¡Querido amigo! Gracias por la detallada carta. Será muy agradable si usted se ocupa de los asuntos locales con más energía.

En lo que respecta a mi opinión sobre los razonamientos de la redacción que usted cita, en su 2ª hoja “conspirativa” 1, por ahora puedo decir lo siguiente. Ante todo, salta a la vista la flagrante absurdidad del “secreto”, cuando 1) no hay nada conspirativo y 2) las mismas ideas se repiten en el n.º 79 (la manifestación de Ekaterinodar, el artículo del corresponsal y la nota de la redacción). El n.º 79 es analizado en el n.º 1 de *Vperiod***. Lo recibirá antes del lunes y verá cómo planteamos la cuestión. Ahora, conspirar con una hojita es doblemente ridículo, y yo atacaría esto con particular dureza.

En esencia, las “ideas” de la redacción en su nueva obra presentan, al parecer, dos puntos de apoyo principales: 1) La posición a lo Starovier, a la que se remite la redacción y que fue esclarecida en *Iskra*, y 2) el juego al parlamentarismo, los “desfiles y maniobras”, la falta de fe en el proletariado, la tímida tentativa de retroceder respecto al pánico (dizque las palabras sobre el pánico quizá fueron “excesivas” (!)).

Esto hay que subrayarlo especialmente

* Véase V. I. Lenin. “Sobre las buenas manifestaciones de los proletarios y los malos razonamientos de algunos intelectuales” (Obras Completas, 5ª ed., tomo 9, págs. 137-143). Ed.

Ad 1. La posición de Starovier, que destacó nítidamente también en el n.º 77 (artículo de fondo) — NB NB —, es, en mi opinión, una enorme confusión. La voy a analizar en letra impresa 2. Para justificar su confusa resolución, se ve obligado a “inventarse” una burguesía buena. Se elabora el concepto de una “democracia burguesa” distinta de “los liberales de los zemstvos” y de los liberales (¡como si los miembros de los zemstvos no fueran demócratas burgueses!), donde se incluye, en esencia, a la intelectualidad (de la lectura atenta de los n.º 77 y 79 verán claramente que la democracia burguesa se identifica con la “intelectualidad radical”, con la “intelectualidad democrática”, con la “democracia de los intelectuales”; por ejemplo, n.º 78, pág. 3, columna 3, línea 9 desde abajo, y passim *).

Incluir a la intelectualidad, a diferencia de los liberales de los zemstvos, etc., en la democracia burguesa, es un supremo desatino. Llamarla a convertirse en una “fuerza independiente” (n.º 77, cursiva de *Iskra*) es una trivialidad. Aquí se ignora la base real de la democracia amplia (los campesinos, los artesanos, etc.), se ignora a los socialistas-revolucionarios, como izquierda natural e inevitable de la intelectualidad radical. Estas tesis solo puedo esbozarlas aquí, ya que es necesario exponerlas más detalladamente en la prensa.

Starovier tiene un cúmulo de disparates pretenciosos, como que la “intelectualidad democrática” es el “nervio motor”(!) del liberalismo, etc. Su intento de calificar como “palabra nueva” la alusión al “tercer elemento”, a los trabajadores de la cultura, a los intelectuales empleados de los zemstvos, etc., es curioso. Véase mi reseña interna en *Zariá* n.º 2-3, donde hay todo un capítulo: “El tercer elemento”**. Solo la nueva *Iskra* pudo hallar aquí una “palabra nueva”.

Es falso que los socialdemócratas puedan ejercer influencia, como vanguardia, solo sobre la intelectualidad democrática. Pueden y la ejercen también sobre los miembros de los zemstvos. Nuestra influencia sobre ellos y sobre el señor Struve es un hecho, inadvertido solo por las gentes enamoradas de los “resultados evidentes y tangibles” de las actuaciones de gala.

* - en diferentes lugares. Ed.
** Véase Obras Completas, 5ª ed., tomo 5, págs. 327-335. Ed.