cada 5 o 10 minutos. Nota de la redacción.), fue confiscado y utilizado para transportar a los heridos.

«Dos grupos de obreros están ahora [divididos] aislados uno del otro. Los que se encuentran al otro lado del Nevá se arman con sables, cuchillos, herramientas de carpintero y de forja. [Enérgicamente] Se levantan rápidamente barricadas.

«Varios oficiales fueron atacados en la Avenida Nevski. Les quitaban los sables, les arrancaban las charreteras. El pánico y la confusión son en todas partes máximos. Las tropas actúan sin piedad, disparan a diestro y siniestro, a menudo sin necesidad alguna. Los huelguistas les gritan: “¿Sois rusos? ¿Por qué [obráis] actuáis como sanguijuelas y verdugos?”. Cuando se llevan o transportan a los muertos y heridos, la multitud se descubre y grita: “¡Hurra! ¡Gloria a vosotros!” en honor a los caídos.

«Di una vuelta por el lado de Výborg y por el lado de Petersburgo. Las tropas están apostadas en diversos puntos, concentrándose en especial en los puentes sobre el Nevá.

«Densas multitudes de obreros, entre los cuales hay muchas mujeres y niños, se comportan con calma, limitándose a silbar a los oficiales que cabalgan al frente de los destacamentos de tropas.

«Al regresar a la Avenida Nevski, me vi envuelto en una enorme multitud compuesta por representantes de todas las clases de la sociedad. Personas desconocidas intercambiaban excitados noticias e impresiones sobre los acontecimientos del día, [acercados unos a otros, unidos] por el peligro común. Todos estaban conmocionados e indignados por los horrores que los soldados habían perpetrado en la fábrica Putílov, donde se produjo una auténtica carnicería (shambles). Allí los obreros, ante la amenaza de los disparos, se tumbaron en el suelo, ¡y las tropas dispararon sobre los que estaban tendidos!

«Junto a las Puertas de Narva, las tropas dispararon [contra] los manifestantes, dirigidos por los popes Gapón y Serguéi, que marchaban con una cruz, un icono y un retrato del zar. El retrato fue atravesado por una lluvia de balas. El pope Serguéi fue muerto.

«La policía y los soldados que custodiaban el puente sobre el Nevá intentaron rechazar a la multitud con bayonetas, pero la presión no disminuía. Sonó el clarín (bugle rangout?), y dos descargas fueron dirigidas contra la multitud. Muchos muertos y heridos. Súplicas, maldiciones, gritos de venganza se dirigen contra los oficiales___
 ... «Después del ocaso, la batalla se fue apagando. Visité todos los centros principales de la ciudad y encontré todo tranquilo. . . .  Casi en cada esquina del centro de la ciudad están acampadas las tropas al raso, alrededor de hogueras (camp fires). Aquí y allá, escuadrones de caballería. Hay más transeúntes en las calles de lo que cabía esperar después de los terribles acontecimientos del día ...
 ... «Las fábricas están custodiadas por soldados en previsión de disturbios. Hay tropas en la barrera de Narva, que conduce a la fábrica Putílov. Por la mañana fueron enviados allí refuerzos de tropa y policía. Una compañía de soldados está apostada cerca de los Astilleros del Nevá.

«Aproximadamente a las 10 de la mañana, unos 15.000 hombres se dirigieron a Petersburgo, pero hacia las 11 fueron detenidos por dos centenares de cosacos que les cerraron el paso. Los cosacos dispararon tres veces con cartuchos de fogueo. Algunos huelguistas cruzaron el Nevá por el hielo, los demás se negaban a regresar. El jefe del destacamento pidió refuerzos y ordenó cargar los fusiles con munición de guerra. Sin embargo, los cosacos atacaron a la multitud con látigos (nagaikas) e hicieron retroceder a los manifestantes.

 ... «A las 11 de la mañana, los obreros comenzaron a congregarse en la isla Vasílievski. Los ulanos (no había policía) estaban en el puente Nikoláievski. Destacamentos de infantería detienen a los obreros. El tráfico callejero está interrumpido. Mucha tropa está apostada junto a la Academia de Ciencias y de Artes. También se han concentrado ulanos, infantería y cosacos en el lado de Výborg. Los obreros se reúnen en las calles que conducen al puente Litéini. Se les deja pasar de 2 o 3 en fondo, pero no en grupos. Los obreros se comportan con calma.

 ... «Cerca de la Barrera de Narva, un destacamento de caballería no deja entrar a nadie en la ciudad. En la isla Vasílievski, un obrero se dirigió a la multitud y empezó a llamarla a ir a la Plaza del Palacio. Varios miles de obreros se dirigieron al puente Nikoláievski.

«La 1 de la tarde. La multitud que viene de la isla Vasílievski es detenida por un fuerte destacamento de infantería, ulanos y cosacos. Los cabecillas de los huelguistas se dirigen a los soldados exhortándoles a no disparar contra sus hermanos. La infantería baja los fusiles, pero los ulanos y los cosacos obedecen la orden y rechazan a la multitud a sablazos. Muchos heridos. La banda militar toca durante el enfrentamiento.

«Todas las calles que conducen al Palacio de Invierno están ocupadas por las tropas . . . .  La 1 h. 20 m. «En este momento acaba de tener lugar un intento de irrumpir (rush) en la Plaza del Palacio (Palace Square). Los huelguistas se reunieron en gran número en el Jardín de Alejandro, cerca del Almirantazgo, e intentaron echar abajo las puertas [de la verja que conduce] a la plaza. Las tropas les detuvieron . . . .

 ... «La excitación y los desórdenes aumentan por doquier. Las manifestaciones en la isla Vasílievski se han vuelto especialmente amenazadoras y violentas. Las tropas disparan. Masas de gente intentan abrirse paso hacia el centro de la ciudad por los puentes que lo unen con las islas y el lado de Výborg. Se producen choques.

«En el puente de la Trinidad, la caballería atacó con los sables a una multitud de unas 10.000 personas. Los huelguistas se dieron a la fuga, perseguidos por la caballería. El puente está ahora cerrado al tráfico. Sólo se deja pasar a unos pocos, y ni siquiera a éstos les resulta seguro aparecer por las cercanías, pues durante las refriegas no se distingue nada ni a nadie. Los cabecillas del movimiento pronuncian discursos ante enormes multitudes y leen proclamas llamando a todos a ir al Palacio y morir allí. Las proclamas son acogidas con aplausos.

 ... «Cuando a los obreros de Putílov se les cortó el camino hacia el Palacio, se congregaron cerca del local (Headquarters) de la unión en número de unos 10.000. Desde las ventanas arrojan proclamas revolucionarias. Los cabecillas pronuncian discursos incendiarios, protestando contra el uso de la fuerza militar, señalando la actitud del zar hacia el pueblo. Los discursos son acogidos con aplausos y gritos de: “¡Abajo la monarquía!” — «2 h. 38 m. La multitud y la tropa se baten (open conflict) alrededor